domingo, 17 de abril de 2011

34 MARATON DE MADRID (MAPOMA)







Cuando se comienza a pensar en una maratón normalmente se hace con algunos meses de antelación, y desde el mismo día en el que se toma la decisión de participar empiezan las ilusiones, los objetivos, los sueños y como no, los entrenamientos.
Llevo participando en el maratón de Madrid desde el año 2004, y si hay algo que se repite puntualmente, dando igual que sea la primera que la décima prueba, y es algo que no falla a su cita, es el estado de nervios que antecede a la carrera. Días previos sin conciliar bien el sueño, esas mariposillas en el estómago, así como amigos y familiares preguntando eso de ¿El domingo correrás el Maratón no?, sumado a un conjunto de dudas del tipo, ¿Habré entrenado lo suficiente?, ¿Me habré pasado de rosca?, ¿Estaré alimentándome bien?... dudas que nosotros mismos nos respondemos intentamos auto-convencernos de que todo marcha bien.

Bueno, pues todo eso, en esta ocasión se veía acrecentado por los resultados de unos análisis cuyo resultado no eran del todo satisfactorios y los que, a una semana escasa de la gran carrera, me dejaron un tanto desconcertado. Aunque con pocos días para reaccionar, creo que al final pude paliar en parte una anemia moderada a base de cambiar la conocida dieta de hidratos de carbono por otra de mejillones, berberechos y demás delicias traídas del mar, en este caso cambié la agricultura por la pesca. Aunque el run-run en la cabeza me ha ido acompañando durante los últimos días haciéndome plantear como debía afrontar la prueba, bueno mas bien convenciéndome de que debería tomarla con calma para evitar males mayores.

El sábado día en el que cumplí 42 años, acompañado de mi mujer y mis dos hijos fuimos a recoger el dorsal a la Feria del corredor y allí pudimos hacernos unas fotos junto a dos de mis atletas preferidos, por un lado Arturo Casado y por otro Rafael Iglesias, ambos estuvieron muy amables conmigo y con los niños y en el caso de Rafa me pareció muy humano y accesible. Luego en la tradicional comida de la pasta comeríamos junto a un grupo de atletas de Ciudad Real que nos hicieron pasar un rato muy agradable invitándonos a probar muchas de las viandas que ellos mismos traían como queso, chorizo, tortillas de patatas, salchichón, ya que, según ellos, al no poder repetirse el plato de pasta con esto no se quedaban con hambre, doy fe de que efectivamente hambre no pasaron.
Luego ya por la noche dormiría poco como era de prever.

Sea como fuere, esta mañana de un precioso domingo de Abril en Madrid, me he levantado tempranito y tras despedirme de mi mujer y dejar a mis hijos durmiendo plácidamente en la cama, me he marchado en Metro al encuentro de mi cuñado Alejandro que también ha tomado parte en la Maratón. Ya los dos juntos, hemos seguido en Metro hasta llegar al edificio del Ayuntamiento de Madrid (antes propiedad de Correos) donde hemos de encontrarnos con más amigos que llegan desde Vallecas y Velilla de San Antonio. Mientras esperamos, me hace mucha ilusión saludar a Angelín de Villena, un tío que me parece super-majo, así como también tengo ocasión de encontrarme nuevamente con Javi Sanz, quien para mí ha sido la persona a la que le debo mi relación con el Maratón, ya que leyéndole me inculcó las ganas de participar en ellos, no en vano es un gran conocedor de estas pruebas de fondo y un auténtico experto en la materia, llegando a sumar en sus piernas la friolera de 66 maratones.

A la hora convenida aparece algún amiguete mas como Carlos quien tiene en mente atacar las tres horas y a buen seguro que lo conseguirá porque desde luego la marca la lleva en sus piernas, es un chaval con una progresión en los últimos años impresionantes y tiene genética para lograrlo. Esperamos al resto de amigos pero algo ha debido suceder porque a las ocho y media todavía no han aparecido, así que nos vamos poco a poco hacia la zona de salida. Saludo a algunos muy buenos corredores como es el caso de Arturo que participará en los diez kilómetros y paulatinamente vamos tomando contacto con la zona vallada donde a modo de redil los corredores esperaremos la salida.

Carlos y Alejandro se quedan en una zona delantera de la gran masa de corredores que forman las dos carreras, ya que este año nuevamente la organización tiene la mala costumbre de juntar dos pruebas en una sola salida, así estamos por un lado los que disputaremos el Maratón y separados por una valla los que lo harán en los diez kilómetros. Yo me voy hacia la zona delantera donde al tener un dorsal preferente me doy el gustazo de calentar junto a la élite de la prueba, así estiro también al lado de atletas profesionales que tomarán parte en los diez kilómetros como son Jesús España y Rafael Iglesias. También puedo saludar a atletas muy buenos también aunque menos conocidos como es el caso de Juanjo, mas conocido en los foros como “Poliloco”.

Los paracaidistas bajan de un cielo despejado de nubes y queda muy poquito para que de comienzo la prueba, caliento todavía un poco mas pero algo me hace saltar las alarmas, son unos pinchazos en la parte derecha de la ingle, (que ya he notado esta semana pasada entrenando) y que espero que al calentar desaparezcan como en otras ocasiones. La organización poco a poco nos va acorralando bajo el arco de salida y un minuto antes de las nueve de la mañana según mi reloj comienza la competición. Estoy en primera fila, pero pronto me empiezan a pasar corredores por todos lados, y en las primeras zancadas noto que los pinchazos de la ingle se intensifican, debo tratar de ir tranquilo los primeros kilómetros y calentar bien la zona para intentar que desaparezcan.
El paso por el primer kilómetro lo hago muy tranquilo, al igual que el del segundo donde los pinchazos ya comienzan a remitir, así que aprovecho para incrementar un poco el ritmo y unirme a un grupo bastante numeroso que me precede y donde van todas las africanas.

En Nuevos Ministerios recibo los ánimos de toda mi familia, mujer, hermana, hijos y sobrinos quienes están apostados encima del puente y me aplauden sin parar, así da gusto correr.

Vamos en perfil de continua subida pero al ser los primeros kilómetros no hacen demasiado daño ya que todavía las fuerzas están intactas. Al paso por el estadio de fútbol Santiago Bernabéu, la carrera se divide y los corredores de los diez kilómetros nos abandonan por la derecha, girando los maratonianos hacia la izquierda. Pasamos el cuarto kilómetro y sigo inmerso en un numero grupo del que únicamente marcha destacada una atleta extranjera muy rubia que parece no querer correr bajo la seguridad del grupo, aunque las keniatas sabedoras que esta carrera es muy larga la dejan irse simplemente a una distancia de unos veinte metros teniéndola en todo momento controlada.

En el kilómetro quinto está el primer puesto de avituallamiento donde sin sed pego un par de sorbos a una botella de agua, mas que nada por seguir esa regla de oro que dice que en un Maratón hay que beber en todos los puestos. En Plaza de Castilla giramos a la derecha buscando el sexto kilómetro y aquí el grupo empieza ya a perder unidades, todas ellas masculinas, la carrera sigue por el Paseo de la Habana, donde nos merendamos el kilómetro siete, y el ocho nos recibe dándonos paso a la Avda. de Pio XII. En todos estos tramos el público brilla por su ausencia, bien es verdad que son las zonas menos interesantes de seguir desde el punto de vista del espectador, así como que todavía es un hora temprana para Madrid teniendo en cuenta que es Domingo (de ramos para mas señas).
En el kilómetro nueve ya el grupo es un poco más pequeño todavía, en este punto todo cambia un poco ya que alcanzamos a un atleta keniata del club “Kafewake” que se ha ido dejando caer del grupo delantero y se une a nosotros con la intención de hacer de liebre para las chicas, decido dejar las posiciones intermedias del grupo y unirme a él en las labores de liebre y en poco metros ya estamos los dos codo con codo marcando un ritmo cómodo en torno a tres treinta y poco por kilómetro. Así pasamos el décimo kilómetro donde hay otro nuevo puesto de avituallamiento, las africanas por su parte recogen sus botellas personalizadas, y yo por la mía me meto un “buchito” de agua.

Los kilómetros pasan deprisa y cuando nos damos cuenta ya estamos rebasando el once, voy a relevos con el keniata marcando el ritmo, así como indicándoles los baches en el asfalto a las féminas que nos preceden, los bordillos en los giros, etc.. Pasado el kilómetro doce vuelvo a ver de nuevo a toda mi familia al completo, choco las manos con los mas pequeños y recibo los ánimos y aplausos de todos ellos. Mi mujer Lourdes me anima a seguir en el grupo y yo como soy muy bien mandado le hago caso.

En la pequeña, pero continua, subida por Raimundo Fernández Villaverde el keniata me indica que baje el ritmo porque alguna de las chicas cede un poco, así lo hago y le indico que lo marque él, poniéndome a su estela. Pasamos el kilómetro que los mas supersticiosos se negarían a nombrar y tras un giro a la izquierda en la rotonda de Cuatro Caminos repleta de público buscamos la Avda. de Filipinas y con ella el kilómetro catorce. En este punto se une a la comitiva una especie de quad con los anagramas de la cadena televisiva Telemadrid que en un principio lo que hace es estorbar un poco e insuflarnos el humo que va desprendiendo, pienso que realizará algunas tomas y se marchará igual que ha venido, pero no, poco después llega también una moto que transporta a una reportera y compruebo que la intención es continuar delante de nosotros.

En el kilómetro quince nada ha cambiado, seguimos a relevos el keniata y yo, y a nuestra estela todo el batallón de africanas que deben ser como seis o siete. A veces el africano incrementa bastante el ritmo para luego bajarlo de repente cuando comprueba que alguna de las chicas lo pasa mal, otras veces soy yo el que lo marca teniendo la precaución de no dar tirones para no perjudicarlas. Nuevo avituallamiento personalizado para ellas y un vasito de Gatorade en este caso para mi. Aprovecho para llevarme a la boca un trocito, de los tres que llevo en el bolsillo, de la barrita energética que dividí en tres partes para irla comiendo poco a poco.

Entre el quince y el dieciséis pica un pelín para arriba el perfil y se baja un poco el ritmo en el grupo pero enseguida vuelve a acelerarse descaradamente al encarar la calle Fuencarral donde comienza a congregarse numeroso público. El kilómetro diecisiete y medio nos presenta a una Gran Vía como solo puede verse en días como éste, totalmente limpia y despejada de vehículos y flanqueada por gente aplaudiendo a los atletas que durante algunas horas nos hacemos dueños de las calles de Madrid. Giro de noventa grados en Callao para rebasar el kilómetro dieciocho y pasar por uno de los puntos con mas animación de la prueba, una Puerta del Sol henchida de gente animando y aplaudiendo a nuestro paso que nos hace sentirnos importantes, y consigue que el paso por este punto se convierta siempre en uno de los momentos mas emocionantes del Maratón. La calle Mayor no le anda a la zaga y los ánimos son constantes en todo su recorrido donde al finalizarlo se encuentra una de las duchas que la organización ha ido instalando a lo largo del recorrido y a la que el grupo al completo evitamos.

Giramos a la derecha dejando a un lado la Catedral de la Almudena, y durante algunos metros dejamos de disfrutar del sol y la luminosidad de esta mañana de domingo para soterrarnos bajo un túnel con bastante desnivel, tanto de bajada como de subida, que nos hace perdernos el paso por uno de los puntos mas bonitos del recorrido como es el Palacio Real.

Tras dejar atrás el kilómetro veinte comienza la calle Ferraz que pica descaradamente hacia arriba y donde el ritmo del grupo se incrementa bastante por parte de una corredora buscando alguna señal de debilidad en alguna de sus contrincantes, cosa que no sucede. Pasamos la media maratón a buen ritmo y en el siguiente avituallamiento ya les voy recogiendo el agua en los avituallamientos, así me hago con tres o cuatro botellas y las reparto entre ellas. En la Avda. de Valladolid el keniata que va de liebre pega otro acelerón y aquí si una de las chicas se queda un poco rezagada, él se da cuenta y supongo que al no ser de las que son de su partida pega un nuevo cambio de ritmo y lo incrementa un puntito mas.
En éstas llegamos a la estación de Príncipe Pío y con ella el kilómetro veinticinco, donde me espera Lourdes con los niños, mi mujer me entrega un gel y mi hijo mayor hace lo mismo, les envío unos cuantos besos y ellos me devuelven unos aplausos cargados de energía, mas de la que los geles me puedan aportar de aquí en adelante.

En este kilómetro veinticinco el keniata que venía de liebre se hace a un lado y se retira, quedándome solo en el grupo de las seis africanas que todavía continúan compactas, yo por mi parte continúo en cabeza ya que voy muy cómodo y las sigo marcando el ritmo.

Entramos en la Casa de Campo a buen ritmo, me llevo a la boca otro pedacito de barrita y en el kilómetro veintiséis recibo los ánimos de Torcas, un amigo-forero al que me une una bonita amistad desde hace algunos años, desde aquí quiero agradecerle sus ánimos que me llegaron a lo mas profundo, gracias Jose.

Continuamos por el Pº de los Plátanos y en el siguiente avituallamiento vuelvo a coger agua para la mayoría del grupo repartiéndola entre ellas y quedándome una botella para pasar el gel que me acabo de llevar a la boca y que es mas pastoso de lo que yo me esperaba. El ritmo sigue siendo bueno y de vez en cuando miro hacia atrás porque no quiero perjudicar a ninguna de las atletas, yo no tomo parte por ninguna de ellas y no sería justo que lejos de la labor de liebre hiciese la de lanzador para alguna de ellas. Si noto que alguna sufre algo mas de lo normal bajo un poco el pistón hasta que las cosas vuelven a la normalidad.

Cerca del kilómetro veintiocho una de las chicas sale del grupo con la clara intención de marcharse hacia delante, yo me hago a un lado y enseguida un par de ellas saltan a buscarla para una decena de metros después volver a la disciplina del grupo. En cuanto las cosas se han calmado nuevamente me pongo en cabeza y marco el ritmo otra vez.

Al paso por el kilómetro veintinueve y mas concretamente en el treinta ya las noto mas nerviosas y con ganas de empezar las hostilidades así que me aparto a un lado y las dejo hacer, aunque todavía el grupo seguirá compacto hasta el kilómetro treinta y uno, no así en el treinta y dos, donde antes de abandonar la Casa de Campo ya el grupo se ha visto reducido a cuatro atletas etíopes, ya que las dos keniatas se han descolgado unos metros al no poder entrar al cambio que un par de etíopes han realizado.

Al salir de la Casa de Campo y en vista de que la distancia entre las etíopes y las keniatas es cada vez mayor y ya no van a entrar en el grupo, decido nuevamente pasar a encabezarlo. Tras una larga bajada giramos a la derecha buscando el kilómetro treinta y tres donde recibo los ánimos de Natalia, una compañera de trabajo y excelente persona. Todo el Pº de la Ermita del Santo, el Puente de San Isidro con su kilómetro treinta y cuatro, así como el Pº de la Virgen del Puerto lo hago tirando del conjunto, pero ya en los dominios de la Ronda de Segovia y el Pº Imperial poco a poco voy dejando paso a las africanas al notar que van con ganas de probarse entre ellas mismas. No me equivoco ya que poco después en el kilómetro treinta y siete empiezan las escaramuzas, hay saltos continuos entre ellas hasta tal punto que en alguno de ellos me quedo descolgado, aunque luego cuando se van dando caza y se relajan, de nuevo vuelvo a contactar. Esto será ya una constante hasta el final de la carrera, por lo que salvo un par de ocasiones mas en las que se tranquilizan un poco y vuelvo a tomar la cabeza, ya son mas en las que me quedo a cola de grupo disfrutando en primera línea de sus contiendas.

Mientras voy distraído con el devenir de la carrera no soy consciente de que ya llegamos al kilómetro treinta y ocho y empiezo ya a notar los efectos devastadores de los kilómetros en mis piernas, ahora ya los kilómetros pasan mas lentos así que el treinta y nueve tarda en llegar. El paso por Atocha es como siempre bastante emotivo por la gran cantidad de público que se concentra para animar, pero ahí empiezan las cuestas que mas se atragantan en esta carrera y donde bajo el ritmo de manera progresiva. En el kilómetro cuarenta ya la guerra entre las chicas es abierta y definitivamente me descuelgo del grupo, esa no es mi guerra. Aprovecho para tomarme el último gel que ya tendrá que ser suficiente gasolina para llevarme hasta la meta y al tran tran y a una decena de metros de ellas acabo con la calle Alfonso XII y llego al kilómetro cuarenta y uno a los pies de la Puerta de Alcalá, en este punto todavía me engancho de nuevo con las africanas, pero será un espejismo ya que un nuevo cambio por parte de una de ellas hace que se alejen de nuevo. Yo no sigo ya ningún tirón, voy pensando simplemente en llegar al kilómetro cuarenta y dos donde me espera Lourdes con mis hijos y seguramente el mayor de ellos estará esperándome nervioso para acompañarme hasta la meta. Efectivamente así sucede, en cuanto llego al kilómetro mas esperado de todos, mi hijo está esperándome ansioso por correr a mi lado, tan ansioso que si no le sujeto un poco me deja atrás. Muy emocionado y contento cruzo una vez mas la línea de meta junto a él y le dedico el mayor de mis besos, es el mejor premio que un padre puede tener y me siento muy afortunado por ello.

Al final mi puesto ha sido el veintiséis quedando cuarto de mi categoría, no está nada mal y ya lo hubiese firmado hace una semana cuando me amenazaba la anemia. Me he quedado con un muy buen sabor de boca y he disfrutado muchísimo esta carrera, ahora toca descansar y pensar en próximos objetivos. Como siempre tengo que agradecer a mi mujer Lourdes el encargarse de toda la logísitica con los pequeños que me hace poder tomar parte en las carreras de una manera mas tranquila.

Salud para todos/as.

domingo, 3 de abril de 2011

XI MEDIO MARATON DE MADRID




(Foto Cortesía Arganzboy)

Hoy ha sido la onceava edición de la Media Maratón de Madrid, y creo que he tomado parte en todas las ediciones anteriores, así que para no perder la costumbre pues esta vez no iba a ser menos.

A las ocho de la mañana en punto me encontraba con mi cuñado Alejandro y juntos hemos tomado el Metro para dirigirnos a la estación de Retiro. Los vagones han ido paulatinamente llenándose de corredores de todas las edades, sexos así como también nacionalidades, pero en lo fundamental todos compartiendo la misma ilusión y la misma pasión por un mismo deporte.

Llegados a Retiro nos esperaba un corto, pero agradable, paseo matutino hasta llegar a la zona de entrega de dorsales, donde nos esperaban el resto de compañeros y amigos que nos han acompañado en el día de hoy en la prueba. Allí estaban ya esperándonos Javier, Antonio, el veteranísimo e incombustible Enrique, también Carlos, el mas joven de todos y con una fantástica progresión en los últimos meses, así como Pedro acompañado de su mujer, quien en esta ocasión, a pesar de estar inscrito, no tomará parte en la prueba al encontrarse todavía recuperándose de una lesión que se produjo en el pasado Maratón de Roma.

Una vez todos juntos, los que quedamos por recoger el chip nos disponemos a ello, y ciertamente lo retiramos en un santiamén, en mi caso al inscribirme la organización con el número de dorsal 58 saldré desde la zona de cabeza e incluso tenemos una zona reservada para calentar, por lo que no necesito tomar posición dentro de la gran masa de corredores que empieza ya a formarse y van ocupando sus sitios dentro de los carteles que indican los tiempos previstos de llegada.

Calentamos todos juntos unos minutos y la gran mayoría de mis amigos se marchan a tomar posiciones quedándonos únicamente Carlos y yo trotando todavía un rato más cuando son las nueve y cuarto de la mañana. Mientras calentamos nos cruzamos con el gran Fabián Roncero, a quien saludo y con quien choco la mano en el momento del cruce. Seguidamente Carlos se marcha también para ir cogiendo sitio y yo me dirijo ya a la zona reservada a los primeros doscientos dorsales. Allí tras pasar el control de la puerta sigo calentando mientras me recreo mirando a mi alrededor a todos los atletas que calientan junto a mí, o yo junto a ellos, según se mire. Puedo reconocer a grandes corredores como por ejemplo a Pablo Villalobos, actual campeón de España de Maratón, a Yesenia Centeno una gran atleta con quien ya he coincido en alguna carrera en el pasado. También hay un nutrido grupo de atletas africanos, tanto en categoría masculina como femenina, así como marroquíes, y me hace mucha ilusión cuando Gorka, a quien hasta hoy no conocía personalmente, reclama mi atención y con quien tengo el placer de cambiar unas palabras.

Sin tiempo para mucho mas nos colocamos en la línea de salida, y tras guardar un minuto de silencio durante el cual la organización lee un manifiesto en memoria del corredor tristemente fallecido el año pasado, se da inicio a la carrera.

Al estar en posiciones muy adelantadas salgo bastante rápido durante todo el paseo de coches hasta abandonar el retiro, giro a la derecha y rápidamente nuevo giro a la izquierda para encarar la calle Principe de Vergara, voy en el numeroso grupo donde están todas las atletas africanas favoritas para ganar la carrera, cuento unas cinco chicas de color, pero hay tantos corredores en este grupo que bien podría haber alguna mas que no halla visto.

La calle Principe de Vergara en es continua subida, voy muy cómodo en el ritmo que llevan y así paso el primer kilómetro y también el segundo, donde recibo ánimos de Jose Luis, a quien conocemos como Yonhey en el foro de Carreras Populares. En este punto giramos a la izquierda para patear ahora en perfil llano la calle Diego de León. Hay poca gente animando en estos tramos pero al ir corriendo en un grupo tan numeroso casi ni se nota esa ausencia de público momentánea. Cerca del tercer kilómetro hacemos un nuevo giro, esta vez a la izquierda para correr unos pocos metros por la calle Serrano abandonarla rápidamente virando nuevamente a la derecha. Estamos en un tramo de bajada donde se nota un descarado incremento de ritmo, aún así me encuentro bastante bien y con ganas incluso de tirar hacia delante, pero hoy mis aspiraciones son otras, a apenas quince días de la gran cita con el Maratón de Madrid, hoy trato de hacer un entrenamiento de calidad sin perder la cabeza, ya que las fuerzas que gaste hoy de más las puedo echar en falta dentro de unos días, así que me digo a mi mismo que tranquilo, que disfrute de la carrera pero sin ninguna otra pretensión ni ambición, únicamente la de rodar rápido y buscar buenas sensaciones.

En esas andan mis pensamientos cuando abandonamos la calle Almagro por su derecha y rebasamos el cuarto kilómetro donde empieza una larga subida que no finalizará hasta los dominios de noveno. Sigo bastante cómodo y con buenas sensaciones a pesar de que ya en el grupo empieza a notarse un ligero pero constante incremento del ritmo.
Durante los casi dos mil metros durante la calle Santa Engracia voy a cola del grupo, y puedo ver como al lado derecho y sobre la acera está otro gran corredor, en este caso animando, aunque con un dorsal con numeración mil y pico en su pecho, supongo que esperando a algún amigo para acompañarle en algún tramo, su nombre es Arturo. Intento saludarle pero yo voy en la parte mas alejada de la acera y él a su vez está animando a otro atleta que va en mi mismo grupo y le oigo claramente que le grita algo así como que bien acompañado vas, refiriéndose al elenco de africanas que dominan el conjunto.

A la llegada del quinto kilómetro y por consiguiente el primero de los avituallamientos, el incremento del ritmo en el grupo ya es mas que notable y tengo dos opciones, o seguir con ellos o descolgarme y seguir a mi ritmo, aunque esta segunda opción no parece muy recomendable ya que por detrás de mi existe un gran hueco y me quedaría corriendo en solitario. Pasamos por delante del Parque de Bomberos, quienes están en la calle animando y han sacado algunos de sus camiones a los que hacen sonar la sirena para darle ambiente a la carrera. Es en este momento en el que voy deshojando la margarita, cuando se descuelgan un par de corredores del grupo, y las chicas a su vez le dan un puntito mas de ritmo a la carrera, así que poco a poco voy perdiendo metros con ellas y me voy quedando atrás.

Cerca del paso por Cuatro Caminos, puedo ver a otro gran corredor que en el día de hoy ejerce labores de animador, se trata de Jose Manuel (Torcas), un gran atleta y una magnífica persona, recibo sus ánimos y sigo hacia delante buscando el comienzo de la calle Bravo Murillo. En este punto, tal y como me temía ya voy solo, pues nada, no es la primera carrera que me pasa ni será la última, así que a ajustar mi ritmo de crucero y a seguir sumando kilómetros.

Paso por el kilómetro siete y me alcanza y me rebasa un corredor que viene a buen ritmo desde atrás, en seguida me abandona y se marcha con clara intención de cazar al grupo de las africanas. Yo sigo a lo mío, subiendo por la calle Bravo Murillo y recibiendo ánimos de un público en este tramo ya algo mas numeroso. El paso por el kilómetro ocho lo hago ya con ganas de que se termine la cuesta, pero ésta nos seguirá acompañando hasta pasada la Plaza de Castilla y en el comienzo de la calle Mateo Inurria. Durante ese tramo me han rebasado un par de corredores mas, pero éstos no se han marchado demasiado, por lo que los llevo delante a escasos metros.

Ahora ya el perfil será ya más favorable durante unos largos kilómetros, por lo que me doy unos metros de recuperación para tomar aire después de la larga subida y después me marco un ritmo algo mas alegre para encarar la larga bajada.

Voy relativamente bien, pero la pierna derecha y sobre todo la cadera de vez en cuando me envían algún recadito en forma de pinchazo. A mis cuarenta y un años ya hay lesiones que se me han vuelto crónicas y tengo que aprender a vivir con ellas, es por ello por lo que de vez en cuando alguna de las muchas que padezco me recuerdan que siguen estando ahí, y que debo mimarlas si quiero que ellas a su vez se porten bien conmigo. Así que cuando recibo alguno de esos recaditos en forma de pinchazos inguinales intento concentrarme en hacer una pisada menos agresiva para sufrir menos los impactos contra el suelo, pero una cosa es intentarlo y otra muy distinta es conseguirlo.

Paso el kilómetro diez en treinta y seis minutos y pocos segundos y continúo bajando ahora ya por la calle Príncipe de Vergara. Desde hace un rato ya que voy comprobando como el grupo que va por delante se va separando cada vez mas, ya que les acompañan unas cuantas bicicletas marcando la posición de las chicas y éstas cada vez las veo mas a lo lejos, como también voy comprobando como con el paso de los kilómetros se van descolgando corredores a los que en algunos casos consigo rebasar. Paso el kilómetro once por una zona donde vuelve a verse poca animación de público y mis pensamientos se centran en intentar mantener una buena cadencia de zancada, así como en intentar hacer unos buenos apoyos con los pies ya que la cadera me está molestando bastante. Hago todavía en solitario una pequeña subida buscando ya la calle Serrano y dejo atrás el doceavo kilómetro.

Inmersos ya en la mas Serrana de las calles el perfil se vuelve descaradamente favorable de nuevo y así nos permite a los corredores volver a sentirnos rápidos durante un par de kilómetros, así incremento el ritmo por kilómetro y consigo recortar bastantes metros con algunos corredores que me preceden. En este punto observo como en un lateral hay un coche de la organización parado, al que se dirige un corredor africano que ha abandonado la prueba, a buen seguro con problemas estomacales ya que no para de hacer gestos de dolor dirigidos hacia su abdomen. Justo en ese momento me alcanza un corredor que viene desde atrás y me comenta que vayamos los dos hacia delante, a lo que le respondo que no me veo ya con fuerzas, y que si él se ve fuerte que tire, y así lo hace separándose de mi unos cuantos metros, sobre todo al finalizar nuestro periplo por la calle Serrano que nos despide con un pequeño repecho que continúa prolongándose durante un buen trecho por la calle Diego de León y una vez pasado el kilómetro catorce. Durante la subida los corredores que llevo delante se vuelven a escapar bastantes metros y ahora ya lejos de tomármelo como un entrenamiento estoy intentando ir rápido, pero no lo consigo como quisiera. Es en el momento de encarar de nuevo la calle Príncipe de Vergara y tras el avituallamiento del kilómetro quince donde tomo unos sorbos de agua y lo que puedo de un vaso de gatorade (nunca se me ha dado bien el beber corriendo), cuando sabedor de que quedan apenas seis kilómetros, intento correr mas rápido de lo que lo vengo haciendo durante toda la carrera. Así lo hago y poco a poco voy pescando un ritmo mas vivo que me permite llegar hasta varios de los corredores que me precedían hasta el momento. Recibo los ánimos de otro forero conocido como Abebebikila, y cerca del cruce con la calle O’donell atrapo a un excelente corredor del club Clínicas Menoría, a quien invito a unirse a mí y buscar juntos la meta, pero me da la sensación que va bastante tocado y aunque durante algunos metros aminoro el ritmo para intentar que se enganche a mí, al paso por el kilómetro dieciséis ya soy consciente de que no lo consigue, por lo que de nuevo incremento la marcha y sigo progresando. Me uno a otro par de corredores y tomo la cabeza del trío marcando el paso durante toda la avenida Menéndez Pelayo. Al paso por el kilómetro diecisiete ya me he destacado del trío y vuelvo a correr solo ahora por el paseo Reina Cristina.

El paso por los dominios de la estación de tren de Atocha lo sigo haciendo en solitario y cada vez recortando mas terreno con otros dos corredores a los que voy dando caza. Pasado el decimo octavo kilómetro ya la distancia que me separa de ellos es de apenas cincuenta metros, pero sabedor de la cuesta que nos espera por delante decido bajar un poco el ritmo y reservar fuerzas para la entrada en el parque del Retiro.

Giramos a la derecha para hacer frente a la calle Alfonso XII y empieza la cuesta que, aunque no es dura todavía, ya va haciendo mella. Tras un giro de noventa grados a la derecha empieza lo duro de verdad al entrar al parque por la cuesta del Angel Caído. Ya la recordaba dura de la edición del año pasado, pero una cosa es recordarla y otra es volverla a sufrir de nuevo. El ritmo se vuelve totalmente cansino, las piernas comienzan a arder y me da la sensación de ir parado si no fuese porque observo como voy recortando algún metro con los dos corredores que llevo delante. El coronar la cuesta se me hace interminable, intento distraerme con los ánimos del público que ya empieza a ser mas numeroso pero lo cierto es que superar la cuesta me está agotando. Pasamos el kilómetro diecinueve pero con un ritmo que se ha vuelto lento por necesidad, menos mal que poco después acaba la cuesta y aunque el perfil vuelve a ser llano todavía necesitaré unos cuantos metros para recuperar el aliento ya que me he quedado sin resuello y todavía no puedo ir mas rápido.

Estoy en un punto de la carrera donde unas vallas nos separan de los corredores que van por delante de nosotros y que habiendo realizado ya un giro de ciento ochenta grados al que no hemos llegado todavía, se acercan al kilómetro veinte. Así me cruzo con las primeras corredoras africanas, ahora ya separadas entre sí por varios metros, como también me cruzo con Gorka, que acompañado por su hermano que le va haciendo de liebre está intentando hacer su mejor marca personal en la distancia, le doy algún grito de ánimos y me dirijo a encarar el giro cerrado que nos acerca al kilómetro veinte.

Poco a poco voy recuperando de nuevo una respiración mas calmada y así voy incrementando nuevamente el ritmo que me lleva a dar caza a otro corredor y me acerca mucho al siguiente. Paso el kilómetro veinte y el perfil vuelve a picar un poquito hacia arriba pero ahora mucho mas suavemente. Tras negociar un giro a la derecha vamos paralelos al estanque del Retiro y sabedor que queda apenas un kilómetro mantengo la velocidad que traigo y me distraigo con el ya numerosísimo público que nos acompaña. Me queda únicamente un giro de noventa grados a la derecha que hago bastante rapidillo y que me mete de lleno en el Paseo de Coches donde mas adelante, y tras una sucesión de arcos, está situada la línea de meta. Ahora ya la cantidad de público que nos rodea es impresionante y sus aplausos y sus ánimos le hacen sentirse a uno alguien importante. Son esos aplausos y esos ánimos, recibidos también de mi amigo Pedro que me grita desde detrás de la valla, los que me llevan en volandas hasta debajo del arco de meta donde paro el reloj en un tiempo de una hora, dieciséis minutos y cincuenta y siete segundos. Pienso que no está mal aunque por otro parte mi lado mas competitivo me dice que está lejos de lo que en otras ocasiones logré en esta misma carrera, pero al día de hoy es lo que hay y he de saber quedarme con su lado positivo.

Me saludo con algunos corredores con lo que he coincidido durante la carrera, cambio algunas impresiones de nuevo con Gorka, quien me parece una excelente persona y un pedazo de corredor, y mientras me como un plátano y bebo algo me dirijo hacia las vallas para esperar a todos mis amigos.

La carrera, excepto en los primeros kilómetros, me ha resultado algo aburrida, supongo que al ir solo todo se hace mas monótono, pero lo bueno es que he conseguido completarla decentemente, llegando en el puesto cuarenta y nueve sin haber salido a disputarla a tope, aunque luego en carrera uno se pica y siempre se deja mas fuerzas de las en un principio previstas.

Ahora toca descansar de carreras durante estos próximos quince días e ir poco a poco mentalizándome de que la siguiente vez que me cuelgue un dorsal será para afrontar una carrera que ya escribo con mayúsculas.. MAPOMA 2011.

Salud para todos/as.

domingo, 27 de marzo de 2011

V MEDIA MARATON DE SEGOVIA











Esta mañana, y tras el cambio de hora, tocaba madrugar. A las siete de la mañana he quedado con mi cuñado Alejandro y con mi amigo Javi para irnos desde Madrid ha participar en la quinta edición de Media Maratón de Segovia, una carrera en la que nunca había participado y de la que me habían hablado de su dureza, de su buena organización y de lo bello de las zonas por donde discurre. A las siete en punto, estaba en el lugar convenido con mi cuñado, al igual que éste, no así Javi, de quien recibimos un mensaje que a última hora se “cae” de la cita ya que parece ser que no se encuentra bien, una lástima porque sin él el viaje y la carrera no serán lo mismo, en fin, otra vez será.

Tras abandonar Madrid, y después de una paradita en el alto de los Leones a beber el agua pura de su fuente, ya se sabe eso de “agua de la que bebes… vuelves” llegamos poco después de las ocho y media de la mañana a Segovia, aparcamos el coche en un periquete cerca de la zona de salida y nos vamos a por los dorsales. Es muy pronto todavía, pero a ambos nos gusta llegar con tiempo de sobra a los sitios para evitar los agobios de última hora y tener tiempo para realizar todos los rituales previos a una competición, ya se sabe, cafetito, calentamiento, meaditas, etc….

Retiramos los dorsales en un santiamén y damos una vuelta por los alrededores donde aprovechamos para buscar a improvisados fotógrafos que, con el móvil de mi cuñado en mano, nos inmortalicen bajo las piedras bi-milenarias del acueducto de Segovia, una impresionante obra romana de ingeniería, que no por conocida deja de sorprenderme en cada ocasión que lo visito. Delante de una de las iglesias que están cerca de la zona de salida intentamos que una joven nos haga una foto y la muchacha muy dispuesta accede a ello, pero cuando la fotógrafa acaba su cometido de repente un señor, un poco fisgón, que está justo detrás de ella le recrimina por habernos cortado los “pies” en el retrato, el hombre trinca el móvil y se dispone a inmortalizarlos él mismo, y así lo hace quedando realmente satisfecho con su trabajo, satisfecho él me refiero, porque lo cierto es que si la sorprendida fotógrafa es cierto que nos había dejado sin pies para la posteridad, no es menos cierto que el avezado fotógrafo nos dejó sin parte de la torre de la iglesia que es lo que realmente queríamos que saliera en la fotografía, en fin , ahí queda la anécdota.

Después vendrían unos cafés en una cafetería bastante llena de corredores viendo la llegada del gran premio de Fórmula Uno que termina en esos momentos y desde donde nos dirigimos de nuevo al coche para vestirnos ya de corto.

Son ya pasadas las diez de la mañana, y ya de corto nos quedamos por la zona de salida, la mañana es fresquita pero de momento las previsiones de lluvia no se están cumpliendo, aunque bien es verdad que sobre nuestras cabezas sobrevuelan unas nubes más negras que grises amenazantes. Por la zona de la salida podemos ver a muchos voluntarios, y a algunos militares de artillería dando los últimos toques al cañón que dará inicio a la prueba, aquí no se andan con pistolitas, aquí la salida se hace a cañonazos, con dos huevos. Del cielo gotean unos cuantos paracaidistas que con precisión milimétrica aterrizan sobre el objetivo marcado, para posteriormente sobrevolar nuestras cabezas el avión Hércules desde el que se han arrojado al vacío.

Poco a poco la gente va tomando posiciones ya que se acerca la hora, sobre las diez y cuarto también lo hacemos Alejandro y yo cerca del arco de salida. Cada minuto que pasa el grupo se hace mas grande y ya casi no cabe ni un alfiler en la zona donde estamos, pero siempre tiene que aparecer el tonto de última hora que literalmente a empujón limpio intenta llegar hacia la zona delantera, (Dorsal 3501) pero a éste ¿Quién le enseñó educación?, ¿no se da cuenta que los demás llevamos ya un rato esperando?. Pues el tío no se corta, sigue empujando a todo el que se le pone por delante y cuando le recriminamos su actitud su única defensa es decirnos que él corre mucho y tiene que salir delante. Anda éste y a mi que me cuenta, que hubiese venido antes, y sino que se vaya por delante del arco donde de verdad están calentando los buenos y a ver si le dejan un hueco entre los élite de verdad, lo que hay que aguantar.

En fin, cuando restan menos de cinco minutos para la salida comienza a llover, al principio tímidamente, pero en un par de minutos la cosa parece empezar a ponerse seria y de repente afloran los fantasmas de otras carreras pasadas por agua, ufff, mejor no pensarlo ya que en ésta ni siquiera hemos salido todavía. Menos mal que todo queda en un pequeño chaparrón que no da tiempo a mojarnos mucho, aunque sí lo suficiente para dejar los adoquines resbaladizos, habrá que tener cuidado.

A las diez y media en punto el cañón escupe un tremendo pepinazo que nos pone a todos las orejas tiesas, ha dado comienzo la prueba, mi cuñado y yo nos deseamos suerte y comenzamos a intentar correr, y digo bien, intentamos, ya que el lugar en el que nos hemos colocado en la salida no nos permite hacer mucho mas, de hecho pasamos por debajo del arco de salida andando y todavía necesitaremos algún metro mas para ponernos a trotar. El cañón ha dejado un inconfundible olor a pólvora en el ambiente que nos acompaña durante algunos cuantos metros.

El primer kilómetro es cuesta abajo, y lejos de poder aprovecharlo se hace difícil poder correr bien ya que no hay hueco por donde hacerlo. Voy dentro de una gran masa de corredores de todo tipo e intento buscar espacios por donde poder escapar, pero hasta el momento con poca fortuna, además noto el pavimento, compuesto de adoquines, muy resbaladizo e intento ser cauto. Es pasado el primer kilómetro donde me salgo a la acera y comienzo a adelantar posiciones encontrando ya muchos mas huecos por donde poder correr. Pasado el primer kilómetro la carretera se empina y así puedo ver delante de mí a unos cientos de corredores que ocupan la calzada de lado a lado, sigo adelantando a muchísima gente por el lado izquierdo del pelotón y encontrando un ritmito bueno y cómodo.

Hasta pasado el kilómetro tres el perfil sigue ascendiendo y justo antes de llegar a una rotonda donde termina el ascenso saludo a un corredor que entrena en el mismo Parque Juan Carlos I donde lo hago yo, por lo que nos vemos casi a diario, igualmente doy alcance y rebaso a dos muy buenas corredoras como son Recuerdo Arroyo y a María Ruiz Castellanos, las saludo las doy ánimos y sigo hacia delante. (Por cierto en este punto también adelanto al dorsal 3501, si ese que tanto empujaba en la salida porque decía que él corría mucho y tenía que salir con los élite, pues parece ser que no corre tanto como decía, en fin....)

Nos cruzamos con la cabeza de la prueba donde va un español destacado en cabeza, luego un grupo de keniatas y marroquíes para poco después el grupo de las favoritas para ganar la carrera en categoría femenina.

Buscando el cuarto kilómetro y hasta pasado el sexto el recorrido es una larga bajada donde recupero bastantes posiciones a buen ritmo, no sabría decir bien cual ya que hace tiempo ya que no miro mucho el crono, pero por las sensaciones que llevo debió caer algún kilómetro por debajo de tres minutos treinta segundos. Nos cruzamos con un nutrido grupo de militares que entonando canciones ascienden el tramo que hace pocos minutos hemos completado los que ahora bajamos.

De momento no me quedo en ningún grupo en concreto, voy llegando a algunos de ellos pero llevo un ritmo un puntito por encima e intento aprovecharlo, es probable que luego lo pague, pero de momento intento beneficiarme de ello. Después de la interminable bajada y una vez dejado atrás el sexto kilómetro nos adentramos por un precioso parque en el que pisamos un camino de tierra que va flanqueado por columnas de agua cristalina que, canalizadas a cielo descubierto en todo su tramo, discurren junto a nosotros pareciendo querer acompañarnos.

En el kilómetro siete las calles vuelven a mirar hacia el cielo, bueno en éste caso mejor dicho miran hacia el Alcázar, a donde parecen querer conducirnos haciéndonos pagar un duro peaje en forma de sucesión de curvas cerradas y largas cuestas. Desde el citado kilómetro siete hasta casi llegados al décimo, la carrera tenemos que realizarla por una considerable pendiente ascendente, bastante dura cierto, pero compensada por la belleza del entorno y del numeroso público que nos hace llegar sus ánimos. Todo este tramo lo hago acompañado por dos corredores, uno de ellos de un club de Hortaleza, cerca de mi domicilio llamado “La Panda del Muro”. Pasado el kilómetro noveno pasamos por debajo del acueducto que nos vio salir y ahora aquí el público es numerosísimo y animando como hacía tiempo no veía, público que se hace cada vez mas numeroso cuando por las estrechas callejuelas del casco histórico segoviano buscamos el kilómetro diez, en donde a su paso tomo una botella de agua que me ofrece un voluntario y a la que doy apenas dos sorbos para seguir corriendo, cada vez soy mas torpe a la hora de beber corriendo, no consigo hacerlo bien a pesar de los años.



Desde el kilómetro diez hasta llegado el once es el único tramo de la carrera que podría considerarse llano, ya que en el resto o bien se sube, o bien se baja, así que lo recibo con enorme gratitud e intento pegarme a los dos corredores con los que he realizado la subida al Alcázar y que después del avituallamiento se me han ido un poco por delante, no tardo mucho en unirme nuevamente a ellos. El progresar mas hacia delante ya se hace complicado ya que, a parte del ritmo vivo que llevo junto a mis dos compañeros de viaje, existe un auténtico vacío delante nuestro en el que únicamente esporádicamente vemos muy a lo lejos las bicicletas que marcan el grupo de las primeras clasificadas femeninas, pero están a un mundo nuestro y se me hace que cada vez mas lejos.

A partir de los once mil metros recorridos las calles vuelven a tonarse en contra nuestro en cuanto a su perfil se refiere ya que sin ningún descanso, y es literal, la pendiente que tenemos que ascender no nos abandonará hasta pasado el kilómetro catorce y muy cerca ya del quince. Por tanto, tenemos por delante más de cuatro kilómetros de ascensión continuada y hay que saber reservarse.

Comenzamos el ascenso por una amplísima avenida con buen asfalto, y nos vamos un poco hacia delante uno de los corredores que me acompaña desde ya algunos kilómetros y yo. Por el contrario el atleta de “La Panda del Muro” parece descolgarse un poco.

Así voy subiendo la interminable cuesta junto con el otro atleta, y a relevos vamos dejando atrás mas metros de los que poco a poco nos quedan por delante. Pasamos por delante de la Iglesia de Santo Tomás que me trae muy buenos recuerdos de cuando hace tiempo hice uno de los cuatro Caminos de Santiago que tengo completados, en aquella ocasión lo hacía en bicicleta de montaña desde Madrid, también junto a mi cuñado y otros dos amigos y paramos precisamente en esa Iglesia donde nos sellaron muy amablemente las credenciales del peregrino. Aquélla vez iba en bici y haciendo el recorrido contrario por lo que la cuesta en aquella ocasión me mostraba su sonrisa, lejos de su faceta mas dura que me ofrece hoy, dos versiones, y visiones muy distintas para una misma calle. Estos pensamientos me hacen abstraerme durante algunos segundos de la carrera, pero pronto vuelvo de nuevo a la realidad, y ésta realidad no es otra que todavía quedan mas de dos kilómetros para terminar la progresiva y continuada cuestecita.

La gente en este tramo anima bastante desde la acera e intento distraerme con la diversidad de personas que se asoman a contemplar el paso de unos atletas en una media maratón, desde los que no pueden negar que son familiares de sufridos corredores, hasta los que se les nota que han bajado de casa a comprar el pan y aprovechan el colorido de la carrera para distraerse un rato. Pasamos el kilómetro trece y esto sigue subiendo, y subiendo, y subiendo más, incluso cuando pasamos el kilómetro catorce el perfil sigue siendo ascendente, aunque ya nos llegan gritos del público indicándonos que la cuesta acabará por rendirse a nuestras zancadas. Efectivamente, tras un par de giros por las calles de la zona conocida como “Nueva Segovia”, llegamos al kilómetro quince donde ya el trazado nos da un respiro, no es que se convierta en bajada, ya que es llano, pero al menos la cuesta se ha terminado. En este punto alcanzamos a otro corredor que viene descolgado del grupo de las chicas su nombre es Antonio quien se une con nosotros, y poco después se nos vuelve a unir también el corredor de la “Panda del Muro”.

Voy en cabeza tirando de los otros tres atletas por unas calles ahora desiertas de gente y cada vez más abiertas y expuestas al viento, como así comprobamos nada mas girar a izquierdas en una gran rotonda pasado el kilómetro dieciséis. Trato de imponer un ritmo exigente ya que he salido bastante entero de la última cuesta, y alguno de los corredores que me venía acompañando acaba cediendo, ya que pasados unos cientos de metros me doy cuenta que solo me acompaña el atleta del club de Hortaleza, y ambos comprobamos como vamos recortando terreno a una de las negritas que defiende la tercera posición.

Hasta el kilómetro diecisiete es un llano donde pega un poco el aire de cara, pero no lo suficiente como para hacer bajar el ritmo. Rebaso otra rotonda y comienza otra bajadita donde acelero todavía un poquito más con el ánimo de acercarme lo más posible hasta la africana a la que cada vez me da la sensación de estar mas cerca. Mi compañero de carrera va pegado a mí y de vez en cuando intenta sin éxito darme algún relevo. El llegar al kilómetro dieciocho, hacer un giro de noventa grados a la derecha y rebasar a otro corredor es todo uno. Noto que voy bien, alguna pequeña molestia en la parte baja de la espalda, pero no deja de ser eso, una molestia que me lleva acompañando ya muchos meses, por lo demás noto que, salvo el lógico cansancio del esfuerzo, tengo todavía fuerzas para llegar a la africana de la que ya nos separan apenas treinta metros.

Ahora el recorrido vuelve a ser en bajada, e intento aprovecharlo al máximo acercándome cada vez mas a la chica que va delante y llegado el kilómetro diecinueve ya estoy prácticamente con la africana, además de dar caza al mismo tiempo a otro corredor al que ella a su vez a echado el guante. Tras unos cuantos giros pasado el diecinueve comienza a haber cada vez más y más público y los aplausos empiezan a ser continuados. Un nuevo giro de noventa grados a la derecha y flanqueado a la derecha por una acueducto que en este momento no levanta mas de dos metros del suelo, doy por fin caza a la negrita y voy codo con codo con ella a muy buen ritmo hasta cerca del kilómetro veinte donde me veo con fuerzas y decido seguir hacia delante. A partir de aquí el kilómetro que resta será un continuo toma y daca entre cuatro corredores: El chaval del club Hortaleza que me acompaña desde allá por el lejano octavo kilómetro, la africana, el otro corredor al que ésta dio caza y yo mismo. Cuando digo toma y daca me refiero a que durante esos mil metros se repiten las escaramuzas entre los cuatro, tan pronto salta como una bala la keniata como que la volvemos a coger y soy yo el que lo intenta, durando mi aventura escasos trescientos metros, luego me dan caza y cerca ya del kilómetro veintiuno nos vamos hacia delante el del Hortaleza y yo, donde ya no nos volverán a atrapar, definitivamente el otro corredor y la negrita han tirado ya la toalla.

El calor de la gente en este tramo final es indescriptible, es numerosísimo el gentío que se agolpa a ambos lados de la adoquinada calle y nos hacen llegar en volandas hasta los dominios nuevamente del acueducto que ahora se nos presenta ante nuestros ojos con todo su esplendor. Pasamos por fin el kilómetro veintiuno y me lanzo al esprint buscando ya el arco de meta, el atleta que va junto a mí también esprinta y con mejor resultado que yo llega justo delante de mí al arco de meta que nos recibe con un tiempo de una hora y casi dieciocho minutos. Unos voluntarios de quitarse el sombrero nos atienden estupendamente e incluso me quitan el chip de la zapatilla.

Llego algo tocado por los kilómetros finales, pero soy optimista y creo que he realizado una buena carrera disfrutándola a tope que es mi objetivo últimamente. El tiempo es cierto que nos es bueno, pero tampoco lo busco, yo creo que solamente el primer kilómetro ya tardé mas de cinco minutos en hacerlo y no me importó en absoluto, luego he tenido tiempo de divertirme en carrera disfrutando de este deporte y compartiéndolo con casi cuatro mil personas en una fresca mañana segoviana que al final nos ha respetado en cuanto al tiempo, aunque al llegar a meta de nuevo a comenzado tímidamente a llover. Ha sido una carrera dura, pero muy agradable, he sabido correr sin sufrir, disfrutando de los paisajes, de los enclaves más significativos de esta bonita ciudad y sobre todo, sobre todo, de la buena compañía de gente que como yo solo piensa en pasarlo bien y ser feliz con lo que hace.

Recojo una botella de agua, una medalla de recuerdo así como algún zumo, bollo y también un “pan preñao” con el que nos obsequia la organización de la carrera para, mientras doy buena cuenta del mas preñao de los panes, esperar a mi cuñado que llegó en un buen tiempo de una hora y treinta y pico minutos y todavía esperar algo mas a la entrega de trofeos al haber quedado segundo en mi categoría. Entrega de premios un poco caótica en cuanto a las categorías de veteranos se refiere, todo hay que decirlo, pero supongo que la organización, que en todo momento ha estado muy acertada, tomará nota para próximas ediciones.

Ha sido una bonita mañana de atletismo, en una bonita ciudad a la que espero volver, si todo va bien, al año que viene. Ahora toca descansar un poco para el próximo domingo volver a participar en otra Media Maratón, ésta con un recorrido un poco menos exigente, aunque solo un poco, ya que Madrid tampoco puede presumir de que sus calles sean precisamente llanas.


Salud para todos/as.

domingo, 6 de marzo de 2011

MEDIA MARATON DEL CAMINO DE SANTIAGO










Fotos cortesía de Nacho (NÁJERA)y Lourdes.

Hace poco leí información sobre esta Media Maratón que se disputa entre las localidades Riojanas de Nájera y Santo Domingo de la Calzada y tras haber disfrutado del Camino de Santiago en cuatro ocasiones, me apetecía mucho tomar parte en ella y recorrer corriendo un tramo del Camino por el que en otras ocasiones lo hice como peregrino. Intenté convencer a mis amigos Javi y David quienes en dos ocasiones me han acompañado realizando el Camino de Santiago, pero esta vez no les cuadraba el tomar parte en esta Media Maratón. Al mismo tiempo se lo propuse a otro avezado peregrino como es mi cuñado Alejandro, y con él si tuve mas éxito, por lo que poco tardamos en realizar las inscripciones, todo ello sin ni siquiera haber mirado sobre plano el trazado real, ni lo que es mas importante aún, el perfil.

Pues bien, el sábado partimos las dos familias rumbo a La Rioja, en total cuatro adultos, tres niños y un adolescente, haciendo una paradita para desayunar en Burgos y aprovechar para visitar su majestuosa Catedral, de la que cuantas mas veces la visito mas me impresiona, así como para hacer acopio de unas buenas morcillas.

Llegamos a Santo Domingo de la Calzada sobre la una del mediodía y, tras registrarnos en el Parador Bernardo de Fresneda y dejar los bultos en las habitaciones nos dirigimos a tomar un aperitivo, dada la hora, e ir buscando un sitio para comer. Así lo hacemos y tras unos vinitos de Rioja en nuestros paladares y algunos voluminosos pinchos de tortilla en nuestros estómagos, nos dirigimos a comer al Restaurante Hidalgo, donde damos buena cuenta de unas patatas a La Riojana, regadas, como no puede ser de otra forma con mas vino.

Esta vez no hay necesidad de volver a conducir el resto del día, por lo que la ingesta de vino se hace de un modo menos sensato que en otras ocasiones, y es por ello por lo que a medida que las botellas se van vaciando, las risas aumentan. La tarde la pasamos entre risas y visitas a monumentos típicos de Santo Domingo. Así, no nos perdemos ni su gallo y su gallina, como tampoco la subida a la torre con sus ciento treinta y dos escalones, desde lo alto de la cual se puede observar gran parte de las tierras que rodean al pueblo, así como la nevada sierra de la Demanda al fondo.

Recogemos los dorsales y una estupenda bolsa del corredor, donde acompañando a la típica camiseta técnica y una generosa bolsa de galletas, no falta el característico vino de la tierra escoltado por una suculenta barrita de chorizo.

El resto de la tarde la pasamos entre pastelerías, panaderías, y demás comercios de la localidad, igualmente aprovechamos para disfrutar con el desfile de Carnaval que tiene lugar este día, y que va acompañado por una bulliciosa charanga. Luego vendría la cena, con pizza para los mas pequeños, y tras un breve rato de conversación entre los adultos nos iríamos cada uno a nuestras habitaciones, para disfrutar de las comodidades y la calma del Parador.

El domingo, día de la carrera, Alejandro y yo hemos quedado a las ocho, el resto de nuestra familias pueden quedarse plácidamente durmiendo ya que la salida no está prevista hasta las once y media de la mañana, y a esto hay que sumarle que la misma está situada a veintiún kilómetros del pueblo, por lo que como muy pronto hasta la una del medio día no apareceremos por meta.

Mi cuñado y yo desayunamos en la pastelería Isasi, unos cafés acompañados de unos buenos dulces y a continuación un autobús de la organización nos acerca a Nájera, donde llegamos con tiempo de sobra para dar una vuelta por las inmediaciones. Cerca de la hora de la salida nos despojamos del chándal y trotamos un poco por una preciosa rivera en la margen del río Najerilla, cuyas limpias aguas terminarán formando parte del río Ebro. El día es sencillamente espectacular, brilla un sol radiante en el cielo, no hay ni gota de aire, y la temperatura es perfecta para correr. A esto hay que sumarle que durante toda la prueba estamos viendo al fondo la Sierra de La Demanda que aparece ante nuestros ojos totalmente nevada y esto hace que, con el contraste del azul intenso del cielo y los campos que ya empiezan a reverdecer, resulten unas magníficas vitaminas para la vista.

Calentamos unos minutos por delante del arco de salida que está junto a la entrada de la imponente iglesia del monasterio de Santa María la Real, y comprobamos como la salida no nos va a dar tregua, es una subida temible y constante de casi un kilómetro de longitud. Ahora empiezo a recordar vagamente el trazado y me doy cuenta que va a resultar una carrera dura. Sobre el papel la organización ha dibujado un perfil exigente, pero viniendo de correr la Media Maratón de Fuencarral pensaba que ésta no podría ser mas dura, craso error.

A las once y media en punto da comienzo la prueba, estoy situado en segunda fila de salida, pero enseguida me adelantan alguna decena de corredores y por delante se van bastantes de ellos, yo prefiero subir con calma porque la primera cuesta ya es de las que te pone la “patata” a cien.

Tal y como imaginaba la primera cuesta termina siendo un cuestón, y en apenas setecientos metros de carrera ya voy con el corazón bastante acelerado, y todavía me quedan veinte kilómetros..... y pico.

Tras el paso por el primer repechón, empiezo a coger ritmo, por delante deben ir unos diez o doce corredores, el primero desde el comienzo va destacado e incrementando la distancia, luego un grupito de tres corredores mas y a partir de ahí pequeños grupos de dos o tres. Yo voy a lo mío, intentando marcarme un ritmo uniforme y mirando bien donde piso, no en vano vamos literalmente por el Camino de Santiago, o lo que es lo mismo, por caminos de tierra repletos de baches, charcos y en algún punto con algo de barro.

Hasta la localidad de Azofra, situada sobre el kilómetro cinco, mas o menos, el perfil es una sucesión de toboganes, con continuos sube y baja. Después del calentón inicial he conseguido serenarme un poco y así voy alcanzando a algún corredor y dando algún relevo en algún pequeño grupito donde me voy metiendo.

Al salir de Azofra voy en compañía de un corredor asturiano que lleva un buen paso y me va acercando a otros dos corredores mas que no van demasiado lejos, cuando noto que empieza a flojear un poco en el ritmo le sobrepaso, le relevo y marco yo el ritmo hasta que conseguimos enlazar con los de delante, primero con un corredor vasco y unos cientos metros mas adelante con otro corredor riojano. En este punto el atleta asturiano se ha descolgado, y acompañado únicamente por el joven corredor vasco afronto un tramo bastante embarrado entre los kilómetros seis y siete. No se puede decir que en este punto se corra mal, no es cierto, pero tampoco se puede correr con soltura ya que hay partes del camino que están totalmente anegadas por el agua y la fértil tierra roja de la zona es de la que se agarra a las zapatillas.

Desde el kilómetro siete hasta el diez, mas o menos, vuelve una sucesión de toboganes, y a partir del décimo, el perfil vuelve a picar hacia arriba, primero disimuladamente pero sin descanso y por último, a partir del doce lo hace de una manera descarada empinándose de una forma paulatina y cruel. La cuesta es de las que hacen daño de verdad. Al principio de la cuesta se ha quedado mi compañero vasco de viaje hasta el momento, a mitad de ella rebaso a un corredor que se ha descolgado del grupo donde iban situados los puestos de podium, y al final de ella soy yo el que se ve rebasado por un buen corredor calvito y con camiseta azul.

Buff, llevo el corazón otra vez a tope, por el perfil me esperaba una buena cuesta, pero no pensaba que fuese tan dura, y eso que se supone que debía conocerla, pero en mis cuatro pasos anteriores como peregrino seguro iba disfrutando del paisaje y no en competición. Al coronar la cuesta llevo un ritmo, lento, lento, me tomo una decena de metros para recuperarme y trato de volver a correr algo mas alegre. En este punto me llevo una grata sorpresa y es que viniendo desde atrás me rebasa Ander, conocido en el foro de www.carreraspopulares.com como “Gandalfin”, un extraordinario corredor a quien ya tuve el placer de conocer en la Maratón de Sevilla. Lleva mejor ritmo que yo y aunque intento pegarme a él para irme hacia delante no lo consigo. Me saca una decena de metros y cada vez el hueco es mayor, pero mi ritmo ha quedado tocado después de la larga cuesta y necesito calmarme un poco y bajar las pulsaciones para volver a sentirme con fuerzas.

Gracias a la amplitud del fabuloso paisaje se puede ver con toda nitidez como va la carrera por delante. Al primero hace rato ya que ni le vemos, en cambio si se puede apreciar donde va colocado el segundo clasificado, un corredor muy joven marroquí, así como el tercero que le sigue a una gran distancia. Luego el quinto y sexto ya van algo mas cerca de nosotros y tras ellos vamos el corredor calvito que me pasó en la cuesta, Ander y yo. De vez en cuando adelantamos a algunos sorprendidos peregrinos, que mochila a cuestas y bastón en mano les va a tocar soportar que en la mañana de hoy les adelanten unas centenas de esforzados corredores.

Aunque pudiese parecer lo contrario, la carrera no se hace larga, debido en gran medida a la fuerza del paisaje que atravesamos con la montañas nevadas al fondo que sirven como distracción, así como por los aplausos que recibimos en algunos de los cruces del camino, y sobre todo por el calor de la gente al atravesar alguna de las pocas localidades por las que discurre el recorrido.

Debemos andar por el kilómetro quince mas o menos y el perfil vuelve a ser sube y baja, no hay manera de coger ritmo, pasamos algún pueblecito mas y en otro de los tramos de toboganes compruebo que Ander de repente se para. Parece que le ha dado un tirón ya que enseguida se hecha mano a su pie derecho, pero no, menos mal, por suerte lo único que le pasa es que se le ha desabrochado la zapatilla. Esto me permite llegar hasta su posición y mi intención es seguir lo que queda los dos juntos, pero me dice que no le espere, que siga hacia delante y así lo hago. En las subidas intento esperarle pero de nuevo me indica que tire para adelante, que a él se le dan bien las bajadas y es ahí donde recuperará. Efectivamente cuando ya tenemos a la vista Santo Domingo de la Calzada, y tras una laaaaaarga bajada, Ander me alcanza y marcando un ritmo bueno me va dejando atrás cuando apenas restan ya un par de kilómetros para llegar.

Pasamos el kilómetro diecinueve en las proximidades del pueblo y ahora ya el perfil es completamente llano, como la palma de la mano, además que abandonamos la tierra, el barro y las piedras por las que hemos venido transitando gran parte de la carrera para finalizar por un mas cómodo asfalto. Las distancias se siguen manteniendo y ahora en el asfalto y con perfil llano me vuelvo a encontrar mas cómodo. Yo no estoy acostumbrado a correr por caminos, y las cuestas, a mis cuarenta y tantos años ya se me van atragantando, así que agradezco enormemente que estos dos últimos kilómetros sean llanos y por asfalto. Esto me permite recuperar gran parte del terreno perdido con Ander y pasado el kilómetro veinte ya en la entrada de Santo Domingo de la Calzada vuelvo a pegarme a él.

Ahora el asfalto para a ser adoquinado de piedra, que aunque duro para las articulaciones yo casi ahora lo prefiero ya a la tierra y las piedras. Nos quedan apenas unos cientos de metros e inmersos ya en las calles del pueblo decido cambiar el ritmo y animar a Ander para que me siga, pero parece que no va a ser así y me voy solo hacia delante, he vuelto a coger aire y me noto con fuerzas para llegar mas rápido a una meta que se encuentra en la plaza del Ayuntamiento y que nos da la bienvenida a la última recta con un giro de noventa grados que me hace perder toda la velocidad que traía en los últimos metros. De todas formas poco importa ya, puesto que ni voy a ganar ninguna posición ni tampoco la marca va a ser buena, no obstante pararé el crono en una hora veintiún minutos y doce segundos, es decir, seis minutos mas que en la pasada media maratón de Fuencarral, que en la que siendo el perfil muy exigente también, conseguí no superar la hora dieciseis minutos.

Mi familia me está esperando en la llegada y tras recoger la bolsa con la ropa que entregué en la salida me reúno con ellos y esperamos la llegada de mi cuñado que lo hará un poquito mas tarde. Nunca agradeceré lo suficiente a mi mujer Lourdes y a mis hijos el modo en el que me animan y la fuerza y los ánimos que me transmiten en las carreras, gracias, gracias y gracias.

Una vez todos juntos disfrutamos de unas estupendas migas con las que nos obsequia la admirable organización, así como también de unas copas de vino, esta vez en poca cantidad debido a que tenemos que conducir en el viaje de vuelta. El ambiente es fabuloso, el día radiante, los niños se lo están pasando genial y los mayores disfrutamos este momento como uno de esos que dan sentido a la vida. Un buen día, una buena carrera, unas buenas migas, un buen vino, rodeados de seres queridos ¿qué mas se puede pedir?. Pues todavía el momento se volvería sobresaliente al enterarme que me he clasificado en la primera posición de veteranos, por lo que subo al podium a recoger un bonito trofeo y una estupenda botella de litro y medio de un fantástico vino reserva de rioja.

Ahora si ha llegado el momento de volver a casa, por lo que con la sonrisa dibujada en nuestros rostros, esa sonrisa que deja un fabuloso fin de semana, retornamos a Madrid, haciendo una parada para comer en el kilómetro ciento setenta y uno, donde a nuestro lado toma café nada mas y nada menos que uno de mis ídolos de la junventud, que no es otro que Rosendo Mercado, el popular cantante de Leño, el que fuera uno de los grupos con mas fama en los años ochenta.

Han sido un par de días intensos que me dejan con ganas de volver al año que viene, ya se verá, desde luego como carrera es una carrera dura pero eso lo compensa, y con creces, su buena organización y el entorno por el que discurre.

Quiero finalizar dando las gracias a la organización por su labor, asi como también a Nacho de Nájera, por sus ánimos antes y durante la carrera, ásí como por sus buenas fotografías que nos permiten tener un buen recuerdo de la prueba.

Mucha salud para todos/as.

lunes, 14 de febrero de 2011

MEDIA MARATON FUENCARRAL, el 13 día 13.




(Fotos cortesía de Klass y Pytu).

La semana anterior a la carrera me he sentido un poco temeroso con respecto a la misma, debido sobre todo a los comentarios que sobre ella me iban llegando relativos a su dureza, a sus cuestas y a su perfil considerado uno de los mas duros de las Medias Maratones del calendario nacional. Esto me hacía, como no podía ser de otra forma sentirme un poco medroso a la hora de afrontarla. Bien es cierto que la norma que impera en mi cerebro desde hace meses, y la que espero se perpetúe durante mucho tiempo, es la de seguir disfrutando del atletismo durante años y con las menos lesiones posibles, y para ello soy consciente que he de volverme mas conservador en cuanto a ritmos y reciclarme de alguna manera para adaptarme progresivamente a cambiar velocidad por resistencia, y en esas andamos.

La mañana de domingo se presenta fresquita y sin la lluvia que durante la semana se venía anunciando, un poquito de aire pero nada destacable en cuanto a lo climatológico, parece que de nuevo vamos a tener unas buenas condiciones meteorológicas para disfrutar de la carrera.

Llegamos mi cuñado Alejandro y yo, a la Instalación Deportiva Municipal Santa Ana, es decir, “El Polideportivo”, con bastante tiempo de adelanto sobre las nueve y media que es la hora prevista para la salida. En esta ocasión no hay que recoger el chip, ya que éste va incorporado en la parte posterior del dorsal, por lo que al tener bastante tiempo de sobra nos damos un paseo por los alrededores para ir despertando un poco al cuerpo. En esta ocasión correrán también, a parte de mi cuñado Alejandro, nuestros amigos Javi, Enrique, Antonio, y Bienve, con quienes hemos quedado en las proximidades del arco de salida.

Al aproximarse las nueve de la mañana dejamos los chandals en el coche y nos dirigimos a la zona de salida para encontrarnos con ellos, a quienes localizamos rápidamente y con quienes deberíamos empezar el calentamiento. Este brilla por su ausencia, ya que fundamentalmente nos dedicamos a charlar y a contarnos batallitas animadamente y cuando queremos empezar a calentar resulta que ya la gente va tomando posiciones bajo el arco de salida. Son aproximadamente las nueve y veinte minutos y junto a Bienve me sitúo en primerísima línea de salida, mi cuñado y demás acompañantes están un par de filas por detrás nuestra. A nuestro lado se sitúan primeros espadas como Jose Félix Ortiz, ocho veces campeón de esta Media Maratón, así como otros corredores populares de primer orden.

Con precisión británica, y marcada por un pistoletazo que se produce a nuestra izquierda, a las nueve y media en punto comienza la carrera. En apenas veinte metros de recorrido y debido al ímpetu con el que han salido los primeros corredores, he pasado de estar en la primera fila de la competición a ocupar un puesto bastante mas retrasado en la misma. Yo no soy un corredor explosivo, sino mas bien diesel, y me cuesta algunos kilómetros el empezar a correr con soltura, por lo que mi forma de correr no me permite salir rápido, literalmente me dejaría fundido en los primeros kilómetros. Debido a esto durante el primer y segundo kilómetro me adelantan algunos atletas. A lo lejos, y gracias a la buena visibilidad que permite la anchura de la calle del Cardenal Herrera Oria por la que transita la carrera, puedo ver al grupo formado por los primeros corredores y del que ya me separan unos cientos de metros.

Los primeros kilómetros hasta el cuatro los voy completando de una manera, se podría decir, llevadera. Su perfil, aunque con alguna cuesta corta hacia arriba, es favorable en su conjunto, y con el paso de los kilómetros voy entrando en calor, se nota que no he calentado como es debido ya que me está costando mas de lo normal el pescar ritmo y una velocidad de crucero. Aun así, voy sobrepasando a alguno de los corredores que con tanto ímpetu me adelantaron en los dos primeros kilómetros.

A partir del cuarto kilómetro comienza una descarada bajada en la que hay que sujetar un poco las piernas ya que el cuerpo tiende a irse hacia adelante, me uno a un par de corredores que me precedían y formamos un terceto hasta el comienzo del kilómetro cinco, donde a sus inicios somos recibidos con un corto repecho que hace disgregarse un poco al trío.

Desde este punto pasado el quinto kilómetro, hasta prácticamente el ocho y, salvo una pequeña pero incómoda cuesta antes del siete que atraviesa el anillo ciclista, el trazado de la carrera es en una continua y empinada bajada buscando el lecho del río Manzanares. Son muchos metros bajando y el impacto contra el asfalto se hace mas severo de lo normal, lo voy notando en la planta de los pies que las noto recalentadas, como así también en la punta de los dedos del pie que, al ir todo el rato hacia adelante, empiezan a hacer tope con la puntera de la zapatilla, con el consiguiente riesgo de rozaduras o ampollas. Intento modificar la pisada para evitar estos inconvenientes, y a la vez sujetarme un poco y frenar el ritmo ya que bajo demasiado acelerado y esto a buen seguro será un lastre para afrontar posteriormente las largas cuestas que esperan por delante.

No estoy acostumbrado a correr durante tantos kilómetros seguidos por bajadas tan pronunciadas por lo que también mis cuádriceps empiezan a quejarse. El trío de corredores se ha roto hace rato ya y ahora estoy intentando recortar distancia con un par de corredores que me preceden.

Ahora estoy corriendo ya por la carretera de Fuencarral al Pardo, coloquialmente conocida como la carretera de La Playa, y durante cuatro kilómetros acompaño al río Manzanares por su discurrir en este tramo, por lo que el perfil en este espacio me da un respiro al ser casi completamente llano, salvo algunos pequeños desniveles. A mi izquierda puedo observar un campo de Golf, instalaciones deportivas así como un picadero de caballos, es un tramo bonito rodeado de pinos y naturaleza donde se hace agradable el correr si no fuese por el esfuerzo de estar disputando una Media Maratón. He rebasado a otro corredor y me he emparejado con un buen veterano con quien a relevos vamos dando caza a algún otro que se va quedando rezagado de las posiciones delanteras.

En el kilómetro doce pasamos por la puerta de un cuartel y al fondo ya se divisa un giro hacia la derecha, que si hacemos caso al plano del recorrido se trata del giro que da inicio a la temida cuesta que hace famosa a esta media Maratón. Efectivamente, con exactitud milimétrica, en cuanto completamos el citado giro la carretera se eriza hacia el cielo pareciendo buscar una salida entre el muro que nos separa del cuartel a nuestra derecha y los numerosos árboles que nos flanquean a la izquierda. Para añadirle un poco mas de dificultad a la empinada cuesta, el asfalto está parcialmente mojado, con ese punto de rocío que me hace sentir en la pisada una sensación de inestabilidad y de falta de agarre bastante notable, sumado a que ahora parece entrar un poco de cara el aire que poco a poco va arreciando cada vez mas. He llegado al punto crítico de la carrera.

Hasta el kilómetro dieciséis la cuesta solo nos otorga un pequeñísimo respiro antes de completar el catorce, por lo que en todo su tramo voy haciendo la goma con el corredor que en este momento me acompaña. A veces se escapa unos metros por delante, otras veces le recorto, le sobrepaso y quien saca unos metros de diferencia soy yo. Esta situación se convertirá en una constante durante la interminable cuesta, en la que por otro lado hay tramos en los que los músculos cuádriceps me arden de tal forma que parecen quemar, sinceramente la cuesta es dura de verdad y me hace ralentizar mucho el ritmo, incluso hay tramos en los que me da la sensación de no poder superarlos, llevo la respiración muy forzada y el esfuerzo que estoy haciendo es muy exigente y continuado. A lo lejos vemos que nos vamos acercando a un pequeño grupito de corredores que iban en cabeza de la prueba pero es simplemente un espejismo ya que será literalmente imposible el poder llegar hasta ellos, bastante tengo ya con superar la cuesta como para pensar en nada más.

Superado, por fin, el kilómetro dieciséis, encaramos la Avenida Monasterio de Silos, en la que tras unos escasos metros para recuperar el resuello, incremento el ritmo por ser en descarada bajada. En este punto me quedo solo ya que el compañero con el que he subido a ratos la cuesta se queda definitivamente descolgado. He recuperado la respiración y las piernas vuelven a recuperar su nombre, me impongo un ritmo bastante alegre y esto me hace recortar mucho la distancia con otro corredor que va por delante, llegando incluso a superarle a mitad de la bajada que termina pasado el kilómetro dieciocho.

Muy a lo lejos distinto a tres o cuatro corredores, entre los que me parece reconocer al bueno de Jose Félix Ortiz, en la bajada he debido recortarles algo de tiempo pero en seguida el perfil vuelve a picar hacia arriba y yo en este punto ya solo conservo fuerzas para llegar a meta, sin mas florituras.

Estos tres kilómetros finales se me hacen interminables, picando continuamente hacia arriba por una calle ancha y solitaria y en la que apenas hay gente animando, salvo algunos fumadores que cumpliendo su particular castigo salen a la puerta de los bares y aprovechan para ver el paso de la carrera.

Tras un par de rotondas donde hay algo mas de gente alentando y donde choco la palma de mis manos con algunos niños y devuelvo los aplausos a la gente que de esa manera me anima, supero el último escollo en forma de cuesta y a ritmo cansino termino la prueba tras completar una vuelta a la pista de atletismo de la misma instalación deportiva donde dio comienzo la prueba hace una hora y diecisiete minutos.

He llegado muy cansado tras comprobar en mis carnes que efectivamente se trata una de las Medias Maratones mas duras de las que he corrido. Recojo la atenciones que nos ofrece la organización en forma de camiseta técnica, bebidas, frutos secos, fruta, etc.. y espero la llegada de mi cuñado y amigos.

Mientras espero, anuncian por megafonía que en una de las porterías se están “colgando” las clasificaciones por lo que me acerco a ver que puesto he realizado. En un primer vistazo me sorprende el no verme en la clasificación y lo primero que pasa por mi cabeza es que este novedoso chip que llevamos incorporado al dorsal no ha funcionado, pero tras una segunda inspección compruebo que en el puesto trece aparecen los datos de mi amigo Javi y ya me queda claro. En algún momento entre en el que hice las inscripciones y en el que nos hemos puesto el dorsal, hemos debido intercambiarlo por error, y como quiera que en los datos del chip no aparece el nombre, no nos hemos dado ni cuenta y hemos corrido con los dorsales cambiados. Bueno, esto queda simplemente como anécdota.

Al final efectivamente el puesto ha sido el treceavo en la general y el tercero en veteranos, la marca, aunque es lo de menos, ha sido bastante discreta, aunque buena teniendo en cuenta el perfil, de media han salido los kilómetros a tres cuarenta mas o menos.

Esperamos a una rápida entrega de trofeos donde subo al podium como tercer clasificado veterano y acompañando a todo un campeón como es Mircea Mariam Sacara, quien además ha sido el vencedor absoluto de la prueba.

Con el cansancio en las piernas, la compañía de mi cuñado y amigos nos vamos para casa a disfrutar de lo que queda de domingo sin olvidar el obligado aperitivo acompañado de unas cañitas fresquitas. Volvemos con la sensación de haber completado una carrera mas y con las ganas de afrontar ya la siguiente, de la que si todo va bien será la Media Maratón del Camino de Santiago, el día seis de marzo en tierras Riojanas. Pero para eso todavía queda mucho.


Salud para todos y todas.
Alex.