lunes, 26 de abril de 2010

MAPOMA 2010







Por primera vez en la noche previa a una maratón conseguí dormir durante al menos cuatro horas seguidas, en todas las citas anteriores, bien fuese porque mis hijos pequeños se despertaban en mitad de la noche, o bien por la cantidad de nervios que me lo impedían, nunca había conseguido dormir como en esta ocasión.

Me levanto a eso de las siete menos cuarto de la mañana, mejor dicho nos levantamos, ya que mi mujer y mis hijos también madrugan para ir a tomar posiciones a Nuevos Ministerios, lugar estratégico donde me verán pasar en dos ocasiones. En los primeros minutos, a los pequeños les cuesta levantarse de la cama, pero en seguida se espabilan y desayunamos todos juntos, en mi caso un tazón de leche con cereales y un plátano.

A las siete y media hemos quedado con mi cuñado, mi hermana y mis sobrinos en la boca del metro, donde puntualmente nos encontramos a la hora convenida y desde donde partimos cada uno hacia nuestro destino. Nada mas incorporarnos al vagón del metro, ya observamos a algunos corredores que se dirigen, al igual que nosotros a la gran cita. Mi cuñado Alejandro, como es habitual en él, no para de hablar, por lo que el trayecto se nos hace muy ameno y con una sonrisa en el rostro de mayores y pequeños. En Ventas nuestros caminos se separan, la familia continua y nosotros cambiamos de tren para ir a la salida, las chicas y los niños nos desean mucha suerte y ahí nos despedimos, ya la próxima vez que les veamos será corriendo.

Al salir del metro ya comprobamos que el día se presenta caluroso, nos dirigimos a la plaza de la Cibeles y mas concretamente a la sede del Ayuntamiento de Madrid, antigüo Palacio de Correos, donde hemos quedado con el resto de amigos. Allí comprobamos que está todo vallado por lo que decidimos no alejarnos del lugar donde mas o menos deberíamos vernos todos. Echo una ojeada intentando localizar al grupo de amigos del foto de www.carreraspopulares.com sin éxito, una pena porque me hubiera gustado saludarles.

A los pocos minutos llegan Carlos y Pedro, y unos minutos después lo hacen Javi y Enrique. Una vez todos juntos nos vamos a tomar posiciones para la salida, y justo cuando nos disponemos a cruzar el semáforo veo a lo lejos a Javi Sanz y algún otro forero de carreras, pero ya están inmersos en la gran maraña de corredores que pupulan por la zona y enseguida los pierdo de vista.

Me despido de mis amigos deseándoles mucha suerte y me voy hacia la zona delantera, donde al tener un dorsal comprendido entre los doscientos primeros puedo salir con mas holgura. Por allí puedo calentar junto con los primeros espadas de la competición, y también, (y esto es todo un lujo), hago algunos estiramientos a escasos cinco metros de Haile Gebrselassie, atleta invitado y actual recordman mundial en la distancia de maratón, quien en esta ocasión disputará la prueba de los diez kilómetros.

Observamos el tradicional descenso el paracaídas de algunos militares de la B.R.I.P.A.C. y poco a poco la organización nos va conduciendo hacia debajo del arco de salida. Estoy bastante nervioso, algo mas de lo que acostumbro, y noto que mis pulsaciones están algo aceleradas, debo intentar calmarme. Tras un minuto de silencio comienza la prueba. La salida es bastante rápida, lo hemos hecho por la parte izquierda de la calzada, dejando el lado derecho para la prueba de los diez kilómetros, aunque una vez rebasada la estatua de Colón nos juntamos ya todos.

El maratón ha comenzado y ahora somos una maraña de atletas con un objetivo, en principio, común, que es el de intentar completar los cuarenta y dos kilómetros y pico y llegar a la línea de meta en el Retiro. Me impongo un ritmo cómodo en busca de sensaciones, ya que no sé como me responderá la pierna. Una vez mas he decidido olvidarme del cronómetro y vuelvo a correr por sensaciones. Vamos subiendo Castellana arriba y así paso el kilómetro primero y pasado el segundo, sabiendo que mi familia estará encima del puente esperando mi paso, me separo un poco hacia la izquierda de la calzada para ir corriendo en solitario y que me puedan ver con total claridad, como así sucede, recibo sus ánimos y continuo hacia adelante.

Veo que por delante, a escasos cincuenta metros, se ha formado un numeroso grupo en el que van las atletas de élite femeninas y decido unirme a él, por lo que acelero el ritmo y pasado un kilómetro ya me uno al grupo. Seguimos subiendo buscando el paso por el estadio Santiago Bernabéu, donde llegamos en un grupo muy compacto compuesto por algunos atletas masculinos y por mas de siete atletas africanas, una cubana y alguna europea. Llegamos al punto en el que se separan los caminos de las dos competiciones que hasta este momento compartimos recorrido, los del diez mil giran a la derecha para irse ya directamente al Retiro, y los el Maratón lo hacemos a la izquierda en continua subida.

Hemos pasado el cuarto kilómetro y voy cómodo en el grupo, se han ido por delante algunas africanas y una europea, pero yo decido seguir con el ritmo que traemos y guardar fuerzas. En el kilómetro cinco aprovecho para beber agua y a la espera de que el recorrido se vuelva algo mas favorable al paso de Plaza Castilla. En este punto el recorrido gira a la derecha y después de un llano comienza una pequeña bajada, donde me pongo en cabeza del grupo y empiezo a marcar yo el ritmo. Así pasamos el kilómetro siete y en el ocho junto con un par de corredores mas, damos alcance al grupito que se habían marchado por delante.

Durante toda la Avenida de Pío XII sigo marcando el ritmo, uno de los atletas que me acompaña me pregunta la marca que tengo previsto hacer, y le contesto que no aspiro a ninguna, que corro por sensaciones y según me deje la pierna. Llevo a las primeras clasificadas pegadas a mi espalda y un par de corredores se van por delante, yo decido seguir con mi ritmo y no arriesgarme a irme con ellos y así pasamos el kilómetro diez en un tiempo de treinta y seis minutos y cinco segundos, es la primera referencia que tengo hasta ahora y creo que voy demasiado rápido, debo calmarme ya que estoy corriendo a ritmos de poco mas tres minutos, treinta y cinco segundos por kilómetro y esto puedo pagarlo luego.

Aun bajando un poquito el ritmo compruebo que nadie me adelanta, se conoce que van cómodos detrás de mi y es pronto para empezar con las hostilidades. Los dos kilómetros siguientes son de transición hasta el doce, donde una vez mas veo a toda mi familia animándome y con la euforia me voy un poquito hacia adelante destacándome unos pocos metros del grupo. Choco las palmas de las manos de los pequeños y sigo corriendo otra vez en cuesta arriba por toda la calle Raimundo Fernández Villaverde hasta llegar a una animadísima plaza de Cuatro Caminos, donde la gente nos transmite su apoyo de una forma espléndida.

Inconscientemente me he ido hacia adelante y mirando hacia atrás compruebo que me he distanciado unos veinticinco metros del grupo, pero me siento bien de piernas y decido seguir a mi ritmo, cosa que hago durante toda la Avenida de Filipinas pasando el kilómetro catorce, así como también al paso por el avituallamiento del kilómetro quince en la calle Guzmán el Bueno donde aprovecho para llevarme a la boca uno de los tres pedacitos de la barrita energética que guardo en mi pantalón para ir renovando fuerzas.

Antes del giro hacia la derecha buscando el kilómetro dieciséis doy alcance a uno de los corredores que me preceden, y juntos recibimos la gran cantidad de aplausos del numeroso público que se agolpa en este punto. Se nota la proximidad del paso por las calles del centro de Madrid, ya que cada vez el número de público va en aumento.

Giramos a la derecha buscando la calle Fuencarral y con ella el kilómetro diecisiete, por las sensaciones que llevo debo seguir a ritmo de tres treinta y cinco, sino mas rápido. El grupo de las chicas, al que me giro para echar un vistazo de vez en cuando, se separa de mi cada vez un poquito mas. La calle Fuencarral es una fiesta de público, al ser una calle estrecha y estar tan llena de gente los ánimos se perciben mas cercanos aún. Al cabo de ésta, nos recibe una centenaria Gran Vía que contrasta por su majestuosidad en cuanto a la amplitud de la calzada y la sensación de espacio que transmite, también con mucha gente animando. Sigo a buen ritmo y se vuelve a marchar por delante el corredor que codo con codo me acompañaba durante los últimos dos kilómetros.

El paso por Sol es indescriptible, desde la posición del corredor da la impresión de no quedar un solo centímetro cuadrado por cubrir de animación, es simplemente espectacular como anima en este punto la gente, y si además les devuelves los aplausos aquello es ya la locura, se le ponen a uno “los pelos como escarpias....”, sin comentarios, eso hay que vivirlo. La calle Mayor es igual de emocionante aunque a medida que nos vamos separando de la puerta del Sol la animación va en descenso, como también el perfil del recorrido, cosa que es de agradecer.

Llego en solitario a las puertas de la Catedral de la Almudena donde, pasada ésta y ya en los dominios del Palacio Real recibo los ánimos de Rober un compañero de carreras que no deja de asombrarme en sus cada vez mas valiosos resultados deportivos. Poco después paso el kilómetro veinte donde aprovecho para hidratarme con agua, me dirijo, por una desangelada calle Ferraz, hacia el veintiuno y corriendo todavía en solitario.

La subida por la calle Ferraz me ha mermado un poco las fuerzas y poco antes del paso por el kilómetro veintiuno empiezo a escuchar las pisadas del grupo de atletas que marchan detrás de mi por lo que decido dejar de correr en solitario y unirme nuevamente al grupo, aprovecho igualmente para llevarme a la boca el segundo de los pedazos de barrita energética que conservo en mi pantalón. Así paso todavía en solitario por la media maratón con un tiempo de una hora quince minutos y cincuenta y siete segundos, segunda referencia en cuanto a tiempos y bastante mas rápido de lo que había imaginado, reduzco un poco el ritmo en la pronunciada bajada que discurre entre los kilómetros veintidos y veintitrés y en ese tramo me alcanza el grupo de las primeras clasificadas y me uno a éste. Compruebo que va “tirando” del grupo un atleta etíope y en vista de que el ritmo puedo aguantarlo bien, decido entrar a relevos con él en las labores de “liebre”, así vamos alternándonos la primera posición del grupo entre el etíope y yo, tirando del cada vez menos numeroso grupo, deben quedar unas cinco africanas y solo una europea a la que cada vez se la ve que la cuesta mas seguir el ritmo.

Toda la Avenida de Valladolid la hacemos dándonos continuos relevos entre los dos y cuatro de las atletas “élite” parecen ir cómodas al ritmo que vamos marcando, no así una de las negritas y la europea que se las oye resoplar bastante.

Llegamos al kilómetro veinticinco justo en frente de la estación de Príncipe Pío, y en este punto recibo, una vez mas, los impagables ánimos de mi familia, allí están animando como cosacos, mi mujer, mi hermana, mis hijos y mis sobrinos, buff.. consiguen emocionarme, repongo líquidos nuevamente en el avituallamiento donde recojo algunas botellas mas que ofrezco a las chicas y que agradecen con un casi imperceptible “thank you” y giramos a la derecha para comenzar la parte mas árida de todo el recorrido, que no es otra que el gran pulmón verde que supone para Madrid la gran Casa de Campo, magnífica para correr en condiciones normales, pero con mucho desgaste para un maratón. Nada mas franquear la puerta de acceso al enorme parque, el etíope que va conmigo se dirige a las chicas comentándolas algo que no entiendo ya que no hablan en inglés, pero algo les ha dicho para que incrementen el ritmo y así lo hacen de una manera descarada. Pienso que están intentando descolgar a la atleta europea (luego me enteraría que de nacionalidad polaca) para jugarse la victoria entre las atletas de color, todas etíopes, y a buen seguro que lo están logrando. Así consiguen que yo también pierda contacto con ellos y me quedo rezagado por detrás.

El kilómetro veintiseis y el veintisiete lo hago únicamente en compañía de la alteta polaca quien va pegada a mi como una lapa, no así otra atleta africana que se va quedando paulatinamente mas descolgada. Hace bastante calor y después de haber estado entrenando la mayor parte del invierno y primavera con días de frío, lluvia, algunos incluso de nieve, se empieza hacer duro correr con estas temperaturas, se nota que el cuerpo no está aclimatado a ellas, no obstante vuelvo a recortar distancia con el grupo de delante y cerca del kilómetro veintiocho ya empiezo a tenerlo nuevamente al alcance, o ellas han bajado el ritmo o yo lo he incrementado, sea como fuere la polaca se ha vuelto a quedar y yo casi contacto con las primeras clasificadas otra vez.

Recibo ánimos de un compañero de trabajo, quien sobre su bici está siguiendo el recorrido y aprovecha para hacerme algunas fotos. Cerca del kilómetro veintinueve me pasan dos corredores vascos a quienes intento seguir, y lo consigo, y en su compañía terminamos de enlazar con las africanas en las cercanías del kilómetro veintinueve. Uno de los atletas vascos sigue en progresión y se marcha en solitario, yo no puedo seguirle y me quedo en el grupo. Sorprendentemente en este punto, el atleta etíope que iba marcándolas el ritmo se hace a un lado y se retira, no me lo explico, se supone que iba acompañándolas y las deja solas en la parte mas dura del recorrido, en fin, a mi personalmente me viene de maravilla porque el ritmo vuelve a ser mas asequible, tanto, que ahora me encuentro fuerte y vuelvo a ponerme en cabeza del grupo. Durante los kilómetros treinta (donde me hidrato nuevamente y donde aprovecho para tomar el último trozo de barrita energética que me queda) y treinta y uno sigo tirando de las africanas y antes de salir de la Casa de Campo todavía tendremos tiempo de remontar una nueva cuesta, aperitivo de todo lo que nos espera por delante, y que nos conduce a la Avenida de Portugal, donde durante un kilómetros obtenemos un respiro en forma de perfil en bajada, pasamos el cartel que marca el kilómetro treinta y dos y aquí es donde realmente empieza mi verdadero maratón.

Empiezo a notar las piernas ya cargadas del esfuerzo, y la cabeza empieza a mandarme señales inequívocas que estoy llegando a los límites. Al paso del kilómetro treinta y tres ya no soy yo quien marca el ritmo del grupo, sino otro atleta (que al final quedaría como primer madrileño en cruzar la meta) que con mejores piernas que yo decide tomar la iniciativa, ahora ya acuso todo el esfuerzo y me empieza a costar bastante el seguirles el ritmo a las etíopes, de las que ya solamente quedan dos. En el puente de San Isidro, al paso por el kilómetro treinta y cuatro empiezan a sacarme unos metros que cada vez veo mas difícil el poder recortarlos, los chavales que van en las bicicletas marcando la posición en carrera de las primeras clasificadas me animan constantemente a seguir con ellas, pero cuando el cuerpo dice basta es que ha llegado la hora de escucharle y sobre todo ahora que los kilómetros que quedan son todos en continua subida.

El inicio por el Paseo de la Virgen del Puerto ya lo hago en solitario y en el kilómetro treinta y cinco vuelvo a hidratarme, a medida que avanzan los kilómetros se incrementa mi torpeza para poder beber, creo que en este avituallamiento me he echado mas agua por encima que por dentro, pero con el calor que está haciendo casi hasta se agradece.

Me sorprende el comprobar que aun bajando el ritmo nadie me da alcance por detrás, incluso consigo adelantar a algún corredor que yendo delante de mí empieza a acusar el esfuerzo de forma notable. Paso por el kilómetro treinta y seis y ahora si que ya estoy fundido, veo a las negritas por delante y no me sacan tanta distancia, pero a mi me parece ya insalvable, las piernas ya las tengo como dos piedras y creo que estoy en plena crisis, fijo mis pensamientos únicamente en llegar a meta, imagino la cara de mis hijos viéndome llegar e intento apartar todos los pensamientos negativos que empiezan a pasarse por mi cabeza, mi objetivo en este momento es......simplemente llegar.

El discurrir por el Paseo Imperial se me hace I N T E R M I N A B L E..... parece no llegar nunca el kilómetro treinta y siete, voy sufriendo como un perro, pero los ánimos de la gente me hacen intentar recomponerme y seguir adelante, así me hidrato nuevamente y busco el treinta y ocho con mas pena que gloria. Desde aquí hasta el treinta y nueve es una larga recta cuesta arriba y donde el tiempo parece detenerse, menos mal que al llegar a Atocha recibo nuevamente los ánimos de Rober que me impulsan a seguir adelante, intento buscar un ritmo constante en la zancada, pero se hace realmente complicado. Al girar hacia la Avenida de Alfonso XII, ya buscando la valla que delimita el Parque del Retiro, la calle me da la bienvenida en forma de nueva cuesta, mas pronunciada que las anteriores, aunque también mas corta, que desemboca en el kilómetro cuarenta, ahora ya estoy seguro que llego a meta, aunque el perfil sigue picando hacia arriba intento acelerar la marcha, con escasos resultados y así sufro mucho durante el tránsito hasta el cuarenta y uno, ya a las faldas de la entrada al Retiro y habiendo dejado atrás la puerta de Alcalá. Los ánimos del público en esta parte final del maratón son exacerbados, ya no sé realmente que me gritan, es tal el bullicio que no consigo descifrar las palabras, solo noto un griterío enorme rodeado de aplausos y ruidos escandalosos, es increible.

Traspaso la entrada al parque del Retiro bajo un griterío constante que unido a que el perfil se torna en franca bajada, me hacen acelerar el ritmo, cada vez la zancada es mas amplia y cada vez voy mas rápido, ya huelo la meta. Recorto en parte la distancia que me separa de la segunda clasificada pero como no podía ser de otra forma, al llegar al kilómetro cuarenta y dos la emoción me llena por completo al ver nuevamente a toda mi familia, desde este kilómetro cuarenta y dos, mi hijo de seis años salta la valla y me acompaña de la mano durante los últimos metros, intento disfrutar cada centímetro de este sueño final recibiendo todo el calor del multitudinario público, al cruzar la meta me abrazo a mi hijo, quien muestra una cara radiante de ilusión y que solo por verla ha merecido la pena todo el esfuerzo.

Recibimos las atenciones de los organizadores, yo en forma de cerveza fresquita y mi hijo en forma de batido y nos vamos al encuentro con el resto de la familia.

Al final cruzo la meta en un tiempo de dos horas treinta y cinco minutos y veinte segundos, quedando en el puesto veintinueve de la clasificación general y siendo el tercer veterano en llegar a meta de mas de cuarenta años.

Ha sido un día de esos para recordar, mucho mejor de lo que podía esperar en base a las lesiones que he venido padeciendo últimamente. Mis hijos están emocionados y hace una mañana con un sol brillante para disfrutar del parque, un sol que ha decir verdad hará estragos entre los miles de atletas que se han enfrentado al maratón.

Ahora toca descanso y a pensar en próximas citas todavía sin concretar. De momento a intentar recuperarme y cruzando los dedos para que la pierna no se resienta del esfuerzo.

Como siempre, y como no podía ser de otra forma agradecerle a la mujer que mas quiero la ayuda y el apoyo que tiene conmigo y que sin ella nada de esto sería posible. MUCHAS GRACIAS LOURDES, sabes que sin tí estaría perdido.


Mucha salud para tod@s

lunes, 12 de abril de 2010

MEDIA MARATON MADRID 2010




En esta ocasión el comienzo de la crónica de esta competición no puede, lamentablemente, comenzar de otra forma que dando un sentido pésame a la familia y amigos del corredor fallecido, parece ser que de un infarto, nada mas cruzar la línea de llegada. Desgracias como ésta le hacen reflexionar a uno, sin entrar en demagogias baratas, sobre las limitaciones del cuerpo humano y la conveniencia o no de someterlo a estos esfuerzos. Desde aquí solo quiero formular mis condolencias y esperar que este tipo de desgracias no se repitan en un futuro. Descanse en Paz.

Por primera vez en mucho tiempo acudí solo a la línea de salida en el Parque del Retiro, ya que mi inseparable compañero de carreras, mi cuñado Alejandro, decidió a última hora no tomar parte en la misma ya que se encuentra, parece ser, “pasado de vueltas”, espero que se recupere pronto de este sobre-entrenamiento y podamos seguir corriendo juntos durante muchos años. Así me desplacé en metro hasta el Retiro, donde a las ocho y media me encontré con Javi y Enrique, dos amigos de Velilla de San Antonio que también se enfrentarían a los veintiún kilómetros. Tras calentar unos segundos juntos nos deseamos suerte y nos acomodamos, cada uno en su sitio, dentro del pelotón de atletas que, cada vez mas numeroso según pasan las ediciones, nos marcamos como objetivo patear las calles de Madrid en esta soleada mañana del mes de abril. Hace una temperatura perfecta para correr, próximos a las nueve de la mañana el cielo está despejado y brilla un sol radiante, de cuyos calurosos efectos nos protege una refrescante brisa matutina.

Antes del comienzo de la carrera puedo saludar a algunos amigos que por allí se encuentran, con mención especial para Rober, quien no deja de sorprenderme por su espectacular progresión en los últimos años, le veo muy delgado, señal inequívoca de que se encuentra en un buen momento de forma. Sin tiempo para casi nada mas suena la detonación que marca el inicio de la carrera. Salimos por el Paseo de Fernán Núñez con dirección a la calle O’donell para enseguida enfilar la calle Príncipe de Vergara. El comienzo lo hago muy, muy tranquilo y únicamente buscando sensaciones, sobre todo después de la pésima carrera que realicé en la media maratón de Lisboa, así que salgo sin mucha confianza, la verdad.

Según avanzamos por la subida en la calle Príncipe de Vergara me uno a un grupo que va a arropando a dos excepcionales corredoras como son Recuerdo Arroyo y Mª Ruiz, así que me uno a ellos y continúo buscando sensaciones, de momento no voy mal, pero tampoco me siento cómodo, noto las piernas cargadas seguramente de la paliza en la bicicleta de ayer. Para los “aficionados” al crono, lamento decepcionaros pero no puedo decir el ritmo exacto al que hemos corrido estos dos primeros kilómetros ya que hace tiempo que no corro mirando el crono, pero mas o menos por las sensaciones estimo que debemos andar alrededor de los tres minutos cuarenta segundos por kilómetro.

Llegamos a la calle Diego de León y giramos a nuestra izquierda, así nos acercamos al tercer kilómetro donde sigo corriendo, codo con codo, en este grupeto de corredores y no me encuentro mal del todo, es mas, al completar el cuarto kilómetro e iniciar el ascenso por la calle Bravo Murillo mis piernas parecen pedirme mas ritmo, así que me pongo en cabeza del grupo y empiezo a aumentar la marcha. Aun habiendo incrementado un poquito el ritmo no llevo una buena cadencia de zancada, por lo que me pasan bastante corredores por todos los lados, no así las dos chicas que parecen haberse quedado atrás.

La subida por Bravo Murillo son cinco kilómetros de contínua subida, por lo que no hay que perder la cabeza en este tramo y tomarlo con tranquilidad, como así lo hago. Como quiera que la calle es larga, me permite ver que a unos pocos metros delante de mi va otro pequeño grupo acompañando a otra fémina. En este caso se trata de otra gran atleta como es Teresa Pulido, a la que poquito a poquito le voy recortando distancia. Antes de llegar a Plaza de Castilla ya la he dado alcance y junto a otro corredor le hacemos de liebre durante el kilómetro de transición entre el noveno y el décimo. El paso por el diez mil lo hacemos en treinta y siete minutos justos, esta vez si hay referencia del tiempo al haber situado la organización un cronómetro en el punto de paso, al que es inevitable echarle una miradita de reojo. No es un mal tiempo, teniendo en cuenta que han sido casi nueve kilómetros de subida continua, eso me anima, y esto, unido a que el perfil en este punto se vuelve totalmente favorable, me hacen albergar esperanzas de una buena carrera. Sin echar las campanas al vuelo podría decir que me encuentro a gusto, como hace muchos, muchos meses que no me encontraba. La lesión de mi pierna se porta bien conmigo (para eso la mimo hasta la saciedad durante los largos días entre competición y competición) y yo me porto bien con la pierna al no someterla a ningún castigo innecesario, es cierto que a partir del décimo kilómetro incremento el ritmo, pero nada fuera de lo que podría considerarse como placentero, es decir, que en ningún momento rozo ese punto de agonía que hace no disfrutar de las carreras.


El paso por los kilómetros once y doce lo hago realmente rápido, a lo lejos diviso a una bicicleta que señala, inequívocamente, el grupo de una de las primeras atletas femeninas, me quedo un poco perplejo ya que, aunque estoy corriendo mas o menos bien, no tengo esa sensación de ir realmente rápido y me extraña que con tan poco esfuerzo esté llegando al grupo de la tercera chica. Poco después, el banderín que porta la bicicleta me devuelve a la realidad, efectivamente se trata de una chica, pero la posición que ocupa en la carrera no es la tercera, como yo creía, sino la sexta, se trata de una corredora española, Elena Espeso, que corre francamente bien, me uno a su grupo y hago junto a ellos toda la bajada de la calle Serrano dejando atrás el kilómetro trece. Justo antes del señalado como catorce, giramos a la izquierda para retomar nuevamente la calle Diego de León, ahora lo hacemos en una pequeña subida, que aunque no muy pronunciada castiga bastante las piernas acostumbradas durante los últimos kilómetros a correr en descenso.

Desembocamos nuevamente en la calle Principe de Vergara, y nuevamente el perfil se vuelve favorable, así al paso por el kilómetro quince, a poco mas de seis kilómetros para la meta, dejo atrás al grupo e intento enlazar con un corredor del
Clínicas Menorca
que nos aventaja en una decena de metros. Me cuesta llegar hasta él, pero poco a poco le voy recortando la distancia y eso me anima bastante. Soy consciente que debo reservar fuerzas para la entrada al Retiro, ya que la conozco de la edición pasada de ésta misma media maratón, donde ya la sufrimos, y se trata de una cuesta bastante rompe-piernas, es un lugar donde si no se llega con las fuerzas suficientes se puede pasar un auténtico calvario.
Antes de abordar la avenida de Menéndez Pelayo, paralelos al parque del Retiro, consigo dar alcance y rebasar al corredor del Menorca y se une a mí otro atleta que me sigue los pasos y con quien entablo una pequeña conversación, se trata de un atleta veterano de mas de cincuenta años y que corre como un auténtico chaval, me comenta que él ya participaba en esta prueba hace años cuando comenzó como una carrera de veinte kilómetros, me habla de sus antiguas marcas y nos relajamos un poco, hasta tal punto que sin darnos apenas cuenta la atleta española Elena Espeso, viniendo desde atrás y en solitario, nos vuelve a dar alcance. Ella se une a nosotros y la marcamos el ritmo durante los kilómetros diecisiete y dieciocho, en el tramo del Paseo de la Reina Cristina. Llegados a éste punto nos damos cuenta que delante nuestra, otra bicicleta de la organización marca la posición de la quinta chica, se trata de una atleta africana y no sería descabellado el tratar de darla alcance, así se lo comento a Elena y le digo que si se encuentra con fuerzas yo me comprometo a acercarla hasta Jeriwoi Sarah, que así es como luego me enteraría que se llama la keníata. Elena me dice que lo quiere intentar así que, poquito a poquito voy incrementando el ritmo, yo me encuentro bien y bastante animado al ver que aunque son solo destellos, de vez en cuando consigo sentir las sensaciones de correr con soltura.

Después del kilómetro dieciocho se acaban las contemplaciones, ya el perfil deja de ser en llano y comienza repentinamente a picar hacia arriba. Tengo que correr con bastante “tacto” ya que en los últimos cien metros noto que Elena de vez en cuando se descuelga y le cuesta seguirme, así que, de vez en cuando, bajo un poquito la intensidad hasta que vuelve a engancharse y continuamos a la caza de la keniata. Le pregunto a Elena si conoce la cuesta de entrada al Retiro y me dice que sí, así que ya sabe a lo que nos vamos a enfrentar en el siguiente giro a la derecha. Como ya esperábamos comienza el momento mas duro de la carrera, el Retiro nos recibe con la cuesta del Angel Caído (que por algo se caería digo yo..) una decena de metros demoledores y donde comprobamos que la negrita se ha quedado clavada, esto me sirve para infundirle mas ánimos a la española y así nada mas terminar el cuestón me despego un poco para dar alcance a la africana a la que me uno como una lapa esperando la llegada de Elena, a ésta le cuesta llegar pero al final contacta con nosotros, se toma unos metros para respirar y le comento que es el momento, así me vuelvo a poner delante de ellas e incremento descaradamente el ritmo con la intención de despegar a la keniata. Afortunadamente veo que la española consigue, no sin mucho sufrimiento, seguir mis pasos y muy poco a poco le vamos metiendo algún metro a la negrita.

Pasamos el kilómetro veinte con unos cinco o seis metros de ventaja sobre la atleta perseguidora, deberían ser suficientes para ir dejándola atrás poco a poco, pero los atletas africanos en general están hechos de otra pasta y la keniata aprieta los dientes y no tira la toalla. Así cuando giramos a la derecha, paralelos ya al estanque vuelve a darnos alcance, momento en el que aprovecho para dar un nuevo tirón gritándole a la española que me siga, algo que hace con muchísimo sufrimiento ya que oigo su agitada respiración detrás de mi, pero lo conseguimos nuevamente, y volvemos a dejar atrás unos pocos metros a la africana. Ya solo queda un giro de noventa grados para encarar la recta de llegada, constantemente voy animando a la que ahora es la quinta clasificada para que no baje el ritmo, pasamos por el kilómetro veintiuno y cuando apenas restan cien metros para la llegada, la keniata nos pasa como una auténtica exhalación por la derecha, yo consigo seguir su estela y me pego a ella, pero a Elena ya no le quedan mas cambios y definitivamente se queda atrás, una pena porque parecía que podía llegar a meta en quinto lugar. Al final cruzo la línea de meta justo detrás de la africana y dando alcance sobre la misma raya a otro corredor del “Clínicas Menorca”, el tiempo del crono sigue estando lejos de mis mejores marcas, pero estoy muy contento porque al menos a ratos, he conseguido correr con buenas sensaciones. He parado el crono en una hora diez y seis minutos y cuarenta y ocho segundos, pero me quedo con la sensación de haber podido llegar algunos segundos antes si no me hubiese quedado a hacer de inesperada liebre, pero las marcas, como ya sabeis los que leéis este blog desde hace tiempo, pasaron a un plano secundario en el orden de mis prioridades.

En la meta saludo a varios amigos y sin mas dilación me encamino nuevamenta al metro

Ahora toca recuperar las piernas y pensar ya en la próxima gran carrera, que no será otra que mi cita anual con el MAPOMA a escasos quince días.

Mucha salud.

lunes, 22 de marzo de 2010

MEDIA MARATON LISBOA 2010 (RECORD MUNDO)








Acabamos de volver de Lisboa donde hemos pasado tres días inolvidables, ésta vez hemos ido sin los niños, por lo que hemos sido un poco mas “libres” al no estar tan sujetos a horarios de comida, descansos, etc...En esta ocasión hemos viajado mi mujer, mi hermana, mi cuñado y yo mismo.

El viaje comenzó el pasado Jueves día dieciocho de marzo a eso de las ocho de la tarde cuando nos pusimos rumbo a Toledo para recoger la Autocaravana (A.C.)con la que nos desplazaríamos a Lisboa y tener así con ella resuelto el tema del transporte, el alojamiento, las comidas, etc... una opción muy, muy cómoda y recomendable para viajar. Este tipo de vehículos van dotados con todo tipo de comodidades (Cocina, nevera, camas, duchas, w.c., televisión, calefacción, aire acondicionado, etc..) que los convierten en auténticas casas rodantes. Una vez recogida la A.C. enfilamos hacia Lisboa por una carretera de Extremadura menos atascada de lo previsible, así que paramos a cenar en Almaraz y continuamos hasta llegar a eso de las cuatro de la madrugada a nuestro punto de destino, aparcamos la A.C. junto a la Torre de Belém y nos echamos a dormir justo cuando comienza a llover.

Amanece el viernes día diecinueve de marzo, día del padre, un día que se presenta gris y que nos recibe con los restos de la fuerte lluvia que ha estado cayendo durante las últimas horas sobre Lisboa. En estos momentos no llueve y alrededor de las siete de la mañana mi cuñado Alejandro y yo salimos con la intención de correr durante una hora por los alrededores. Así hacemos un entrenamiento paralelos al río Tajo y bordeando los principales monumentos que se encuentran en su rivera, como son la propia Torre de Belém último edificio que los marinos veían cuando se embarcaban en sus viajes de descubrimientos, también el impresionante monumento en piedra levantado en honor a éstos mismos Descubridores, así como otro monumento erigido en recuerdo al soldado fallecido que se encuentra permanentemente custodiado por dos soldados pertrechados dentro de sendas garitas y con un fuego en mitad de la escultura igualmente inquebrantablemente encendido. Es un entrenamiento tranquilo y cómodo a no ser por el empedrado que pisamos que se trata de pequeños trozos de piedra cuidadosamente incrustados en la tierra por los que resulta duro y peligroso correr.

De regreso a la A.C. las chicas ya se han levantado y desayunamos juntos, al estar muy cerca de la zona donde hemos de retirar los dorsales de la media maratón decidimos aprovechar para recogerlos en una descolorida feria del corredor, para después tomar rumbo a Estoril y Cascais. Recorremos la preciosa zona costera que separa Lisboa de Cascais, parando a visitar el Casino de Estoril. El día comienza a abrir y entre las nubes se cuelan unos esperanzadores aunque tímidos rayitos de sol, hemos aparcado sin problemas la A.C. y tranquilamente y con toda la calma del mundo recorremos las calles mas céntricas de Cascais y disfrutamos de las vistas de su linda playa.

Pasado el mediodía y para no perder las buenas costumbres decidimos hacer un alto para tomar el aperitivo, y así lo hacemos en una terracita situada en una de las plazas mas céntricas de Cascais, bajo un sol agradecido y con unas buenas cervezas fresquitas que nos sientan de maravilla. Una vez repuestas las fuerzas retomamos la A.C. rumbo al Parque Natural de Cascais-Sintra. Solo deciros que los paisajes son impresionantes, un lugar muy recomendable para visitar si alguna vez os dejáis caer por Portugal. Hacemos una paradita junto al faro del Cabo de Roca donde sopla un fuerte viento y dado que son cerca de las tres de la tarde decidimos comer allí mismo, total llevamos la cocina puesta. Así las chicas preparan una magnífica paella, que junto al Pan artesano que hemos adquirido en Cascais y a las cervezas frías, frías que llevamos en la nevera, hacen que disfrutemos una comida para enmarcar, después de la cual las chicas y mi cuñado deciden salir a hacer mas fotos del lugar mas occidental de toda Europa y yo opto por echarme una buena siesta reparadora que me sienta estupendamente.

La siguiente parada que tenemos programada es en el pueblecito de Sintra, del que toda la gente habla maravillas, así que arrancamos la A.C. y para allá que nos marchamos. Seguimos dentro del Parque Natural por una carretera bellísima aunque entretenida a la hora de conducir, repleta de curvas, subidas y bajadas, pero muy divertida para disfrutar de la conducción para la gente que como a mí nos gusta el volante. Aquí tengo que decir que los Portugueses, en lo que se refiere a obras, son bastante desastrosos, lo digo porque nos tropezamos con un tramo de obras en la carretera donde han instalado un semáforo de éstos portátiles que se encuentra en verde y un señor con una banderita dándonos paso, para a continuación cuando estamos en mitad del tramo en obras y de un solo carril, toparnos con coches de frente a los que otro obrero en la parte opuesta está dando paso también, peligroso, peligroso, tengo que frenar y entre maniobras de unos y otros conseguimos escapar de esta ratonera.

Da pena que se acabe esta carretera, pero en poco rato hemos llegado a Sintra en donde intentamos acceder a la parte alta siguiendo unos carteles de “Centro Ciudad”. Esta tarea no es fácil al tratarse de un pueblecito de calles estrechas y muchas pendientes, y menos aún tratándose de una A.C. de cinco metros de largo, así que donde podemos la aparcamos y continuamos la visita “a pata”. De Sintra voy a decir mas bien poco, ya que sería imposible describirla con palabras, es uno de esos lugares que por mucho que te cuenten si no lo visitas no sabrás nunca de lo que te hablan, sencillamente BELLÍSIMA, y eso que nos dejamos mas de la mitad de los sitios sin visitar, a mi entender se necesitan al menos tres días para verla en toda su grandeza.

A media tarde y cuando empieza a anochecer nos tomamos un riquísimo café que nos sabe a gloria, yo que no soy muy cafetero, he de reconocer que en pocos sitios he tomado un café tan bueno como el que esa tarde degustamos en Sintra y además barato.

De Sintra nos marchamos ya por autovía de vuelta a Lisboa, donde una vez aparcada la A.C. nos damos un homenaje en forma de Almejas y Bacalao típico Lisboeta en un bar repleto de comensales en las cercanías del esplendoroso Monasterio de Los Jerónimos, todo ello como es lógico acompañado de unas buenas jarras de cerveza.

Tras un breve paseo junto al río Tajo y con las imágenes y sensaciones vividas a lo largo de todo el día grabadas en nuestras retinas damos por finalizado el día y nos vamos a dormir.

El sábado día veinte también nos recibe con un fina lluvia que se para justo en el momento en el que mi cuñado y yo salimos a correr con la intención de hacer mas o menos media horita tranquila, ya que mañana tendremos veintiún kilómetros por delante. Ésta vez nos dirigimos en dirección al Puente 25 de abril, un auténtico coloso de hierro que se alza imponente abrazando las dos márgenes del río Tajo. Una vez completado el breve entrenamiento desayunamos una vez mas en compañía de las chichas y nos vamos a visitar Lisboa. Comienza nuevamente a llover de una forma tímida justo cuando tomamos un moderno tranvía que nos acerca al corazón de la ciudad, lluvia que desaparecerá en pocos minutos para no volver a hacer acto de presencia ya en todo el día. Durante toda la mañana recorremos las calles de Lisboa, calles pequeñas, estrechas, con subidas y bajadas continuas, y lo hacemos con la impagable ayuda del tranvía número 28, el mas entrañable de todo Lisboa teniendo en cuenta que el recorrido que realiza es por las zonas mas interesantes Lisboetas. Visitamos el Castillo de San Jorge, con unas vistas impresionantes de toda la ciudad, montamos en el Elevador de Bica que es un tranvía adaptado exclusivamente para salvar cuestas muy pronunciadas, subimos también en el Elevador de Santa Justa, un ascensor centenario y del que no merecería la pena pagar los 2,80 euros que cobran si no fuera porque nosotros hemos comprado unas tarjetas que por cuatro euros nos dan derecho a montar en todos los transportes y también en este Elevador. A medio día hacemos una parada en el Mirador de Santa Lucía donde nos tomamos las consabidas cervecitas, esta vez con clavada incluida.

Comemos cerca de la Plaza del Comercio y de ahí nos vamos derechos al café con mas solera de todo Lisboa, el conocido como “Café A Brasileira”, donde pasamos un rato alrededor de cuatro tazas de buen café.

La zona histórica de Lisboa está repleta de edificios antiguos y con las fachadas bastante desconchadas y faltas de conservación, por lo que da la impresión de decadencia, y si a esto le añadimos que las plazas y calles mas turísticas están salpicadas de buscavidas, mendigos y prostitutas hacen que salvo los tres o cuatros sitios de obligada visita el resto no merezca mucho la pena. Así que una vez visitados éstos nos vamos, a media tarde, para la zona donde está estacionada la A.C., zona mucho mas tranquila y segura. Acabamos la tarde haciendo algunas compras en la pastelería mas famosa de Lisboa “Pasteis de Belém” donde degustamos sus famosos pasteles para después terminar, junto con la visita de dos amigos madrileños, disfrutando de un bonito atardecer junto a la desembocadura del Tajo, despidiendo el día con unas cervezas fresquitas en las manos.

Y ahora vamos a la carrera pura y dura:

El domingo día veintiuno amanece con buena temperatura y algunas nubes. Para llegar a la zona de salida debemos tomar un autobús que nos conduce a la estación de trenes “Campolide” para a continuación montarnos en un tren que, tras cruzar el impresionante puente 25 abril, nos deja al otro extremo del río. De ahí solo resta caminar un par de kilómetros para llegar al punto de partida. Alejandro y yo vamos en compañía de nuestros dos amigos madrileños, Carlos y Pedro, y los cuatro podemos comprobar el mogollón de gente que se forma en la salida, al ser la misma para dos carreras distintas, la media maratón por un lado que será donde participemos nosotros, y otra carrera distinta, de tan solo siete kilómetros y a la que se apunta medio Lisboa, niños, mujeres mayores, ancianos, chavales, etc.... parece mas bien una manifestación, al menos tienen la consideración de no mezclarnos a todos y nos separa una valla, siendo en cambio la misma linea de salida y la misma hora para ambos eventos.

Delante de nosotros hay un espacio de unos doscientos metros que nos separan del arco de salida, y es el lugar supuestamente reservado para atletas de élite, y digo supuestamente porque vemos a cada personaje que dudamos mucho que pertenezcan muchos de ellos a tan elitista grupo atlético. Algo que nos descoloca un poco es que no podemos calentar antes de la salida, ya que permanecemos por mas de una hora totalmente quietos, unos junto a otros y sin espacio casi de respirar, esto me resulta agobiante. A nuestra derecha una escultura imponente de Cristo, igual a la de Rio de Janeiro parece querer abrazarnos a todos.

A las diez y media en punto se da la salida y para mi sorpresa no lo hacemos desde debajo del arco de salida, sino desde doscientos metros mas atrás, así que ya tenemos regalito nada mas comenzar. Al paso por el arco de salida ya hay un follón de tres pares de narices con toda la gente de las dos carreras mezcladas, intento abrirme paso por la zona del puente que nadie quiere pisar, ya que hay carriles de asfalto y otros que son de hierro calado donde se hace duro pisar, no me queda mas remedio que ir por esa parte si quiero progresar.
Hasta la mitad del puente pica un poco hacia arriba, pero es solo un espejismo porque rebasada la mitad del mismo empieza una bajada constante y cada vez mas pronunciada. Lo mas bonito de toda la carrera son estos kilómetros encima del puente desde donde se divisa toda Lisboa y con el río Tajo literalmente a nuestros pies, es una de esas sensaciones que permanecerán conmigo durante toda mi vida.

Voy adelantando constantemente a corredores y no me siento fino, he arrancado en frío y creo que lo voy a pagar. Abandonamos el puente y nos dirigimos a la rivera del Tajo, ya todo el recorrido será llano por lo que no debiera tener problemas, pero nada mas lejos de la realidad, pasado el kilómetro cinco ya empiezo a notar que no voy bien, en el kilómetro siete mucha de la gente a la que hasta hace poco iba adelantando me vuelven a rebasar y esto no acaba mas que empezar. Veo gente de Sevilla, de Brasil, algún Holandés y me sorprendo al ver gente conocida de Madrid, como es el amigo “Duquito” al que animo en un par de ocasiones. Intento encontrar un ritmo que me resulte cómodo pero no lo encuentro, no puedo decir que me duela nada porque no es así, pero simplemente no voy bien, no encuentro ese puntito que me haga correr a gusto y esto me está afectando, así como también la humedad a la que no estoy acostumbrado. Empiezo a sudar como un auténtico pollo y paso el kilómetro diez en algo mas de treinta y siete minutos, una barbaridad.

Me cruzo con la élite y alucino con el ritmo que llevan, Tadesse corre como poseído por el mismísimo diablo, detrás de él todo un batallón de atletas africanos y entre ellos destaca un atleta europeo que no es otro que nuestro Chema Martínez que se está batiendo el cobre con ellos.

Tras hacer un giro de 180 grados empieza a dar el aire de frente, lo que me faltaba para terminar de rematarme. Voy corriendo junto a un atleta brasileño y a veces tira él de mi y a veces al contrario, no consigo encontrar un ritmo uniforme y cada vez voy peor. El el kilómetro quince definitivamente estoy ya para el arrastre, aquí recibo los ánimos de mi mujer y mi hermana, pero ni con esas....

Vuelvo a cruzarme con la élite y ahora ya el ritmo de Tadesse no es que sea diabólico, es que es demoledor, ¿pero cómo un ser humano puede correr tanto?.. me resulta increíble, no me extraña que en su crono final batiese el record del mundo, no me extraña.

Volvemos a girar nuevamente otros 180 grados cerca del kilómetro diecinueve y encaramos ya los dos últimos kilómetros buscando la línea de meta, línea que en mi vida he deseado con mas ganas que llegase.

Paso el último kilómetro mas lento si cabe que los anteriores y solo tengo una fijación en mi mente.... llegar. En la recta de meta recibo nuevamente los ánimos de las chicas y sin fuerzas ni para esprintar cruzo la línea de llegada en un decepcionante tiempo de hora y veintiún minutos, la peor media maratón de mi vida en cuanto a marca, aunque eso ya no es mi objetivo desde hace mucho tiempo.

Esperamos la llegada de mi cuñado y una vez todos juntos emprendemos viaje de regreso a Madrid, ésta vez saliendo de Lisboa por el otro puente que nos quedaba por conocer el impresionante Puente Vasco de Gama, “solamente” diecisiete kilómetros de puente sobre el río Tajo, cada vez me asombro mas de lo que puede conseguir el ser humano.

Han sido unos días maravillosos, en lo deportivo he conseguido completar una media maratón mas, y en cuanto a lo humano sencillamente inolvidables.

Mucha salud.

lunes, 15 de febrero de 2010

MARATON SEVILLA 2010





Bueno, pues ya estamos de vuelta, ¿Como empezar esta crónica y por donde?, lo cierto es que aprovecho para hacerlo ahora en caliente donde todavía están todos los detalles frescos en mi memoria y así supongo que tendré menos riesgo de dejarme alguno en el tintero. Como siempre avisarte de que si estás dispuesto a seguir leyendo lo hagas con cierta paciencia y sabiendo disculparme por todos los errores y faltas que pueda cometer, porque escribir ciertamente no es mi fuerte.

Vayamos por partes: En primer lugar convendría saber los motivos por los cuales me he plantado en la línea de salida de este maratón, y que no son otros que el de proponerme por un lado un objetivo claro para poder entrenar durante los días de frío, lluvia y nieve que estamos teniendo en este invierno atípico, y por otro, y aún mas fuerte, el plantearme conocer realmente mi estado de forma tras muchos meses desesperado en cuanto a lesiones. Con estas premisas convencí a mi cuñado Alejandro para que me acompañase a Sevilla e hiciese también esta maratón, al final se nos apuntaría también Javi, otro amigo que con el propósito de ir preparando el maratón de Madrid, también se unió a la fiesta, eso sí, para hacer únicamente la segunda media acompañando a mi cuñado.

En resumen hemos ido a la capital Hispalense seis adultos y cinco niños, de edades comprendidas entre los dos y los ocho años (los niños se entiende), por lo que el viaje, y la estancia, como supondréis nos ha resultado de lo mas “entretenido”.

Partimos de Madrid, en coche, a las cinco de la mañana del sábado y sin nada de tráfico nos dirigimos a Mérida por la A-5, para allí tomar la A-66 (Ruta de la Vía de la Plata). Sobre las ocho de la mañana paramos en TorreMejía donde desayunamos en el bar “Er Gitano” y continuamos para hacer la siguiente parada ya en el Estadio Olímpico donde llegamos a pocos minutos de que abran las puertas y en un pis-pas retiramos los dorsales. De ahí marchamos al hotel donde dejamos el escaso equipaje que portamos y nos vamos directos a visitar a la Virgen de la Macarena, donde una vez mas cada uno de nosotros le hace su petición particular, he de decir que las formuladas por mí hasta la fecha se están cumpliendo con creces.

Después de la citada visita, y tras un paseo por los alrededores de la Basílica, nos vamos directamente al “Bar Fermín”, unos de esos típicos bares sevillanos donde todavía apuntan las consumiciones con tiza en la barra y en el que tomamos el aperitivo, acompañado de unas cuantas cervecitas. A los niños la cocinera les obsequia con una buena fuente de patatas recién fritas, por lo que como gallinas alrededor de un trozo de lechuga se arremolinan alrededor de ella, y en pocos minutos ya han devorado hasta la última patata.

El día está fresquito y nublado, hay ratos que se tapa con nubarrones negros y otros en los que aparece un tímido sol, de vez en cuando afloran algunas rachas de viento, pero la temida lluvia brilla por su ausencia. Alrededor de la una del mediodía nos vamos a la comida de la pasta donde pasaremos un rato agradable en compañía de muchos atletas y familiares y todo amenizado con un grupo musical que, bajo una gran pantalla de video que proyecta imágenes del maratón de 2009, nos alegran la manduca.

Tras llenar de hidratos nuestros depósitos nos vamos a visitar Sevilla. Damos un buen paseo por el Parque de Maria Luisa durante el cual los chiquillos que nos acompañan disfrutan a cada paso de las incontables calesas que pasan junto a nosotros. Nos quedamos con las ganas de acceder a una Plaza de España que se encuentra en obras, así que ya tenemos una excusa para volver a Sevilla y visitarla cuando las obras se encuentren terminadas.

Posteriormente pasaríamos la tarde por los aledaños de la Catedral donde disfrutaríamos de unos cafés bien calentitos en una de las innumerables terracitas que jalonan la zona, para después perdernos en las callejuelas que confluyen en la Giralda donde terminaríamos la tarde con unas cervezas y cenando pasta.

Vamos a la carrera que es de lo que se trata:

Nos levantamos el domingo a eso de las seis y media de la mañana para ir poco a poco rescatando a los mas pequeños de los brazos de Morfeo y así desayunamos sobre las siete (desayuno compuesto por un vaso de cola-cao, una tostada con miel y mantequilla y un zumo de naranja, desayuno mas bien ligero para lo acostumbrado en otros maratones, y es que no quiero sorpresas estomacales). Sobre las ocho y cuarto ya tenemos los coches aparcados en el parking aledaño al Estadio, nuestras mujeres y niños van bien abrigados ya que la mañana está mas bien fresquita, por no decir fría. Nunca tendré palabras suficientes para agradecerles el apoyo que nos demuestran en cada carrera, para ellas supone estar durante mas de tres horas a la intemperie, muchas veces con frío como en esta ocasión, para poder vernos un par de veces, o tres a lo sumo.

A las ocho y media nos quitamos los chandals (joder que frííííííío) y tras los besos y abrazos de última hora nos vamos derechitos a las entrañas del estadio. Dentro de los entresijos de esta gran mole de cemento existe todo un mundo de vida subterránea, donde miles de personas de todas las edades, sexos y nacionalidades confluyen con un objetivo común. Aquí ya huele a ungüentos tipo reflex, a miedo, a ilusión, a respeto, a nervios, a humanidad, a sudor...... huele a maratón.

Empiezo a calentar junto a mi cuñado, a quien Javi acompañará desde la media maratón, y por lo que estará allí esperando. En los minutos previos a la carrera puedo saludar a atletas del foro como Yonhey, Bebeto, (un placer conoceros personalmente) y a Torcas, a quien ya conocía en persona y con quien pude cruzar un fuerte abrazo. Buena gente la del foro de www.carreraspopulares.com

Poquito a poquito nos acercamos a las nueve de la mañana, hora fijada para el comienzo de la competición y lentamente los corredores vamos tomando sitio dentro de la masa ingente que conformamos este gran pelotón de salida. Nos situamos en la zona medio-trasera del grupo y pasados escasamente dos minutos de las nueve comienza la prueba.

Salimos de la pista de atletismo por la rampa del túnel sur que nos conduce al exterior, de momento no se puede casi correr ya que hay un gran agolpamiento de corredores dentro del túnel y vamos casi andando. Ya en el exterior me pasa una señora por mi izquierda que va como una auténtica locomotora, ya sé que voy despacio y que me lo voy a tomar con calma... pero esto es ir demasiado lento..

En la primera curva puedo ver a mi mujer, mis hijos, mi hermana, mi sobrino, y a una amiga con sus dos hijos pequeños, recibo sus ánimos y aplausos y parecen extrañarse de verme tan retrasado, pensaban que ya había pasado, es la costumbre de verme durante años en las posiciones adelantadas del pelotón. Voy trotando poco a poco intentando buscar un sitio por donde empezar a correr, y así paso el primer kilómetro en cinco minutos y mucho....

Poco a poco el pelotón se va estirando y ya se puede ir empezando a correr, vamos por una avenida anchísima y sin público, donde afortunadamente no pega mucho el aire. Voy continuamente adelantando por el margen izquierdo y delante de mi puedo contemplar una fila infinita de corredores. Bastante antes del primer giro de ciento ochenta grados nos cruzamos con la cabeza de la prueba, donde el corredor Sevillano “Penti” junto con un batallón de atletas africanos abren la carrera, en un segundo grupo puedo reconocer a Rafael Iglesias, actual campeón de maratón de España y tras ellos el grupo compacto de las chicas.

He pasado el kilómetro dos en mas de nueve minutos y sigo adelantando a lo que ya son grupos de corredores entre los que empiezan a abrirse distancias de unos ciertos metros. Voy bien de respiración y también de piernas, aunque tengo la mosca detrás de la oreja esperando un posible latigazo en mi pierna izquierda, que es la que me trae últimamente por la calle de la amargura.

La carrera continua y poco a poco vamos acumulando kilómetros, así pasamos por el cinco y entre éste y el diez ya puedo decir que hay sitio mas que de sobra para correr bien. Salimos del parque del Alamillo y hacemos un primer paso por uno de los puentes sobre el río Guadalquivir. El paso de décimo kilómetro lo hago en treinta y ocho minutos y con la sensación de ir fresco por lo que decido seguir adelantando a los pequeños grupos que me van precediendo. La carrera discurre por calles muy anchas y en las que no hay apenas público, la sensación térmica es de fresquito aunque poco a poco voy entrando en calor, la pierna de momento se está portando bien y no me da la lata.

Continuamente voy alcanzando a grupos de atletas a los que me uno durante unos cientos de metros, luego los rebaso y progreso hasta el siguiente, así lo hago hasta el kilómetro quince donde ya alcanzo un grupo bastante homogéneo que lleva un ritmo bueno y al que me acoplo tras comerme un pedazo de barrita energética y beber unos sorbos de acuarius. Me mantengo durante un par de kilómetros en la cola del grupo, donde voy bastante cómodo, así que cerca del kilómetro diecisiete decido tomar la cabeza del mismo, posición que no dejaré hasta el paso por la media maratón que realizamos en hora y veinte minutos, mas o menos. En este punto puedo ver a mi amigo Javi que está esperando para acompañar a mi cuñado, y de quien recibo ánimos. Como otro pedacito de barrita energética y en vista de que los temidos latigazos de mi pierna no aparecen decido incrementar el ritmo e irme hacia adelante, me la voy a jugar a una carta, si sale bien puedo doblar en la segunda mitad de la maratón, si sale mal voy a tener un gran petada y sufriré para llegar a meta, o incluso si la pierna me falla puede que ni llegue.

Ahora voy otra vez en solitario, escuchando únicamente mi respiración, mis pisadas, los latidos de mi corazón y de vez en cuando los ánimos de algún espectador que al leer el nick que llevo serigrafiado en la camiseta me anima a seguir adelante al grito de “Vamos Piraña!!!”.

Tengo por delante todavía media maratón y ahora empiezan las dudas de si habré echo bien en dejar el grupo y aventurarme en solitario, no sé si pagaré cara la aventura, son muchos kilómetros para hacerlos solo, pero prefiero pensar en positivo, así que con la vista puesta únicamente en la negrita que veo a lo lejos sigo zancada tras zancada devorando kilómetros.

Cerca del kilómetro veintitrés doy alcance a una de las africanas que viene descolgada del grupo de favoritas y la rebaso, siguiendo mi progresión hacia adelante, ahora con la vista fija en otro par de corredores que se divisan a lo lejos y a los que pierdo de vista en cada giro. El avituallamiento que voy siguiendo se compone únicamente de acuarius cada diez kilómetros y de una barrita energética que he dividido en tres partes y de la que ya he dado buena cuenta tanto en el kilómetro quince, como al paso por la media maratón, quedando el último tercio de la misma para el paso por el todavía lejano kilómetro treinta.

Paso por el kilómetro veinticinco aun con buenas sensaciones, y con la Giralda al fondo, rebaso a otra de las africanas que han quedado descolgadas, en este punto estoy corriendo justo al lado del estadio del Sevilla, el conocido “Sanchez Pizjuán” que llama la atención por lo solitario que se encuentra a esta hora de la mañana dominical. Sigo completamente en solitario e intentando pensar en positivo, la pierna no me duele y eso es lo que mas me motiva. A partir de ese punto las grandes avenidas pasan a ser calles mas estrechas, en algunas con adoquines y donde se puede uno distraer mas, así como también los ánimos del público llegan a mis oídos con mas nitidez.

A partir de aquí comienzan unos kilómetros de soledad donde empieza ya a notarse la falta de entrenamiento, aún así consigo ir a buen ritmo todavía. Cerca del kilómetro treinta alcanzo a una solitaria Ana Burgos (campeona de España de Triatlón) y quien me comenta que va fundida, la adelanto intentando animarla en lo que buenamente puedo y sigo hacia adelante pasando esta vez por la misma puerta del campo del Betis, el “Ruiz de Lopera”, otro estadio de fútbol solitario que despojado de toda vida en estas horas matinales parece un gigante de cemento dormido. Llego al kilómetro treinta, donde junto con unos sorbos de acuarius doy fin a lo que me queda de la barrita energética, acompañado de los aplausos de unos fantásticos voluntarios que se dejan la voz animando. A partir de este punto comienza el verdadero maratón, uff......

El kilómetro treinta está ubicado en una aplíííísima avenida flanqueada de palmeras y que parece no tener fin, la vista se pierde a lo lejos sin tener un punto de referencia que pudiese presagiar el final de la misma, lo único que veo delante de mi es a un par de corredores que me preceden a unos cientos de metros y a los que me da la sensación que les voy recortando distancia. Empiezo a notar esas sensaciones de dureza en los cuádriceps que me son conocidas en los finales de maratón, y sé muy bien que dentro de muy poco el ritmo va a empezar a decaer, por lo que intento aprovechar todo lo posible los pocos minutos que me quedan de correr todavía con cierta alegría y mantengo todo mi empeño en mantener el ritmo que traigo. En este punto rebaso a la campeona española María José del Toro, va acompañada de una liebre que le marca el ritmo, aunque creo que tiene problemas ya que continuamente va tocándose la parte posterior de la pierna, les adelanto a ambos y continúo hacia adelante.

Después de la larga avenida con la que despedimos el kilómetro treinta y uno, y tras cruzar otro de los puentes sobre el Guadalquivir iniciamos nuestro periplo por el barrio de Triana, estamos corriendo paralelos a la explanada donde se celebra la feria de abril sevillana, y puedo ver con toda claridad la puerta del ferial que en esta época del año se muestra desprovista de cualquier adorno y la que en un par de meses a buen seguro cambiará la su cara y se iluminará con miles de luces que engalanarán esta famosa fiesta. Cada vez estoy mas cerca de los dos corredores que me preceden y ahora puedo reconocer a uno de ellos por su estatura y la gorra, se trata de “Gandalfin”, otro de los ilustres foreros de carreras populares y un gran maratoniano, creo que dentro de poco les daré alcance ya que sigo sin bajar el ritmo todavía y me parece tenerlos un poco mas próximos.

Sobre el kilómetro treinta y cuatro ya les consigo dar alcance y cruzo unas palabras con Gandalfin, me comenta que va algo tocado muscularmente por lo que para él tampoco está siendo su mejor maratón, ya vendrán otros mejores. Podría quedarme con ellos ya hasta meta, pero siento que en cualquier momento me va a llegar el muro y decido continuar con el ritmo que traigo mientras me sea posible, por lo que vuelvo a correr en solitario. Paso el kilómetro treinta y cinco donde hago un último repostaje de acuarius, que tendrá que ser suficiente ya hasta el final. Ahora ya hay mas gente animando y todos coinciden en gritar mas o menos lo mismo “Venga que ya queda poco!!!”. Otro cruce de puente y vuelta a una gran avenida, conocida como de Torneo, donde los kilómetros se hacen ya muy lentos y fatigosos, aún así consigo adelantar todavía a otra africana, ya voy bastante tocado de piernas y el ritmo se torna pesado y tosco, los kilómetros tardan una barbaridad en aparecer, llego al treinta y seis, a lo lejos puedo ver el giro que conduce a un último paso sobre el puente que da acceso a la Isla de la Cartuja. El kilómetro treinta y siete se hace de rogar y parece contagiar al treinta y ocho que no llega nunca, Gandalfin se ha repuesto y me alegra el que consiga darme nuevamente alcance, tengo la esperanza de llegar juntos a meta, aunque al atravesar por última vez el río se descuelga nuevamente. Aún nos queda un nuevo paso por el parque del Alamillo, donde el kilómetro treinta y nueve se hace eterno, pero llegados a este punto ya la mentalidad es otra, ahora ya sé que el siguiente empieza por cuatro, y eso señores, son palabras mayores.

Estoy sufriendo las embestidas del maratón es su estado mas puro en forma de martillazos en las piernas, pero ahora no es momento de pensamientos negativos, ahora es el momento para el que todo maratoniano debe mentalizarse, esa decena de minutos de sufrimiento agónico que parece no tener fin y donde uno debe apretar los dientes y sacar de lo mas profundo la fuerza que nos hace continuar zancada tras zancada.

El kilómetro cuarenta y uno está situado en uno de los laterales del estadio, por lo que al paso del mismo ya se puede escuchar la megafonía que lo acompaña, esto pinta bien, ya llego aunque sea a rastras. Voy bastante tocado ya de piernas, que no de respiración sorprendentemente, antes del kilómetro cuarenta y dos me adelantan dos corredores y a los que soy incapaz de unirme, es lo que hay, bastante tengo con mantener mi propio ritmo. Estoy a un paso de completar la maratón, accedo al estadio por la misma rampa que dejé atrás hace ya mas de dos horas y media, y ahora, aunque es en bajada, me parece eterna. Me queda únicamente completar un giro a la pista de atletismo e intento en vano acelerar el ritmo, no puedo, mis piernas en este momento son dos piedras que bastante hacen con sujetarme en pie, llego a recta de meta y mi único empeño es mirar hacia la grada para conseguir ver a mi familia, a quienes veo inmediatamente animándome y dando palmas y a quienes dedico un beso que envío con todo mi cariño, sobre todo a mi mujer en este día de San Valentín.

Cruzo la línea de meta con la satisfacción de haber podido completar un maratón mas, si me lo hubieran dicho hace un par de meses no lo hubiese creído, esto me hace coger mas confianza en mí mismo y motivarme para preparar el próximo MAPOMA.

La Organización como siempre impecable, me arropan con una toalla, me quitan el chip, y tras despedirme de Gandalfin me dirijo a las gradas a abrazar a mi familia, con quienes espero la llegada de mi cuñado Alejandro que lo hará poco después. Objetivo cumplido.

Ha sido un estupendo fin de semana en Sevilla, donde hemos disfrutado de la ciudad, de sus bares, de sus calles, de su ambiente, de sus gentes y sobre todo de su maratón. Me vuelvo con buenos recuerdos y con la motivación y confianza que estaba buscando.

Ahora toca descansar y recuperarme lo mejor posible, hoy me duele un poco la pierna, pero menos de lo que me esperaba, así que doblemente contento.


Salud para todos/as.

jueves, 11 de febrero de 2010

OBJETIVO: DE NUEVO UN MARATÓN.


Lo cierto es que no sé muy bien como explicaros, (aunque mejor debiera explicármelo a mí mismo primero), cuales han sido los motivos para que este próximo domingo catorce de febrero, San Valentín para mas señas, tenga previsto plantarme nuevamente en la línea de salida de un maratón. No parece lógico tras llevar largos meses quejándome de lo mal que estoy, de mis lesiones y de mis malas sensaciones, pero lejos de lo que pudiera parecer una mejoría en mi estado, se trata mas bien de una huída hacia adelante, es decir, tengo que probarme de lo que realmente soy capaz de lograr en este momento actual, y tenía que marcarme un objetivo a corto plazo para no abandonar definitivamente el atletismo.

Desde la pasada San Silvestre no he vuelto a competir, por lo que me he limitado a entrenar muy suave los días que la pierna me ha dejado. Así en el mes de enero me planteé marcarme un objetivo para motivarme y sentirme en cierto modo obligado a salir a correr, por lo que me propuse intentar acabar un maratón, y opté por buscar uno próximo y llanito,....ahí estaba Sevilla. Sin pensarlo dos veces hice la inscripción y reservé el alojamiento para toda la familia, ese fue el punto de partida para comenzar a entrenar nuevamente aunque muy lejos de ritmos y sensaciones de otros años, por lo que el objetivo para este maratón no es otro que el de terminarlo.

Convencí a mi cuñado para que también se inscribiese y juntos hemos hecho algunas tiradas largas durante los domingos del mes de enero, que espero sean suficientes para poder llegar a la línea de meta con ciertas garantías.

En este momento casi estoy arrepentido de haberme embarcado en esta historia, ya que tengo sensaciones extrañas, aunque quiero pensar que son simplemente el fruto de los nervios previos a un maratón, sea como fuere, este fin de semana nos vamos a Sevilla, haremos una visita a la Virgen de la Macarena y al Cristo del Gran Poder, a quienes me encomendaré para que me otorguen las fuerzas necesarias para completar los 42 kilómetros...... y pico.

Ya os contaré.

Salud para todos/as.

miércoles, 13 de enero de 2010

SAN SILVESTRE VICALVAREÑA 2009


Un año mas, y ya van unos cuantos, he despedido el año corriendo, y así espero que suceda durante muchos años mas. Lo cierto es que cada vez tengo mas dudas de que esto pueda ser así, incluso no tenía pensado participar en esta edición, pero al final llevado mas que nada por la inercia de muchos años compitiendo le dije a uno de mis cuñados, que vive precisamente en Vicálvaro, que me hiciese la inscripción.

Así el día 31 de diciembre de 2009 a eso de las nueve y media de la mañana junto con mi cuñado Alejandro y un compañero del trabajo de éste, nos dirigimos hacia esta localidad madrileña donde ya nos estaba esperando mi otro cuñado Pablo. Ha debido estar toda la noche lloviendo según nos muestran los innumerables charcos que salpican la calzada, por lo que me recuerda, y mucho, a la edición del pasado año 2008 donde las condiciones climatológicas eran prácticamente idénticas. Por fortuna en este momento no llueve y así esperamos todos que continúe la mañana.

Una vez recogidos los dorsales, que son de éstos tipos que llevan el chip incorporado y se colocan encima del pecho, muy molestos para mi gusto, nos dirigimos a la casa de una familiar nuestra que dista apenas unos cientos de metros de la salida de la prueba. Allí abandonamos nuestros chandals y prendas de abrigo para dirigirnos nuevamente hacia el Polideportivo a la espera de que llegue la hora de la competición. Se trata de un recorrido de unos ocho mil cuatrocientos metros, el cual consta de dos vueltas a un mismo circuito y con la única dificultad de una cuesta de unas pocas decenas de metros por la que como es evidente tendremos que subir dos veces.

Mientras esperamos al abrigo del Polideportivo, saludamos a algunos conocidos a los que personalmente llevo bastante tiempo sin ver, no obstante ya no frecuento con tanta asiduidad estas competiciones. Unos minutos antes de comenzar la prueba, calentamos un poco las articulaciones trotando suavemente y sin mas tomamos posiciones. Bajo el arco de la salida puedo reconocer a algunos corredores de prestigio como Vicente Capitán, Aurora Pérez, etc... y otros que sin tanto renombre también forman parte de este mundillo y son asiduos de muchas competiciones. Así recibo el saludo de un amigo del corredor del Henares conocido en los ambientes foreros como “Landes”, veo de lejos a “Dragón”, a quien me hubiese gustado saludar personalmente pero no quedaba tiempo ya que en ese mismo momento se dió comienzo a la carrera.

El comienzo de la prueba lo hago muy, muy tranquilo, vengo simplemente a rodar y a seguir intentando volver a tener sensaciones de “corredor” ya que hasta la fecha brillan por su ausencia. La verdad es que no puedo decir los tiempos de paso por kilómetro porque no miro el crono, pero cubro el primero con la sensación que voy muy despacio. Llevo muchísima gente delante y me recreo observando a la multitud de corredores, así animo a Elsa, una gran corredora veterana del Club Edwards, me río un rato con el disfraz de esqueleto que porta “Duquito” y cruzo algunas palabras de ánimo con “Landes”.

Al no ir forzado estoy disfrutando de la carrera, tengo mucho tiempo para anticiparme a los innumerables charcos, y mis piernas sorprendentemente me piden mas ritmo. Soy muy consciente de donde están mis limitaciones así que progresivamente voy avanzando entre los corredores con mucha cautela, sin forzar, y esperando bajar el ritmo a la mas mínima señal de dolor, como así será en cuanto comienza el primer paso por la única cuesta del circuito. En ella se hace necesario incrementar un poco el esfuerzo de los músculos de las piernas y es ahí donde mi cuerpo no está para bromas, por ello bajo el ritmo y dejo de progresar para mantenerme mas bien trotón.

Así completamos el giro de la primera vuelta y comenzamos a atacar el paso por la segunda, donde remiten en parte las molestias de la pierna y empiezo a tirar de un pequeño grupo de unos cinco o seis corredores. Poquito a poquito incremento una vez mas el ritmo y durante ésta segunda vuelta no dejo la cabeza del grupo en ningún momento, sino muy al contrario, de vez en cuando voy dando caza a algunos corredores que nos preceden y quienes se integran al grupo pasando éste a ser cada vez mas numeroso.

En la bajada previa al comienzo del paso por segunda vez de la cuesta, vuelven de nuevo las molestias, pero mi orgullo y mi tozudez no permiten que, a estas alturas de estar prácticamente terminando la prueba, afloje el ritmo. Me mantengo en la cabeza del grupo, incluso consigo descolgar a varios de los corredores al término de la subida de la cuesta. Ahora solo queda una gran recta y llegar al Polideportivo.

Durante la larga recta, me quedo únicamente acompañado por otro corredor que procura no descolgarse, y juntos damos alcance a otros dos mas a los que llevamos viendo bastante rato y a los que poco a poco nos hemos ido acercando. Antes de entrar en las pistas de atletismo del Polideportivo, un corredor del “Ñ-Ultrafondo” al que acabábamos de alcanzar cambia el ritmo e intento seguirle, únicamente lo consigo durante pocos metros y luego me deja clavado. Aun así, los que vienen detrás no conseguirán ya alcanzarme, por lo que entro sólo en meta sin necesidad de tener que esprintar, menos mal.

Como me temía, de nada vale convencerme de que puedo ir a las carreras únicamente con el ánimo de participar y tomarlas como entrenamientos, porque al final siempre me pasa igual, que los primeros kilómetros lo cumplo, pero luego siempre tropiezo en la misma piedra y me vuelve el gen competitivo y me esfuerzo mas de lo que debiera agravando así mis lesiones. Creo que es preferible evitar en la medida de lo posible las competiciones, aunque es tan dificil......

Sea como fuere al final conseguí terminar bastante entero, así que la carrera me dejó buen sabor de boca. Sin apretar conseguí quedar entre los veinte primeros y el sexto de mi categoría lo que me anima a seguir entrenando, aunque sea muy suavecito como últimamente lo estoy haciendo.

Una vez todos juntos nos fuimos nuevamente a la casa de nuestra familiar donde nos vestimos de “personas” y donde pudimos degustar unas cuantas cervezas, vinos y turrones.

La organización, para mí, estuvo bastante correcta, con inscripción de cinco euros y camiseta técnica, mochila y un sorteo, al que no me quedé, de un montón de productos de chorizos, salchichones, etc...

Salud para todos/as.

lunes, 14 de diciembre de 2009

FELICES FIESTAS



Se acerca el final de este año 2009, que en lo deportivamente hablando ha sido para mí un “Annus Horribilis” (como diría la Reina Elízabeth.II), y es tiempo de hacer balance de lo acontecido durante el transcurso de estos 365 días.

El año deportivo comenzó con mi participación en los 15 km. de Tres Cantos, la que a la postre sería la carrera que marcaría el inicio de toda una temporada plagada de lesiones, no obstante ya al término de esa carrera comenzaron las molestias. A partir de ahí estuve desterrado de entrenamientos y competiciones durante todo el mes de febrero y gran parte del mes de marzo, donde al final del mismo, volví a reaparecer en la Media Maratón de Coslada. En esta media maratón no tenía la confianza de acabarla, aunque sorprendentemente conseguí cruzar la línea de meta. Eso me dio confianza para seguir entrenando y así llegué hasta la Media Maratón de Madrid a principios del mes de Abril, donde ya corrí con mas molestias en la pierna y donde realicé una competición bastante penosa.

Ese mismo mes de abril también participé en una carrera popular en la localidad madrileña de Mejorada del Campo, mas conocida como la carrera de primavera. Una carrera de diez kilómetros donde corrí con mas molestias en la pierna y con un inicio de resfriado, otra competición que no pasará a la historia como una de mis mejores carreras. De hecho este diez mil me dejó un regalito en forma de bronquitis.

A finales del mes de Abril me esperaba el MAPOMA, al que llegué muy tocado, ya que a escasos tres días de celebrarse el mismo todavía no me había recuperado de la bronquitis, mejor hubiera hecho quedándome en casita, ya que lo que me esperaba después del Maratón de Madrid iba a ser un principio de neumonía que me tuvo en cama una semana. Tras dejar atrás el principio de neumonía me pasé todo el mes de Mayo sin fuerzas, no podía apenas con los pantalones por lo que como es lógico no participé en ninguna competición. El mes de Junio no iba a ser mejor, en él empezaron a llegar los resultados de las infinitas pruebas médicas que me iban realizando, donde se puso al descubierto una especie de deformidad ósea que ocasionalmente me pinza uno de los nervios de la pierna, tampoco competiría en ninguna prueba durante ese mes, es mas, durante ese tiempo estaba desmotivado y también dejé de entrenar.

El mes de Julio pasó en blanco, sin correr, sin entrenar, sin nada de nada esperando que el reposo mitigase las lesiones. No sería hasta mediados del mes de Agosto cuando empezase de nuevo a calzarme unas zapatillas de correr, para a finales de Agosto tomar parte en una de las carreras que mas enamorado me tienen, un diez mil organizado con mucho cariño en la localidad de Luzaga, en la provincia de Guadalajara. De ahí pasamos a Septiembre donde únicamente participé en la carrera organizada por el Club Edwards en el parque paraíso de Madrid. Fue una carrera donde parecía que la pierna iba mejorando, aunque luego resultase tan solo un espejismo.

El mes de Octubre volví nuevamente a estar en el dique seco, ya que la lesión volvió a recrudecerse y reapareció con fuerza, así que esto me hizo el plantearme seriamente el dejar de competir, pero gracias al apoyo de muchos de vosotros/as seguí entrenando, aunque con muy poca intensidad, para llegar a participar en el Cross de La Elipa, una carrera corta de apenas siete kilómetros y donde corrí por última vez el pasado mes de noviembre. Desde entonces hasta ahora no he vuelto a competir, mirando de reojo a muchas de las carreras en las que antes tomaba parte, como por ejemplo CSIC; Canillejas, Akiles, y en las que este año no he podido acudir.

En este mes de Diciembre, si las lesiones lo permiten, tengo pensado hacer una única carrera donde ya estoy inscrito que será la San Silvestre Vicalvareña. Una carrera popular también de poco kilometraje, y es que mis piernas en este momento no son capaces de afrontar distancias muy superiores. Ésto para una persona como yo acostumbrada a preparar y correr maratones realmente se hace duro, por lo que espero pacientemente que pase este año 2009 y afrontar con esperanza el próximo 2010, a ver si mi suerte cambia y puedo volver a correr con mas normalidad.

Esto ha sido el balance en cuanto a lo deportivo se refiere, en lo referente al resto, ha sido un año magnífico, mi mujer y mis hijos han gozado de una salud extraordinaria (y la salud del resto de mi familia únicamente se vio turbada por un susto que nos dió mi sobrino el mayor pero del que afortunadamente ya se encuentra totalmente repuesto). Tuvimos un cambio de domicilio al que ya nos hemos ido adaptando y conservamos nuestros trabajos, que en los tiempos que corren es todo un logro.

Ahora toca disfrutar de estas Navidades y pedirle a los Reyes Magos un poco mas de suerte “deportiva” para el año que ya nos está tocando a la puerta.

Os deseo a todos los que de una manera u otra hacéis aparición por este blog (Landes, Torcas, Pepemillas, IrishdeCai, Maratonman, Lourditas, Javi Sanz, Dragón, Juanjo, Truhán, Angelín, Manuel Binoy, Miguel-Estroncio, Rober Moratilla, Trapatoles, Amigos de Luzaga, Ricardo, Monja, y todos los que a buen seguro me dejo en el tintero ...)que paséis unas Felices Fiestas en compañía de vuestros seres queridos, así que solamente me resta deciros de corazón que FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO 2010


Mucha salud para todos.