miércoles, 4 de enero de 2012

SAN SILVESTRE VICALVAREÑA 31/12/2011


















Un año mas he tomado parte en esta San Silvestre Vicalvareña, últimamente intento apartarme de carreras masificadas y, sobre todo, de aquellas en las que después del fiasco que ha supuesto el intento de instauración del carnet del corredor, los vampiros de la federación de atletismo se hallan sacado de la manga el "peaje" en forma de 3 euros a abonar en todas las carreras que forman parte de su calendario.


Por la mañana me acerqué hasta la localidad madrileña de Vicálvaro acompañado de mis hijos, mi mujer, hermana, cuñados y sobrinos. En la carrera participaré junto con mis dos cuñados y nos hemos rodeado de buenos animadores, quien mejor que la propia familia.

Antes de la carrera principal, la organización ha previsto la celebración de otras pruebas infantiles por lo que disfrutamos de ellas, e incluso alguno de los mas pequeños se anima a tomar parte en alguna. La mañana, aunque fresquita, es muy soleada y sin nada de viento, por lo que anima a correr. Muchas caras conocidas, así saludo a corredores a los que hacía tiempo que no veía (Landes, Duquito, Carlos, Vicalvarock, etc..) y hace especial ilusión encontrar de nuevo en una prueba deportiva.

Caliento con mis dos cuñados durante algunos minutos antes de la salida y rápidamente tomamos posiciones dentro del grupo de corredores que disputaremos la prueba, que dá comienzo con bastante puntualidad cuando faltan quince minutos para el medio día.



En los primeros metros mi cuñado Alejandro se pega a mi estela y riéndose (como suele ser costumbre en él) me indica que va a ir conmigo durante la carrera, yo sé que es una de sus bromas ya que enseguida baja el ritmo y se va quedando poco a poco mas atrás. He salido casi en la primera fila de corredores, por lo que mi posición es privilegiada en los primeros metros y puedo correr muy a gusto y salvo algún pequeño roce por los nervios de la salida, podría decirse que sin complicaciones, esto hace que el primer kilómetro lo pase en tres minutos, quince segundos, me encuentro cómodo y mantendré este ritmo todo lo que pueda. Voy en un pequeño grupito de unos cinco o seis corredores y por delante no mas de otros cinco. El segundo kilómetro lo hago también a ritmo sostenido de unos tres quince, pero enseguida y, tal y como me temía, mi pésimo estado de forma actual me hace volver a la realidad en forma de bajón repentino. Esto hace que apenas llegados al tercer kilómetro ya respire con dificultad y baje notablemente el ritmo, por lo que empiezan los adelantamientos en los que desafortunadamente el adelantado soy yo.



El perfil de la prueba es bastante llano si exceptuamos una pequeña cuesta que debemos subir en dos ocasiones, antes de llegar a ella ya he bajado notablemente el ritmo y aún así noto que me fatigo demasiado, llevo altas las pulsaciones y muy forzada la respiración. Con todo y con ello tampoco son tantos los corredores que me adelantan, pero soy incapaz de seguir a ninguno de ellos. En la cuesta consigo recuperarme un poco y doy alcance a un par de corredores que han sido los últimos en adelantarme, pero se trata de un mero espejismo ya que cuando el perfil vuelve a ser llano soy incapaz de mantener un ritmo vivo y soy de nuevo rebasado.



Recibos los ánimos de mi familia y choco la palma de las manos con los mas pequeños, ya he completado la primera vuelta y ahora queda toda la segunda. Debo andar sobre el puesto décimo quinto, mas o menos, por lo que me canta algún aficionado a pie de carretera.



La segunda vuelta es una copia de la primera, sin fuerzas, fatigado, con la respiración acelerada y las pulsaciones muy altas. Soy consciente de mis limitaciones actuales así que no me queda otra que bajar otra marcha e intentar llegar a meta lo mas entero posible y sin esfuerzos inútiles que me puedan pasar factura. Así paso los kilómetros cinco y seis, siendo todavía adelantado por algún corredor mas y en la segunda subida de la cuesta empiezo a encontrarme a los últimos corredores de la carrera, yendo doblándolos progresivamente. Superada la cuesta queda poco mas de un kilómetro para meta, y donde en otras ocasiones cambiaría el ritmo para darlo todo hasta la linea de llegada, ahora toca simplemente mantener el tipo y llegar.



Entro en las pistas deportivas del polideportivo vicalvareño arropado por los ánimos y aplausos que me dedica la familia desde las gradas y completo los ocho kilómetros y medio en un tiempo de veintiocho minutos y veinticinco segundos, siendo el décimo octavo clasificado en la general y el octavo en la categoría de veteranos, dándome con un canto en los dientes con este resultado.



Recojo la bolsa del corredor y me dirijo a las gradas donde recibo el calor de los míos y donde espero la llegada del primero de mis cuñados que completa la prueba en unos excelentes treinta y dos minutos, un fenomenal resultado que demuestra su magnífico estado de forma actual. Poco después llegaría Pablo, el segundo de mis cuñados que con una mano agarrándose un costado denota un molesto flato que no le ha dejado correr como hubiese querido.



Una vez todos juntos dedicaríamos el resto de la mañana a tomar buenas y abundantes cervezas y tapas de todos los gustos y sabores, situación en la que animados por las cervecitas se nos fué un poco de las manos ya que no abandonamos Vicálvaro hasta casi las seis de la tarde, y eso porque teníamos que ir a casa a preparar la cena de Nochevieja porque todavía se podría haber alargado mas el último aperitivo del año.



Mucha salud para todos y Feliz año 2012


Alex.

lunes, 2 de enero de 2012

CROSS DE PATONES 17/12/11






El pasado 17 de Diciembre del ya pasado año 2011, e invitado por el club de montaña Pedrezuela, asistí por primera vez a la IV edición del Cross del pueblo madrileño de Patones, cross que se compone de casi trece kiómetros bastante favorables en su conjunto a excepción de una larga cuesta que discurre entre los kilómetros cuarto y sexto, y en la que no existe ni un solo metro de descanso.

Antes de comenzar la carrera estuve charlando durante un rato con Juan Agus, presidente del citado club a quien conocí en la pasada Carrera Cerro de la Marmota, y quien muy amablemente me ha equipado con ropa deportiva del club, así que correré con ella en las distintas pruebas en las que participe, así como también con otro componente del club que resultó ser tocayo mío y a quien conocí en ese momento, muy buena gente ambos.

La mañana se presentó bastante fresquita aunque no fría, y aunque actualmente estoy bastante lejos de mi mejor estado de forma debido sobre todo a que según el resultado de una última analítica tengo muy bajo el nivel de hematocritos, así como la hemoglobina, decidí colocarme en las primeras posiciones en la zona de salida.

Por allí pude saludar a algunas caras conocidas y amigos, y también conocer gente nueva.

La salida fue bastante puntual, y desde el primer metro ya se destacó un fenomenal corredor como es Cuadrillero, que a la postre sería el ganador con un margen holgado sobre el segundo clasificado. Todavía durante el primer kilómetro le aguantaríamos un poco el tirón, y así lo completamos en un tiempo de tres minutos y once segundos, a partir de aquí ya Cuadrillero se marchó en solitario, así como poco después lo hizo igualmente el segundo atleta en llegar a la linea de meta.

Durante el segundo y tercer kilómetro ocupé la tercera plaza, completando estos kilómetros a ritmo de tres minutos veinte segundos, tercera plaza que cedería nada mas comenzar el cuarto kilómetro y con él la que se me hizo interminable subida hasta el sexto. SE nota que no estoy acostumbrado a los crosses y mis entrenamientos nunca han ido encauzados en ese sentido, es por ello por lo que creo se debió el tremendo bajón que sufrí durante esos dos kilómetros y en los que llegué a ocupar hasta la octava posición al ser rebasado por varios corredores. Ultimamente me canso mas de lo habitual, y cuando llevo algunos kilómetros recorridos noto una falta de rendimiento considerable, hasta ahora no sabía el motivo, pero después de haber recibido la analítica que antes cité y comprobar los niveles tan ínfimos de hematocritos ya me resulta mas comprensible, espero ahora que ya conozco la causa del problema que éste dure poco y pueda pronto volver a correr con normalidad y sin cansarme tanto.

El caso es que superado el sexto kilómetro el perfil del cross se torna mucho mas favorable y discurre por buenas pistas donde hago valer mi ventaja en ese terreno y empiezo a acercarme a los corredores que me adelantaron en la subida.

Entre los kilómetros séptimo y octavo doy caza a alguno de estos corredores y llego a colocarme en sexta posición y muy cerca de otros dos atletas a los que no veo complicado el llegar a superar. Sigo avanzando con buena zancada y recortando metro a metro a los que me preceden. Se hace muy agradable correr rodeado de naturaleza y aunque se trata de un cross y siempre hay que estar muy atento de donde se ponen los pies, éste en concreto no resulta muy técnico ni complicado, ya que la mayoría del recorrid, si exeptuamos alguna pedregosa bajada, discurre por buenas pistas de tierra.

Cerca del décimo kilómetro ya he dado alcance a los dos corredores que me preceden y tras algunos metros a su regazo decido que ha llegado el momento de atacar e intentar llegar hasta el corredor que ocupa el tercer lugar y al que puedo ver a lo lejos cuando el camino se abre. Así, rebaso a los dos corredores para ocupar la cuarta posición y con el ánimo de llegar hasta el tercero, aunque lo veo bastante difícil ya que la distancia que nos separa, aunque no es insalvable, si es cierto que es bastante grande.

Pasado el kilómetro once decido que voy a cambiar el ritmo para intentar irme hacia adelante, pero una cosa es lo que yo pienso y otra cosa es lo que mi cuerpo en este momento responde, y lo que responde sencillamente es que no me lo va a permitir. Noto que me llega otro bajón, respiro muy aceleradamente y me cuesta mucho simplemente mantener el ritmo que ya traigo, por lo que me tengo que conformar con llegar a meta defendiendo ese cuarto puesto, y así lo hago. Llego a meta totalmente fundido, y demasiado cansado para haber completado tan solo casi trece kilómetros, además sudando mucho, cuando yo soy un corredor que precisamente no suelo sudar demasiado, pero cuando el cuerpo no responde hay que saber aceptarlo.

Espero la llegada de Juan Agus, y del recién conocido Alejandro y juntos comentamos durante algunos minutos la carrera y esperamos a que de comienzo la barbacoa con la que nos obsequia la organización, barbacoa a la que al final no me quedé ya que se me hacía tarde para poder cumplir con otros compromisos familiares.

Al final una carrera mas completada, y con unas sensaciones agridulces, contento por haberla terminado pero un poco decepcionado al comprobar que en otro estado de forma a buen seguro hubiera podido luchar por la tercera posición y quien sabe si haberla conseguido, yo creo que sí.

Salud para todos/as.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

CARRERA MONTAÑA CERRO MARMOTA 25 K.






Después de varios meses sin competir y de hacer un pelín el vago este fin de semana he vuelto a colocarme un dorsal en el pecho. Ha sido con motivo de la celebración de la primera edición de la Carrera Cerro de la Marmota, en el pueblo de Colmenar Viejo en Madrid. Se trata de una carrera de montaña de una longitud de 25 kilómetros y con un perfil bastante exigente al estar repleta de continuas subidas y bajadas, así como también atravesando hasta en ocho ocasiones el arroyo de la Tejada, por lo que no hay mas remedio que remojarse bien los pies.

Llegamos pronto a Colmenar y aparcamos el coche en un parking habilitado por la organización justo al lado del Camino de Santiago en su versión Madrileña y mas concretamente a los pies de una ermita frente a cuya entrada se sitúa el mojón que señala la distancia que resta hasta la Catedral de Santiago, 692 km. sitio de especial recuerdo ya que, hace no muchos años, recorrí ese camino en bicicleta en compañía de unos amigos por lo que conservo alguna fotografía realizada precisamente en ese punto exacto.

La prueba comenzaba a las diez de la mañana por lo que a eso de las ocho y media ya estaba, acompañado como casi siempre por mi cuñado, en el polideportivo Lorenzo Rico recogiendo dorsal y chip. Enseguida recogemos los dorsales, junto con una bolsa con fruta, galletas, bebidas y una camiseta bastante chula, y nos vamos a ver la salida de la marcha que se celebra conjuntamente con la carrera y cuya salida se da una hora antes, a las nueve.

Observamos la gran cantidad de gente que toma parte en la marcha, que recorre idéntico recorrido que la carrera y para la que la organización otorga un tiempo de cinco horas para su realización, siendo la salida a las nueve de la mañana y el cierre de control a las dos de la tarde. Nos llama la atención la gran acogida que ha tenido esta iniciativa, a tenor de los numerosos participantes en esta caminata y de las mas dispares edades, está claro que la gente está cada vez mas concienciada que el deporte es salud y responden fantásticamente a este tipo de eventos.

Después de animar a los participantes en la marcha nos vamos nuevamente hacia el lugar donde hemos dejado aparcado el coche para dejar las bolsas, colocarnos los dorsales y calentar un poco antes de la salida. El chip que nos ha proporcionado la organización es distinto al que normalmente estamos acostumbrados, lleva una goma a su alrededor y nos cuesta algo de trabajo el acoplarlo a nuestras zapatillas, de hecho yo directamente le quito la goma. Después de calentar un poquito, ya que la mañana está realmente fresca, nos vamos para la zona de salida donde en ese momento y por los altavoces están indicando precisamente que el chip debe colocarse en la muñeca para poder hacer rápidos los distintos controles de paso además de por que la carrera atraviesa en siete ocasiones el arroyo de la Tejeda y no es recomendable llevarlo en los pies. Ahora nos explicamos el porqué de la gomita del chip y la dificultad que nos ha supuesto acoplarlo, pues nada, nos los quitamos de los pies y en mi caso al haberle quitado la goma a modo de pulsera que servía para sujetarlo a la muñeca no me queda mas remedio que llevarlo en la mano.

Instantes antes de la salida nos encontramos con dos compañeros de trabajo de mi cuñado Alejandro y conversamos durante los minutos previos a la salida, hasta que a las diez en punto comenzamos la prueba desde las entrañas del polideportivo, e iniciando las primeras zancadas sobre el césped artificial de su campo de fútbol. Hace una mañana estupenda para correr, aunque la temperatura es fría (apenas 2º centígrados) hace solecito y seguramente la temperatura irá subiendo en breve, temo haberme abrigado en exceso ya que he optado por unas mallas en lugar del tradicional pantalón corto, así como pañuelo al cuello y guantes.

La gente ha salido disparada y noto la falta de competición en estos meses, ya que tenía olvidada la sensación de estar rodeado por todas partes por corredores intentando hacerse un hueco a toda costa. Salimos del polideportivo tras dar una vuelta completa al campo de fútbol y, después de aproximadamente un kilómetro pateando un carril bici, dejamos atrás Colmenar Viejo para empezar a tomar contacto con los caminos que serán una constante durante toda la prueba. Ha sido un primer kilómetro, yo diría continuamente picando hacia arriba, suavemente pero hacia arriba, durante el mismo he intentado ir calentando poco a poco y he ido progresivamente adelantando a muchos corredores que salieron por delante de mi, el crono me marca un tiempo para estos primeros mil metros de cuatro minutos y veinte segundos.

Pasado el primer kilómetro adelanto a la fenomenal corredora de montaña y corredora de pruebas de ultra-fondo, Nerea Martínez (1ª Cavalls del vent , 1ª Transvulcania, 1ª Cruza Tenerife,1ª Ehun milak, 2ª UTMB, 2ª Transgrancanaria), y sigo progresando dentro del pelotón y adelantando a mas corredores. El segundo kilómetro ya lo consigo completar mas rápidamente y esto, unido a que cada vez se abren mas huecos entre los atletas para poder correr, hace que siga remontando muchos puestos. A partir del segundo kilómetro el perfil se vuelve descaradamente favorable, ya que tenemos por delante prácticamente ocho kilómetros en constante bajada. Aunque lejos de parecer que fuese un tramo fácil, nada mas lejos de la realidad, puesto que si bien el desnivel favorece el correr rápido, no es menos cierto que el estado del terreno, en algunos lugares repleto de surcos por los que recientemente ha discurrido el agua de las últimas lluvias, y sobre todo el paso hasta en ocho ocasiones del arroyo de la Tejada hacen que este tramo resulte ciertamente “entretenido”.
Del kilómetro segundo al tercero avanzo muchas posiciones, voy corriendo a gusto y con unas sensaciones que hacía tiempo no tenía, adelanto a grupos enteros de corredores y voy realmente rápido consiguiendo salvar este kilómetro en un crono de tres minutos y apenas cinco segundos. Tengo que tener mucho cuidado de donde poso los pies, ya que en algunos tramos hay surcos que atraviesan el camino, así como ondulaciones y baches que salpican el recorrido, además, y al llevar por delante a todos los participantes de la marcha, quienes en algunos casos ocupan todo el ancho del camino, tengo que tener especial cuidado al adelantarlos para no provocar ningún “percance”, no obstante se agradecen mucho los ánimos que recibo de muchos de ellos.
En el primer encuentro con el arroyo de la Tejada, y al no estar acostumbrado a carreras de montaña, me freno prácticamente en seco y lo cruzo por encima de unos postes que lo atraviesan de lado a lado, he perdido escasos segundos en la maniobra pero sigo manteniendo así secos mis pies. Van pasando los kilómetros y voy adelantando a corredores que compiten ya en solitario, ya no adelanto a grupos sino a atletas sueltos y en alguna recta todavía veo a los corredores de cabeza, sin saber a ciencia cierta el puesto que ocupo en este momento ya que al ir los participantes de la marcha por delante es imposible distinguir entre tantas cabezas quienes corren, y quienes andan, de todos modos creo que debo estar y dentro de los diez primeros.
La segunda vez que tengo que atravesar el arroyo me encuentro un poco de atasco formado por los “marchadores” y, como no me apetece nada mojarme los pies (el cauce del arroyo debe cubrir algo mas arriba de los tobillos y tiene cerca de tres o cuatro metros de ancho) espero unos segunditos a que me toque el turno de cruzarlo por encima de los postes de hormigón. Mientras espero me adelantan un par de corredores que atraviesan en arroyo corriendo por su cauce, deben terminar con los pies empapados porque por mucho que se alargue la zancada nadie les libra de tener que introducirlos al menos un par de veces. Una vez cruzado el arroyo vuelvo a correr rápido y en seguida doy alcance a los corredores que me adelantaron mientras esperaba turno para cruzar. Los kilómetros pasan rápido ya que voy muy entretenido recibiendo ánimos, mirando donde piso, absorto en el paisaje que nos rodea y disfrutando de la naturaleza, así llego nuevamente al encuentro del arroyo que una vez mas pone agua de por medio en la ruta. Ésta vez el atasco de gente para poder cruzarlo sin mojarme es considerable y según me acerco pienso que, si quiero mantener mi posición en carrera y no ser adelantado de nuevo, no me queda mas remedio que mojarme los pies. Así lo hago y atravieso el cauce con dos o tres zancadas largas, intentando que el contacto con el agua sea el menor posible, aunque es inevitable salir con los pies calados hasta mas arriba del tobillo, mi sorpresa llega al comprobar que la sensación de los pies mojados no me molesta demasiado, ya que temía que con los kilómetros que quedan por delante, unido al frío de la mañana, el agua me pudiese pasar factura, pero lejos de la impresión inicial de sentir el agua helada, bien es verdad que sigo corriendo igual que antes sin ningún tipo de molestia. De aquí en adelante todos los cruces que restan por atravesar los haré ya chapoteando por encima del arroyo.
Tras unos kilómetros rapidillos me planto en el décimo con un crono de algo mas de treinta y cinco minutos, me paro unos segundos para beber tranquilamente un vaso de agua que me ofrece la organización y sigo hacia delante, ahora ya con un tramo mucho mas duro que nos recibe con una buena cuesta en medio de la cual tengo que “literalmente” atravesar un rebaño de ovejas. A partir de aquí y durante unos tres o cuatro kilómetros el ritmo cae en picado y se nota que no soy un habitual de las carreras de montaña, ya que sufro bastante en las cuestas arriba y noto como se me dispara la frecuencia cardiaca y la respiración, aún así poco a poco me voy acercando a un corredor que me precede y al que progresivamente le voy recortando terreno. Las subidas no es que sean muy técnicas, salvo algunas roderas y surcos el terreno está bastante bien, mi problema es la pendiente y lo continuado de las mismas ya que hay veces que se me hacen interminables al levantar la vista y no ser capaz de conseguir adivinar ni tan siguiera donde acaban las cuestas. En algún punto del circuito un par de voluntarias de la organización están situadas estratégicamente para hacer un control de paso a los corredores, y es por ello por lo que me solicitan el chip (que llevo en la mano por dentro del guante) para poder pasarlo por un aparatito en donde queda registrado.
Al cruce con un ciclista que viene en sentido contrario al nuestro me canta que voy en el sexto puesto, cosa que le agradezco porque no sabía exactamente cual era mi lugar. Debemos andar ya por el kilómetro catorce mas o menos y uno después la organización ha dispuesto, con muy buen criterio, otro punto de avituallamiento compuesto por agua, bebida isotónica, trozos de plátano y barritas energéticas. Al llegar a él ya prácticamente he dado alcance al corredor que me precede, pero decido, al igual que en el avituallamiento anterior, pararme unos segundos y beber tranquilo, así lo hago y enseguida vuelvo nuevamente a correr con un trozo de plátano en la mano del que en seguida doy buena cuenta y que me va a sentar estupendamente. El quinto corredor me vuelve a sacar unos cuantos metros, y ahora de nuevo el perfil es favorable, incluso demasiado favorable, en algunos tramos donde el camino desciende vertiginosamente y tengo que extremar la precaución y fijarme muy bien donde piso ya que vuelve a estar repleto de surcos, ahora con la valla del pardo a la izquierda y un montón de encinas a la derecha, una caída aquí podría resultar fatal. En esta bajada voy demasiado rápido y noto que mi cadera se va a descuajeringar ya que no llevo control sobre ella y únicamente me concentro en no caerme. Al final de la bajada he vuelto a enganchar al atleta que va por delante.

Llegamos al kilómetro dieciséis y el perfil vuelve a empinarse, ahora ya sin prácticamente descanso hasta la meta, quedan por delante nueve kilómetros de subida constante y algunos tramos realmente duros, es en este punto donde alcanzo y rebaso al corredor que durante tantos kilómetros he llevado viendo por delante, es un chaval con muy buenas piernas y mas joven que yo. Ahora no veo a nadie por delante y me concentro en llevar mi ritmo y no salirme de “punto”. Me da la sensación que subo las cuestas muy lento, pero no lo debe ser tanto cuando por detrás nadie me da caza, eso me motiva y me hace correr sin pasarme de rosca intentando llevar un ritmo constante, exigente pero no agónico.

Los kilómetros pasan despacio las cuestas se suceden una tras otra, así alcanzo el diecisiete y dieciocho para poco a poco y dejando atrás Tres Cantos, superar el veinte e irme acercando nuevamente a los dominios de Colmenar Viejo sobre el kilómetro veintiuno. La entrada nuevamente en este municipio se hace por un polígono que me resulta bastante feo y árido, en el que la única nota positiva la pone el último punto de avituallamiento donde recibo el ánimo de unas voluntarias. Ahora los caminos de tierra han dejado paso al asfalto que nos recibe a la entrada del polígono y nos acompaña hasta pasado un puente donde pisamos tierra nuevamente sobre el camino que nos vió partir hace ya mas de una hora y media. Estoy ya a escasos dos kilómetros del final de la carrera y no hay nadie que me incomode por detrás, así como tampoco yo puedo incomodar a ninguno de los que marchan por delante, por tanto, y si la información que me dio el ciclista es buena voy a completar la carrera llegando el quinto de la general.
Llego a Colmenar y lo conquisto por el mismo carril bici que lo hicimos en la salida, poca gente animando pero con muchas ganas, incluso uno de los policías que controlan los cruces me anima a llegar. El último kilómetro lo hago rápido y entro en meta parando un crono de una hora y treinta y nueve minutos, que para ser veinticinco kilómetros salpicados de cuestas en el campo creo que no está mal. Recojo una bebida en meta y rápidamente me voy al coche a cambiarme ya que no quiero quedarme frío, y enseguida vuelvo para ver la llegada de mi cuñado quien lo hace poco después y emocionado por la llegada y por haber superado una carrera tan difícil como esta.

Poco después exponen las clasificaciones donde compruebo que he quedado primero en la categoría de Veteranos A, por lo que nos quedamos a la entrega de trofeos, entrega donde entre otras personalidades, como el Alcalde de Colmenar Viejo, Concejales, el propio padre del tristemente fallecido Pablo Ugarte, niño a cuya asociación con el mismo nombre va dedicado íntegra la recaudación de la prueba, puedo saludar a todo un atleta como lo fue Colomán Trabado.
Me consta que después de la entrega de trofeos hubo un sorteo de cuatro jamones entre los participantes, así como una gran patatada, aunque de estos acontecimientos ya no puedo dar testimonio al tener que regresar sin mas demora a Madrid capital para comer con la familia.

En resumen mi impresión ha sido la de una fantástica carrera bien organizada, por parajes naturales, durilla eso sí, pero con ganas de repetir. Lo mas positivo de todo es que he vuelto a competir después de unos cuantos meses y en algunos kilómetros incluso reviví buenas sensaciones pasadas.
Mucha salud para tod@s.
Avituallando.

sábado, 1 de octubre de 2011

KILÓMETROS A SON DE RECORD GUINESS





La entrada de hoy va dedicada a unos de los atletas populares que a día de hoy merecen mi reconocimiento. Se trata de Ricardo Abad, mas conocido como Riki. El bueno de Riki tiene como propósito completar 500 MARATONES durante 500 días seguidos, a maratón por día sin ninguno de descanso, todos seguidos.
Esta mañana me ha gustado acompañarle durante algunos kilómetros en el Parque del Retiro donde ha conseguido superar la cifra de 365 MARATONES seguidos, actual record Guiness en poder de un Belga. Hoy ha sido su MARATÓN número 366 y la cosa no para ahí, tiene en mente llegar hasta los 500 y a buen seguro que lo conseguirá. Hasta ahora ha tenido días duros y otros muy duros, pero ha logrado reponerse a ellos. Lo que me hace sentir mas admiración por la dureza de la gesta que está llevando a cabo es que no se dedica única y exclusivamente a ello, como ha sucedido en otros casos, sino que compagina su vida laboral (trabajando a turnos de mañana, tarde y noche en una fábrica)con su vida familiar (padre de una niña pequeña), lo que hace que este reto tenga todavía mas valor.
Hasta el momento todavía no ha tenido la repercusión que se merece tanto esfuerzo, sacrificio y dedicación, pero a buen seguro que poco a poco los medios de comunicación se harán eco de este record y tarde o temprano recibirá el reconocimiento que se merece.

Yo he tenido la ocasión de tratarle ya dos veces en personas y es una persona de las que merece la pena conocer, si quieres saber mas sobre él visita su blog, te sorprenderás de las muchas gestas que lleva ya superadas www.ricardoabad.com

En resumen, ha sido una mañana fantástica en el Retiro rodeado de buena gente y atletas estupendos, no todos los días tiene uno la ocasión de participar en un Record Guiness en directo. Por allí se han dejado caer también gente del foro de carreras populares que visito esporádicamente (www.carreraspopulares.com) como Lazarillo y Miobrigas a los que me ha hecho mucha ilusión conocer en persona.

RECORD DEL MUNDO DE MARATONES CONSECUTIVAS CONSEGUIDO: 366 ( Y Riki no para ahí... va a por las 500 sin descanso).

Salud para todos/as.
PIRAÑA

martes, 16 de agosto de 2011

LUZAGA, POPULAR DE VERDAD.




Hacía bastante tiempo que no escribía en el blog, para ser exactos desde el pasado Mapoma allá por el mes de abril. La razón ha sido porque desde esa prueba no había tomado parte en ninguna otra competición. Hasta ahora he seguido corriendo y entrenando a ritmos suaves con el firme propósito de no competir en todo el periodo estival para darle al cuerpo un merecido descanso y recuperar de cara a la temporada siguiente.

Pero este firme propósito de no-competición se ha visto roto por una de las carreras del calendario merecedora de ese indulto. Fieles a su cita veraniega los amigos de Luzaga han organizado un año mas su entrañable carrera popular en la que una vez mas se pone de manifiesto el esfuerzo que realizan y la ilusión con la que se vuelcan en ella.

Este año, a parte de asistir con mi cuñado quien suele también ser fiel a esta cita, nos acompañaban también con ánimo de correr dos familiares mas, a los que les picó el gusanillo de participar en la carrera. Así pues poco antes de las seis de la tarde ya estábamos por este bonito pueblo de Luzaga un nutrido grupo familiar compuesto por mi mujer, mis dos hijos, mi hermana, mi cuñado, mis dos sobrinos (el mayor de ellos participaría también en la carrera absoluta ), cuatro primos, mi madre y una tía, en resumen, catorce personas entre corredores y animadores.

Hicimos las inscripciones en un periquete y antes de la salida tuvimos tiempo de reposar un rato a la sombra en la conocida como fuente del “jacuzzi”, donde los niños disfrutaron como lo que son en un parque infantil anexo a la misma.

Ya calentando durante los minutos previos a la competición nos dimos cuenta del tremendo calor que nos iba a acompañar durante diez kilómetros, un temido compañero de viaje en pleno mes de Agosto. Después de la celebración de la prueba femenina, donde muchas valientes completaron los seis mil metros del recorrido, nos situamos en la linea de salida donde podemos comprobar que hay un puñado de muy buenos corredores, y al son del cohete que marca el inicio de la prueba comenzamos a dar las primeras zancadas por sus calles, calles llenas de historia y en otra época pertenecientes al Ducado de Medinaceli.

Ya desde los primeros metros se forma un grupito de unos diez corredores que se destaca del resto y del que nos va separando una evidente brecha. Por mi parte tomo el inicio con mucha cautela y noto la falta de competición ya que me cuesta bastante entrar en carrera. Así antes de abandonar el pueblo pasamos de nuevo por su plaza donde recibimos los ánimos de familia y público que son tan de agradecer.
Salimos del pueblo por un camino en ligera subida para poco después girar a la derecha y tomar un camino de altas hierbas que discurre por el valle que separa Luzaga de un pequeño pueblo denominado La Hortezuela de Océn. Poco a poco voy incrementando el ritmo y acoplándome algo mejor al ritmo de carrera y esto hace que pueda llegar hasta alguno de los corredores que me preceden e incluso rebasarlos, como así sucede con un amigo que veranea en Esplegares, un pueblo a escasos seis kilómetros de Sacecorbo que es en el que yo disfruto de parte de mis vacaciones.

Al paso por el tercer kilómetro y después de una excursión por su campiña cercana, nos acercamos nuevamente a las calles de Luzaga donde una vez mas recibimos otra dosis de aplausos y ánimos, y donde además la organización ha dispuesto un puesto de avituallamiento con agua. Aprovecho para recoger la energía que con sus aplausos me envían mis hijos y mi mujer, y recojo al vuelo una botellita de agua , que tras un breve sorbo utilizo para empaparme por completo cabeza, cuello y espalda, ya que voy sudando a chorros.

Ahora ya salimos del pueblo por la carretera en dirección a Cortes de Tajuña. Los espacios se abren y puedo ver con nitidez como discurre la carrera por delante. Hay un corredor que va muy destacado del resto abriendo la prueba, es uno de los gemelos Lozano, por detrás de él va su hermano junto con otros dos corredores mas, a éstos les sigue un cuarteto a poca distancia y detrás de ellos a una decena de metros me encuentro yo. Me impongo un ritmo constante de carrera, lo suficientemente exigente para poder llegar hasta el cuarteto que me precede, pero a la vez adecuadamente adaptado a forma física actual para no verme extenuado en pocos kilómetros ya que todavía queda mucho por delante.

Los kilómetros pasan lentamente y poco a poco voy recortando distancia con los corredores que llevo por delante. Compruebo que el cuarteto que me precede se ha roto por completo y ahora es una fila india a modo de trenecito de la que yo soy el último vagón. Al paso por el sexto kilómetro ya he conseguido dar alcance a un corredor del Club Maratón Guadalajara y en una decena de metros le voy dejando atrás, mi intención es aproximarme aún mas a los que tengo por delante pero una cosa es la intención y otra bien distinta es la realidad.

Abandonamos la carretera por su margen izquierdo para tomar un camino que discurre junto al río Tajuña, estamos rodeados de vegetación por todos lados y es una gozada correr en pleno contacto con la naturaleza. En cuanto a lo deportivo voy comprobando como poco a poco voy recortando algún metro con el corredor que llevo delante, aunque para ser sincero creo que mas bien vamos haciendo la goma, ya que al salir de nuevo a la carretera para volver sobre nuestros pasos la distancia vuelve a aumentar.

La vuelta hacia Luzaga, al realizarse en esta ocasión por el mismo trazado, nos permite cruzarnos con el resto de corredores e ir animándonos unos a otros. Me cruzo con mi sobrino que lleva muy buena cara a pesar de no contar casi con experiencia en pruebas de este tipo y distancia, también poco después me cruzo igualmente con mi cuñao Alejandro quien después de algún tiempo sin correr no ha querido tampoco perderse esta encantadora prueba y se lo está tomando en plan festivo como así demuestra su sonrisa cuando nos saludamos.

Ahora restan ya apenas dos kilómetros y soy consciente de que me va a ser muy difícil el poder adelantar a mas corredores, aún así hago un esfuerzo extra e incremento un poco el ritmo, pero el corredor que me precede va mirando de vez en cuando hacia atrás y al darse cuenta de ello acelera igualmente. Nos cruzamos con el corredor que cierra la prueba y al que sigue de cerca un pintoresca ambulancia con unos no menos vistosos enfermeros, lo cierto es que incluso en momentos de esfuerzo y sufrimiento en esta prueba tienen la gracia de arrancarnos una sonrisa.

Ahora ya la carrera está finalizando, nos adentramos de nuevo en las calles Luzagueñas y terminamos el esfuerzo bajo una pancarta de meta flanqueada por unos magníficos voluntarios que nos reciben con aplausos y nos hacen entrega de una bolsa con regalos y una buena camiseta técnica.

Micrófono en mano está el bueno de Adolfo ejerciendo las labores de “speaker” y animando aún mas si cabe la carrera.

Recojo la bolsa, una botellita de agua y me voy al encuentro de mi familia quienes me comentan que he llegado en octava posición, luego me enteraría que también en el puesto segundo de la clasificación de veteranos. Una vez con ellos compruebo que mis dos primos no han podido completar los diez mil metros y debido al calor han tenido que abandonar la carrera antes de tiempo. Aún así, me comentan que al año que viene repetirán y su intención será terminarla ya que se lo han pasado genial, uno de ellos incluso fue recogido por la “ambulancia” que cerraba la carrera y rehidratado a base de cervezas.

Esperamos la llegada de mi sobrino y mi cuñado tomando unas sangrías que nos ofrecen una y otra vez la juventud del pueblo y escuchando el ritmo pegadizo que marca una batukada esperamos la llegada del último corredor.

Luego llegaría la entrega de trofeos y tras recoger el obtenido como segundo veterano en la clasificación nos despedimos de Luzaga con un muy buen sabor de boca como siempre y con la intención de volver al año que viene.

Solo queda agradecer de corazón el esfuerzo de todos los organizadores y patrocinadores de la prueba que han hecho que un año mas nos hallamos sentido como en casa.

Salud para tod@s

domingo, 17 de abril de 2011

34 MARATON DE MADRID (MAPOMA)







Cuando se comienza a pensar en una maratón normalmente se hace con algunos meses de antelación, y desde el mismo día en el que se toma la decisión de participar empiezan las ilusiones, los objetivos, los sueños y como no, los entrenamientos.
Llevo participando en el maratón de Madrid desde el año 2004, y si hay algo que se repite puntualmente, dando igual que sea la primera que la décima prueba, y es algo que no falla a su cita, es el estado de nervios que antecede a la carrera. Días previos sin conciliar bien el sueño, esas mariposillas en el estómago, así como amigos y familiares preguntando eso de ¿El domingo correrás el Maratón no?, sumado a un conjunto de dudas del tipo, ¿Habré entrenado lo suficiente?, ¿Me habré pasado de rosca?, ¿Estaré alimentándome bien?... dudas que nosotros mismos nos respondemos intentamos auto-convencernos de que todo marcha bien.

Bueno, pues todo eso, en esta ocasión se veía acrecentado por los resultados de unos análisis cuyo resultado no eran del todo satisfactorios y los que, a una semana escasa de la gran carrera, me dejaron un tanto desconcertado. Aunque con pocos días para reaccionar, creo que al final pude paliar en parte una anemia moderada a base de cambiar la conocida dieta de hidratos de carbono por otra de mejillones, berberechos y demás delicias traídas del mar, en este caso cambié la agricultura por la pesca. Aunque el run-run en la cabeza me ha ido acompañando durante los últimos días haciéndome plantear como debía afrontar la prueba, bueno mas bien convenciéndome de que debería tomarla con calma para evitar males mayores.

El sábado día en el que cumplí 42 años, acompañado de mi mujer y mis dos hijos fuimos a recoger el dorsal a la Feria del corredor y allí pudimos hacernos unas fotos junto a dos de mis atletas preferidos, por un lado Arturo Casado y por otro Rafael Iglesias, ambos estuvieron muy amables conmigo y con los niños y en el caso de Rafa me pareció muy humano y accesible. Luego en la tradicional comida de la pasta comeríamos junto a un grupo de atletas de Ciudad Real que nos hicieron pasar un rato muy agradable invitándonos a probar muchas de las viandas que ellos mismos traían como queso, chorizo, tortillas de patatas, salchichón, ya que, según ellos, al no poder repetirse el plato de pasta con esto no se quedaban con hambre, doy fe de que efectivamente hambre no pasaron.
Luego ya por la noche dormiría poco como era de prever.

Sea como fuere, esta mañana de un precioso domingo de Abril en Madrid, me he levantado tempranito y tras despedirme de mi mujer y dejar a mis hijos durmiendo plácidamente en la cama, me he marchado en Metro al encuentro de mi cuñado Alejandro que también ha tomado parte en la Maratón. Ya los dos juntos, hemos seguido en Metro hasta llegar al edificio del Ayuntamiento de Madrid (antes propiedad de Correos) donde hemos de encontrarnos con más amigos que llegan desde Vallecas y Velilla de San Antonio. Mientras esperamos, me hace mucha ilusión saludar a Angelín de Villena, un tío que me parece super-majo, así como también tengo ocasión de encontrarme nuevamente con Javi Sanz, quien para mí ha sido la persona a la que le debo mi relación con el Maratón, ya que leyéndole me inculcó las ganas de participar en ellos, no en vano es un gran conocedor de estas pruebas de fondo y un auténtico experto en la materia, llegando a sumar en sus piernas la friolera de 66 maratones.

A la hora convenida aparece algún amiguete mas como Carlos quien tiene en mente atacar las tres horas y a buen seguro que lo conseguirá porque desde luego la marca la lleva en sus piernas, es un chaval con una progresión en los últimos años impresionantes y tiene genética para lograrlo. Esperamos al resto de amigos pero algo ha debido suceder porque a las ocho y media todavía no han aparecido, así que nos vamos poco a poco hacia la zona de salida. Saludo a algunos muy buenos corredores como es el caso de Arturo que participará en los diez kilómetros y paulatinamente vamos tomando contacto con la zona vallada donde a modo de redil los corredores esperaremos la salida.

Carlos y Alejandro se quedan en una zona delantera de la gran masa de corredores que forman las dos carreras, ya que este año nuevamente la organización tiene la mala costumbre de juntar dos pruebas en una sola salida, así estamos por un lado los que disputaremos el Maratón y separados por una valla los que lo harán en los diez kilómetros. Yo me voy hacia la zona delantera donde al tener un dorsal preferente me doy el gustazo de calentar junto a la élite de la prueba, así estiro también al lado de atletas profesionales que tomarán parte en los diez kilómetros como son Jesús España y Rafael Iglesias. También puedo saludar a atletas muy buenos también aunque menos conocidos como es el caso de Juanjo, mas conocido en los foros como “Poliloco”.

Los paracaidistas bajan de un cielo despejado de nubes y queda muy poquito para que de comienzo la prueba, caliento todavía un poco mas pero algo me hace saltar las alarmas, son unos pinchazos en la parte derecha de la ingle, (que ya he notado esta semana pasada entrenando) y que espero que al calentar desaparezcan como en otras ocasiones. La organización poco a poco nos va acorralando bajo el arco de salida y un minuto antes de las nueve de la mañana según mi reloj comienza la competición. Estoy en primera fila, pero pronto me empiezan a pasar corredores por todos lados, y en las primeras zancadas noto que los pinchazos de la ingle se intensifican, debo tratar de ir tranquilo los primeros kilómetros y calentar bien la zona para intentar que desaparezcan.
El paso por el primer kilómetro lo hago muy tranquilo, al igual que el del segundo donde los pinchazos ya comienzan a remitir, así que aprovecho para incrementar un poco el ritmo y unirme a un grupo bastante numeroso que me precede y donde van todas las africanas.

En Nuevos Ministerios recibo los ánimos de toda mi familia, mujer, hermana, hijos y sobrinos quienes están apostados encima del puente y me aplauden sin parar, así da gusto correr.

Vamos en perfil de continua subida pero al ser los primeros kilómetros no hacen demasiado daño ya que todavía las fuerzas están intactas. Al paso por el estadio de fútbol Santiago Bernabéu, la carrera se divide y los corredores de los diez kilómetros nos abandonan por la derecha, girando los maratonianos hacia la izquierda. Pasamos el cuarto kilómetro y sigo inmerso en un numero grupo del que únicamente marcha destacada una atleta extranjera muy rubia que parece no querer correr bajo la seguridad del grupo, aunque las keniatas sabedoras que esta carrera es muy larga la dejan irse simplemente a una distancia de unos veinte metros teniéndola en todo momento controlada.

En el kilómetro quinto está el primer puesto de avituallamiento donde sin sed pego un par de sorbos a una botella de agua, mas que nada por seguir esa regla de oro que dice que en un Maratón hay que beber en todos los puestos. En Plaza de Castilla giramos a la derecha buscando el sexto kilómetro y aquí el grupo empieza ya a perder unidades, todas ellas masculinas, la carrera sigue por el Paseo de la Habana, donde nos merendamos el kilómetro siete, y el ocho nos recibe dándonos paso a la Avda. de Pio XII. En todos estos tramos el público brilla por su ausencia, bien es verdad que son las zonas menos interesantes de seguir desde el punto de vista del espectador, así como que todavía es un hora temprana para Madrid teniendo en cuenta que es Domingo (de ramos para mas señas).
En el kilómetro nueve ya el grupo es un poco más pequeño todavía, en este punto todo cambia un poco ya que alcanzamos a un atleta keniata del club “Kafewake” que se ha ido dejando caer del grupo delantero y se une a nosotros con la intención de hacer de liebre para las chicas, decido dejar las posiciones intermedias del grupo y unirme a él en las labores de liebre y en poco metros ya estamos los dos codo con codo marcando un ritmo cómodo en torno a tres treinta y poco por kilómetro. Así pasamos el décimo kilómetro donde hay otro nuevo puesto de avituallamiento, las africanas por su parte recogen sus botellas personalizadas, y yo por la mía me meto un “buchito” de agua.

Los kilómetros pasan deprisa y cuando nos damos cuenta ya estamos rebasando el once, voy a relevos con el keniata marcando el ritmo, así como indicándoles los baches en el asfalto a las féminas que nos preceden, los bordillos en los giros, etc.. Pasado el kilómetro doce vuelvo a ver de nuevo a toda mi familia al completo, choco las manos con los mas pequeños y recibo los ánimos y aplausos de todos ellos. Mi mujer Lourdes me anima a seguir en el grupo y yo como soy muy bien mandado le hago caso.

En la pequeña, pero continua, subida por Raimundo Fernández Villaverde el keniata me indica que baje el ritmo porque alguna de las chicas cede un poco, así lo hago y le indico que lo marque él, poniéndome a su estela. Pasamos el kilómetro que los mas supersticiosos se negarían a nombrar y tras un giro a la izquierda en la rotonda de Cuatro Caminos repleta de público buscamos la Avda. de Filipinas y con ella el kilómetro catorce. En este punto se une a la comitiva una especie de quad con los anagramas de la cadena televisiva Telemadrid que en un principio lo que hace es estorbar un poco e insuflarnos el humo que va desprendiendo, pienso que realizará algunas tomas y se marchará igual que ha venido, pero no, poco después llega también una moto que transporta a una reportera y compruebo que la intención es continuar delante de nosotros.

En el kilómetro quince nada ha cambiado, seguimos a relevos el keniata y yo, y a nuestra estela todo el batallón de africanas que deben ser como seis o siete. A veces el africano incrementa bastante el ritmo para luego bajarlo de repente cuando comprueba que alguna de las chicas lo pasa mal, otras veces soy yo el que lo marca teniendo la precaución de no dar tirones para no perjudicarlas. Nuevo avituallamiento personalizado para ellas y un vasito de Gatorade en este caso para mi. Aprovecho para llevarme a la boca un trocito, de los tres que llevo en el bolsillo, de la barrita energética que dividí en tres partes para irla comiendo poco a poco.

Entre el quince y el dieciséis pica un pelín para arriba el perfil y se baja un poco el ritmo en el grupo pero enseguida vuelve a acelerarse descaradamente al encarar la calle Fuencarral donde comienza a congregarse numeroso público. El kilómetro diecisiete y medio nos presenta a una Gran Vía como solo puede verse en días como éste, totalmente limpia y despejada de vehículos y flanqueada por gente aplaudiendo a los atletas que durante algunas horas nos hacemos dueños de las calles de Madrid. Giro de noventa grados en Callao para rebasar el kilómetro dieciocho y pasar por uno de los puntos con mas animación de la prueba, una Puerta del Sol henchida de gente animando y aplaudiendo a nuestro paso que nos hace sentirnos importantes, y consigue que el paso por este punto se convierta siempre en uno de los momentos mas emocionantes del Maratón. La calle Mayor no le anda a la zaga y los ánimos son constantes en todo su recorrido donde al finalizarlo se encuentra una de las duchas que la organización ha ido instalando a lo largo del recorrido y a la que el grupo al completo evitamos.

Giramos a la derecha dejando a un lado la Catedral de la Almudena, y durante algunos metros dejamos de disfrutar del sol y la luminosidad de esta mañana de domingo para soterrarnos bajo un túnel con bastante desnivel, tanto de bajada como de subida, que nos hace perdernos el paso por uno de los puntos mas bonitos del recorrido como es el Palacio Real.

Tras dejar atrás el kilómetro veinte comienza la calle Ferraz que pica descaradamente hacia arriba y donde el ritmo del grupo se incrementa bastante por parte de una corredora buscando alguna señal de debilidad en alguna de sus contrincantes, cosa que no sucede. Pasamos la media maratón a buen ritmo y en el siguiente avituallamiento ya les voy recogiendo el agua en los avituallamientos, así me hago con tres o cuatro botellas y las reparto entre ellas. En la Avda. de Valladolid el keniata que va de liebre pega otro acelerón y aquí si una de las chicas se queda un poco rezagada, él se da cuenta y supongo que al no ser de las que son de su partida pega un nuevo cambio de ritmo y lo incrementa un puntito mas.
En éstas llegamos a la estación de Príncipe Pío y con ella el kilómetro veinticinco, donde me espera Lourdes con los niños, mi mujer me entrega un gel y mi hijo mayor hace lo mismo, les envío unos cuantos besos y ellos me devuelven unos aplausos cargados de energía, mas de la que los geles me puedan aportar de aquí en adelante.

En este kilómetro veinticinco el keniata que venía de liebre se hace a un lado y se retira, quedándome solo en el grupo de las seis africanas que todavía continúan compactas, yo por mi parte continúo en cabeza ya que voy muy cómodo y las sigo marcando el ritmo.

Entramos en la Casa de Campo a buen ritmo, me llevo a la boca otro pedacito de barrita y en el kilómetro veintiséis recibo los ánimos de Torcas, un amigo-forero al que me une una bonita amistad desde hace algunos años, desde aquí quiero agradecerle sus ánimos que me llegaron a lo mas profundo, gracias Jose.

Continuamos por el Pº de los Plátanos y en el siguiente avituallamiento vuelvo a coger agua para la mayoría del grupo repartiéndola entre ellas y quedándome una botella para pasar el gel que me acabo de llevar a la boca y que es mas pastoso de lo que yo me esperaba. El ritmo sigue siendo bueno y de vez en cuando miro hacia atrás porque no quiero perjudicar a ninguna de las atletas, yo no tomo parte por ninguna de ellas y no sería justo que lejos de la labor de liebre hiciese la de lanzador para alguna de ellas. Si noto que alguna sufre algo mas de lo normal bajo un poco el pistón hasta que las cosas vuelven a la normalidad.

Cerca del kilómetro veintiocho una de las chicas sale del grupo con la clara intención de marcharse hacia delante, yo me hago a un lado y enseguida un par de ellas saltan a buscarla para una decena de metros después volver a la disciplina del grupo. En cuanto las cosas se han calmado nuevamente me pongo en cabeza y marco el ritmo otra vez.

Al paso por el kilómetro veintinueve y mas concretamente en el treinta ya las noto mas nerviosas y con ganas de empezar las hostilidades así que me aparto a un lado y las dejo hacer, aunque todavía el grupo seguirá compacto hasta el kilómetro treinta y uno, no así en el treinta y dos, donde antes de abandonar la Casa de Campo ya el grupo se ha visto reducido a cuatro atletas etíopes, ya que las dos keniatas se han descolgado unos metros al no poder entrar al cambio que un par de etíopes han realizado.

Al salir de la Casa de Campo y en vista de que la distancia entre las etíopes y las keniatas es cada vez mayor y ya no van a entrar en el grupo, decido nuevamente pasar a encabezarlo. Tras una larga bajada giramos a la derecha buscando el kilómetro treinta y tres donde recibo los ánimos de Natalia, una compañera de trabajo y excelente persona. Todo el Pº de la Ermita del Santo, el Puente de San Isidro con su kilómetro treinta y cuatro, así como el Pº de la Virgen del Puerto lo hago tirando del conjunto, pero ya en los dominios de la Ronda de Segovia y el Pº Imperial poco a poco voy dejando paso a las africanas al notar que van con ganas de probarse entre ellas mismas. No me equivoco ya que poco después en el kilómetro treinta y siete empiezan las escaramuzas, hay saltos continuos entre ellas hasta tal punto que en alguno de ellos me quedo descolgado, aunque luego cuando se van dando caza y se relajan, de nuevo vuelvo a contactar. Esto será ya una constante hasta el final de la carrera, por lo que salvo un par de ocasiones mas en las que se tranquilizan un poco y vuelvo a tomar la cabeza, ya son mas en las que me quedo a cola de grupo disfrutando en primera línea de sus contiendas.

Mientras voy distraído con el devenir de la carrera no soy consciente de que ya llegamos al kilómetro treinta y ocho y empiezo ya a notar los efectos devastadores de los kilómetros en mis piernas, ahora ya los kilómetros pasan mas lentos así que el treinta y nueve tarda en llegar. El paso por Atocha es como siempre bastante emotivo por la gran cantidad de público que se concentra para animar, pero ahí empiezan las cuestas que mas se atragantan en esta carrera y donde bajo el ritmo de manera progresiva. En el kilómetro cuarenta ya la guerra entre las chicas es abierta y definitivamente me descuelgo del grupo, esa no es mi guerra. Aprovecho para tomarme el último gel que ya tendrá que ser suficiente gasolina para llevarme hasta la meta y al tran tran y a una decena de metros de ellas acabo con la calle Alfonso XII y llego al kilómetro cuarenta y uno a los pies de la Puerta de Alcalá, en este punto todavía me engancho de nuevo con las africanas, pero será un espejismo ya que un nuevo cambio por parte de una de ellas hace que se alejen de nuevo. Yo no sigo ya ningún tirón, voy pensando simplemente en llegar al kilómetro cuarenta y dos donde me espera Lourdes con mis hijos y seguramente el mayor de ellos estará esperándome nervioso para acompañarme hasta la meta. Efectivamente así sucede, en cuanto llego al kilómetro mas esperado de todos, mi hijo está esperándome ansioso por correr a mi lado, tan ansioso que si no le sujeto un poco me deja atrás. Muy emocionado y contento cruzo una vez mas la línea de meta junto a él y le dedico el mayor de mis besos, es el mejor premio que un padre puede tener y me siento muy afortunado por ello.

Al final mi puesto ha sido el veintiséis quedando cuarto de mi categoría, no está nada mal y ya lo hubiese firmado hace una semana cuando me amenazaba la anemia. Me he quedado con un muy buen sabor de boca y he disfrutado muchísimo esta carrera, ahora toca descansar y pensar en próximos objetivos. Como siempre tengo que agradecer a mi mujer Lourdes el encargarse de toda la logísitica con los pequeños que me hace poder tomar parte en las carreras de una manera mas tranquila.

Salud para todos/as.

domingo, 3 de abril de 2011

XI MEDIO MARATON DE MADRID




(Foto Cortesía Arganzboy)

Hoy ha sido la onceava edición de la Media Maratón de Madrid, y creo que he tomado parte en todas las ediciones anteriores, así que para no perder la costumbre pues esta vez no iba a ser menos.

A las ocho de la mañana en punto me encontraba con mi cuñado Alejandro y juntos hemos tomado el Metro para dirigirnos a la estación de Retiro. Los vagones han ido paulatinamente llenándose de corredores de todas las edades, sexos así como también nacionalidades, pero en lo fundamental todos compartiendo la misma ilusión y la misma pasión por un mismo deporte.

Llegados a Retiro nos esperaba un corto, pero agradable, paseo matutino hasta llegar a la zona de entrega de dorsales, donde nos esperaban el resto de compañeros y amigos que nos han acompañado en el día de hoy en la prueba. Allí estaban ya esperándonos Javier, Antonio, el veteranísimo e incombustible Enrique, también Carlos, el mas joven de todos y con una fantástica progresión en los últimos meses, así como Pedro acompañado de su mujer, quien en esta ocasión, a pesar de estar inscrito, no tomará parte en la prueba al encontrarse todavía recuperándose de una lesión que se produjo en el pasado Maratón de Roma.

Una vez todos juntos, los que quedamos por recoger el chip nos disponemos a ello, y ciertamente lo retiramos en un santiamén, en mi caso al inscribirme la organización con el número de dorsal 58 saldré desde la zona de cabeza e incluso tenemos una zona reservada para calentar, por lo que no necesito tomar posición dentro de la gran masa de corredores que empieza ya a formarse y van ocupando sus sitios dentro de los carteles que indican los tiempos previstos de llegada.

Calentamos todos juntos unos minutos y la gran mayoría de mis amigos se marchan a tomar posiciones quedándonos únicamente Carlos y yo trotando todavía un rato más cuando son las nueve y cuarto de la mañana. Mientras calentamos nos cruzamos con el gran Fabián Roncero, a quien saludo y con quien choco la mano en el momento del cruce. Seguidamente Carlos se marcha también para ir cogiendo sitio y yo me dirijo ya a la zona reservada a los primeros doscientos dorsales. Allí tras pasar el control de la puerta sigo calentando mientras me recreo mirando a mi alrededor a todos los atletas que calientan junto a mí, o yo junto a ellos, según se mire. Puedo reconocer a grandes corredores como por ejemplo a Pablo Villalobos, actual campeón de España de Maratón, a Yesenia Centeno una gran atleta con quien ya he coincido en alguna carrera en el pasado. También hay un nutrido grupo de atletas africanos, tanto en categoría masculina como femenina, así como marroquíes, y me hace mucha ilusión cuando Gorka, a quien hasta hoy no conocía personalmente, reclama mi atención y con quien tengo el placer de cambiar unas palabras.

Sin tiempo para mucho mas nos colocamos en la línea de salida, y tras guardar un minuto de silencio durante el cual la organización lee un manifiesto en memoria del corredor tristemente fallecido el año pasado, se da inicio a la carrera.

Al estar en posiciones muy adelantadas salgo bastante rápido durante todo el paseo de coches hasta abandonar el retiro, giro a la derecha y rápidamente nuevo giro a la izquierda para encarar la calle Principe de Vergara, voy en el numeroso grupo donde están todas las atletas africanas favoritas para ganar la carrera, cuento unas cinco chicas de color, pero hay tantos corredores en este grupo que bien podría haber alguna mas que no halla visto.

La calle Principe de Vergara en es continua subida, voy muy cómodo en el ritmo que llevan y así paso el primer kilómetro y también el segundo, donde recibo ánimos de Jose Luis, a quien conocemos como Yonhey en el foro de Carreras Populares. En este punto giramos a la izquierda para patear ahora en perfil llano la calle Diego de León. Hay poca gente animando en estos tramos pero al ir corriendo en un grupo tan numeroso casi ni se nota esa ausencia de público momentánea. Cerca del tercer kilómetro hacemos un nuevo giro, esta vez a la izquierda para correr unos pocos metros por la calle Serrano abandonarla rápidamente virando nuevamente a la derecha. Estamos en un tramo de bajada donde se nota un descarado incremento de ritmo, aún así me encuentro bastante bien y con ganas incluso de tirar hacia delante, pero hoy mis aspiraciones son otras, a apenas quince días de la gran cita con el Maratón de Madrid, hoy trato de hacer un entrenamiento de calidad sin perder la cabeza, ya que las fuerzas que gaste hoy de más las puedo echar en falta dentro de unos días, así que me digo a mi mismo que tranquilo, que disfrute de la carrera pero sin ninguna otra pretensión ni ambición, únicamente la de rodar rápido y buscar buenas sensaciones.

En esas andan mis pensamientos cuando abandonamos la calle Almagro por su derecha y rebasamos el cuarto kilómetro donde empieza una larga subida que no finalizará hasta los dominios de noveno. Sigo bastante cómodo y con buenas sensaciones a pesar de que ya en el grupo empieza a notarse un ligero pero constante incremento del ritmo.
Durante los casi dos mil metros durante la calle Santa Engracia voy a cola del grupo, y puedo ver como al lado derecho y sobre la acera está otro gran corredor, en este caso animando, aunque con un dorsal con numeración mil y pico en su pecho, supongo que esperando a algún amigo para acompañarle en algún tramo, su nombre es Arturo. Intento saludarle pero yo voy en la parte mas alejada de la acera y él a su vez está animando a otro atleta que va en mi mismo grupo y le oigo claramente que le grita algo así como que bien acompañado vas, refiriéndose al elenco de africanas que dominan el conjunto.

A la llegada del quinto kilómetro y por consiguiente el primero de los avituallamientos, el incremento del ritmo en el grupo ya es mas que notable y tengo dos opciones, o seguir con ellos o descolgarme y seguir a mi ritmo, aunque esta segunda opción no parece muy recomendable ya que por detrás de mi existe un gran hueco y me quedaría corriendo en solitario. Pasamos por delante del Parque de Bomberos, quienes están en la calle animando y han sacado algunos de sus camiones a los que hacen sonar la sirena para darle ambiente a la carrera. Es en este momento en el que voy deshojando la margarita, cuando se descuelgan un par de corredores del grupo, y las chicas a su vez le dan un puntito mas de ritmo a la carrera, así que poco a poco voy perdiendo metros con ellas y me voy quedando atrás.

Cerca del paso por Cuatro Caminos, puedo ver a otro gran corredor que en el día de hoy ejerce labores de animador, se trata de Jose Manuel (Torcas), un gran atleta y una magnífica persona, recibo sus ánimos y sigo hacia delante buscando el comienzo de la calle Bravo Murillo. En este punto, tal y como me temía ya voy solo, pues nada, no es la primera carrera que me pasa ni será la última, así que a ajustar mi ritmo de crucero y a seguir sumando kilómetros.

Paso por el kilómetro siete y me alcanza y me rebasa un corredor que viene a buen ritmo desde atrás, en seguida me abandona y se marcha con clara intención de cazar al grupo de las africanas. Yo sigo a lo mío, subiendo por la calle Bravo Murillo y recibiendo ánimos de un público en este tramo ya algo mas numeroso. El paso por el kilómetro ocho lo hago ya con ganas de que se termine la cuesta, pero ésta nos seguirá acompañando hasta pasada la Plaza de Castilla y en el comienzo de la calle Mateo Inurria. Durante ese tramo me han rebasado un par de corredores mas, pero éstos no se han marchado demasiado, por lo que los llevo delante a escasos metros.

Ahora ya el perfil será ya más favorable durante unos largos kilómetros, por lo que me doy unos metros de recuperación para tomar aire después de la larga subida y después me marco un ritmo algo mas alegre para encarar la larga bajada.

Voy relativamente bien, pero la pierna derecha y sobre todo la cadera de vez en cuando me envían algún recadito en forma de pinchazo. A mis cuarenta y un años ya hay lesiones que se me han vuelto crónicas y tengo que aprender a vivir con ellas, es por ello por lo que de vez en cuando alguna de las muchas que padezco me recuerdan que siguen estando ahí, y que debo mimarlas si quiero que ellas a su vez se porten bien conmigo. Así que cuando recibo alguno de esos recaditos en forma de pinchazos inguinales intento concentrarme en hacer una pisada menos agresiva para sufrir menos los impactos contra el suelo, pero una cosa es intentarlo y otra muy distinta es conseguirlo.

Paso el kilómetro diez en treinta y seis minutos y pocos segundos y continúo bajando ahora ya por la calle Príncipe de Vergara. Desde hace un rato ya que voy comprobando como el grupo que va por delante se va separando cada vez mas, ya que les acompañan unas cuantas bicicletas marcando la posición de las chicas y éstas cada vez las veo mas a lo lejos, como también voy comprobando como con el paso de los kilómetros se van descolgando corredores a los que en algunos casos consigo rebasar. Paso el kilómetro once por una zona donde vuelve a verse poca animación de público y mis pensamientos se centran en intentar mantener una buena cadencia de zancada, así como en intentar hacer unos buenos apoyos con los pies ya que la cadera me está molestando bastante. Hago todavía en solitario una pequeña subida buscando ya la calle Serrano y dejo atrás el doceavo kilómetro.

Inmersos ya en la mas Serrana de las calles el perfil se vuelve descaradamente favorable de nuevo y así nos permite a los corredores volver a sentirnos rápidos durante un par de kilómetros, así incremento el ritmo por kilómetro y consigo recortar bastantes metros con algunos corredores que me preceden. En este punto observo como en un lateral hay un coche de la organización parado, al que se dirige un corredor africano que ha abandonado la prueba, a buen seguro con problemas estomacales ya que no para de hacer gestos de dolor dirigidos hacia su abdomen. Justo en ese momento me alcanza un corredor que viene desde atrás y me comenta que vayamos los dos hacia delante, a lo que le respondo que no me veo ya con fuerzas, y que si él se ve fuerte que tire, y así lo hace separándose de mi unos cuantos metros, sobre todo al finalizar nuestro periplo por la calle Serrano que nos despide con un pequeño repecho que continúa prolongándose durante un buen trecho por la calle Diego de León y una vez pasado el kilómetro catorce. Durante la subida los corredores que llevo delante se vuelven a escapar bastantes metros y ahora ya lejos de tomármelo como un entrenamiento estoy intentando ir rápido, pero no lo consigo como quisiera. Es en el momento de encarar de nuevo la calle Príncipe de Vergara y tras el avituallamiento del kilómetro quince donde tomo unos sorbos de agua y lo que puedo de un vaso de gatorade (nunca se me ha dado bien el beber corriendo), cuando sabedor de que quedan apenas seis kilómetros, intento correr mas rápido de lo que lo vengo haciendo durante toda la carrera. Así lo hago y poco a poco voy pescando un ritmo mas vivo que me permite llegar hasta varios de los corredores que me precedían hasta el momento. Recibo los ánimos de otro forero conocido como Abebebikila, y cerca del cruce con la calle O’donell atrapo a un excelente corredor del club Clínicas Menoría, a quien invito a unirse a mí y buscar juntos la meta, pero me da la sensación que va bastante tocado y aunque durante algunos metros aminoro el ritmo para intentar que se enganche a mí, al paso por el kilómetro dieciséis ya soy consciente de que no lo consigue, por lo que de nuevo incremento la marcha y sigo progresando. Me uno a otro par de corredores y tomo la cabeza del trío marcando el paso durante toda la avenida Menéndez Pelayo. Al paso por el kilómetro diecisiete ya me he destacado del trío y vuelvo a correr solo ahora por el paseo Reina Cristina.

El paso por los dominios de la estación de tren de Atocha lo sigo haciendo en solitario y cada vez recortando mas terreno con otros dos corredores a los que voy dando caza. Pasado el decimo octavo kilómetro ya la distancia que me separa de ellos es de apenas cincuenta metros, pero sabedor de la cuesta que nos espera por delante decido bajar un poco el ritmo y reservar fuerzas para la entrada en el parque del Retiro.

Giramos a la derecha para hacer frente a la calle Alfonso XII y empieza la cuesta que, aunque no es dura todavía, ya va haciendo mella. Tras un giro de noventa grados a la derecha empieza lo duro de verdad al entrar al parque por la cuesta del Angel Caído. Ya la recordaba dura de la edición del año pasado, pero una cosa es recordarla y otra es volverla a sufrir de nuevo. El ritmo se vuelve totalmente cansino, las piernas comienzan a arder y me da la sensación de ir parado si no fuese porque observo como voy recortando algún metro con los dos corredores que llevo delante. El coronar la cuesta se me hace interminable, intento distraerme con los ánimos del público que ya empieza a ser mas numeroso pero lo cierto es que superar la cuesta me está agotando. Pasamos el kilómetro diecinueve pero con un ritmo que se ha vuelto lento por necesidad, menos mal que poco después acaba la cuesta y aunque el perfil vuelve a ser llano todavía necesitaré unos cuantos metros para recuperar el aliento ya que me he quedado sin resuello y todavía no puedo ir mas rápido.

Estoy en un punto de la carrera donde unas vallas nos separan de los corredores que van por delante de nosotros y que habiendo realizado ya un giro de ciento ochenta grados al que no hemos llegado todavía, se acercan al kilómetro veinte. Así me cruzo con las primeras corredoras africanas, ahora ya separadas entre sí por varios metros, como también me cruzo con Gorka, que acompañado por su hermano que le va haciendo de liebre está intentando hacer su mejor marca personal en la distancia, le doy algún grito de ánimos y me dirijo a encarar el giro cerrado que nos acerca al kilómetro veinte.

Poco a poco voy recuperando de nuevo una respiración mas calmada y así voy incrementando nuevamente el ritmo que me lleva a dar caza a otro corredor y me acerca mucho al siguiente. Paso el kilómetro veinte y el perfil vuelve a picar un poquito hacia arriba pero ahora mucho mas suavemente. Tras negociar un giro a la derecha vamos paralelos al estanque del Retiro y sabedor que queda apenas un kilómetro mantengo la velocidad que traigo y me distraigo con el ya numerosísimo público que nos acompaña. Me queda únicamente un giro de noventa grados a la derecha que hago bastante rapidillo y que me mete de lleno en el Paseo de Coches donde mas adelante, y tras una sucesión de arcos, está situada la línea de meta. Ahora ya la cantidad de público que nos rodea es impresionante y sus aplausos y sus ánimos le hacen sentirse a uno alguien importante. Son esos aplausos y esos ánimos, recibidos también de mi amigo Pedro que me grita desde detrás de la valla, los que me llevan en volandas hasta debajo del arco de meta donde paro el reloj en un tiempo de una hora, dieciséis minutos y cincuenta y siete segundos. Pienso que no está mal aunque por otro parte mi lado mas competitivo me dice que está lejos de lo que en otras ocasiones logré en esta misma carrera, pero al día de hoy es lo que hay y he de saber quedarme con su lado positivo.

Me saludo con algunos corredores con lo que he coincidido durante la carrera, cambio algunas impresiones de nuevo con Gorka, quien me parece una excelente persona y un pedazo de corredor, y mientras me como un plátano y bebo algo me dirijo hacia las vallas para esperar a todos mis amigos.

La carrera, excepto en los primeros kilómetros, me ha resultado algo aburrida, supongo que al ir solo todo se hace mas monótono, pero lo bueno es que he conseguido completarla decentemente, llegando en el puesto cuarenta y nueve sin haber salido a disputarla a tope, aunque luego en carrera uno se pica y siempre se deja mas fuerzas de las en un principio previstas.

Ahora toca descansar de carreras durante estos próximos quince días e ir poco a poco mentalizándome de que la siguiente vez que me cuelgue un dorsal será para afrontar una carrera que ya escribo con mayúsculas.. MAPOMA 2011.

Salud para todos/as.