domingo, 27 de marzo de 2011

V MEDIA MARATON DE SEGOVIA











Esta mañana, y tras el cambio de hora, tocaba madrugar. A las siete de la mañana he quedado con mi cuñado Alejandro y con mi amigo Javi para irnos desde Madrid ha participar en la quinta edición de Media Maratón de Segovia, una carrera en la que nunca había participado y de la que me habían hablado de su dureza, de su buena organización y de lo bello de las zonas por donde discurre. A las siete en punto, estaba en el lugar convenido con mi cuñado, al igual que éste, no así Javi, de quien recibimos un mensaje que a última hora se “cae” de la cita ya que parece ser que no se encuentra bien, una lástima porque sin él el viaje y la carrera no serán lo mismo, en fin, otra vez será.

Tras abandonar Madrid, y después de una paradita en el alto de los Leones a beber el agua pura de su fuente, ya se sabe eso de “agua de la que bebes… vuelves” llegamos poco después de las ocho y media de la mañana a Segovia, aparcamos el coche en un periquete cerca de la zona de salida y nos vamos a por los dorsales. Es muy pronto todavía, pero a ambos nos gusta llegar con tiempo de sobra a los sitios para evitar los agobios de última hora y tener tiempo para realizar todos los rituales previos a una competición, ya se sabe, cafetito, calentamiento, meaditas, etc….

Retiramos los dorsales en un santiamén y damos una vuelta por los alrededores donde aprovechamos para buscar a improvisados fotógrafos que, con el móvil de mi cuñado en mano, nos inmortalicen bajo las piedras bi-milenarias del acueducto de Segovia, una impresionante obra romana de ingeniería, que no por conocida deja de sorprenderme en cada ocasión que lo visito. Delante de una de las iglesias que están cerca de la zona de salida intentamos que una joven nos haga una foto y la muchacha muy dispuesta accede a ello, pero cuando la fotógrafa acaba su cometido de repente un señor, un poco fisgón, que está justo detrás de ella le recrimina por habernos cortado los “pies” en el retrato, el hombre trinca el móvil y se dispone a inmortalizarlos él mismo, y así lo hace quedando realmente satisfecho con su trabajo, satisfecho él me refiero, porque lo cierto es que si la sorprendida fotógrafa es cierto que nos había dejado sin pies para la posteridad, no es menos cierto que el avezado fotógrafo nos dejó sin parte de la torre de la iglesia que es lo que realmente queríamos que saliera en la fotografía, en fin , ahí queda la anécdota.

Después vendrían unos cafés en una cafetería bastante llena de corredores viendo la llegada del gran premio de Fórmula Uno que termina en esos momentos y desde donde nos dirigimos de nuevo al coche para vestirnos ya de corto.

Son ya pasadas las diez de la mañana, y ya de corto nos quedamos por la zona de salida, la mañana es fresquita pero de momento las previsiones de lluvia no se están cumpliendo, aunque bien es verdad que sobre nuestras cabezas sobrevuelan unas nubes más negras que grises amenazantes. Por la zona de la salida podemos ver a muchos voluntarios, y a algunos militares de artillería dando los últimos toques al cañón que dará inicio a la prueba, aquí no se andan con pistolitas, aquí la salida se hace a cañonazos, con dos huevos. Del cielo gotean unos cuantos paracaidistas que con precisión milimétrica aterrizan sobre el objetivo marcado, para posteriormente sobrevolar nuestras cabezas el avión Hércules desde el que se han arrojado al vacío.

Poco a poco la gente va tomando posiciones ya que se acerca la hora, sobre las diez y cuarto también lo hacemos Alejandro y yo cerca del arco de salida. Cada minuto que pasa el grupo se hace mas grande y ya casi no cabe ni un alfiler en la zona donde estamos, pero siempre tiene que aparecer el tonto de última hora que literalmente a empujón limpio intenta llegar hacia la zona delantera, (Dorsal 3501) pero a éste ¿Quién le enseñó educación?, ¿no se da cuenta que los demás llevamos ya un rato esperando?. Pues el tío no se corta, sigue empujando a todo el que se le pone por delante y cuando le recriminamos su actitud su única defensa es decirnos que él corre mucho y tiene que salir delante. Anda éste y a mi que me cuenta, que hubiese venido antes, y sino que se vaya por delante del arco donde de verdad están calentando los buenos y a ver si le dejan un hueco entre los élite de verdad, lo que hay que aguantar.

En fin, cuando restan menos de cinco minutos para la salida comienza a llover, al principio tímidamente, pero en un par de minutos la cosa parece empezar a ponerse seria y de repente afloran los fantasmas de otras carreras pasadas por agua, ufff, mejor no pensarlo ya que en ésta ni siquiera hemos salido todavía. Menos mal que todo queda en un pequeño chaparrón que no da tiempo a mojarnos mucho, aunque sí lo suficiente para dejar los adoquines resbaladizos, habrá que tener cuidado.

A las diez y media en punto el cañón escupe un tremendo pepinazo que nos pone a todos las orejas tiesas, ha dado comienzo la prueba, mi cuñado y yo nos deseamos suerte y comenzamos a intentar correr, y digo bien, intentamos, ya que el lugar en el que nos hemos colocado en la salida no nos permite hacer mucho mas, de hecho pasamos por debajo del arco de salida andando y todavía necesitaremos algún metro mas para ponernos a trotar. El cañón ha dejado un inconfundible olor a pólvora en el ambiente que nos acompaña durante algunos cuantos metros.

El primer kilómetro es cuesta abajo, y lejos de poder aprovecharlo se hace difícil poder correr bien ya que no hay hueco por donde hacerlo. Voy dentro de una gran masa de corredores de todo tipo e intento buscar espacios por donde poder escapar, pero hasta el momento con poca fortuna, además noto el pavimento, compuesto de adoquines, muy resbaladizo e intento ser cauto. Es pasado el primer kilómetro donde me salgo a la acera y comienzo a adelantar posiciones encontrando ya muchos mas huecos por donde poder correr. Pasado el primer kilómetro la carretera se empina y así puedo ver delante de mí a unos cientos de corredores que ocupan la calzada de lado a lado, sigo adelantando a muchísima gente por el lado izquierdo del pelotón y encontrando un ritmito bueno y cómodo.

Hasta pasado el kilómetro tres el perfil sigue ascendiendo y justo antes de llegar a una rotonda donde termina el ascenso saludo a un corredor que entrena en el mismo Parque Juan Carlos I donde lo hago yo, por lo que nos vemos casi a diario, igualmente doy alcance y rebaso a dos muy buenas corredoras como son Recuerdo Arroyo y a María Ruiz Castellanos, las saludo las doy ánimos y sigo hacia delante. (Por cierto en este punto también adelanto al dorsal 3501, si ese que tanto empujaba en la salida porque decía que él corría mucho y tenía que salir con los élite, pues parece ser que no corre tanto como decía, en fin....)

Nos cruzamos con la cabeza de la prueba donde va un español destacado en cabeza, luego un grupo de keniatas y marroquíes para poco después el grupo de las favoritas para ganar la carrera en categoría femenina.

Buscando el cuarto kilómetro y hasta pasado el sexto el recorrido es una larga bajada donde recupero bastantes posiciones a buen ritmo, no sabría decir bien cual ya que hace tiempo ya que no miro mucho el crono, pero por las sensaciones que llevo debió caer algún kilómetro por debajo de tres minutos treinta segundos. Nos cruzamos con un nutrido grupo de militares que entonando canciones ascienden el tramo que hace pocos minutos hemos completado los que ahora bajamos.

De momento no me quedo en ningún grupo en concreto, voy llegando a algunos de ellos pero llevo un ritmo un puntito por encima e intento aprovecharlo, es probable que luego lo pague, pero de momento intento beneficiarme de ello. Después de la interminable bajada y una vez dejado atrás el sexto kilómetro nos adentramos por un precioso parque en el que pisamos un camino de tierra que va flanqueado por columnas de agua cristalina que, canalizadas a cielo descubierto en todo su tramo, discurren junto a nosotros pareciendo querer acompañarnos.

En el kilómetro siete las calles vuelven a mirar hacia el cielo, bueno en éste caso mejor dicho miran hacia el Alcázar, a donde parecen querer conducirnos haciéndonos pagar un duro peaje en forma de sucesión de curvas cerradas y largas cuestas. Desde el citado kilómetro siete hasta casi llegados al décimo, la carrera tenemos que realizarla por una considerable pendiente ascendente, bastante dura cierto, pero compensada por la belleza del entorno y del numeroso público que nos hace llegar sus ánimos. Todo este tramo lo hago acompañado por dos corredores, uno de ellos de un club de Hortaleza, cerca de mi domicilio llamado “La Panda del Muro”. Pasado el kilómetro noveno pasamos por debajo del acueducto que nos vio salir y ahora aquí el público es numerosísimo y animando como hacía tiempo no veía, público que se hace cada vez mas numeroso cuando por las estrechas callejuelas del casco histórico segoviano buscamos el kilómetro diez, en donde a su paso tomo una botella de agua que me ofrece un voluntario y a la que doy apenas dos sorbos para seguir corriendo, cada vez soy mas torpe a la hora de beber corriendo, no consigo hacerlo bien a pesar de los años.



Desde el kilómetro diez hasta llegado el once es el único tramo de la carrera que podría considerarse llano, ya que en el resto o bien se sube, o bien se baja, así que lo recibo con enorme gratitud e intento pegarme a los dos corredores con los que he realizado la subida al Alcázar y que después del avituallamiento se me han ido un poco por delante, no tardo mucho en unirme nuevamente a ellos. El progresar mas hacia delante ya se hace complicado ya que, a parte del ritmo vivo que llevo junto a mis dos compañeros de viaje, existe un auténtico vacío delante nuestro en el que únicamente esporádicamente vemos muy a lo lejos las bicicletas que marcan el grupo de las primeras clasificadas femeninas, pero están a un mundo nuestro y se me hace que cada vez mas lejos.

A partir de los once mil metros recorridos las calles vuelven a tonarse en contra nuestro en cuanto a su perfil se refiere ya que sin ningún descanso, y es literal, la pendiente que tenemos que ascender no nos abandonará hasta pasado el kilómetro catorce y muy cerca ya del quince. Por tanto, tenemos por delante más de cuatro kilómetros de ascensión continuada y hay que saber reservarse.

Comenzamos el ascenso por una amplísima avenida con buen asfalto, y nos vamos un poco hacia delante uno de los corredores que me acompaña desde ya algunos kilómetros y yo. Por el contrario el atleta de “La Panda del Muro” parece descolgarse un poco.

Así voy subiendo la interminable cuesta junto con el otro atleta, y a relevos vamos dejando atrás mas metros de los que poco a poco nos quedan por delante. Pasamos por delante de la Iglesia de Santo Tomás que me trae muy buenos recuerdos de cuando hace tiempo hice uno de los cuatro Caminos de Santiago que tengo completados, en aquella ocasión lo hacía en bicicleta de montaña desde Madrid, también junto a mi cuñado y otros dos amigos y paramos precisamente en esa Iglesia donde nos sellaron muy amablemente las credenciales del peregrino. Aquélla vez iba en bici y haciendo el recorrido contrario por lo que la cuesta en aquella ocasión me mostraba su sonrisa, lejos de su faceta mas dura que me ofrece hoy, dos versiones, y visiones muy distintas para una misma calle. Estos pensamientos me hacen abstraerme durante algunos segundos de la carrera, pero pronto vuelvo de nuevo a la realidad, y ésta realidad no es otra que todavía quedan mas de dos kilómetros para terminar la progresiva y continuada cuestecita.

La gente en este tramo anima bastante desde la acera e intento distraerme con la diversidad de personas que se asoman a contemplar el paso de unos atletas en una media maratón, desde los que no pueden negar que son familiares de sufridos corredores, hasta los que se les nota que han bajado de casa a comprar el pan y aprovechan el colorido de la carrera para distraerse un rato. Pasamos el kilómetro trece y esto sigue subiendo, y subiendo, y subiendo más, incluso cuando pasamos el kilómetro catorce el perfil sigue siendo ascendente, aunque ya nos llegan gritos del público indicándonos que la cuesta acabará por rendirse a nuestras zancadas. Efectivamente, tras un par de giros por las calles de la zona conocida como “Nueva Segovia”, llegamos al kilómetro quince donde ya el trazado nos da un respiro, no es que se convierta en bajada, ya que es llano, pero al menos la cuesta se ha terminado. En este punto alcanzamos a otro corredor que viene descolgado del grupo de las chicas su nombre es Antonio quien se une con nosotros, y poco después se nos vuelve a unir también el corredor de la “Panda del Muro”.

Voy en cabeza tirando de los otros tres atletas por unas calles ahora desiertas de gente y cada vez más abiertas y expuestas al viento, como así comprobamos nada mas girar a izquierdas en una gran rotonda pasado el kilómetro dieciséis. Trato de imponer un ritmo exigente ya que he salido bastante entero de la última cuesta, y alguno de los corredores que me venía acompañando acaba cediendo, ya que pasados unos cientos de metros me doy cuenta que solo me acompaña el atleta del club de Hortaleza, y ambos comprobamos como vamos recortando terreno a una de las negritas que defiende la tercera posición.

Hasta el kilómetro diecisiete es un llano donde pega un poco el aire de cara, pero no lo suficiente como para hacer bajar el ritmo. Rebaso otra rotonda y comienza otra bajadita donde acelero todavía un poquito más con el ánimo de acercarme lo más posible hasta la africana a la que cada vez me da la sensación de estar mas cerca. Mi compañero de carrera va pegado a mí y de vez en cuando intenta sin éxito darme algún relevo. El llegar al kilómetro dieciocho, hacer un giro de noventa grados a la derecha y rebasar a otro corredor es todo uno. Noto que voy bien, alguna pequeña molestia en la parte baja de la espalda, pero no deja de ser eso, una molestia que me lleva acompañando ya muchos meses, por lo demás noto que, salvo el lógico cansancio del esfuerzo, tengo todavía fuerzas para llegar a la africana de la que ya nos separan apenas treinta metros.

Ahora el recorrido vuelve a ser en bajada, e intento aprovecharlo al máximo acercándome cada vez mas a la chica que va delante y llegado el kilómetro diecinueve ya estoy prácticamente con la africana, además de dar caza al mismo tiempo a otro corredor al que ella a su vez a echado el guante. Tras unos cuantos giros pasado el diecinueve comienza a haber cada vez más y más público y los aplausos empiezan a ser continuados. Un nuevo giro de noventa grados a la derecha y flanqueado a la derecha por una acueducto que en este momento no levanta mas de dos metros del suelo, doy por fin caza a la negrita y voy codo con codo con ella a muy buen ritmo hasta cerca del kilómetro veinte donde me veo con fuerzas y decido seguir hacia delante. A partir de aquí el kilómetro que resta será un continuo toma y daca entre cuatro corredores: El chaval del club Hortaleza que me acompaña desde allá por el lejano octavo kilómetro, la africana, el otro corredor al que ésta dio caza y yo mismo. Cuando digo toma y daca me refiero a que durante esos mil metros se repiten las escaramuzas entre los cuatro, tan pronto salta como una bala la keniata como que la volvemos a coger y soy yo el que lo intenta, durando mi aventura escasos trescientos metros, luego me dan caza y cerca ya del kilómetro veintiuno nos vamos hacia delante el del Hortaleza y yo, donde ya no nos volverán a atrapar, definitivamente el otro corredor y la negrita han tirado ya la toalla.

El calor de la gente en este tramo final es indescriptible, es numerosísimo el gentío que se agolpa a ambos lados de la adoquinada calle y nos hacen llegar en volandas hasta los dominios nuevamente del acueducto que ahora se nos presenta ante nuestros ojos con todo su esplendor. Pasamos por fin el kilómetro veintiuno y me lanzo al esprint buscando ya el arco de meta, el atleta que va junto a mí también esprinta y con mejor resultado que yo llega justo delante de mí al arco de meta que nos recibe con un tiempo de una hora y casi dieciocho minutos. Unos voluntarios de quitarse el sombrero nos atienden estupendamente e incluso me quitan el chip de la zapatilla.

Llego algo tocado por los kilómetros finales, pero soy optimista y creo que he realizado una buena carrera disfrutándola a tope que es mi objetivo últimamente. El tiempo es cierto que nos es bueno, pero tampoco lo busco, yo creo que solamente el primer kilómetro ya tardé mas de cinco minutos en hacerlo y no me importó en absoluto, luego he tenido tiempo de divertirme en carrera disfrutando de este deporte y compartiéndolo con casi cuatro mil personas en una fresca mañana segoviana que al final nos ha respetado en cuanto al tiempo, aunque al llegar a meta de nuevo a comenzado tímidamente a llover. Ha sido una carrera dura, pero muy agradable, he sabido correr sin sufrir, disfrutando de los paisajes, de los enclaves más significativos de esta bonita ciudad y sobre todo, sobre todo, de la buena compañía de gente que como yo solo piensa en pasarlo bien y ser feliz con lo que hace.

Recojo una botella de agua, una medalla de recuerdo así como algún zumo, bollo y también un “pan preñao” con el que nos obsequia la organización de la carrera para, mientras doy buena cuenta del mas preñao de los panes, esperar a mi cuñado que llegó en un buen tiempo de una hora y treinta y pico minutos y todavía esperar algo mas a la entrega de trofeos al haber quedado segundo en mi categoría. Entrega de premios un poco caótica en cuanto a las categorías de veteranos se refiere, todo hay que decirlo, pero supongo que la organización, que en todo momento ha estado muy acertada, tomará nota para próximas ediciones.

Ha sido una bonita mañana de atletismo, en una bonita ciudad a la que espero volver, si todo va bien, al año que viene. Ahora toca descansar un poco para el próximo domingo volver a participar en otra Media Maratón, ésta con un recorrido un poco menos exigente, aunque solo un poco, ya que Madrid tampoco puede presumir de que sus calles sean precisamente llanas.


Salud para todos/as.

domingo, 6 de marzo de 2011

MEDIA MARATON DEL CAMINO DE SANTIAGO










Fotos cortesía de Nacho (NÁJERA)y Lourdes.

Hace poco leí información sobre esta Media Maratón que se disputa entre las localidades Riojanas de Nájera y Santo Domingo de la Calzada y tras haber disfrutado del Camino de Santiago en cuatro ocasiones, me apetecía mucho tomar parte en ella y recorrer corriendo un tramo del Camino por el que en otras ocasiones lo hice como peregrino. Intenté convencer a mis amigos Javi y David quienes en dos ocasiones me han acompañado realizando el Camino de Santiago, pero esta vez no les cuadraba el tomar parte en esta Media Maratón. Al mismo tiempo se lo propuse a otro avezado peregrino como es mi cuñado Alejandro, y con él si tuve mas éxito, por lo que poco tardamos en realizar las inscripciones, todo ello sin ni siquiera haber mirado sobre plano el trazado real, ni lo que es mas importante aún, el perfil.

Pues bien, el sábado partimos las dos familias rumbo a La Rioja, en total cuatro adultos, tres niños y un adolescente, haciendo una paradita para desayunar en Burgos y aprovechar para visitar su majestuosa Catedral, de la que cuantas mas veces la visito mas me impresiona, así como para hacer acopio de unas buenas morcillas.

Llegamos a Santo Domingo de la Calzada sobre la una del mediodía y, tras registrarnos en el Parador Bernardo de Fresneda y dejar los bultos en las habitaciones nos dirigimos a tomar un aperitivo, dada la hora, e ir buscando un sitio para comer. Así lo hacemos y tras unos vinitos de Rioja en nuestros paladares y algunos voluminosos pinchos de tortilla en nuestros estómagos, nos dirigimos a comer al Restaurante Hidalgo, donde damos buena cuenta de unas patatas a La Riojana, regadas, como no puede ser de otra forma con mas vino.

Esta vez no hay necesidad de volver a conducir el resto del día, por lo que la ingesta de vino se hace de un modo menos sensato que en otras ocasiones, y es por ello por lo que a medida que las botellas se van vaciando, las risas aumentan. La tarde la pasamos entre risas y visitas a monumentos típicos de Santo Domingo. Así, no nos perdemos ni su gallo y su gallina, como tampoco la subida a la torre con sus ciento treinta y dos escalones, desde lo alto de la cual se puede observar gran parte de las tierras que rodean al pueblo, así como la nevada sierra de la Demanda al fondo.

Recogemos los dorsales y una estupenda bolsa del corredor, donde acompañando a la típica camiseta técnica y una generosa bolsa de galletas, no falta el característico vino de la tierra escoltado por una suculenta barrita de chorizo.

El resto de la tarde la pasamos entre pastelerías, panaderías, y demás comercios de la localidad, igualmente aprovechamos para disfrutar con el desfile de Carnaval que tiene lugar este día, y que va acompañado por una bulliciosa charanga. Luego vendría la cena, con pizza para los mas pequeños, y tras un breve rato de conversación entre los adultos nos iríamos cada uno a nuestras habitaciones, para disfrutar de las comodidades y la calma del Parador.

El domingo, día de la carrera, Alejandro y yo hemos quedado a las ocho, el resto de nuestra familias pueden quedarse plácidamente durmiendo ya que la salida no está prevista hasta las once y media de la mañana, y a esto hay que sumarle que la misma está situada a veintiún kilómetros del pueblo, por lo que como muy pronto hasta la una del medio día no apareceremos por meta.

Mi cuñado y yo desayunamos en la pastelería Isasi, unos cafés acompañados de unos buenos dulces y a continuación un autobús de la organización nos acerca a Nájera, donde llegamos con tiempo de sobra para dar una vuelta por las inmediaciones. Cerca de la hora de la salida nos despojamos del chándal y trotamos un poco por una preciosa rivera en la margen del río Najerilla, cuyas limpias aguas terminarán formando parte del río Ebro. El día es sencillamente espectacular, brilla un sol radiante en el cielo, no hay ni gota de aire, y la temperatura es perfecta para correr. A esto hay que sumarle que durante toda la prueba estamos viendo al fondo la Sierra de La Demanda que aparece ante nuestros ojos totalmente nevada y esto hace que, con el contraste del azul intenso del cielo y los campos que ya empiezan a reverdecer, resulten unas magníficas vitaminas para la vista.

Calentamos unos minutos por delante del arco de salida que está junto a la entrada de la imponente iglesia del monasterio de Santa María la Real, y comprobamos como la salida no nos va a dar tregua, es una subida temible y constante de casi un kilómetro de longitud. Ahora empiezo a recordar vagamente el trazado y me doy cuenta que va a resultar una carrera dura. Sobre el papel la organización ha dibujado un perfil exigente, pero viniendo de correr la Media Maratón de Fuencarral pensaba que ésta no podría ser mas dura, craso error.

A las once y media en punto da comienzo la prueba, estoy situado en segunda fila de salida, pero enseguida me adelantan alguna decena de corredores y por delante se van bastantes de ellos, yo prefiero subir con calma porque la primera cuesta ya es de las que te pone la “patata” a cien.

Tal y como imaginaba la primera cuesta termina siendo un cuestón, y en apenas setecientos metros de carrera ya voy con el corazón bastante acelerado, y todavía me quedan veinte kilómetros..... y pico.

Tras el paso por el primer repechón, empiezo a coger ritmo, por delante deben ir unos diez o doce corredores, el primero desde el comienzo va destacado e incrementando la distancia, luego un grupito de tres corredores mas y a partir de ahí pequeños grupos de dos o tres. Yo voy a lo mío, intentando marcarme un ritmo uniforme y mirando bien donde piso, no en vano vamos literalmente por el Camino de Santiago, o lo que es lo mismo, por caminos de tierra repletos de baches, charcos y en algún punto con algo de barro.

Hasta la localidad de Azofra, situada sobre el kilómetro cinco, mas o menos, el perfil es una sucesión de toboganes, con continuos sube y baja. Después del calentón inicial he conseguido serenarme un poco y así voy alcanzando a algún corredor y dando algún relevo en algún pequeño grupito donde me voy metiendo.

Al salir de Azofra voy en compañía de un corredor asturiano que lleva un buen paso y me va acercando a otros dos corredores mas que no van demasiado lejos, cuando noto que empieza a flojear un poco en el ritmo le sobrepaso, le relevo y marco yo el ritmo hasta que conseguimos enlazar con los de delante, primero con un corredor vasco y unos cientos metros mas adelante con otro corredor riojano. En este punto el atleta asturiano se ha descolgado, y acompañado únicamente por el joven corredor vasco afronto un tramo bastante embarrado entre los kilómetros seis y siete. No se puede decir que en este punto se corra mal, no es cierto, pero tampoco se puede correr con soltura ya que hay partes del camino que están totalmente anegadas por el agua y la fértil tierra roja de la zona es de la que se agarra a las zapatillas.

Desde el kilómetro siete hasta el diez, mas o menos, vuelve una sucesión de toboganes, y a partir del décimo, el perfil vuelve a picar hacia arriba, primero disimuladamente pero sin descanso y por último, a partir del doce lo hace de una manera descarada empinándose de una forma paulatina y cruel. La cuesta es de las que hacen daño de verdad. Al principio de la cuesta se ha quedado mi compañero vasco de viaje hasta el momento, a mitad de ella rebaso a un corredor que se ha descolgado del grupo donde iban situados los puestos de podium, y al final de ella soy yo el que se ve rebasado por un buen corredor calvito y con camiseta azul.

Buff, llevo el corazón otra vez a tope, por el perfil me esperaba una buena cuesta, pero no pensaba que fuese tan dura, y eso que se supone que debía conocerla, pero en mis cuatro pasos anteriores como peregrino seguro iba disfrutando del paisaje y no en competición. Al coronar la cuesta llevo un ritmo, lento, lento, me tomo una decena de metros para recuperarme y trato de volver a correr algo mas alegre. En este punto me llevo una grata sorpresa y es que viniendo desde atrás me rebasa Ander, conocido en el foro de www.carreraspopulares.com como “Gandalfin”, un extraordinario corredor a quien ya tuve el placer de conocer en la Maratón de Sevilla. Lleva mejor ritmo que yo y aunque intento pegarme a él para irme hacia delante no lo consigo. Me saca una decena de metros y cada vez el hueco es mayor, pero mi ritmo ha quedado tocado después de la larga cuesta y necesito calmarme un poco y bajar las pulsaciones para volver a sentirme con fuerzas.

Gracias a la amplitud del fabuloso paisaje se puede ver con toda nitidez como va la carrera por delante. Al primero hace rato ya que ni le vemos, en cambio si se puede apreciar donde va colocado el segundo clasificado, un corredor muy joven marroquí, así como el tercero que le sigue a una gran distancia. Luego el quinto y sexto ya van algo mas cerca de nosotros y tras ellos vamos el corredor calvito que me pasó en la cuesta, Ander y yo. De vez en cuando adelantamos a algunos sorprendidos peregrinos, que mochila a cuestas y bastón en mano les va a tocar soportar que en la mañana de hoy les adelanten unas centenas de esforzados corredores.

Aunque pudiese parecer lo contrario, la carrera no se hace larga, debido en gran medida a la fuerza del paisaje que atravesamos con la montañas nevadas al fondo que sirven como distracción, así como por los aplausos que recibimos en algunos de los cruces del camino, y sobre todo por el calor de la gente al atravesar alguna de las pocas localidades por las que discurre el recorrido.

Debemos andar por el kilómetro quince mas o menos y el perfil vuelve a ser sube y baja, no hay manera de coger ritmo, pasamos algún pueblecito mas y en otro de los tramos de toboganes compruebo que Ander de repente se para. Parece que le ha dado un tirón ya que enseguida se hecha mano a su pie derecho, pero no, menos mal, por suerte lo único que le pasa es que se le ha desabrochado la zapatilla. Esto me permite llegar hasta su posición y mi intención es seguir lo que queda los dos juntos, pero me dice que no le espere, que siga hacia delante y así lo hago. En las subidas intento esperarle pero de nuevo me indica que tire para adelante, que a él se le dan bien las bajadas y es ahí donde recuperará. Efectivamente cuando ya tenemos a la vista Santo Domingo de la Calzada, y tras una laaaaaarga bajada, Ander me alcanza y marcando un ritmo bueno me va dejando atrás cuando apenas restan ya un par de kilómetros para llegar.

Pasamos el kilómetro diecinueve en las proximidades del pueblo y ahora ya el perfil es completamente llano, como la palma de la mano, además que abandonamos la tierra, el barro y las piedras por las que hemos venido transitando gran parte de la carrera para finalizar por un mas cómodo asfalto. Las distancias se siguen manteniendo y ahora en el asfalto y con perfil llano me vuelvo a encontrar mas cómodo. Yo no estoy acostumbrado a correr por caminos, y las cuestas, a mis cuarenta y tantos años ya se me van atragantando, así que agradezco enormemente que estos dos últimos kilómetros sean llanos y por asfalto. Esto me permite recuperar gran parte del terreno perdido con Ander y pasado el kilómetro veinte ya en la entrada de Santo Domingo de la Calzada vuelvo a pegarme a él.

Ahora el asfalto para a ser adoquinado de piedra, que aunque duro para las articulaciones yo casi ahora lo prefiero ya a la tierra y las piedras. Nos quedan apenas unos cientos de metros e inmersos ya en las calles del pueblo decido cambiar el ritmo y animar a Ander para que me siga, pero parece que no va a ser así y me voy solo hacia delante, he vuelto a coger aire y me noto con fuerzas para llegar mas rápido a una meta que se encuentra en la plaza del Ayuntamiento y que nos da la bienvenida a la última recta con un giro de noventa grados que me hace perder toda la velocidad que traía en los últimos metros. De todas formas poco importa ya, puesto que ni voy a ganar ninguna posición ni tampoco la marca va a ser buena, no obstante pararé el crono en una hora veintiún minutos y doce segundos, es decir, seis minutos mas que en la pasada media maratón de Fuencarral, que en la que siendo el perfil muy exigente también, conseguí no superar la hora dieciseis minutos.

Mi familia me está esperando en la llegada y tras recoger la bolsa con la ropa que entregué en la salida me reúno con ellos y esperamos la llegada de mi cuñado que lo hará un poquito mas tarde. Nunca agradeceré lo suficiente a mi mujer Lourdes y a mis hijos el modo en el que me animan y la fuerza y los ánimos que me transmiten en las carreras, gracias, gracias y gracias.

Una vez todos juntos disfrutamos de unas estupendas migas con las que nos obsequia la admirable organización, así como también de unas copas de vino, esta vez en poca cantidad debido a que tenemos que conducir en el viaje de vuelta. El ambiente es fabuloso, el día radiante, los niños se lo están pasando genial y los mayores disfrutamos este momento como uno de esos que dan sentido a la vida. Un buen día, una buena carrera, unas buenas migas, un buen vino, rodeados de seres queridos ¿qué mas se puede pedir?. Pues todavía el momento se volvería sobresaliente al enterarme que me he clasificado en la primera posición de veteranos, por lo que subo al podium a recoger un bonito trofeo y una estupenda botella de litro y medio de un fantástico vino reserva de rioja.

Ahora si ha llegado el momento de volver a casa, por lo que con la sonrisa dibujada en nuestros rostros, esa sonrisa que deja un fabuloso fin de semana, retornamos a Madrid, haciendo una parada para comer en el kilómetro ciento setenta y uno, donde a nuestro lado toma café nada mas y nada menos que uno de mis ídolos de la junventud, que no es otro que Rosendo Mercado, el popular cantante de Leño, el que fuera uno de los grupos con mas fama en los años ochenta.

Han sido un par de días intensos que me dejan con ganas de volver al año que viene, ya se verá, desde luego como carrera es una carrera dura pero eso lo compensa, y con creces, su buena organización y el entorno por el que discurre.

Quiero finalizar dando las gracias a la organización por su labor, asi como también a Nacho de Nájera, por sus ánimos antes y durante la carrera, ásí como por sus buenas fotografías que nos permiten tener un buen recuerdo de la prueba.

Mucha salud para todos/as.

lunes, 14 de febrero de 2011

MEDIA MARATON FUENCARRAL, el 13 día 13.




(Fotos cortesía de Klass y Pytu).

La semana anterior a la carrera me he sentido un poco temeroso con respecto a la misma, debido sobre todo a los comentarios que sobre ella me iban llegando relativos a su dureza, a sus cuestas y a su perfil considerado uno de los mas duros de las Medias Maratones del calendario nacional. Esto me hacía, como no podía ser de otra forma sentirme un poco medroso a la hora de afrontarla. Bien es cierto que la norma que impera en mi cerebro desde hace meses, y la que espero se perpetúe durante mucho tiempo, es la de seguir disfrutando del atletismo durante años y con las menos lesiones posibles, y para ello soy consciente que he de volverme mas conservador en cuanto a ritmos y reciclarme de alguna manera para adaptarme progresivamente a cambiar velocidad por resistencia, y en esas andamos.

La mañana de domingo se presenta fresquita y sin la lluvia que durante la semana se venía anunciando, un poquito de aire pero nada destacable en cuanto a lo climatológico, parece que de nuevo vamos a tener unas buenas condiciones meteorológicas para disfrutar de la carrera.

Llegamos mi cuñado Alejandro y yo, a la Instalación Deportiva Municipal Santa Ana, es decir, “El Polideportivo”, con bastante tiempo de adelanto sobre las nueve y media que es la hora prevista para la salida. En esta ocasión no hay que recoger el chip, ya que éste va incorporado en la parte posterior del dorsal, por lo que al tener bastante tiempo de sobra nos damos un paseo por los alrededores para ir despertando un poco al cuerpo. En esta ocasión correrán también, a parte de mi cuñado Alejandro, nuestros amigos Javi, Enrique, Antonio, y Bienve, con quienes hemos quedado en las proximidades del arco de salida.

Al aproximarse las nueve de la mañana dejamos los chandals en el coche y nos dirigimos a la zona de salida para encontrarnos con ellos, a quienes localizamos rápidamente y con quienes deberíamos empezar el calentamiento. Este brilla por su ausencia, ya que fundamentalmente nos dedicamos a charlar y a contarnos batallitas animadamente y cuando queremos empezar a calentar resulta que ya la gente va tomando posiciones bajo el arco de salida. Son aproximadamente las nueve y veinte minutos y junto a Bienve me sitúo en primerísima línea de salida, mi cuñado y demás acompañantes están un par de filas por detrás nuestra. A nuestro lado se sitúan primeros espadas como Jose Félix Ortiz, ocho veces campeón de esta Media Maratón, así como otros corredores populares de primer orden.

Con precisión británica, y marcada por un pistoletazo que se produce a nuestra izquierda, a las nueve y media en punto comienza la carrera. En apenas veinte metros de recorrido y debido al ímpetu con el que han salido los primeros corredores, he pasado de estar en la primera fila de la competición a ocupar un puesto bastante mas retrasado en la misma. Yo no soy un corredor explosivo, sino mas bien diesel, y me cuesta algunos kilómetros el empezar a correr con soltura, por lo que mi forma de correr no me permite salir rápido, literalmente me dejaría fundido en los primeros kilómetros. Debido a esto durante el primer y segundo kilómetro me adelantan algunos atletas. A lo lejos, y gracias a la buena visibilidad que permite la anchura de la calle del Cardenal Herrera Oria por la que transita la carrera, puedo ver al grupo formado por los primeros corredores y del que ya me separan unos cientos de metros.

Los primeros kilómetros hasta el cuatro los voy completando de una manera, se podría decir, llevadera. Su perfil, aunque con alguna cuesta corta hacia arriba, es favorable en su conjunto, y con el paso de los kilómetros voy entrando en calor, se nota que no he calentado como es debido ya que me está costando mas de lo normal el pescar ritmo y una velocidad de crucero. Aun así, voy sobrepasando a alguno de los corredores que con tanto ímpetu me adelantaron en los dos primeros kilómetros.

A partir del cuarto kilómetro comienza una descarada bajada en la que hay que sujetar un poco las piernas ya que el cuerpo tiende a irse hacia adelante, me uno a un par de corredores que me precedían y formamos un terceto hasta el comienzo del kilómetro cinco, donde a sus inicios somos recibidos con un corto repecho que hace disgregarse un poco al trío.

Desde este punto pasado el quinto kilómetro, hasta prácticamente el ocho y, salvo una pequeña pero incómoda cuesta antes del siete que atraviesa el anillo ciclista, el trazado de la carrera es en una continua y empinada bajada buscando el lecho del río Manzanares. Son muchos metros bajando y el impacto contra el asfalto se hace mas severo de lo normal, lo voy notando en la planta de los pies que las noto recalentadas, como así también en la punta de los dedos del pie que, al ir todo el rato hacia adelante, empiezan a hacer tope con la puntera de la zapatilla, con el consiguiente riesgo de rozaduras o ampollas. Intento modificar la pisada para evitar estos inconvenientes, y a la vez sujetarme un poco y frenar el ritmo ya que bajo demasiado acelerado y esto a buen seguro será un lastre para afrontar posteriormente las largas cuestas que esperan por delante.

No estoy acostumbrado a correr durante tantos kilómetros seguidos por bajadas tan pronunciadas por lo que también mis cuádriceps empiezan a quejarse. El trío de corredores se ha roto hace rato ya y ahora estoy intentando recortar distancia con un par de corredores que me preceden.

Ahora estoy corriendo ya por la carretera de Fuencarral al Pardo, coloquialmente conocida como la carretera de La Playa, y durante cuatro kilómetros acompaño al río Manzanares por su discurrir en este tramo, por lo que el perfil en este espacio me da un respiro al ser casi completamente llano, salvo algunos pequeños desniveles. A mi izquierda puedo observar un campo de Golf, instalaciones deportivas así como un picadero de caballos, es un tramo bonito rodeado de pinos y naturaleza donde se hace agradable el correr si no fuese por el esfuerzo de estar disputando una Media Maratón. He rebasado a otro corredor y me he emparejado con un buen veterano con quien a relevos vamos dando caza a algún otro que se va quedando rezagado de las posiciones delanteras.

En el kilómetro doce pasamos por la puerta de un cuartel y al fondo ya se divisa un giro hacia la derecha, que si hacemos caso al plano del recorrido se trata del giro que da inicio a la temida cuesta que hace famosa a esta media Maratón. Efectivamente, con exactitud milimétrica, en cuanto completamos el citado giro la carretera se eriza hacia el cielo pareciendo buscar una salida entre el muro que nos separa del cuartel a nuestra derecha y los numerosos árboles que nos flanquean a la izquierda. Para añadirle un poco mas de dificultad a la empinada cuesta, el asfalto está parcialmente mojado, con ese punto de rocío que me hace sentir en la pisada una sensación de inestabilidad y de falta de agarre bastante notable, sumado a que ahora parece entrar un poco de cara el aire que poco a poco va arreciando cada vez mas. He llegado al punto crítico de la carrera.

Hasta el kilómetro dieciséis la cuesta solo nos otorga un pequeñísimo respiro antes de completar el catorce, por lo que en todo su tramo voy haciendo la goma con el corredor que en este momento me acompaña. A veces se escapa unos metros por delante, otras veces le recorto, le sobrepaso y quien saca unos metros de diferencia soy yo. Esta situación se convertirá en una constante durante la interminable cuesta, en la que por otro lado hay tramos en los que los músculos cuádriceps me arden de tal forma que parecen quemar, sinceramente la cuesta es dura de verdad y me hace ralentizar mucho el ritmo, incluso hay tramos en los que me da la sensación de no poder superarlos, llevo la respiración muy forzada y el esfuerzo que estoy haciendo es muy exigente y continuado. A lo lejos vemos que nos vamos acercando a un pequeño grupito de corredores que iban en cabeza de la prueba pero es simplemente un espejismo ya que será literalmente imposible el poder llegar hasta ellos, bastante tengo ya con superar la cuesta como para pensar en nada más.

Superado, por fin, el kilómetro dieciséis, encaramos la Avenida Monasterio de Silos, en la que tras unos escasos metros para recuperar el resuello, incremento el ritmo por ser en descarada bajada. En este punto me quedo solo ya que el compañero con el que he subido a ratos la cuesta se queda definitivamente descolgado. He recuperado la respiración y las piernas vuelven a recuperar su nombre, me impongo un ritmo bastante alegre y esto me hace recortar mucho la distancia con otro corredor que va por delante, llegando incluso a superarle a mitad de la bajada que termina pasado el kilómetro dieciocho.

Muy a lo lejos distinto a tres o cuatro corredores, entre los que me parece reconocer al bueno de Jose Félix Ortiz, en la bajada he debido recortarles algo de tiempo pero en seguida el perfil vuelve a picar hacia arriba y yo en este punto ya solo conservo fuerzas para llegar a meta, sin mas florituras.

Estos tres kilómetros finales se me hacen interminables, picando continuamente hacia arriba por una calle ancha y solitaria y en la que apenas hay gente animando, salvo algunos fumadores que cumpliendo su particular castigo salen a la puerta de los bares y aprovechan para ver el paso de la carrera.

Tras un par de rotondas donde hay algo mas de gente alentando y donde choco la palma de mis manos con algunos niños y devuelvo los aplausos a la gente que de esa manera me anima, supero el último escollo en forma de cuesta y a ritmo cansino termino la prueba tras completar una vuelta a la pista de atletismo de la misma instalación deportiva donde dio comienzo la prueba hace una hora y diecisiete minutos.

He llegado muy cansado tras comprobar en mis carnes que efectivamente se trata una de las Medias Maratones mas duras de las que he corrido. Recojo la atenciones que nos ofrece la organización en forma de camiseta técnica, bebidas, frutos secos, fruta, etc.. y espero la llegada de mi cuñado y amigos.

Mientras espero, anuncian por megafonía que en una de las porterías se están “colgando” las clasificaciones por lo que me acerco a ver que puesto he realizado. En un primer vistazo me sorprende el no verme en la clasificación y lo primero que pasa por mi cabeza es que este novedoso chip que llevamos incorporado al dorsal no ha funcionado, pero tras una segunda inspección compruebo que en el puesto trece aparecen los datos de mi amigo Javi y ya me queda claro. En algún momento entre en el que hice las inscripciones y en el que nos hemos puesto el dorsal, hemos debido intercambiarlo por error, y como quiera que en los datos del chip no aparece el nombre, no nos hemos dado ni cuenta y hemos corrido con los dorsales cambiados. Bueno, esto queda simplemente como anécdota.

Al final efectivamente el puesto ha sido el treceavo en la general y el tercero en veteranos, la marca, aunque es lo de menos, ha sido bastante discreta, aunque buena teniendo en cuenta el perfil, de media han salido los kilómetros a tres cuarenta mas o menos.

Esperamos a una rápida entrega de trofeos donde subo al podium como tercer clasificado veterano y acompañando a todo un campeón como es Mircea Mariam Sacara, quien además ha sido el vencedor absoluto de la prueba.

Con el cansancio en las piernas, la compañía de mi cuñado y amigos nos vamos para casa a disfrutar de lo que queda de domingo sin olvidar el obligado aperitivo acompañado de unas cañitas fresquitas. Volvemos con la sensación de haber completado una carrera mas y con las ganas de afrontar ya la siguiente, de la que si todo va bien será la Media Maratón del Camino de Santiago, el día seis de marzo en tierras Riojanas. Pero para eso todavía queda mucho.


Salud para todos y todas.
Alex.

domingo, 30 de enero de 2011

XII MEDIA MARATON DE GETAFE





(Fotos cortesía de Sebastian Navarrete y Runningforfree )

Acabo de llegar a casa después de un día bastante completito.

Comenzaba este domingo levantándome sobre las siete y media de la mañana, para después de hacer un desayuno bastante escueto, consistente en un café con leche y dos galletas, irme al encuentro de mi cuñado Alejandro, ya que hoy vamos en su coche. A las ocho y media ya estamos los dos juntos rumbo a Getafe donde llegamos a eso de las nueve menos cuarto de la mañana, que gozada transitar por un Madrid sin tráfico un dominguito por la mañana. Tras aparcar el coche sin problemas, (éstos vendrían después), nos dirigimos a recoger los dorsales y el chip, cosa que hacemos en un periquete al no haber prácticamente corredores todavía por la zona de recogida. Como quiera que hemos quedado con el resto de compañeros a las nueve y media y todavía queda un ratito para que llegue la hora nos damos una vuelta por la zona, hacemos una visita al Sr. Roca y comprobamos como en la cafetería del Polideportivo ya hay grupitos de corredores tomando algún café, los hay incluso mas osados que se atreven con unas apetitosas porras como acompañamiento. La verdad es que dan ganas de pedir unas, pero no quiero pasarme luego toda la carrera repitiéndolas.

Antes de que lleguen nuestros amigos puedo saludar a gente conocida de los foros, así saludo personalmente a “Bebeto” que va muy bien acompañado, como también es un placer encontrarme nuevamente con “Landes” y me presenta a un amiguete suyo conocido como “Poliloco” (quien sé de buena tinta que es una auténtica máquina de correr), poco después podría saludar también a Tomás, un antiguo compañero de trabajo al que le ha debido picar fuerte también el bichito del correr, ya que en poco tiempo me lo he encontrado en distintas carreras. Así entre saludo y saludo aparecen nuestros amigos Javi, David, Toñin, Antonio, Carlos, Pedro, y el incombustible Enrique, quien a sus taitantos años sigue en la brecha dando guerra, al igual que el amigo Francisco (habitual de las pruebas de cien kilómetros y campeón en su categoría en varias ocasiones) quien pasando ya de los sesenta años tampoco se pierde una oportunidad de participar en alguna carrera.

Pues bien, hechos los correspondientes saludos nos dirigimos a despojarnos del chándal del que tan buen uso estamos haciendo en esta mañana, que si bien no es tan fría como en ocasiones anteriores, bien es cierto que al menos está bastante fresquita. Es por ello por lo que tanto Alejandro como yo nos echamos por encima a modo de jersey una bolsa de basura tamaño XS que a punto estamos de reventar por los cuatro costados, bueno al menos nos protegen algo del frío. Una vez ya con la “ropa de faena” calentamos durante algunos minutos en un parquecito aledaño al arco de salida, donde la mayoría aprovechamos la intimidad que ofrecen unos arbustos para aliviar nuestras vejigas, despidiendo a las aguas menores entre algunas risas vertidas con motivo de la dificultad de algunos para encontrar, debido al frío, el artilugio encargado de dar salida al despreciado elemento. A pocos minutos de las nueve y media nos deseamos todos suerte y tomamos posiciones dentro del gran grupo que paulatinamente se va formando a medida que se acerca la hora del inicio de la competición. Junto con Carlos y Pedro me sitúo en una zona delantera, a escasos tres metros tras el arco de salida, donde me saluda nuevamente “Landes” que está justo a mi lado y quien me señala el peligro que tengo justo delante y del que no me había dado cuenta, éste está pasado el arco de salida en forma de pivotes que delimitan un carril bici. Le agradezco la información y deberé estar muy atento a ellos si no quiero tener algún contratiempo.

Sin tiempo para mucho mas, y con bastante puntualidad, se escucha el pistoletazo de salida, pues nada, a correr. A pesar de estar bastante adelante en la salida, todavía hay muchísima gente por delante de mí, debido a ello en la primera decena de metros apenas se puede correr y hay que ir muy pendiente de donde se ponen los pies, y a medida que vamos avanzando se van abriendo algunos pequeños huecos por donde poder colarse aunque enseguida algún corredor vuelve a taponar el paso. Es debido a esto a lo que decido salirme al carril bici y hacer bastante tramo del primer kilómetro por él, intento quitarme a cuanta más gente mejor de la que tengo por delante y esto me hace pasar el primer kilómetro en tres minutos y treinta segundos, demasiado rápido, he de relajarme. Una vez superado el tumulto inicial ya se puede correr a gusto, bajo un poco el ritmo y voy mirando a que grupito acoplarme de los varios que tengo por delante. Veo que en uno de ellos va tirando un buen corredor del Clínicas Menorca y decido llegar hasta ellos pues pienso que es una buena referencia a la que poder seguir. Así adelanto a un par de pequeños grupitos de atletas, también a una africana que debe ir entre las diez primeras féminas, y en dos o tres kilómetros ya llego hasta donde quiero.

La carrera discurre por calles amplias, afortunadamente no hay aire y la temperatura, aunque fresca, es buena para correr, en mi opinión hay unas buenas condiciones para poder sacar todo el potencial que un corredor pueda tener, sin excusas climatológicas, ni de recorrido, ni por supuesto del perfil, al ser éste completamente llano, salvo algún pequeñísimo desnivel apenas perceptible. Así voy un poco reservón a cola de grupo, pasamos una glorieta presidida por un enorme lazo y encaramos otra calle amplísima donde se puede correr plácidamente. Negociamos un giro de noventa grados a la derecha e inmediatamente otro hacia la izquierda que desemboca en una larguísima recta de mas de dos kilómetros donde el primero de ellos pica un poquito hacia arriba y en el que el único inconveniente son los continuos badenes que la jalonan. Durante este tramo sigo en la cola de este grupito que lleva un muy buen ritmo, por lo que ni me planteo el seguir progresando, creo que definitivamente me quedo en él e intentaré aguantar el ritmo que llevan ya que noto que poco a poco lo van incrementando.

Al final de la larga recta salvamos una curva de ciento ochenta grados y encaramos otra larguísima recta, mas larga incluso que la anterior que discurre por las mismas entrañas de Getafe, y cuyo pavimento consiste en un galante adoquinado urbano que sirve meramente para adornar la vista, ya que los pies los deja literalmente pulverizados. No obstante, ello es compensado por ser el tramo de la carrera donde mas público se congrega y donde recibimos ánimos de una forma mas directa y cercana al ser la calle algo mas estrecha que las anteriores. Este tramo es el comprendido entre los kilómetros siete y nueve, y aún quedará un tramo de recta hasta llegar de nuevo a los dominios de la rotonda del “Lazo” donde adelantamos a otro par de corredoras de color. En ella giramos a la derecha y el grupo sigue todavía compacto, de echo, hace rato que desde las aceras se escucha a algún aficionado gritar eso de “buen grupito”.. “Que no se rompa ese grupito”.. y cosas parecidas. En este punto decido que ya he “chupado rueda” durante bastante rato y mi ego personal no me permite estar agazapado durante mas tiempo, por lo que paso a la cabeza del grupo y tomo las riendas del mismo.Ahora soy yo el que va marcando el ritmo, que por otro lado sigue siendo el mismo que traíamos, ni mas rápido ni mas despacio.

Pasamos el décimo kilómetro en treinta y cinco minutos y pico, y sorprendentemente noto que voy bien, con esas buenas sensaciones que hacía ya muchas carreras que no encontraba. Esto me anima, y sumado a que el perfil pica un poquito hacia abajo decido seguir durante un rato mas tirando del grupo, conjunto compuesto de unos seis o siete buenos corredores, ya que hace ya mas de diez kilómetros que llevamos un ritmo que se puede considerar como exigente. Delante de nosotros podemos comprobar como una de las keniatas, concretamente la que ocupa la cuarta posición en chicas, se ha descolgado del grupo en el que corría y le vamos recortando poco a poco la distancia. Sigo tirando de la tropa y en poco mas de un kilómetro damos caza a la keniata quien se integra en la disciplina del grupo, y quien lejos de acomodarse en él pasa conmigo a tomar la cabeza del mismo yendo con ella a relevos durante unos cientos de metros. Ahora por delante quedan dos corredores que son los que me marco como próximo objetivo al que poder llegar.

Pasamos el kilómetro once y hacemos un nuevo giro a otra rotonda para volver por la misma calle pero por su lado opuesto, esto nos permite ver a los corredores que nos persiguen y a los que sacamos un buen trecho. Llegados al doceavo kilómetro dejo la cabeza del grupo y toma mi relevo uno de los corredores que va a mi estela, miro brevemente hacia atrás y veo que el corredor del Clínicas Menorca aguanta como un jabato, así como otros cinco mas y también la keniata, aunque ésta ha pasado a la cola de la formación. Me centro únicamente en seguir al corredor que ahora nos dirige durante un par de kilómetros, y de vez en cuando entro al relevo con él, dando caza entre ambos a los dos corredores que llevamos por delante y quienes pasan a engrosar nuestra masa. Al llegar de nuevo a la conocida rotonda del “Lazo” salen dos valientes del grupo con la descarada intención de irse hacia delante. Yo en este momento no me encuentro con fuerzas para poder seguirles y decido seguir a ritmo y ver que pasa. Nadie sale con ellos y el resto seguimos a ritmo completando el recorrido.

Una vez nuevamente en la primera de las largas rectas, empezamos ya a perder unidades y a marchar algo mas desperdigados. Hay un momento de dudas ya que el grupo se empieza a romper. Por detrás se queda gente y por delante vamos dando caza a algunos corredores desfondados, lo que en el argot del corredor popular se denomina como “ir recogiendo cadáveres”. En esas dudas estamos cuando sobre el kilómetro dieciséis decido seguir hacia delante y que sea lo que Dios quiera, al ser la segunda vuelta conozco lo que me queda por delante y son varios kilómetros favorables, salvo la incomodidad del adoquinado. Así, salto de lo que queda del grupo y tras de mí lo hacen dos atletas mas, todavía nos queda un largo kilómetro de recta donde tras adelantar a otro corredor me doy cuenta que se trata de un conocido mío, concretamente de un pueblo llamado Esplegares que se encuentra lindando con el pueblo donde nació mi padre. Nos saludamos brevemente, nos damos ánimos y cada cual sigue a su historia.

Nuevo giro a la rotonda mas alejada del recorrido y nuevamente pateamos el adoquinado de la calle Madrid, ahora somos un trío en el que voy en cabeza y a ratos me da relevos otro corredor, notando como el tercero en discordia bastante hace con aguantar el ritmo, a tenor de lo que se escucha en su respiración, por lo que no hemos de esperar ningún relevo por su parte, yo al menos eso pienso. Pasamos el kilómetro dieciocho y ahora podemos ver a alguna bicicleta delante de nosotros, eso es sinónimo de que tenemos cerca a la tercera de las chicas ya que suelen ir acompañadas de algún ciclista que indica su posición. Efectivamente, según vamos recortando la distancia que nos separa de ella podemos observar, mas nítidamente ya, como se trata de la marroquí Nazha Machrouh, excelente corredora del club Bikila, y quien en solitario está tratando de defender su magnífica posición. En este punto ya empiezo a notar el esfuerzo realizado y las piernas empiezan a quejarse, además de que la fatiga está haciendo ya acto de presencia.

Por fin, en los imperios del kilómetro diecinueve abandonamos el dichoso adoquinado y podemos correr mas cómodamente por un encarnado carril bici. Ahora ya voy definitivamente tocado y son mas los ratos en que mi compañero de viaje toma la cabeza del trío, que en los que lo hago yo. Nos separan escasamente unos veinte metros de la marroquí y cuando parece que ya la vamos a dar alcance superamos el kilómetro veinte que parece espolearla, ya que la distancia lejos de recortarse a mi me parece que aumenta, madre mía como corre esta mujer. Nos queda poco mas de un kilómetro para la meta y no se si podré mantener el ritmo, pero justo cuando estoy en este pensamiento, el corredor que va conmigo a relevos me dice que está echo polvo. Vaya, pienso, pues no soy yo sólo.

La carrera se está terminando y yo voy literalmente “bufando”, va a ser un último kilómetro agónico, estoy en un tris de bajar el ritmo y dejarme simplemente llegar a meta pero mi compañero parece haberse repuesto y vuelve a tirar de mi y del otro atleta que cierra el trío, atleta que tarda poco mas de cincuenta metros en descolgarse también definitivamente. Tras el giro de noventa grados a la derecha que da acceso a las instalaciones del Polideportivo recortamos considerablemente la distancia con la tercera chica, ya se huele la meta y esto me hace sacar lo poco que me queda en las piernas para lanzar un pírrico esprint final, que me hace emparejarme con la marroquí y hacer los últimos metros junto a ella.

Mi compañero de viaje nos ha pegado una pasada por la derecha que nos ha levantado el dorsal y justo detrás de él entro en meta parando el crono en una hora, quince minutos y treinta y tres segundos. No me esperaba hacer esta marca, salía a por hora dieciocho mas o menos, pero el haberme visto arropado durante los primeros kilómetros por un buen grupito me ha animado y con el transcurrir de la prueba me he ido animando. Estoy muy contento porque no me lo esperaba, de echo he pasado el kilómetro quince mas rápido que el tiempo neto que hice en Tres Cantos hace quince días en la carrera cuya distancia era precisamente esa, quince kilómetros.

Tras recoger una muy buena bolsa del corredor espero la llegada de mis compañeros, siendo Pedro y Carlos los primeros en llegar haciendo una marca espléndida de hora y veinte minutos, el resto tardarán algo mas en llegar por lo que me quedo helado al no poder ponerme ropa de abrigo ya que está en el coche de mi cuñado, me sorprende gratamente el forista “Bebeto” quien ha realizado una mas que espléndida media maratón, no sabía que corría tanto, ha sido toda una agradable sorpresa.

Una vez llegados todos a meta comentamos brevemente nuestra carrera y nos marchamos para casa. Luego vendría una comida en familia con hermana, cuñado y sobrinos y tarde perruna jugando a la Play con mi hijo y sobrinos y con esa sonrisa en la cara que nos deja el buen sabor de boca de una carrera agradable. Ahora toca recuperarse durante los próximos quince días para enfrentarme de nuevo a la distancia del medio maratón, en la que será la Media Maratón de Fuencarral, donde nos espera un perfil mucho menos amable que con el que nos ha recibido Getafe en el día de hoy.

Mucha salud para todos/as.

Alex

miércoles, 26 de enero de 2011

15 KM. TRES CANTOS (16 enero 2011)






(Sirva como antecedente previo a esta carrera que he estado los días previos a la misma con una especie de gripe que me ha tenido incluso algún día con fiebre, llegando a salirme calenturas por toda la boca debidas a la misma. Al final esto queda como una anécdota ya que me encuentro bastante mejor, y aunque no estoy recuperado del todo me encuentro con las fuerzas suficientes para completar los quince kilómetros que tengo hoy por delante en esta cita.)

Mañana fresquita para correr, al menos así me lo parece nada mas salir de casa y aunque voy bien abrigado el aire que penetra en mis pulmones es gélido como el hielo. Me dirijo al encuentro de mi cuñado y en su coche nos dirigimos hacia la localidad madrileña de Tres Cantos, un lugar que me parece perfecto para vivir, enclavado en las faldas de la Sierra Madrileña, con grandes y amplias avenidas, muchas zonas verdes y dotado de muchos y buenos espacios deportivos.

Al llegar a Tres Cantos aparcamos en las cercanías del Polideportivo y nos dirigimos a recoger nuestros chips, así como al encuentro con nuestro amigo Javi, con quien hemos quedado el día anterior. En el momento de recoger nuestros chips no hay mucho jaleo de gente, pero luego se formaría un verdadero embudo como así pudimos comprobar mientras calentábamos.

Una vez recogidos los chips y ya en compañía de Javi nos dirigimos los tres hacia el coche para desprendernos de la ropa de abrigo e ir empezando a trotar y calentar un poco. Poco a poco intentamos a base de trote cochinero ir desentumeciendo los músculos y tras unos pocos minutos de calentamiento nos dirigimos hacia la línea de salida.

En esta ocasión el recorrido ha variado sustancialmente respecto al de ediciones anteriores, y así el inicio de la prueba se hace desde la nueva pista de atletismo del Polideportivo. Primero está previsto que tomen la salida los corredores de la prueba de cinco kilómetros, para pocos minutos después hacerlo los que tomaremos parte en la carrera de los quince kilómetros.

Al principio se forma un poco de caos, al ser dos salidas distintas y desde extremos opuestos de la pista de atletismo no son pocos los corredores que andan despistados y corriendo de un arco a otro, si saber bien donde situarse.

Se da la salida a la prueba de los cinco kilómetros y nosotros ya estamos situados bajo el arco de la nuestra. Tendremos que dar una vuelta y media a la pista de atletismo y mucho me temo que la cabeza de la prueba pueda llegar a dar alcance a los corredores que formen parte de la cola del grupo. Se hace un llamamiento para que los corredores que tengan marcas de treinta y cinco minutos o menos en los diez kilómetros pasen la posición delantera del grupo para así tomar la salida mas limpia posible. En mi caso me quedo donde estoy, acompañado de mi cuñado y Javi, ya que no estamos demasiado retrasados y prefiero salir tranquilito.

Sin mas comienza la competición, nos deseamos suerte y empezamos a dar zancadas. Tal y como me temía antes de abandonar la pista de atletismo y al completar la vuelta prevista a la misma, me topo con la cola del pelotón, que transitan a ritmo mucho mas lento, empiezo a esquivar corredores y así voy pasando por donde puedo, motivo por el cual el paso por el primer kilómetro lo hago en cuatro minutos y cuarenta segundos, bastante mas lento de lo que suele ser habitual. En fin, tampoco pasa nada, así voy entrando en competición poco a poco.

En los primeros kilómetros voy adelantando a grupos numerosos de corredores, grupos que paulatinamente se tornan mas pequeños. Así adelanto también a la primera chica y continúo progresando. Llevo un ritmo lento pero seguro, debo andar sobre los tres minutos y cuarenta segundos por kilómetro y me encuentro bastante cómodo. Cerca del kiómetro cinco sigo adelantando todavía a pequeños grupitos de corredores, siempre con la misma táctica, me acerco por detrás a ellos, cuando consigo contactar me mantengo algunos metros con ellos para una vez recuperado el aliento lanzarme hacia adelante a intentar cazar a un nuevo grupo. Esta será la tónica durante toda la carrera, con la salvedad de que según pasan los kilómetros los grupitos son menos, y mas los corredores en solitario a los que voy dando alcance.

El recorrido en esta edición me gusta bastante mas que el que se venía completando en citas anteriores, al menos se evita el pasar dos veces por el mismo polígono industrial que me resulta bastante árido y aburrido. Al paso por el décimo kilómetro miro el reloj y este me devuelve un tiempo de treinta y seis minutos y muchos segundos, no está nada mal para según he tenido el cuerpo durante toda la semana, y lo mas sorprendente de todo es que me encuentro bien y con fuerzas, por lo que intento llegar hasta un par de corredores que me preceden y de los que me separan escasos veinte metros.

El circuito está diseñado de tal manera que son muchos los puntos en los que los corredores nos cruzamos, y así a parte de ver a la cabeza de la prueba también puedo cruzar algún grito de ánimo tanto con mi cuñado Alejandro como con mi amigo Javi. Alejandro se está tomando esta carrera con absoluta calma, prueba de ello es que va escuchando música con unos cascos que adornan sus dos orejas, me parece estupenda esa filosofía de disfrutar de ese modo de las carreras, y aunque con un puntito de sufrimiento, como no puede ser de otro modo al tratarse de una competición, se le nota que disfruta con cada zancada que da.

Cerca del kilómetro once, en una pronunciada bajada y alargando bastante la zancada doy alcance a los corredores que me precedían, esta vez no permanezco ni un solo segundo junto a ellos ya que directamente tiro hacia adelante, uno de ellos se sitúa a mi estela y durante un par de kilómetros sigue junto a mi, hasta que poco a poco a medida que el perfil empieza a tornarse en continua subida cede en su empeño de seguirme y poco a poco le voy distanciando.

Pasada la última cuesta del circuito, ya en solitario y todavía con la posibilidad de dar alcance a algún corredor mas, giro hacia la izquierda en una rotonda que nos conduce directamente hacia el polideportivo. Tras una corta bajada donde me emparejo con otro atleta desembocamos en la pista de atletismo en la que de nuevo hay que dar una vuelta completa que realizo al esprint y gastando las últimas fuerzas que me quedan antes de pasar por el arco que delimita el fin de la carrera y la meta.

Ha sido una carrera en la que me he encontrado mejor de lo que esperaba, el tiempo en completar los quince kilómetros ha sido de cincuenta y cinco minutos y tres segundos, lejos de mi mejor marca en esta carrera que la tengo en torno a los cincuenta y un minutos, pero estoy muy contento porque he acabado bastante entero y con fuerzas, supongo que sobre todo debido a que los primeros kilómetros fueron únicamente de transición y no gasté demasiadas energías.

Recojo una escueta bolsa del corredor, bastante raquítica para lo que suele ser habitual en esta carrera de Tres Cantos y tras reunirme con mis dos compañeros que llegan poco después nos marchamos para casa, pensando eso sí, en la siguiente competición que será la Media Maratón de Getafe, espero estar un poco mas recuperado para entonces y aunque estoy en una etapa de transición en la que paulatinamente estoy abandonando la velocidad en favor de la resistencia espero poder hacer una media maratón que me deje un buen sabor de boca. No obstante llevo desde el pasado mes de abril del año 2010 sin competir en ninguna prueba de esta distancia.

Ya os contaré.

Salud para todos y todas.
Alex.

sábado, 1 de enero de 2011

SAN SILVESTRES POR DUPLICADO.








Buena mañana la que nos ha presentado Vicálvaro para correr por sus calles los ocho kilómetros de la San Silvestre Vicalvareña. Hace ya un par de años que la cambié por la Vallecana, y hombre, aunque no es lo mismo, sirve para desquitarse del monillo de correr el último día del año. Así me he acercado esta mañana acompañado de mis dos hijos y mi cuñado, para juntarme en la zona de salida con otros dos amigos mas, sus respectivas mujeres e hijos, así como mi cuñada, otro cuñado y sobrinos. Toda una pandilla vamos..
Mis dos amigos Javi y David además se han pertrechado de sendos carritos en los que han portado cada uno de ellos a sus dos hijos, así que han ido bastante "lastrados" durante toda la prueba.
Antes de la salida de los mayores se han celebrado las carreras infantiles y en ellas hemos podido comprobar como alguno de los mas pequeños ya van disfrutando bastante de esta fiesta que supone correr rodeado de otros compañeros y amigos.
Con puntualidad británica, a las doce menos cuarto ha dado comienzo la prueba estrella, han sido ocho kilómetros y pico sobre un circuito a dos vueltas ya conocido al haber participado en otras ocasiones. La salida la he echo muy, muy lenta, ya que me he situado bastante atrás acompañando a cuñados y amigos.
En el primer kilómetro el ritmo ha sido de calentamiento sin poder prácticamente avanzar al estar bastante tapado. A partir de ahí ya he podido empezar a correr con algo mas de comodidad al abrirse bastantes huecos por delante.
Cerca del kilómetro dos he podido saludar al amigo Landes, al que veo bastante bien, llevando un buen ritmo, nos deseamos suerte y me voy un poco hacia adelante. Voy adelantando a algunos corredores y buscando sensaciones de competición que no llego a encontrar. El ritmo que llevo es un ritmo de maratón, y eso para una carrera de apenas ocho kilómetros significa ir muy lento, pero es lo que hay, mi cuerpo en este momento no da para más, y yo tan contento, al menos disfruto de poder correr.
Pasamos el kilómetro tres, y el cuatro también, hemos subido una pequeña cuesta en la que he adelantado a algún corredor mas. Voy saludando a gente que conozco, tanto dentro del pelótón de corredores como de la gente que anima desde las aceras, corredores del club Edwards, conocidos de mi pueblo, a mi propia familia que apostada en la larga avenida me envía sus ánimos.
Llega un momento en el que paro de adelantar gente, debo ir sobre el puesto veintitantos y de repente me pasa un Papa-Noel a toda pastilla para unos metros mas adelante aflojar el ritmo. Intento llegar hasta él pero no puedo, de respiración voy bien, pero mis piernas y sobre todo mi cadera no me dan mucho "cuartelillo" y me tengo que conformar con mantener el ritmo que llevo, que creo debe estar sobre los tres minutos treinta el kilómetro mas o menos.
La segunda vuelta la hago un poco más rápida que la primera y totalmente en solitario, con la única novedad de que cerca del kilómetro siete y una vez superada por segunda vez la única cuesta del recorrido consigo dar alcance al Papa-Noel y rebasarle. Cambio, como buenamente puedo, el ritmo y entro en la pista de atletismo a buen ritmo recibiendo los ánimos de mis hijos, sobrinos, cuñada, etc. que desde la grada observan la competición. Consigo atravesar el arco de meta parando el crono en veintinueve minutos clavados, lo que me deja bastante contento, creo que he quedado entre los veinticinco primeros y eso para mí, en mi estado actual de forma supone todo un premio.
Recogo la bolsa del corredor y me dirigo a las gradas donde recibo el cariño de mis familiares y donde saludo a bastantes amigos que poco a poco van llegando y finalizando su carrera. Conozco personalmente a "Vicalvarock" al que solo conocía a través de los foros y entre otros vuelvoa ver a "Landes" y a "Josero", dos tíos majos donde los halla y gente de la que merece la pena conocer.

Sin mas nos marchamos para casa, no sin antes tomarnos unas "cuantas" cervecitas en el mismo Vicálvaro en la casa de una familiar. Hablando con mi cuñado (quien va a correr por la tarde acompañando a mi sobrino la San Silvestre Vallekana) me entero que "Carlitos" un compañero de entrenamientos, de los que hacemos el grupo de amigos los sábados en Velilla de San Antonio, a última hora se ha cogido una gripe y no va a poder ir por la tare a la San Silvestre VAllekana a la que ya estaba apuntado... ahí queda ese poso, entre cerveza y cerveza...

Aquí acabaría la crónica del día, si no fuese porque mas tarde y después de haber comido en casa le comento a mi mujer que echo de menos el ambiente de Vallekas en un día como éste, que la Vicalvareña está genial, pero que Vallekas es Vallekas, y en estas andamos cuando recuerdo que mi cuñado me ha comentado que "Carlitos" tiene dorsal y no la va a correr. Se lo comento a mi mujer y me dice que si estoy a tiempo, por qué no le llamo y me voy a correr a Vallekas... A partir de aquí los acontecimientos se suceden vertiginosamente, llamo a Carlos, (Resulta que está en el Pueblo, pero su cuñado tiene su chip)... y no sé ni como ni de que manera me encuentro en el Metro disfrazado de no se qué, y camino de la salida de la SAn Silvestre Vallekana.
Todo sucede deprisa, desde el mismo Metro llamo a mi cuñado para intentar vernos en la salida y consigo localizarle en Nuevos Ministerios, me uno al grupo que forma junto a mi sobrino, algunos compañeros de trabajo e hijos de estos y todo se convierte en una fiesta, hay alguno de sus compañeros que también van disfrazados, la gente nos mira, algunos nos hacen fotos y en menos que canta un gallo nos vemos corriendo por las calles de Madrid inmersos en una impresionante marea humana que ocupa toda la calle Concha ESpina a lo largo y a lo ancho, es realmente increíble la cantidad de gente que llega a reunir esta carrera.
Podría hablar y no acabaría nunca de los numerosas sensaciones que se perciben, gente disfrazada de lo mas graciosa, mucho colorido, las aceras en algunos tramos a tope de gente animando. En esta carrera es un pecado hablar de tiempos o de ritmos por kilómetro, aquí se viene a disfrutar y nada más, para correr ya están el resto de carreras que se celebran durante el año.
Voy sudando como un pollo, y no por el esfuerzo sino porque llevo puesta una careta de goma que me está haciendo un efecto lifting en toda la cara, de la que me salen gotas de sudor por cada uno de los poros.
Voy chocando la mano con los cientos de niños que la extienden, aunque alguno al ver la "pinta" que llevo se asusta un poco.
Pasamos el kiómetro cinco en algo mas de media hora y vamos disfrutando en cada paso del buen ambiente que reina a nuestro alrededor, mi cuñado no para de gritar y contar chistes en voz alta y nos vemos rodeados de bastantes corredores que se unen a nuestra fiesta particular, son todos bienvenidos.
Al cruzar bajo la M-30 y encarar la Avenida de la Albufera ya en Vallekas el gentío es impresionante, se ponen los pelos de punta, la cuesta que en otras condiciones supondría un auténtico obstáculo, en esta ocasión ni se nota. La subimos en un periquete, mi sobrino (que es la primera carrera en la que participa en toda su vida) incluso se anima e incrementa el ritmo, y así rodeados de palmas y gritos de ánimos llegamos a meta inmersos en una auténtica fiesta del atletismo. Ha sido casi una hora de alegría conjugada con deporte y es que VAllekas tiene algo especial, ya casi la tenía olvidada puesto que en las últimas ocasiones había participado en la carrera internacional y ahí, aunque sigue siendo una fiesta, es todo un poquito mas serio.

Ha sido un día precioso festivo-deportivo para despedir al año 2010.
Ahora solo queda pedirle al 2011 que se porte bien con todos nosotros y que a poco que se esfuerce seguro que nos dará mas alegrías que el que acabamos de completar.

FELIZ AÑO PARA TODOS.
MUCHA, MUCHA SALUD.