martes, 20 de noviembre de 2012


TROFEO JOSE CANO XXXIII, (o lo que es lo mismo Canillejas 2012)


Hola de nuevo, aquí estoy una vez mas para dejar constancia escrita de mis opiniones personales y sensaciones en otra carrera mas, aunque lo cierto es que cada vez son menos las carreras en las que tomo parte, no en vano desde el pasado mes de agosto en la carrera de Luzaga no me había vuelto a colgar un dorsal.

En esta ocasión he tomado parte en la competición cuya denominación oficial es la de Trofeo Jose Cano, mas concretamente en su XXXIII edición, y la que todos conocemos coloquialmente como “la carrera de Canillejas”. Es una carrera que logísticamente me resulta muy cómoda de gestionar, no en vano mis padres viven en este barrio madrileño, y ello hace que sea muy fácil coordinarlo todo.

Pues bien, vamos al lío, como digo después de casi tres meses volvía a competir nuevamente, así en la mañana del domingo 18 de noviembre quedaba con mi cuñado Alejandro para irnos caminando hasta la casa de mis padres y desde allí, ya con el traje de faena enfundado marchar al trote cochinero hasta la ubicación de la línea de salida en el barrio de Las Rosas. Son cerca de las once de una bonita mañana de domingo, que lejos de las previsiones meteorológicas que asustaban con algo de lluvia, ha amanecido un día con mas claros que nubes y perfecto en cuanto a temperatura, únicamente un ligero vientecillo, apenas imperceptible, podría incomodar la carrera.

Una vez en las inmediaciones de la línea de salida me dispongo a buscar a la persona que ha de entregarme mi dorsal, ya que en esta ocasión es un obsequio de los organizadores y no he podido retirarlo con anterioridad, mas concretamente el dorsal es una invitación mi amigo Pepe Cano a quien una vez mas agradezco el detalle. Enseguida localizo a Amadeo quien me hace entrega del dorsal número 29 junto con el chip que enlazo en mi zapatilla.

La salida de la carrera está prevista para las once y media, y puesto que quedan escasamente quince minutos para la misma, mi cuñado Alejandro decide ir tomando posiciones entre el gran grupo de corredores que ya se va apiñando a escasos metros tras el arco de salida. En mi caso al tener un dorsal comprendido entre los cien primeros no tengo que “pelearme” por un buen puesto en la línea de salida, ya que tengo el espacio reservado en la zona delantera, lo que me permite calentar unos minutos junto a un buen nutrido grupo de muy buenos atletas y una gran representación de conocidos corredores del Club Deportivo Clínicas Menorca, quines salpican de amarillo la zona delantera defendiendo los colores de su club.
Tras un breve calentamiento me coloco literalmente encima de la línea de salida, y a las once y media en punto se da el pistoletazo de salida que marca el inicio de la carrera.



Los primero metros son muy rápidos, los corredores que me rodean salen en su mayoría esprintando y así nos negociamos en un santiamén el primer giro de noventa grados que nos conduce a la cómoda calle Versalles, cómoda por amplia que permite correr con espacios en la parte delantera del grupo, y cómoda por su perfil favorable.

Desde el primer metro un atleta africano ya toma el mando de la carrera y tras él unas decenas de buenísimos corredores le siguen a la zaga.




En mi caso particular voy descolgándome de todos ellos por la parte izquierda de la calzada, con una buena zancada y defendiendo en este primer kilómetro un ritmo bastante aceptable para mi estado de forma y mi falta de competición, me encuentro bien y las sensaciones son buenas y así completo el paso por los primeros mil metros en tres minutos y once segundos, no tenía especial interés en saberlo, de hecho no he puesto ni siquiera el crono, pero un atleta que va junto a mí se lo acaba de cantar a otro que corre junto a él. Bueno pues a tenor de las sensaciones que llevo y el crono que acaban de anunciar las previsiones son optimistas.

Continuamos ahora en una pequeña subida por la calle Toscana, donde el pequeño perfil ascendente hace que los corredores nos agrupemos un poco mas, y algunos que vienen mas fuerte desde atrás aprovechan para adelantar. Noto que el pulso se me acelera y necesito respirar mas rápido, está clara la falta de entrenamiento y en estos momentos se nota especialmente la falta de competición, pero eso da igual, bajo un poco el ritmo y solucionado, sé que enseguida llegaremos a la larga Avenida de Guadalajara en la que aunque el perfil no llega a ser llano del todo, lo cierto es que me va a permitir correr mas suelto que en esta Toscana. Y así ocurre, nuevo giro de noventa grados a la izquierda y ante nosotros se abre una amplísima y larga avenida que nos reta a completar sus cerca de mil metros sin otra dificultad que el ir pendiente de no tropezar con las piernas de los corredores que me rodean.


Completo a buen ritmo la citada Avenida de Guadalajara, en la que a decir verdad me da la sensación que hay menos público que en otras ocasiones, y ahora toca abordar el primero de los dos tramos que discurren por la calle Hermanos García Noblejas, está sí con un perfil notoriamente mas favorable. A estas alturas de carrera voy inmerso en un pequeño grupito que destila calidad por sus cuatro costados, no en vano lo componen corredores como Jose Antonio Valledor, un histórico de las carreras populares y ganador en seis ocasiones (si, seis que se dice pronto) del Trofeo Akiles de atletismo, así como muchas otras carreras entre otras la San Silvestre Vallecana, también está en el grupo Jose Ramón Jami Jami, excelente atleta igualmente, además de otros cuatro o cinco buenos galgos también.


Rebasamos en tercer kilómetro y giramos esta vez a la derecha para acometer, para mi gusto, el tramo mas vistoso de toda la carrera. Se trata de la Avenida de Arcentales en el tramo que atraviesa el Parque Paraíso, un parque que, para mi gusto, se encuentra en el momento mas bonito del año, ya que en esta estación se ve salpicado de colores otoñales, con una amplia paleta de tonos anaranjados, ocres y marrones que hacen que durante los cuatro kilómetros que correremos en su interior, la vista pueda relajarse observando algo mas que el monótono gris del duro asfalto.



Al principio, el Parque nos recibe dándonos la bienvenida con un perfil en descenso y favorable que hace que el grupo se sienta cómodo y acelere un tanto la marcha, incluso llegando alguno de los corredores a marcharse por delante, no es mi caso, que aunque cómodo con el ritmo, prefiero quedarme en la seguridad que ofrece el grupo, además en este tramo se nota un casi imperceptible viento de cara que hace que el ir acompañado sea lo mas aconsejable en este momento. Es por ello que sigo junto a Valledor y Jami, y abstraído con el paisaje del parque, casi me voy al suelo en uno de los badenes que jalonan el asfalto, todo queda en un traspiés sin consecuencias que me hace estar de ahora en adelante mas atento a la carretera y menos a los árboles, no obstante hay bastantes baches y grietas en el pavimento.


Tras completar el cuarto kilómetro y superar una pequeña rotonda, debemos afrontar un corto repecho donde, una vez coronado, nos cruzamos con la cabeza de la prueba. Así observamos como el africano, que se escapó desde el primer metro, sigue avanzando hacia la meta con una distancia considerable sobre su inmediato perseguidor, y tras éste, y de forma dispersa, un ramillete de apenas diez corredores, entre los cuales se encuentra un excepcional Roberto Fariñas, un corredor senior con el que hace años compartía algunas carreras al ser nuestros ritmos parecidos, pero que de un tiempo a esta parte ha pegado una mejora constante, que hacen que en el día de hoy a buen seguro finalizará entre el selecto grupo de los diez primeros.


Un pequeño llanito para llegar al cruce con la Avenida de Canillejas a Vicálvaro y tras girar ciento ochenta grados y volver nuevamente sobre nuestros pasos, completamos el quinto kilómetro. Seguimos corriendo a buen ritmo y al cruzarnos con la gran masa de atletas que forman los van por detrás de nosotros, tengo la ocasión de comprobar el innumerable grupo de corredores que animan a Valledor, constantemente va recibiendo gritos de ánimo, por lo que no me resisto a hacerle un comentario sobre ello al que responde con una sonrisa. En esta parte del recorrido, justo entre los kilómetros seis y siete, es el tramo que siempre, en todas las ocasiones en las que he participado en esta carrera, peor he realizado. Constantemente cada vez que he pasado por ese punto he sufrido un pequeño bajón, y en esta ocasión no iba a ser menos. Se trata de un tramo que lejos de ser una exigente subida, lo cierto es que pica para arriba, y acostumbrados como venimos a correr rápido durante algunos kilómetros favorables, el cambio de perfil, al menos en mi caso, lo acuso de forma significativa. Es por ello que no consigo volver a coger un buen ritmo hasta que no sobrepaso el kilómetro siete y giramos nuevamente a la derecha para afrontar el segundo de los tramos por la calle Hermanos García Noblejas, todavía necesitaré unos cuantos metros mas para tomar aire e intentar no descolgarme, cosa que consigo a duras penas.

Antes de llegar al giro que desemboca en la calle Emilio Muñoz ya se me han marchado Valledor y otro par de corredores que iban en el grupo, así que ahora corro en compañía de únicamente dos corredores hasta que desde atrás nos alcanza Antonio Perea, http://antonioamilcar.blogspot.com.es Un fantástico corredor que igualmente sorprende por su constante evolución.

Entrados ya en la calle Emilio Muñoz, el perfil se vuelve descaradamente favorable, pasamos rápidamente el kilómetro ocho, durante unos pocos metros cojo la cabeza del grupo e intento incrementar el ritmo, pero mi dichosa lesión me recuerda que sigue siendo compañera de viaje y en forma de pinchazos inguinales me hace levantar el pie del acelerador y volver al grupo, por otra parte, y teniendo en cuenta el aire que ahora sopla de cara quizás sea lo mejor.

En un santiamén llegamos al noveno kilómetro y con el a la plaza de Cronos, paradojas de la vida Dios griego personificación del tiempo, quien jamás se hubiese imaginado que en la plaza que lleva su nombre miles de corredores confluirían sus miradas en unos pequeños artefactos unidos a sus muñecas con la esperanza de ver reflejado en ellos ese “crono” perseguido con tanto esfuerzo en días de duros entrenamientos.

De aquí a meta quedan únicamente mil metros, por mi parte no voy a tentar mas la suerte y decido no incrementar el ritmo, únicamente mantener el que en estos momentos llevo, hasta que a escasos cientos de metros de la meta veo a mi mujer Lourdes, a mis dos hijos, a mi hermana y a mi sobrino Javi animándome como posesos, choco la palma de la mano con ellos y me dan la energía suficiente para hacer unos últimos metros un poquito mas rápidos donde adelanto a una decena de corredores en un sprint final. Ha sido una buena carrera que me deja satisfecho, en algunos momentos he podido correr sin muchas molestias y eso me anima. Recojo la medalla conmemorativa, la camiseta y tras saludar a Valledor, a Jose Cano que se encuentra por allí y a algunos otros conocidos, me dirijo al encuentro de mi familia, donde junto a ellos esperamos la llegada de mi cuñado quien lo hace en unos muy buenos treinta y nueve minutos. Una vez todos juntos nos iríamos a tomar el aperitivo en un bar cercano regado con cerveza fresquita.



Después de tanto tiempo sin competir se me ha vuelto a activar el gusanillo, por lo que ya me he apuntado a otra competición para este próximo fin de semana.



Como siempre mucha, mucha salud para tod@s y a seguir disfrutando de la actividad física.

miércoles, 3 de octubre de 2012

CARRERA LUZAGA 2012

Esta crónica va con mucho retraso, ya que se celebró el pasado, y bien pasado, 18 de Agosto, pero es que últimamente me cuesta bastante ponerme a escribir, me da mucha pereza, por no mencionar que prácticamente no me queda tiempo libre para hacerlo, así que… mas vale tarde que nunca.



La carrera de Luzaga (www.luzaga.com ) en su décima edición se celebró, como ya he mencionado antes, el pasado 18 de Agosto, en una tarde veraniega y con un sofocante calor estival. Llegué a este bonito pueblo de Guadalajara acompañado una vez mas de mi mujer Lourdes y mis dos hijos, así como también de mi madre, mi hermana, mis sobrinos y mi cuñado, quien también participaría en la prueba. En esta ocasión también quisieron estar dándonos ánimos mis primos Rubén y Miriam con sus correspondientes parejas. Por todo ello, y sumado a la buena acogida por parte de la gente del pueblo así como también al resto de familiares y amigos de los demás corredores, el ambiente en el pueblo era increíble, mucha animación y muchas ganas de pasarlo bien, como así ha sido siempre y como así sería una vez mas.

Llegamos a Luzaga con tiempo suficiente para realizar las inscripciones, gratuitas como es tradición, recoger el dorsal ( El 85 en mi caso) y calentar un poco por sus calles. Junto a mi cuñado Alejandro trotamos algunos cientos de metros recorriendo los primeros tramos de la competición y comprobamos como en un balcón, situado en la misma Plaza Mayor donde se efectuará la salida, están colgadas todas y cada una de las distintas camisetas con las que la organización nos ha ido obsequiando a los corredores durante todos los años que se lleva celebrando la carrera, me pareció un detalle muy original y divertido. Comentamos entre mi cuñado y yo las que tenemos, que son las mas, y las que no, que son las menos.

 También nos llama bastante la atención la presencia, un año mas, de un vehículo-ambulancia, de los tiempos en los que Alfredo Landa tenía pelo y que lleva al volante a un enfermero totalmente vestido de verde y con un fonendoscopio un tanto “peculiar”, lo cierto es que no le falta detalle, y así entre calentamiento y conversación se va acercando la hora de la salida.

Antes de nuestra carrera de diez kilómetros se celebraron las pruebas de categorías femenina absoluta y juveniles donde pudimos ver correr a los chicos y las chicas, con algún pequeño fallo organizativo en categoría juvenil masculina que obligó a realizar dos salidas distintas, este fallo es la excepción que confirma la regla, de todos es conocido que todo buen escribano alguna vez realiza un borrón.

Una vez terminadas las pruebas que precedían a nuestra carrera tomamos posiciones para poco a poco ir formando el numeroso grupo de corredores que tomaremos la salida prevista para las 18:45 h.. Nos vamos juntando cada vez mas atletas y a mí particularmente hay algo que me está resultando extraño, me paro un poco a pensar y en seguida me doy cuenta de lo que se trata, es la voz del speaker que nos llega a través de los altavoces, no es la misma voz de siempre, me refiero a la voz de Adolfo, el “alma mater” de esta carrera (mas conocido como Fito), a quien siempre recuerdo detrás del micro, no es su voz, efectivamente al girarme y escudriñar un poco entre los atletas que están detrás de mi, puedo verle encajado en mitad del gran grupo, supongo que al ser la décima edición de la carrera no ha querido perdérsela y ha preferido esta vez, delegar su puesto de speaker en otra persona y así poder tomar parte activa y disfrutar desde dentro la competición.



Justo delante de nosotros el conductor-enfermero de la ambulancia, a golpe de petardo, da la señal que indica el comienzo de la carrera, desde el primer metro ya toman la iniciativa un par de jovencísimos corredores, de rasgos africanos, que salen disparados como auténticas balas, tras de ellos el incombustible, y ganador en varias ocasiones de esta carrera, Juan José Cruz, un fantástico corredor y a quien intento seguir en estos primeros metros.






Empezamos a callejear por las entrañas de Luzaga, pateándonos la calle Real y comprobando un año mas las cuestas que la conforman. Unos pocos cientos de metros después pasamos nuevamente por la Plaza Mayor donde situado en el cuarto puesto recibo los ánimos directos de todos mis familiares, así da gusto correr.




Seguimos todavía algún tramo mas por dentro del pueblo para enseguida abandonarlo por una pequeña rampa que muere en lo que es el comienzo de un largo camino de tierra.


Como viene siendo habitual desde hace ya algún tiempo, sigo practicando el correr por sensaciones, quiero decir con esto que me olvido de marcas y tiempos de paso al correr sin reloj, por lo que no sabría decir a cuanto pasamos el primer kilómetro, pero la sensación que tuve es que fue rápido, aun así, ya los dos jóvenes corredores que ocupaban la primera y segunda plaza se habían escapado descaradamente, y tras de ellos Juan Cruz, lo iba haciendo igualmente. Yo ocupo el cuarto lugar, y tras de mí, tengo a un grupito de unos tres o cuatro atletas pisándome literalmente los talones, y cuando digo literalmente es literalmente, ya que a punto están de sacarme la zapatilla en un par de ocasiones en las que me pisan por detrás. Como no quiero que me tiren al suelo, y visto que ninguno de los que me persiguen tienen intención de pasar adelante y darme algún relevo, decido incrementar un poco el ritmo y despegarme un poco de ellos. Enseguida el grupito que me perseguía se ha visto mermado con el incremento del ritmo, y ahora solo me siguen un par de muy buenos corredores como son Fco. Javier Barril (ganador en alguna de las primeras ediciones de esta misma carrera) y Jose M. Berrinches, a quien conozco por ser un asiduo participante de la carrera que se organiza en Sacecorbo, pueblo donde suelo veranear algunos días a finales de Agosto. Dos buenos corredores, de esos peleones, correosos y que nunca se dan por vencidos, por lo que una vez conformado este trío bajo ya un poco el ritmo para tomar un poco de aire, consciente de que a éstos dos me va a ser muy difícil despegar, así que me auto-impongo una velocidad de crucero para ir sumando kilómetros sabedor de que a los de delante es imposible recortarles y con la única ambición de que no nos den caza los de detrás.

Seguimos corriendo por un camino de tierra, a veces quebrado, a veces pedregoso, y otras con bastante pastizal. Poco después del segundo kilómetro se descuelga Jose Manuel, así que en compañía de Fco. Javier sigo corriendo a un ritmo vivo pero no agónico. Superado el kilómetro tres nos acercamos nuevamente a Luzaga, y una vez abandonado el camino de tierra entramos nuevamente en el pueblo por la calle de la carrera, (no me refiero de esta carrera, es que el nombre la calle es ése, curioso ¿verdad?). Cruzamos una vez mas por su Plaza Mayor, donde somos animados nuevamente y donde doy un sorbo de agua a un vaso que me ofrece la organización, ....


y abandonamos el pueblo por la calle del Río enfilando la carretera de Cortes de Tajuña.





Antes de cruzar el puente del Río, una mujer está manguera en mano refrescando a quien se lo pide y así con la distracción de esta “bombero” improvisada nos plantamos en el cuarto kilómetro. Aquí la panorámica se abre delante de nosotros, con campos de labor en los extremos, la vista alcanza bastante lejos por lo que podemos comprobar con exactitud las distancias que nos separan a unos de otros. Desde luego los dos primeros corredores  van muy destacados del tercero, con un buen espacio de por medio,

 luego entre el tercero y nosotros dos la distancia ya es menor, aunque se nos antoja ya insalvable igualmente.

La carretera de Cortes está salpicada de cambios de rasante por lo que vamos superando pequeños falsos llanos y continuas subidas y bajadas. Hace algunos cientos de metros que Fco. Javier a empezado a darme relevos y mantenemos un buen ritmo de carrera, por detrás nadie nos incomoda por lo que todo apunta a que las posiciones, mas o menos, van ya definiéndose.

Pasamos el quinto kilómetro y nos acercamos en suave bajada hacia el sexto donde recibimos agua como avituallamiento y giramos noventa grados a la izquierda para abandonar la carretera y tomar un camino de tierra paralelo al río Tajuña que discurre por toda su rivera, lo que le hace incómodo y pedregoso en alguno de sus tramos y por lo que debo ir con cuidado de mirar bien donde pongo los pies. Seguimos los dos a buen ritmo, a veces voy delante, a veces va él y las menos vamos los dos en paralelo.

Completado el tramo de camino ribereño de Albalate y pasado el séptimo kilómetro por este precioso tramo, desembocamos nuevamente en la misma carretera de Cortes de Tajuña, esta vez de vuelta nuevamente hacia Luzaga. Ahora nos vamos cruzando con todo el resto de corredores que en sentido contrario van completando los tramos que nosotros ya hemos realizado. Así, al poco, me cruzo con mi cuñado que lleva una muy buena cara y se le ve que está disfrutando a tope de la competición, nos animamos mutuamente y seguimos pegando zancadas.


Poco después me cruzo con la ambulancia que va cerrando la carrera y que llevan montada una auténtica fiesta, eso sí que es pasárselo bien.

Ahora, notando ya la cercanía de la meta, tanto Fco. Javier como yo vamos dando pequeños acelerones, tanteándonos mutuamente y buscando algún momento de debilidad para descolgar al rival, ambos luchamos por la cuarta plaza y están en juego algunos eurillos, que aunque no son muchos, dan para invitar a unos botellines a la familia, en caso de conseguirlos.

Pasamos el kilómetro ocho en dura pugna y nos acercamos al noveno, se nota que ambos vamos forzados, a parte de que el ritmo se ha vuelto mucho mas vivo, hay un detalle que hace inconfundible el esfuerzo, y no es otro que la respiración. Los dos vamos resoplando, a veces incrementa él el ritmo y otras me pongo en cabeza y acelero yo. En éstas estamos cuando completamos el noveno kilómetro y afrontamos el décimo y último. Ahora ya toca darlo todo y no reservar ni un gramo de fuerza, estos últimos mil metros se van a hacer duros ya que Fco. Javier está plantando cara y batallando como un jabato, por mi parte voy dándolo todo y desgraciadamente para mí veo que no soy capaz de despegarme de él. Cuando estamos a punto de entrar nuevamente en Luzaga y una vez pasado el puente sobre el río decido probar una vez mas y doy un último cambio de ritmo, no es un cambio seco, sino que progresivamente voy aumentando aún mas el ritmo frenético que de por sí ya traemos. Afortunadamente compruebo que a mi compañero de carrera y rival en este punto no le quedan ya mas cambios y metro a metro voy distanciándome de él para entrar por última vez en la Plaza Mayor de Luzaga, donde la animación es admirable.

Allí recibo los aplausos de toda mi familia y resto del público y acompañado de mi hijo mayor paso por línea de meta en cuarto lugar de la general, siendo el segundo en la clasificación de Veteranos.


 El tiempo, aunque para mí no tiene ya tanta importancia como hace unos años, ha sido de treinta y cinco minutos y cuarenta y ocho segundos, que no está nada mal teniendo en cuenta el perfil de la prueba y sobre todo el firme por el que discurre, a veces caminos, a veces asfalto, a veces campo.

Acabo muy contento con mi carrera, y tras esperar la llegada de Fco. Javier y felicitarnos ambos, me voy al encuentro de toda mi familia para esperar la llegada de mi cuñado, que lo hace poco después, llegando mas fresco que una lechuga.





Al término de la carrera, y sin mas demora, la organización realizó la entrega de trofeos, donde recogí el que me correspondía como segundo clasificado en categoría de veteranos y el sobre con el dinerito por haber quedado cuarto en la general.


Unas cuantas fotitos de rigor, unos botellines y nos volvimos para casa con la satisfacción de haber participado un año mas en esta carrera tan entrañable y que los organizadores organizan con tanto cariño, a quienes no queda mas que darles las gracias por tanto esfuerzo desinteresado que le dedican, y todo para que los corredores que a ella acudimos nos sintamos como en casa, y a buen seguro que lo consiguen. Enhorabuena una año mas y nos vemos en 2013.



Gracias a la organización, por su esfuerzo, dedicación y atención a los atletas y por conseguir que Luzaga tenga un carrera POPULAR de verdad.



Gracias Lourdes por estar siempre ahí, sin ti ya sabes que no sería posible.



Salud para todos/as.


jueves, 31 de mayo de 2012

MEDIA MARATON DE COSLADA 27/05/2012


   Por distintos motivos, ya hacía un par de años que no participaba en esta media maratón. Este año, debido a mi “divorcio” con las carreras de asfalto, tampoco tenía pensado participar, pero el ir a entrenar los sábados con los compañeros de Velilla de San Antonio es lo que tiene, que hay compañeros que van y al final pica el gusanillo. Así pues, le pusimos deberes a David para que nos hiciese las inscripciones y pusimos la mente en esta competición.

   Unos días antes de la carrera, David nos comunica que tras desplazarse a Coslada para realizar las inscripciones le informan que los dorsales ya se han agotado, pero que extrañamente le invitan a que si somos respetuosos podamos correr sin dorsal. Últimamente los dorsales se agotan con mucha antelación en la mayoría de las carreras, algo inusual hace unos años donde recuerdo que hasta se podía apuntar uno el mismo día de la prueba. En fin, sea como fuere, el caso es que ya hechos a la idea de afrontar esta media maratón decidimos ir a participar, aunque fuese sin dorsal.

   El día de la prueba, acompañado como no podía ser de otra forma de mi cuñado Alejandro, nos presentamos en Coslada con margen suficiente para aparcar bien el coche y charlar un rato con amigos y conocidos que por allí se encuentran. Bromeamos un rato con Carlos, un amigo del Club Edwards, y también con Antonio, compañero de entrenamientos en Velilla, quien aprovecha para presentarnos a su mujer. Poco después llega toda la tropa Velillense y juntos, y sin calentar ni un solo metro, nos vamos a la línea de salida.


Ambien pocos minutos antes de la salida.
   Nos situamos mas o menos hacia la mitad del grupo y tras alguna broma mas, comenzamos a correr en cuanto el juez de carrera da la salida. Los primeros metros los hago trotando ya que es imposible correr rodeado de tanta gente, y eso me viene bien para ir calentando poco a poco. Llegamos a la primera rotonda que giramos a la izquierda y aquí ya empiezan a abrirse algunos huecos por los que me voy colando.


Instantes después de la salida llegando a la primera rotonda.

   Paso el primer kilómetro en algo mas de cinco minutos y voy incrementando poco a poco el ritmo, contacto con mi amigo Carlos del club Edwards quien me dice que no ha puesto el crono en la salida y quiere conectarlo en el kilómetro dos, así que al paso por este segundo kilómetro le aviso y lo pone en marcha.

   Yo sigo hacia delante progresando poco a poco, llego hasta grupitos de corredores, aguanto un poco con ellos y tras pocos metros sigo incrementando el ritmo y superándoles. Así paso los kilómetros tercer y cuarto, y al llegar al quinto donde está el primer puesto de avituallamiento ya voy situado en la parte delantera del gran grupo de corredores que damos color a esta carrera. Tomo una botella de agua y me la bebo casi entera, cosa inusual en mi que casi no bebo en competiciones distintas del maratón, pero hoy es distinto, llevo la boca muy seca ya que ayer apenas me hidraté, bueno a decir verdad si que lo hice pero solo con cerveza. Estuve toda la tarde con mis hijos celebrando el fin de temporada del equipo de fútbol de Pablete y para cenar, les llevamos a todo el equipo al Burguer donde yo apenas comí unos nuggets de pollo con un par de cervezas grandes. Para terminar de rematarlo hoy el desayuno ha sido un vaso de leche con dos galletas, comida insuficiente a todas luces para correr una media maratón, soy un inconsciente.

   Sigo adelante y tras unos giros a la derecha pasamos el sexto kilómetro y la misma rotonda que en la zona del recinto ferial nos vió pasar hace unos minutos. Poquito a poco voy buscando sensaciones, hace mucho, mucho tiempo que no competía en asfalto y las sensaciones y la forma de correr son totalmente distintas a las carreras de montaña, aquí hay que dar el máximo en cada zancada y yo todavía no tengo la mente concienciada para ello, y no sé si la volveré a tener. Voy pensando únicamente en disfrutar de la carrera, voy animando a los corredores que poco a poco se van descolgando de posiciones delanteras y lo cierto es que salvo algún pequeño pinchazo en mi maltrecha cadera, estoy corriendo mas o menos sin problemas.

   Nuevo giro a la derecha y pasamos el kilómetro siete junto a la estación del cercanías, poca gente animando, por no decir ninguna, y nos acercamos sin remedio a la temida zona de Las Conejeras. Se trata de una zona complicada por sus continuas cuestas como así comprueba algún corredor que a las primeras de cambio se queda clavado en ellas.

  Los kilómetros octavo y noveno los completamos superando las cuestas "conejeriles" que en ellos nos esperaban, rampas que yo recordaba de mayor dureza y que en el día de hoy no me lo han parecido tanto, supongo que será porque llevo un ritmo mucho mas lento que las últimas veces que competí en esta prueba y ello me permite afrontarlas con mas serenidad.

 Tras una fuerte bajada que castiga los cuádriceps y, una vez dejada atrás la zona de Las Conejeras ya corro prácticamente en solitario, acompañado única y esporádicamente de otro corredor que a ratos va haciendo lo que se llama “la goma”, a veces se junta conmigo y otras se queda atrás. Nos adentramos ahora en las amplias avenidas de la zona del Esparragal, calles anchas y rectas que otra vez, poco a poco van picando hacia arriba.

   Desde el kilómetro diez hasta el kilómetro once el perfil de esos mil metros es de una constante, sostenida y descarada subida que nos hace arribar a la zona de La Colina resoplando y alguno hasta bufando.  A partir de aquí el perfil de recorrido se suaviza lo que me permite correr con mas soltura y decido incrementar un poco el ritmo, así corriendo en llano y en algún tramo de pronunciada bajada supero la distancia entre el kilómetro once y el doce en apenas tres minutos y veinte segundos, he pegado un buen acelerón y vuelvo a correr de nuevo en solitario. Doy caza a otro atleta que me precede y que se pone a mi estela durante el tramo llano de Ciudad San Pablo entre el doce y el trece, pero tarda poco en descolgarse.

   El perfil sigue siendo llano lo que me permite mantener un buen ritmo y atacar con garantías el kilómetro catorce donde paso nuevamente por el lugar donde tomamos la salida y aquí si recibo el ánimo de la gente que nos está animando. Ahora el recorrido vuelve a ser el mismo que ya hemos completado en los primeros kilómetros, así que ya lo conocemos todos.

  Cuando creo que voy bien, la cadera me manda alguna señal de alarma que me hace ser realista y pensar en que tengo que correr con la inteligencia suficiente para no estar luego una semana fastidiado con los dolores que me acompañan desde hace meses por forzar mas de la cuenta, así que bajo el ritmo y vuelvo a imponerme una velocidad de “crucero” lo suficientemente cómoda como para no castigar la zona afectada por la lesión, pero en el punto de exigencia adecuado para mantener un ritmo aceptable de competición.

   Esta situación es el ingrediente perfecto para que corredores a los que había descolgado vuelvan a juntarse conmigo en el kilómetro quince, alguno apenas unos metros porque vuelve a quedarse, pero otro se va por delante de mí, y aunque se trata de una segunda vuelta por un trazado que ya debería conocer, en cada cruce de calles, en los que no existe algún voluntario de la organización, se despista y tengo que ir indicándole a grito “pelao” cual es el trazado que debe seguir, esta será una constante hasta la misma línea de meta.

   Por delante de nosotros, y únicamente en las calles mas rectas, tan solo podemos vislumbrar a un par de corredores, pero con tanta distancia de separación que será imposible alcanzarles, por lo que el resto de kilómetros toca correrlos otra vez en solitario. Paso el kilómetro dieciséis asumiendo el papel de “lazarillo” ya que el corredor que va delante de mí, apenas a veinte metros, va literalmente perdido y he de seguir pegándole gritos para indicarle el camino correcto, yo sigo a mi ritmo con el único objetivo de llegar, ya se puede oler la meta.

   Giramos a la derecha, nos merendamos el kilómetro diecisiete, y con un nuevo giro a la derecha nos plantamos en una calle larga que nos conduce hasta el dieciocho. Pocos metros después, un nuevo paso por la misma puerta del Ayuntamiento y, tras unos cientos de metros conquistamos el kilómetro diecinueve y con él, el último avituallamiento donde vuelvo a dar fin de un nuevo botellín de agua.

   Esto se está acabando, ya se intuye la línea de meta, dos giros mas hacia la derecha y desembocamos de nuevo en la larga calle Virgen de la Cabeza, paralela al Centro Integral de Transportes, en subida en su comienzo y mas favorable en su parte final que nos conduce al kilómetro veinte. Kilómetro donde vuelvo a alcanzar al desorientado corredor que me precede, mas por demérito suyo que por mérito mío, ya que por mi parte no ha habido ningún incremento de ritmo, así que ha debido ser él quien está acusando esta parte final del recorrido. Le rebaso y afronto los ultimos metros de la carrera con buenas sensaciones, me dejo llevar por ellas y alargando la zancada y la frecuencia de las mismas hago el último paso por la rotonda del ferial y supero el último obstáculo en forma de cuesta sobre el puente que salva las vías del ferrocarril.

   Únicamente me quedan apenas trescientos metros, en los que hago un último cambio de ritmo y alentado por los aplausos del público, que aquí si anima, junto con los ánimos recibidos también por parte de Javi, otro de mis compañeros de Velilla que al pensamiento de “la carne es débil” se retiró en el primer paso por este punto, consigo llegar bajo el arco de meta y parar el cronómetro en una hora y diecinueve minutos.


Ultimos metros.                                                                                                                                                                                    
Javi al fondo de rojo de quien recibí sus ánimos.                                                                                                                            


   Una marca muy discreta y lejana a la hora quince que conseguí hace ya algunos años en este mismo recorrido, pero el cuerpo respondía de otra forma por aquél entonces, y las lesiones no eran tantas.



Alex llegando a meta                                                                                                                                      

   Acabo muy contento porque he terminado muy entero, mejor de lo que esperaba en un principio. Nada mas cruzar el arco de meta, y aunque nadie de la organización me invita a hacerlo, (De hecho incluso alguno me aplaude al llegar a meta), abandono la zona vallada por uno de los laterales ya que he corrido sin dorsal y no sería ético hacer uso de la zona en meta reservada a corredores.

   Enseguida puedo saludar a la mujer de Antonio que está esperando su llegada, y vuelvo sobre mis pasos al encuentro con Javi, junto al que espero al resto de amigos y compañeros que poco a poco irían llegando a meta y de los que dejo constancia en forma de fotografía para que puedas ponerles cara.


Juan, magnífico corredor Velillense que paró el crono en 1:24.                                                                            




Carlos, buen corredor del club Edwards y mejor persona.                                                                                           

Jordi, otro magnífico corredor Velillense.                                                                                          

Antonio en primer plano, corredor Velillense.                                                                                                                                      
Duro de roer como comprobaría el dorsal 376 tras el sprint.                                                                                                           



Alejandro, mi cuñao, no calla ni debajo del agua.                                                                                 
Magnífico corredor y magnífica persona, que voy a decir yo..                                                          


David, gran amigo y compañero de muchas historias.                                                                                  
Actualmente reconvertido a triatleta.                                                                                                                    




Angel, una de las últimas incorporaciones al grupo Velillense.                                                                                                        
Un valor en alza y en continua progresión, un fenómeno.                                                                                                                 
 

miércoles, 23 de mayo de 2012

CROSS TRES REFUGIOS 2012



Después de varios meses sin aparecer por aquí, hoy voy a actualizar un poquito el blog ya que está cogiendo algo de polvo últimamente. Lo cierto es que, por otra parte, no hay mucho que contar ya que estoy en una etapa deportiva en mi vida en la cual prácticamente no estoy compitiendo y, únicamente salgo a trotar tranquilamente por el parque escuchando buena música y limitándome a sentirme bien conmigo mismo, sin ninguna otra pretensión.

En el pasado Maratón de Madrid realicé únicamente los últimos 25 kilómetros acompañando a mi cuñado, disfrutando de otra manera de esta parte del recorrido, una forma distinta de llegar a meta ya que se me hizo muy extraño terminar en los últimos kilómetros sin la sensación típica de sufrimiento al finalizar una maratón.

Desde entonces no había vuelto a colocarme un dorsal hasta el pasado domingo donde formé parte de los trescientos cincuenta descerebrados que nos dimos cita en el Cross de los Tres Refugios que se celebró en plena sierra madrileña. El recorrido partía desde el puerto de Navacerrada para subir hasta la Bola del Mundo, pasando por La Maliciosa, Canto Cochino, la Charca Verde, para volver a subir la Bola del Mundo y finalizar en el mismo punto de partida tras completar casi treinta y dos kilómetros de trazado sinuoso con continuas subidas y bajadas repleto de piedras, raíces, así como hielo y nieve en algunos puntos.

El día no acompañaba en absoluto, y a la llegada, junto con mi cuñado, al puerto de Navacerrada, ya pudimos comprobar las condiciones adversas que nos esperaban, no obstante a nuestra llegada ya caían unos pequeños copos de nieve custodiados de un vientecillo muy fresquito que acentuaba la sensación de frío. Tras aparcar el coche y rondando las ocho de la mañana nos dirigimos a recoger el dorsal al Albergue, donde nos encontramos con nuestros compañeros Juan Agus y un Alejandro más. Allí tras recoger el dorsal comentamos que el día no está para bromas y tendremos que tomar muchas precauciones para no llevarnos algún disgusto en la cima de la montaña, todo apunta a que allá arriba las condiciones serán todavía peores.

Yo solo hago que pensar en el calzado que llevo, por mas que miro a mi alrededor la gente va super-preparada con zapatillas de buenos tacos de montaña y yo calzo unas de asfalto con una telilla tan fina que noto el aire gélido a través de ella en mis pies, estoy convencido que lo voy a pagar caro, en fin, no tengo otras y espero no encontrarme mucha nieve y poder correr bien.


Tras una pequeña charla de la organización en la que nos piden mucha prudencia y estar atentos a las marcas que señalan el recorrido para que nadie se pierda, a las nueve y cuarto de la mañana se da la salida. Ascendemos unos cientos de metros por la carretera para enseguida girar a la derecha y comenzar paralelos al teleférico la subida a la bola del mundo por una pista pedregosa y helada que, a cada paso, acumula mas cantidad de nieve, parece mentira que estemos finalizando el mes de mayo. He salido muy tranquilo y estoy inmerso en el grupito de los diez primeros corredores que enseguida pasamos a convertirnos en “andadores” ya que es literalmente imposible seguir corriendo. Así pasamos todos a caminar avanzando paso a paso por la dura ascensión y formando una larga fila india procurando seguir la huella de los que situados en cabeza abren la prueba. Sobra decir que a los primeros pasos por la nieve ya llevo los dos pies totalmente calados, y esto acaba de empezar.


La subida a la Bola es agotadora y se hace interminable, hay tramos muy resbaladizos y tengo miedo de perder el equilibrio y rodar ladera abajo, no consigo dar tres pasos seguidos sin algún resbalón, así fijo la vista única y exclusivamente en donde pongo los pies, y las pocas veces que levanto la mirada compruebo que el cuestón es cada vez mas empinado. Cuanto mas nos acercamos a la cima mas nieve-hielo se acumula y, ello sumado a que el aire arrecia con mas fuerza y que nos recibe con una fuerte ventisca unida a la niebla que hace imposible la visión mas allá de una decena de metros, convierten en un infierno la ascensión, yo confió en que quien va primero esté yendo por el buen camino, porque vamos todos detrás como borregos….



Por fin coronamos y al mas puro estilo Calleja “hacemos cima”, donde las imponentes antenas que dominan la cumbre se yerguen ante nosotros con actitud dominante tras haber surgido de entre la espesa niebla. Ahora la ventisca nos golpea con mas fuerza y unido a la dificultad de correr por la nieve-hielo y la pronunciada pendiente, hacen que sea realmente duro el poder correr, no en vano hay corredores que al grito de “así no hay quien corra”, prefieren darse la vuelta en ese punto y volver sobre sus pasos buscando la seguridad de las instalaciones del puerto de Navacerrada que hemos dejado atrás hace apenas un kilómetro.

Una vez alcanzada la cima, ahora toca bajar hasta el collado del Piornal por un estrecho sendero salpicado de hielo y piedras, algo mas peligroso si cabe que la dura subida, ya que el cuerpo debido a la terrible inclinación se desplaza irremediablemente hacia delante y los esfuerzos de las piernas por intentar sujetarlo pasan un caro peaje en forma de dolor en los músculos cuádriceps, por no hablar de la suma de resbalones que hacen que en mas de una ocasión esté a punto de irme al suelo. Todo ello unido a que, justo delante de mi un corredor ha caído y se ha hecho bastante daño con algún corte en la rodilla y muy posiblemente un esguince de tobillo, hace que me plantee seriamente el bajar el ritmo, tomármelo con mucha cautela y asegurar cada pisada para intentar no caerme, ése pasa a ser mi objetivo principal.



Volvemos a subir hacia la Maliciosa y el camino sigue siendo resbaladizo, técnico, difícil y pedregoso, a estas alturas ya me han pasado decenas de corredores, a algunos de ellos vuelvo a adelantarles en las subidas. Definitivamente mi objetivo es llegar sano y salvo, lo tengo claro, no me la juego. En este punto me alcanza la primera chica. Así junto con ella y otro corredor marchamos en un trío separados del resto de corredores durante bastantes kilómetros.

Hasta el collado de las vacas el descenso es empinado y técnico, hay que ir con cuidado, bajo sin arriesgar, dejando pasar a algunos que nos dan caza y que van más rápido, los cuadriceps se van cargando mas. Larga bajada, primero por la cuerda de los porrones por un camino con mucha piedra suelta y en algunos tramos técnicos. El tiempo ha mejorado y se ven unos tímidos rayos de sol, desaparece la nieve y se ven los primeros claros, las vistas preciosas pero tengo que ir concentrado en el camino. Después de un buen rato bajando y, las menos veces llaneando donde vuelvo a dar caza a alguno de los que me adelantaron en la bajada, llegamos a Canto Cochino donde tras una breve parada para un ligero avituallamiento continúo corriendo ahora por buen camino. Esto hace que pueda imponer un ritmo mas vivo a mi carrera y dar caza a otros cuantos corredores que me preceden. Vamos llaneando entre pinares en ligero ascenso, llegamos a la Charca Verde, ahora junto con la primera clasificada, voy inmerso en un grupito de unos diez corredores.



Algún kilómetro después llega la gran subida del día que nos supondrá tendré que salvar mil metros de desnivel en apenas ocho kilométros. A partir de aquí se hace complicado el poder correr, muchas raíces y piedras hacen que tenga que hacer andando algunos tramos. Sigo subiendo ganando altura y disfrutando de las vistas para bastante rato después llegar el puente de los Manchegos. A partir de aquí se hace literalmente imposible el poder correr, es una sucesión continua de riscos, pedregales, raíces, arbustos y árboles que dificultan incluso el poder caminar con comodidad, así que me armo de paciencia y pasito tras pasito continúo con la dura subida. Al cabo de un rato se pasa nuevamente del sol a la ventisca con agua/nieve y me adentro prácticamente en solitario en un valle salpicado de agua por todas partes, ni que decir tiene que los pies siguen tan calados como en la salida. En este punto el porcentaje de la rampa disminuye un poco y se puede volver a trotar, que no correr, durante algunos cientos de metros. Atravieso zonas encharcadas y un valle con ganado vacuno suelto y repleto de “plastas de vaca”, inevitable en pisar alguna. Han desaparecido los árboles, ahora todo son praderas y piedras y no veo por ninguna parte un punto de referencia donde fijar la vista en la subida, la Bola del Mundo se me antoja muy lejana todavía. Sigo sumando metros sin parar, la nieve hace acto de presencia nuevamente y empiezo a pisar otra vez hielo, mis pies ya ni los siento, deben estar a punto de congelarse.

Cada vez que levanto la vista me encuentro con un nuevo cuestarrón, así que mejor no alzarla mucho porque el terreno está empapado y hay agua y hielo por doquier.

Llego a la zona mas alta donde hay nieve por todos lados y tengo que escalar, si, si escalar un nevero con bastante inclinación, echo en falta un piolet…



Con mis zapatillas “voladoras” y ligeras de asfalto voy de resbalón en resbalón, es como si intentase correr con una moto con neumáticos de seco en una pista de hielo, es un milagro que me mantenga en pie. Superado el nevero me meto de lleno otra vez en la ventisca, siguiendo la huella dejada por los corredores que me preceden llego la bola y desde allí por una pista de hormigón semi-congelada todo para abajo hasta terminar por la misma pendiente super, super-inclinada y pedregosa que subimos en el inicio para desembocar en el Puerto de Navacerrada.




Llego a meta fundido, sin sentir los pies y los cuádriceps destrozados, han sido cuatro horas de esfuerzo que empiezan a pasar factura, repongo fuerzas en el último avituallamiento en meta que nos ha preparado la organización a base de carne de membrillo, jamón, queso, frutos secos y un vaso de caldo calentito que me sabe a gloria. Espero la llegada de mi cuñado que, unos cuarenta minutos después, llega cansado y contento.



Ha sido una dura experiencia no apta para todo los corredores, no en vano hubo mas de cincuenta abandonos, ahora toca recuperarse y volver a los entrenamientos diarios sin ningun objetivo en mente, tan solo disfrutar del deporte.



Salud para todos/as.