martes, 27 de noviembre de 2012

COMBI-2 SANSE 2012




El pasado domingo día 25 de noviembre de 2012 tuvo lugar la celebración de una de las competiciones, que para mi gusto personal, mas encanto tienen de las que se celebran en la Comunidad de Madrid. Se trata de la prueba combinada por parejas Combi-2 en la localidad de San Sebastián de los Reyes, y organizada con muy buen criterio por el club deportivo ñ-ultrafondo http://www.ultrafondo.com

¿Qué es una Combi-dos? Una Combi-dos es una competición por parejas, en la que dos deportistas, uno sobre bicicleta de montaña y otro a pie, deben de hacer un recorrido de entre 25 y 30 Km. siempre unidos, con una separación máxima entre ambos de 10 metros. Los deportistas deben de cambiar su posición obligatoriamente (cada 5- 7 Km. aproximadamente), en una zona señalizada, denominada “zona de relevo”, es decir el que iba a sobre la bicicleta pasa a correr y viceversa.. Estas parejas pueden ser masculinas, femeninas o mixtas, en mi caso y como es habitual formé pareja deportiva con mi cuñado Alejandro.

A las ocho y media de la mañana y con la bici ya cargada en su coche, me recoge mi cuñado y en poco mas de veinte minutos ya estamos aparcados frente al Polideportivo “Dehesa Boyal”, lugar donde tendrá lugar tanto la salida como la finalización de esta carrera. En un santiamén recogemos nuestros dorsales, ambos con el número 66 y con la única diferencia en el color de los números, ya que el dorsal de Alejandro los lleva en rojo, al ser quien corra la primera de las vueltas, y en el mío están impresos en negro.

Pues una vez retirados los dorsales, volvemos nuevamente al coche para montar la bici, hecho lo cual regresamos de nuevo a las pistas de atletismo del Polideportivo donde se encuentra el arco de salida, así como también la zona de relevos donde accedemos para dejar la bici una vez pasado el control de jueces. Al filo de las nueve y media de la mañana y como todavía tenemos tiempo de sobra, aprovechamos para tomar un café tranquilamente y estirar un poco las piernas por las instalaciones del Polideportivo.

A eso de las diez y cuarto de la mañana tiene lugar la tradicional charla técnica pre-competición, donde los organizadores y jueces de la carrera nos explican detalladamente los pormenores de la misma. Tras algunas consultas por parte de los corredores en poco menos de quince minutos los atletas que van a completar la primera vuelta se sitúan bajo el arco de salida. En esta primera vuelta, por motivos de seguridad, la media naranja de cada pareja, es decir, el corredor que debiera ir montado en la bici, no tomará parte en ella, es por ello por lo que una vez iniciada esta primera vuelta, los corredores que portamos el dorsal con números de color negro nos dirigimos a la zona de relevos a esperar que nuestro compañero complete los primeros seis kilómetros de la carrera. Como todavía quedan mas de veinte minutos hasta que aparezca Alejandro, todavía no me quito el chándal y empiezo a trotar suavemente para ir progresivamente entrando en calor.

Cabe destacar que la mañana ha amanecido fresquita y con un cielo totalmente cubierto de nubes, aunque las previsiones no son de lluvia afortunadamente. El entorno por donde discurre la carrera es espectacular, se trata de la Dehesa Boyal. Esta Dehesa está situada al norte de la zona urbana del municipio de San Sebastián de los Reyes, en el límite con el término municipal de Madrid y más concretamente con el Soto de Viñuelas y forma parte del Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares. Se encuentra ubicada un enclave privilegiado repleto de una naturaleza que se muestra exuberante en esta época del año. En ella, y en su vegetación tanto de encinar como de ribera, habitan multitud de aves y pequeños mamíferos que serán testigos mudos de nuestro paso en esta mañana de domingo.

Volviendo de nuevo a la competición, en unos veintidós minutos después de haberse dado la salida, comienzan a llegar los primeros clasificados a las pistas de atletismo, donde todavía tendrán que completar un giro al tartán para llegar a la zona de relevos donde les esperan las respectivas parejas “deportivas”. Mi compañero completa una fantástica primera vuelta, e inesperadamente compruebo como llega situado dentro de los primeros treinta competidores en un tiempo de apenas veinticinco minutos. Después de haberse “cascado” hace apenas una semana en Canillejas un sub-40 en diez kilómetros hoy nuevamente vuelve a sorprenderme con un muy buen ritmo de competición. Está claro que a sus cuarenta y cinco años está viviendo una segunda juventud deportiva. Pues nada esto hay que aprovecharlo, así que espero a que llegue a la zona de relevos, coja la bici, se ponga el casco, y en seguida soy yo el que empieza a correr.

La salida del Polideportivo se hace por camino en una subida que para empezar ya pone el corazón a toda marcha, son mis primeros metros e intento ir poco a poco cogiendo ritmo. En el primer kilómetro ya hay que salvar un repecho donde los mas novatos sobre la bici ya tienen que poner pie a tierra. No es el caso de Alejandro, quien a lomos de su montura, empieza a contarme como está el trazado, donde están las subidas, donde las bajadas, cuales son los tramos mas técnicos y cuales los mejores para correr fuerte, es como llevar un GPS.



Compruebo de primera mano, el fantástico paisaje que nos ofrece el campo que nos rodea y que nos hace llegar su fresco aroma tan bien recibido por nuestros esforzados pulmones. Completo mi primer kilómetro donde he conseguido adelantar a unas pocas parejas.

Entre el primer y el segundo kilómetro el objetivo no es correr rápido, sino por el contrario tener mucho cuidado de donde se van colocando los pies y también los brazos, ya que se trata de uno de los tramos en bajada especialmente estrecho con arbustos y densos matorrales a ambos lados, y con un terreno jalonado de grietas producto del discurrir del agua. Este tramo termina con una curva cerrada hacia la izquierda, donde el camino se abre y se vuelve llano, permitiendo avivar el ritmo y con ello dar alcance a alguna pareja mas que nos precede.


Foto cortesía de Lolo Juan

Alejandro no para de animarme y darme detalles sobre todo lo que me espera por delante, por mi parte me encuentro cómodo, yendo a un ritmo vivo pero no asfixiante, que aunque no me permite mantener una conversación con él, al menos puedo contestarle con escuetos monosílabos.

Pasado el tercer kilómetro comienza la subida mas dura de todo el recorrido. Para nuestra sorpresa se encuentra en muchas mejores condiciones que en otras ocasiones en las que participamos en esta carrera. Así, han desaparecido las trialeras que la salpicaban, y el camino goza de buen firme, que aun manteniendo la misma pendiente, hace que los apoyos sean mucho mas cómodos. Tras unos primero metros realmente duros, la pendiente va poco a poco suavizándose hasta llegar al cuarto kilómetro y con él, al paso por la barrera que nos expulsa brevemente al exterior de la Dehesa. Nos encontramos en la zona mas rápida de todo el recorrido, formada por ochocientos metros de ancho y llano camino, que en comparación con el resto del trazado mas parece tratarse de una auténtica autopista, lugar idóneo para que los velocistas den rienda suelta a su potencial y liberen toda su adrenalina.

En seguida atravesamos una puerta que nos da paso nuevamente a los dominios de la Dehesa Boyal y tras un giro de noventa grados a la derecha afrontamos otro de los tramos técnicos del trazado. Ahora se trata de bajar por una pendiente de casi un kilómetro de distancia y repleta de trialeras, en la que hay que llevar los ojos bien puestos en el suelo para dirigir bien los pies hacia zonas estables. Hay algún tramo en el que el cuerpo se lanza hacia delante de manera vertiginosa y hay que ser muy cuidadoso con las zancadas para no acabar por los suelos. Igualmente Alejandro subido encima de la bici debe andarse con mucho cuidado para no meter la rueda en las innumerables grietas que se encuentra por delante.

Una vez negociada la bajada y tras un pequeño tramo llano y estrecho, con un piso blando y terroso, llegamos al punto mas difícil de todo el trazado. Se encuentra situado entre los kilómetros quinto y sexto y se trata de vadear el cauce seco de un arroyo, en cuyo lecho nos acecha una pequeña trampa de arena suelta, que a los corredores nos obliga a realizar un pequeño esfuerzo extra, y a la gran mayoría de los ciclistas a poner pie a tierra.

Salvada esta última dificultad, solo resta abordar algo menos de medio kilómetro llano para pisar nuevamente las pistas de atletismo del Polideportivo, hasta donde llegamos habiendo superado a algunas parejas hasta situarnos cerca de los diez primeros puestos. Recibimos avituallamiento en forma de agua e isotónicos y comenzamos nuestro siguiente relevo sin para de correr: Sujeta la bici, quítate el casco, toma la bici, sujeta el caso, trae la bici, toma el casco… hasta que pasamos por el arco que delimita el fin de la zona de relevos y Alejandro comienza a correr y a mi me toca “descansar entre comillas” subido en la bicicleta.

Al comienzo de esta tercera vuelta no vemos a nadie por delante de nosotros, así como tampoco parece que nos apriete en la zaga ninguna otra pareja, por lo que le comento a mi compañero que se lo tome con calma, que intente disfrutar de ésta su última vuelta como corredor y no se exija demasiado. Lejos de hacerme caso, Alejandro lleva un ritmo vivo y alegre que hace que hasta casi mediada esta tercera vuelta no sintamos la presencia por detrás de la pareja que nos persigue y que se acerca muy despacio hacia nosotros, ya que mi cuñado les está poniendo difícil el poder alcanzarnos. Poco a poco vamos superando las zonas ya descritas anteriormente y si corriendo se hace complicado afrontar algunos tramos, no lo es menos intentando mantener el equilibrio sobre dos ruedas. En algún punto del recorrido alguien nos canta que vamos situados en la novena posición, lo que nos alegra y nos da un puntito extra de motivación si cabe.

Estoy realmente sorprendido con el rendimiento de mi cuñado ya que únicamente, y a pocos metros de completar la vuelta, nos dan alcance, tanto la pareja que hace un par de kilómetros sabemos de su presencia, como otra mucho mas rápida que como un cohete nos rebasa a ambas.

Llegamos nuevamente a la zona de relevos, donde una vez superado el ceremonial de cambio de bici y casco volvemos a intercambiar nuestros papeles para afrontar la última y definitiva de las vueltas al circuito. A la salida de las pistas, la distancia que nos separa de las dos parejas que nos superaron en la vuelta anterior no es mucha, y conseguimos alcanzarlas y rebasarlas dentro del primer kilómetro. Volvemos a marchar en solitario y poco a poco vamos completando este último giro, absortos en el paisaje que nos rodea y recibiendo ánimos de deportistas y paseantes que paulatinamente se van dejando ver por la dehesa.

Foto cortesía de Lolo Juan

A mitad de vuelta vamos doblando a algunas de las parejas que conforman la parte trasera de la carrera, enviándoles nuestros ánimos y siendo correspondidos del mismo modo, y así entre ánimos, vamos finalizando la prueba.

Por mi parte mantengo un ritmo alegre pero sin excesos, que luego estos se pagan, voy muy cómodo y disfrutando de los pocos kilómetros que quedan para terminar. Todavía en la zona rápida del circuito daremos alcance a una pareja mas, a la que hemos llegado con cierta facilidad, tras lo cual y superados por última vez el delicado tramo en bajada y el vadeo del cauce seco del arroyo, nos presentamos en línea de meta con la satisfacción de haber completado una vez mas esta bonita carrera. Mi cuñado y yo nos felicitamos mutuamente y tras recoger la escueta bolsa del corredor, en la que también la crisis ha hecho mella, nos dirigimos a la zona de boxes para recoger nuestras prendas de abrigo.


Bolsa del Corredor Combi-2 SanSe 2012


Foto cortesía de Lolo Juan

Ha sido una carrera divertida, exigente y repleta de buena gente, empezando por los organizadores y terminando por el buen rollo que se respira entre todos los participantes, lo que nos deja con muy buen sabor de boca. Sabor que se ve endulzado mas todavía al comprobar en la clasificación que hemos conseguido terminar en el puesto octavo de la general, siendo subcampeones en la categoría de veteranos. La mañana no ha podido resultar mejor, así esperamos a la ceremonia de entrega de trofeos que supone la guinda a una maravillosa mañana deportiva.

Podium Veteranos (Foto Cortesía de Julio Castells)

 

Trofeo Sub-Campeones Veteranos

Luego ya en casa y repasando las clasificaciones de esta carrera en años anteriores, comprobé como, casualidades de la vida, tanto el puesto en la general como el obtenido en nuestra categoría han resultado un calco del obtenido en este mismo circuito en el año 2008 http://www.alexpirana.blogspot.com.es/2008_10_01_archive.html


Muchas salud para tod@s

Alex.

martes, 20 de noviembre de 2012


TROFEO JOSE CANO XXXIII, (o lo que es lo mismo Canillejas 2012)


Hola de nuevo, aquí estoy una vez mas para dejar constancia escrita de mis opiniones personales y sensaciones en otra carrera mas, aunque lo cierto es que cada vez son menos las carreras en las que tomo parte, no en vano desde el pasado mes de agosto en la carrera de Luzaga no me había vuelto a colgar un dorsal.

En esta ocasión he tomado parte en la competición cuya denominación oficial es la de Trofeo Jose Cano, mas concretamente en su XXXIII edición, y la que todos conocemos coloquialmente como “la carrera de Canillejas”. Es una carrera que logísticamente me resulta muy cómoda de gestionar, no en vano mis padres viven en este barrio madrileño, y ello hace que sea muy fácil coordinarlo todo.

Pues bien, vamos al lío, como digo después de casi tres meses volvía a competir nuevamente, así en la mañana del domingo 18 de noviembre quedaba con mi cuñado Alejandro para irnos caminando hasta la casa de mis padres y desde allí, ya con el traje de faena enfundado marchar al trote cochinero hasta la ubicación de la línea de salida en el barrio de Las Rosas. Son cerca de las once de una bonita mañana de domingo, que lejos de las previsiones meteorológicas que asustaban con algo de lluvia, ha amanecido un día con mas claros que nubes y perfecto en cuanto a temperatura, únicamente un ligero vientecillo, apenas imperceptible, podría incomodar la carrera.

Una vez en las inmediaciones de la línea de salida me dispongo a buscar a la persona que ha de entregarme mi dorsal, ya que en esta ocasión es un obsequio de los organizadores y no he podido retirarlo con anterioridad, mas concretamente el dorsal es una invitación mi amigo Pepe Cano a quien una vez mas agradezco el detalle. Enseguida localizo a Amadeo quien me hace entrega del dorsal número 29 junto con el chip que enlazo en mi zapatilla.

La salida de la carrera está prevista para las once y media, y puesto que quedan escasamente quince minutos para la misma, mi cuñado Alejandro decide ir tomando posiciones entre el gran grupo de corredores que ya se va apiñando a escasos metros tras el arco de salida. En mi caso al tener un dorsal comprendido entre los cien primeros no tengo que “pelearme” por un buen puesto en la línea de salida, ya que tengo el espacio reservado en la zona delantera, lo que me permite calentar unos minutos junto a un buen nutrido grupo de muy buenos atletas y una gran representación de conocidos corredores del Club Deportivo Clínicas Menorca, quines salpican de amarillo la zona delantera defendiendo los colores de su club.
Tras un breve calentamiento me coloco literalmente encima de la línea de salida, y a las once y media en punto se da el pistoletazo de salida que marca el inicio de la carrera.



Los primero metros son muy rápidos, los corredores que me rodean salen en su mayoría esprintando y así nos negociamos en un santiamén el primer giro de noventa grados que nos conduce a la cómoda calle Versalles, cómoda por amplia que permite correr con espacios en la parte delantera del grupo, y cómoda por su perfil favorable.

Desde el primer metro un atleta africano ya toma el mando de la carrera y tras él unas decenas de buenísimos corredores le siguen a la zaga.




En mi caso particular voy descolgándome de todos ellos por la parte izquierda de la calzada, con una buena zancada y defendiendo en este primer kilómetro un ritmo bastante aceptable para mi estado de forma y mi falta de competición, me encuentro bien y las sensaciones son buenas y así completo el paso por los primeros mil metros en tres minutos y once segundos, no tenía especial interés en saberlo, de hecho no he puesto ni siquiera el crono, pero un atleta que va junto a mí se lo acaba de cantar a otro que corre junto a él. Bueno pues a tenor de las sensaciones que llevo y el crono que acaban de anunciar las previsiones son optimistas.

Continuamos ahora en una pequeña subida por la calle Toscana, donde el pequeño perfil ascendente hace que los corredores nos agrupemos un poco mas, y algunos que vienen mas fuerte desde atrás aprovechan para adelantar. Noto que el pulso se me acelera y necesito respirar mas rápido, está clara la falta de entrenamiento y en estos momentos se nota especialmente la falta de competición, pero eso da igual, bajo un poco el ritmo y solucionado, sé que enseguida llegaremos a la larga Avenida de Guadalajara en la que aunque el perfil no llega a ser llano del todo, lo cierto es que me va a permitir correr mas suelto que en esta Toscana. Y así ocurre, nuevo giro de noventa grados a la izquierda y ante nosotros se abre una amplísima y larga avenida que nos reta a completar sus cerca de mil metros sin otra dificultad que el ir pendiente de no tropezar con las piernas de los corredores que me rodean.


Completo a buen ritmo la citada Avenida de Guadalajara, en la que a decir verdad me da la sensación que hay menos público que en otras ocasiones, y ahora toca abordar el primero de los dos tramos que discurren por la calle Hermanos García Noblejas, está sí con un perfil notoriamente mas favorable. A estas alturas de carrera voy inmerso en un pequeño grupito que destila calidad por sus cuatro costados, no en vano lo componen corredores como Jose Antonio Valledor, un histórico de las carreras populares y ganador en seis ocasiones (si, seis que se dice pronto) del Trofeo Akiles de atletismo, así como muchas otras carreras entre otras la San Silvestre Vallecana, también está en el grupo Jose Ramón Jami Jami, excelente atleta igualmente, además de otros cuatro o cinco buenos galgos también.


Rebasamos en tercer kilómetro y giramos esta vez a la derecha para acometer, para mi gusto, el tramo mas vistoso de toda la carrera. Se trata de la Avenida de Arcentales en el tramo que atraviesa el Parque Paraíso, un parque que, para mi gusto, se encuentra en el momento mas bonito del año, ya que en esta estación se ve salpicado de colores otoñales, con una amplia paleta de tonos anaranjados, ocres y marrones que hacen que durante los cuatro kilómetros que correremos en su interior, la vista pueda relajarse observando algo mas que el monótono gris del duro asfalto.



Al principio, el Parque nos recibe dándonos la bienvenida con un perfil en descenso y favorable que hace que el grupo se sienta cómodo y acelere un tanto la marcha, incluso llegando alguno de los corredores a marcharse por delante, no es mi caso, que aunque cómodo con el ritmo, prefiero quedarme en la seguridad que ofrece el grupo, además en este tramo se nota un casi imperceptible viento de cara que hace que el ir acompañado sea lo mas aconsejable en este momento. Es por ello que sigo junto a Valledor y Jami, y abstraído con el paisaje del parque, casi me voy al suelo en uno de los badenes que jalonan el asfalto, todo queda en un traspiés sin consecuencias que me hace estar de ahora en adelante mas atento a la carretera y menos a los árboles, no obstante hay bastantes baches y grietas en el pavimento.


Tras completar el cuarto kilómetro y superar una pequeña rotonda, debemos afrontar un corto repecho donde, una vez coronado, nos cruzamos con la cabeza de la prueba. Así observamos como el africano, que se escapó desde el primer metro, sigue avanzando hacia la meta con una distancia considerable sobre su inmediato perseguidor, y tras éste, y de forma dispersa, un ramillete de apenas diez corredores, entre los cuales se encuentra un excepcional Roberto Fariñas, un corredor senior con el que hace años compartía algunas carreras al ser nuestros ritmos parecidos, pero que de un tiempo a esta parte ha pegado una mejora constante, que hacen que en el día de hoy a buen seguro finalizará entre el selecto grupo de los diez primeros.


Un pequeño llanito para llegar al cruce con la Avenida de Canillejas a Vicálvaro y tras girar ciento ochenta grados y volver nuevamente sobre nuestros pasos, completamos el quinto kilómetro. Seguimos corriendo a buen ritmo y al cruzarnos con la gran masa de atletas que forman los van por detrás de nosotros, tengo la ocasión de comprobar el innumerable grupo de corredores que animan a Valledor, constantemente va recibiendo gritos de ánimo, por lo que no me resisto a hacerle un comentario sobre ello al que responde con una sonrisa. En esta parte del recorrido, justo entre los kilómetros seis y siete, es el tramo que siempre, en todas las ocasiones en las que he participado en esta carrera, peor he realizado. Constantemente cada vez que he pasado por ese punto he sufrido un pequeño bajón, y en esta ocasión no iba a ser menos. Se trata de un tramo que lejos de ser una exigente subida, lo cierto es que pica para arriba, y acostumbrados como venimos a correr rápido durante algunos kilómetros favorables, el cambio de perfil, al menos en mi caso, lo acuso de forma significativa. Es por ello que no consigo volver a coger un buen ritmo hasta que no sobrepaso el kilómetro siete y giramos nuevamente a la derecha para afrontar el segundo de los tramos por la calle Hermanos García Noblejas, todavía necesitaré unos cuantos metros mas para tomar aire e intentar no descolgarme, cosa que consigo a duras penas.

Antes de llegar al giro que desemboca en la calle Emilio Muñoz ya se me han marchado Valledor y otro par de corredores que iban en el grupo, así que ahora corro en compañía de únicamente dos corredores hasta que desde atrás nos alcanza Antonio Perea, http://antonioamilcar.blogspot.com.es Un fantástico corredor que igualmente sorprende por su constante evolución.

Entrados ya en la calle Emilio Muñoz, el perfil se vuelve descaradamente favorable, pasamos rápidamente el kilómetro ocho, durante unos pocos metros cojo la cabeza del grupo e intento incrementar el ritmo, pero mi dichosa lesión me recuerda que sigue siendo compañera de viaje y en forma de pinchazos inguinales me hace levantar el pie del acelerador y volver al grupo, por otra parte, y teniendo en cuenta el aire que ahora sopla de cara quizás sea lo mejor.

En un santiamén llegamos al noveno kilómetro y con el a la plaza de Cronos, paradojas de la vida Dios griego personificación del tiempo, quien jamás se hubiese imaginado que en la plaza que lleva su nombre miles de corredores confluirían sus miradas en unos pequeños artefactos unidos a sus muñecas con la esperanza de ver reflejado en ellos ese “crono” perseguido con tanto esfuerzo en días de duros entrenamientos.

De aquí a meta quedan únicamente mil metros, por mi parte no voy a tentar mas la suerte y decido no incrementar el ritmo, únicamente mantener el que en estos momentos llevo, hasta que a escasos cientos de metros de la meta veo a mi mujer Lourdes, a mis dos hijos, a mi hermana y a mi sobrino Javi animándome como posesos, choco la palma de la mano con ellos y me dan la energía suficiente para hacer unos últimos metros un poquito mas rápidos donde adelanto a una decena de corredores en un sprint final. Ha sido una buena carrera que me deja satisfecho, en algunos momentos he podido correr sin muchas molestias y eso me anima. Recojo la medalla conmemorativa, la camiseta y tras saludar a Valledor, a Jose Cano que se encuentra por allí y a algunos otros conocidos, me dirijo al encuentro de mi familia, donde junto a ellos esperamos la llegada de mi cuñado quien lo hace en unos muy buenos treinta y nueve minutos. Una vez todos juntos nos iríamos a tomar el aperitivo en un bar cercano regado con cerveza fresquita.



Después de tanto tiempo sin competir se me ha vuelto a activar el gusanillo, por lo que ya me he apuntado a otra competición para este próximo fin de semana.



Como siempre mucha, mucha salud para tod@s y a seguir disfrutando de la actividad física.

miércoles, 3 de octubre de 2012

CARRERA LUZAGA 2012

Esta crónica va con mucho retraso, ya que se celebró el pasado, y bien pasado, 18 de Agosto, pero es que últimamente me cuesta bastante ponerme a escribir, me da mucha pereza, por no mencionar que prácticamente no me queda tiempo libre para hacerlo, así que… mas vale tarde que nunca.



La carrera de Luzaga (www.luzaga.com ) en su décima edición se celebró, como ya he mencionado antes, el pasado 18 de Agosto, en una tarde veraniega y con un sofocante calor estival. Llegué a este bonito pueblo de Guadalajara acompañado una vez mas de mi mujer Lourdes y mis dos hijos, así como también de mi madre, mi hermana, mis sobrinos y mi cuñado, quien también participaría en la prueba. En esta ocasión también quisieron estar dándonos ánimos mis primos Rubén y Miriam con sus correspondientes parejas. Por todo ello, y sumado a la buena acogida por parte de la gente del pueblo así como también al resto de familiares y amigos de los demás corredores, el ambiente en el pueblo era increíble, mucha animación y muchas ganas de pasarlo bien, como así ha sido siempre y como así sería una vez mas.

Llegamos a Luzaga con tiempo suficiente para realizar las inscripciones, gratuitas como es tradición, recoger el dorsal ( El 85 en mi caso) y calentar un poco por sus calles. Junto a mi cuñado Alejandro trotamos algunos cientos de metros recorriendo los primeros tramos de la competición y comprobamos como en un balcón, situado en la misma Plaza Mayor donde se efectuará la salida, están colgadas todas y cada una de las distintas camisetas con las que la organización nos ha ido obsequiando a los corredores durante todos los años que se lleva celebrando la carrera, me pareció un detalle muy original y divertido. Comentamos entre mi cuñado y yo las que tenemos, que son las mas, y las que no, que son las menos.

 También nos llama bastante la atención la presencia, un año mas, de un vehículo-ambulancia, de los tiempos en los que Alfredo Landa tenía pelo y que lleva al volante a un enfermero totalmente vestido de verde y con un fonendoscopio un tanto “peculiar”, lo cierto es que no le falta detalle, y así entre calentamiento y conversación se va acercando la hora de la salida.

Antes de nuestra carrera de diez kilómetros se celebraron las pruebas de categorías femenina absoluta y juveniles donde pudimos ver correr a los chicos y las chicas, con algún pequeño fallo organizativo en categoría juvenil masculina que obligó a realizar dos salidas distintas, este fallo es la excepción que confirma la regla, de todos es conocido que todo buen escribano alguna vez realiza un borrón.

Una vez terminadas las pruebas que precedían a nuestra carrera tomamos posiciones para poco a poco ir formando el numeroso grupo de corredores que tomaremos la salida prevista para las 18:45 h.. Nos vamos juntando cada vez mas atletas y a mí particularmente hay algo que me está resultando extraño, me paro un poco a pensar y en seguida me doy cuenta de lo que se trata, es la voz del speaker que nos llega a través de los altavoces, no es la misma voz de siempre, me refiero a la voz de Adolfo, el “alma mater” de esta carrera (mas conocido como Fito), a quien siempre recuerdo detrás del micro, no es su voz, efectivamente al girarme y escudriñar un poco entre los atletas que están detrás de mi, puedo verle encajado en mitad del gran grupo, supongo que al ser la décima edición de la carrera no ha querido perdérsela y ha preferido esta vez, delegar su puesto de speaker en otra persona y así poder tomar parte activa y disfrutar desde dentro la competición.



Justo delante de nosotros el conductor-enfermero de la ambulancia, a golpe de petardo, da la señal que indica el comienzo de la carrera, desde el primer metro ya toman la iniciativa un par de jovencísimos corredores, de rasgos africanos, que salen disparados como auténticas balas, tras de ellos el incombustible, y ganador en varias ocasiones de esta carrera, Juan José Cruz, un fantástico corredor y a quien intento seguir en estos primeros metros.






Empezamos a callejear por las entrañas de Luzaga, pateándonos la calle Real y comprobando un año mas las cuestas que la conforman. Unos pocos cientos de metros después pasamos nuevamente por la Plaza Mayor donde situado en el cuarto puesto recibo los ánimos directos de todos mis familiares, así da gusto correr.




Seguimos todavía algún tramo mas por dentro del pueblo para enseguida abandonarlo por una pequeña rampa que muere en lo que es el comienzo de un largo camino de tierra.


Como viene siendo habitual desde hace ya algún tiempo, sigo practicando el correr por sensaciones, quiero decir con esto que me olvido de marcas y tiempos de paso al correr sin reloj, por lo que no sabría decir a cuanto pasamos el primer kilómetro, pero la sensación que tuve es que fue rápido, aun así, ya los dos jóvenes corredores que ocupaban la primera y segunda plaza se habían escapado descaradamente, y tras de ellos Juan Cruz, lo iba haciendo igualmente. Yo ocupo el cuarto lugar, y tras de mí, tengo a un grupito de unos tres o cuatro atletas pisándome literalmente los talones, y cuando digo literalmente es literalmente, ya que a punto están de sacarme la zapatilla en un par de ocasiones en las que me pisan por detrás. Como no quiero que me tiren al suelo, y visto que ninguno de los que me persiguen tienen intención de pasar adelante y darme algún relevo, decido incrementar un poco el ritmo y despegarme un poco de ellos. Enseguida el grupito que me perseguía se ha visto mermado con el incremento del ritmo, y ahora solo me siguen un par de muy buenos corredores como son Fco. Javier Barril (ganador en alguna de las primeras ediciones de esta misma carrera) y Jose M. Berrinches, a quien conozco por ser un asiduo participante de la carrera que se organiza en Sacecorbo, pueblo donde suelo veranear algunos días a finales de Agosto. Dos buenos corredores, de esos peleones, correosos y que nunca se dan por vencidos, por lo que una vez conformado este trío bajo ya un poco el ritmo para tomar un poco de aire, consciente de que a éstos dos me va a ser muy difícil despegar, así que me auto-impongo una velocidad de crucero para ir sumando kilómetros sabedor de que a los de delante es imposible recortarles y con la única ambición de que no nos den caza los de detrás.

Seguimos corriendo por un camino de tierra, a veces quebrado, a veces pedregoso, y otras con bastante pastizal. Poco después del segundo kilómetro se descuelga Jose Manuel, así que en compañía de Fco. Javier sigo corriendo a un ritmo vivo pero no agónico. Superado el kilómetro tres nos acercamos nuevamente a Luzaga, y una vez abandonado el camino de tierra entramos nuevamente en el pueblo por la calle de la carrera, (no me refiero de esta carrera, es que el nombre la calle es ése, curioso ¿verdad?). Cruzamos una vez mas por su Plaza Mayor, donde somos animados nuevamente y donde doy un sorbo de agua a un vaso que me ofrece la organización, ....


y abandonamos el pueblo por la calle del Río enfilando la carretera de Cortes de Tajuña.





Antes de cruzar el puente del Río, una mujer está manguera en mano refrescando a quien se lo pide y así con la distracción de esta “bombero” improvisada nos plantamos en el cuarto kilómetro. Aquí la panorámica se abre delante de nosotros, con campos de labor en los extremos, la vista alcanza bastante lejos por lo que podemos comprobar con exactitud las distancias que nos separan a unos de otros. Desde luego los dos primeros corredores  van muy destacados del tercero, con un buen espacio de por medio,

 luego entre el tercero y nosotros dos la distancia ya es menor, aunque se nos antoja ya insalvable igualmente.

La carretera de Cortes está salpicada de cambios de rasante por lo que vamos superando pequeños falsos llanos y continuas subidas y bajadas. Hace algunos cientos de metros que Fco. Javier a empezado a darme relevos y mantenemos un buen ritmo de carrera, por detrás nadie nos incomoda por lo que todo apunta a que las posiciones, mas o menos, van ya definiéndose.

Pasamos el quinto kilómetro y nos acercamos en suave bajada hacia el sexto donde recibimos agua como avituallamiento y giramos noventa grados a la izquierda para abandonar la carretera y tomar un camino de tierra paralelo al río Tajuña que discurre por toda su rivera, lo que le hace incómodo y pedregoso en alguno de sus tramos y por lo que debo ir con cuidado de mirar bien donde pongo los pies. Seguimos los dos a buen ritmo, a veces voy delante, a veces va él y las menos vamos los dos en paralelo.

Completado el tramo de camino ribereño de Albalate y pasado el séptimo kilómetro por este precioso tramo, desembocamos nuevamente en la misma carretera de Cortes de Tajuña, esta vez de vuelta nuevamente hacia Luzaga. Ahora nos vamos cruzando con todo el resto de corredores que en sentido contrario van completando los tramos que nosotros ya hemos realizado. Así, al poco, me cruzo con mi cuñado que lleva una muy buena cara y se le ve que está disfrutando a tope de la competición, nos animamos mutuamente y seguimos pegando zancadas.


Poco después me cruzo con la ambulancia que va cerrando la carrera y que llevan montada una auténtica fiesta, eso sí que es pasárselo bien.

Ahora, notando ya la cercanía de la meta, tanto Fco. Javier como yo vamos dando pequeños acelerones, tanteándonos mutuamente y buscando algún momento de debilidad para descolgar al rival, ambos luchamos por la cuarta plaza y están en juego algunos eurillos, que aunque no son muchos, dan para invitar a unos botellines a la familia, en caso de conseguirlos.

Pasamos el kilómetro ocho en dura pugna y nos acercamos al noveno, se nota que ambos vamos forzados, a parte de que el ritmo se ha vuelto mucho mas vivo, hay un detalle que hace inconfundible el esfuerzo, y no es otro que la respiración. Los dos vamos resoplando, a veces incrementa él el ritmo y otras me pongo en cabeza y acelero yo. En éstas estamos cuando completamos el noveno kilómetro y afrontamos el décimo y último. Ahora ya toca darlo todo y no reservar ni un gramo de fuerza, estos últimos mil metros se van a hacer duros ya que Fco. Javier está plantando cara y batallando como un jabato, por mi parte voy dándolo todo y desgraciadamente para mí veo que no soy capaz de despegarme de él. Cuando estamos a punto de entrar nuevamente en Luzaga y una vez pasado el puente sobre el río decido probar una vez mas y doy un último cambio de ritmo, no es un cambio seco, sino que progresivamente voy aumentando aún mas el ritmo frenético que de por sí ya traemos. Afortunadamente compruebo que a mi compañero de carrera y rival en este punto no le quedan ya mas cambios y metro a metro voy distanciándome de él para entrar por última vez en la Plaza Mayor de Luzaga, donde la animación es admirable.

Allí recibo los aplausos de toda mi familia y resto del público y acompañado de mi hijo mayor paso por línea de meta en cuarto lugar de la general, siendo el segundo en la clasificación de Veteranos.


 El tiempo, aunque para mí no tiene ya tanta importancia como hace unos años, ha sido de treinta y cinco minutos y cuarenta y ocho segundos, que no está nada mal teniendo en cuenta el perfil de la prueba y sobre todo el firme por el que discurre, a veces caminos, a veces asfalto, a veces campo.

Acabo muy contento con mi carrera, y tras esperar la llegada de Fco. Javier y felicitarnos ambos, me voy al encuentro de toda mi familia para esperar la llegada de mi cuñado, que lo hace poco después, llegando mas fresco que una lechuga.





Al término de la carrera, y sin mas demora, la organización realizó la entrega de trofeos, donde recogí el que me correspondía como segundo clasificado en categoría de veteranos y el sobre con el dinerito por haber quedado cuarto en la general.


Unas cuantas fotitos de rigor, unos botellines y nos volvimos para casa con la satisfacción de haber participado un año mas en esta carrera tan entrañable y que los organizadores organizan con tanto cariño, a quienes no queda mas que darles las gracias por tanto esfuerzo desinteresado que le dedican, y todo para que los corredores que a ella acudimos nos sintamos como en casa, y a buen seguro que lo consiguen. Enhorabuena una año mas y nos vemos en 2013.



Gracias a la organización, por su esfuerzo, dedicación y atención a los atletas y por conseguir que Luzaga tenga un carrera POPULAR de verdad.



Gracias Lourdes por estar siempre ahí, sin ti ya sabes que no sería posible.



Salud para todos/as.


jueves, 31 de mayo de 2012

MEDIA MARATON DE COSLADA 27/05/2012


   Por distintos motivos, ya hacía un par de años que no participaba en esta media maratón. Este año, debido a mi “divorcio” con las carreras de asfalto, tampoco tenía pensado participar, pero el ir a entrenar los sábados con los compañeros de Velilla de San Antonio es lo que tiene, que hay compañeros que van y al final pica el gusanillo. Así pues, le pusimos deberes a David para que nos hiciese las inscripciones y pusimos la mente en esta competición.

   Unos días antes de la carrera, David nos comunica que tras desplazarse a Coslada para realizar las inscripciones le informan que los dorsales ya se han agotado, pero que extrañamente le invitan a que si somos respetuosos podamos correr sin dorsal. Últimamente los dorsales se agotan con mucha antelación en la mayoría de las carreras, algo inusual hace unos años donde recuerdo que hasta se podía apuntar uno el mismo día de la prueba. En fin, sea como fuere, el caso es que ya hechos a la idea de afrontar esta media maratón decidimos ir a participar, aunque fuese sin dorsal.

   El día de la prueba, acompañado como no podía ser de otra forma de mi cuñado Alejandro, nos presentamos en Coslada con margen suficiente para aparcar bien el coche y charlar un rato con amigos y conocidos que por allí se encuentran. Bromeamos un rato con Carlos, un amigo del Club Edwards, y también con Antonio, compañero de entrenamientos en Velilla, quien aprovecha para presentarnos a su mujer. Poco después llega toda la tropa Velillense y juntos, y sin calentar ni un solo metro, nos vamos a la línea de salida.


Ambien pocos minutos antes de la salida.
   Nos situamos mas o menos hacia la mitad del grupo y tras alguna broma mas, comenzamos a correr en cuanto el juez de carrera da la salida. Los primeros metros los hago trotando ya que es imposible correr rodeado de tanta gente, y eso me viene bien para ir calentando poco a poco. Llegamos a la primera rotonda que giramos a la izquierda y aquí ya empiezan a abrirse algunos huecos por los que me voy colando.


Instantes después de la salida llegando a la primera rotonda.

   Paso el primer kilómetro en algo mas de cinco minutos y voy incrementando poco a poco el ritmo, contacto con mi amigo Carlos del club Edwards quien me dice que no ha puesto el crono en la salida y quiere conectarlo en el kilómetro dos, así que al paso por este segundo kilómetro le aviso y lo pone en marcha.

   Yo sigo hacia delante progresando poco a poco, llego hasta grupitos de corredores, aguanto un poco con ellos y tras pocos metros sigo incrementando el ritmo y superándoles. Así paso los kilómetros tercer y cuarto, y al llegar al quinto donde está el primer puesto de avituallamiento ya voy situado en la parte delantera del gran grupo de corredores que damos color a esta carrera. Tomo una botella de agua y me la bebo casi entera, cosa inusual en mi que casi no bebo en competiciones distintas del maratón, pero hoy es distinto, llevo la boca muy seca ya que ayer apenas me hidraté, bueno a decir verdad si que lo hice pero solo con cerveza. Estuve toda la tarde con mis hijos celebrando el fin de temporada del equipo de fútbol de Pablete y para cenar, les llevamos a todo el equipo al Burguer donde yo apenas comí unos nuggets de pollo con un par de cervezas grandes. Para terminar de rematarlo hoy el desayuno ha sido un vaso de leche con dos galletas, comida insuficiente a todas luces para correr una media maratón, soy un inconsciente.

   Sigo adelante y tras unos giros a la derecha pasamos el sexto kilómetro y la misma rotonda que en la zona del recinto ferial nos vió pasar hace unos minutos. Poquito a poco voy buscando sensaciones, hace mucho, mucho tiempo que no competía en asfalto y las sensaciones y la forma de correr son totalmente distintas a las carreras de montaña, aquí hay que dar el máximo en cada zancada y yo todavía no tengo la mente concienciada para ello, y no sé si la volveré a tener. Voy pensando únicamente en disfrutar de la carrera, voy animando a los corredores que poco a poco se van descolgando de posiciones delanteras y lo cierto es que salvo algún pequeño pinchazo en mi maltrecha cadera, estoy corriendo mas o menos sin problemas.

   Nuevo giro a la derecha y pasamos el kilómetro siete junto a la estación del cercanías, poca gente animando, por no decir ninguna, y nos acercamos sin remedio a la temida zona de Las Conejeras. Se trata de una zona complicada por sus continuas cuestas como así comprueba algún corredor que a las primeras de cambio se queda clavado en ellas.

  Los kilómetros octavo y noveno los completamos superando las cuestas "conejeriles" que en ellos nos esperaban, rampas que yo recordaba de mayor dureza y que en el día de hoy no me lo han parecido tanto, supongo que será porque llevo un ritmo mucho mas lento que las últimas veces que competí en esta prueba y ello me permite afrontarlas con mas serenidad.

 Tras una fuerte bajada que castiga los cuádriceps y, una vez dejada atrás la zona de Las Conejeras ya corro prácticamente en solitario, acompañado única y esporádicamente de otro corredor que a ratos va haciendo lo que se llama “la goma”, a veces se junta conmigo y otras se queda atrás. Nos adentramos ahora en las amplias avenidas de la zona del Esparragal, calles anchas y rectas que otra vez, poco a poco van picando hacia arriba.

   Desde el kilómetro diez hasta el kilómetro once el perfil de esos mil metros es de una constante, sostenida y descarada subida que nos hace arribar a la zona de La Colina resoplando y alguno hasta bufando.  A partir de aquí el perfil de recorrido se suaviza lo que me permite correr con mas soltura y decido incrementar un poco el ritmo, así corriendo en llano y en algún tramo de pronunciada bajada supero la distancia entre el kilómetro once y el doce en apenas tres minutos y veinte segundos, he pegado un buen acelerón y vuelvo a correr de nuevo en solitario. Doy caza a otro atleta que me precede y que se pone a mi estela durante el tramo llano de Ciudad San Pablo entre el doce y el trece, pero tarda poco en descolgarse.

   El perfil sigue siendo llano lo que me permite mantener un buen ritmo y atacar con garantías el kilómetro catorce donde paso nuevamente por el lugar donde tomamos la salida y aquí si recibo el ánimo de la gente que nos está animando. Ahora el recorrido vuelve a ser el mismo que ya hemos completado en los primeros kilómetros, así que ya lo conocemos todos.

  Cuando creo que voy bien, la cadera me manda alguna señal de alarma que me hace ser realista y pensar en que tengo que correr con la inteligencia suficiente para no estar luego una semana fastidiado con los dolores que me acompañan desde hace meses por forzar mas de la cuenta, así que bajo el ritmo y vuelvo a imponerme una velocidad de “crucero” lo suficientemente cómoda como para no castigar la zona afectada por la lesión, pero en el punto de exigencia adecuado para mantener un ritmo aceptable de competición.

   Esta situación es el ingrediente perfecto para que corredores a los que había descolgado vuelvan a juntarse conmigo en el kilómetro quince, alguno apenas unos metros porque vuelve a quedarse, pero otro se va por delante de mí, y aunque se trata de una segunda vuelta por un trazado que ya debería conocer, en cada cruce de calles, en los que no existe algún voluntario de la organización, se despista y tengo que ir indicándole a grito “pelao” cual es el trazado que debe seguir, esta será una constante hasta la misma línea de meta.

   Por delante de nosotros, y únicamente en las calles mas rectas, tan solo podemos vislumbrar a un par de corredores, pero con tanta distancia de separación que será imposible alcanzarles, por lo que el resto de kilómetros toca correrlos otra vez en solitario. Paso el kilómetro dieciséis asumiendo el papel de “lazarillo” ya que el corredor que va delante de mí, apenas a veinte metros, va literalmente perdido y he de seguir pegándole gritos para indicarle el camino correcto, yo sigo a mi ritmo con el único objetivo de llegar, ya se puede oler la meta.

   Giramos a la derecha, nos merendamos el kilómetro diecisiete, y con un nuevo giro a la derecha nos plantamos en una calle larga que nos conduce hasta el dieciocho. Pocos metros después, un nuevo paso por la misma puerta del Ayuntamiento y, tras unos cientos de metros conquistamos el kilómetro diecinueve y con él, el último avituallamiento donde vuelvo a dar fin de un nuevo botellín de agua.

   Esto se está acabando, ya se intuye la línea de meta, dos giros mas hacia la derecha y desembocamos de nuevo en la larga calle Virgen de la Cabeza, paralela al Centro Integral de Transportes, en subida en su comienzo y mas favorable en su parte final que nos conduce al kilómetro veinte. Kilómetro donde vuelvo a alcanzar al desorientado corredor que me precede, mas por demérito suyo que por mérito mío, ya que por mi parte no ha habido ningún incremento de ritmo, así que ha debido ser él quien está acusando esta parte final del recorrido. Le rebaso y afronto los ultimos metros de la carrera con buenas sensaciones, me dejo llevar por ellas y alargando la zancada y la frecuencia de las mismas hago el último paso por la rotonda del ferial y supero el último obstáculo en forma de cuesta sobre el puente que salva las vías del ferrocarril.

   Únicamente me quedan apenas trescientos metros, en los que hago un último cambio de ritmo y alentado por los aplausos del público, que aquí si anima, junto con los ánimos recibidos también por parte de Javi, otro de mis compañeros de Velilla que al pensamiento de “la carne es débil” se retiró en el primer paso por este punto, consigo llegar bajo el arco de meta y parar el cronómetro en una hora y diecinueve minutos.


Ultimos metros.                                                                                                                                                                                    
Javi al fondo de rojo de quien recibí sus ánimos.                                                                                                                            


   Una marca muy discreta y lejana a la hora quince que conseguí hace ya algunos años en este mismo recorrido, pero el cuerpo respondía de otra forma por aquél entonces, y las lesiones no eran tantas.



Alex llegando a meta                                                                                                                                      

   Acabo muy contento porque he terminado muy entero, mejor de lo que esperaba en un principio. Nada mas cruzar el arco de meta, y aunque nadie de la organización me invita a hacerlo, (De hecho incluso alguno me aplaude al llegar a meta), abandono la zona vallada por uno de los laterales ya que he corrido sin dorsal y no sería ético hacer uso de la zona en meta reservada a corredores.

   Enseguida puedo saludar a la mujer de Antonio que está esperando su llegada, y vuelvo sobre mis pasos al encuentro con Javi, junto al que espero al resto de amigos y compañeros que poco a poco irían llegando a meta y de los que dejo constancia en forma de fotografía para que puedas ponerles cara.


Juan, magnífico corredor Velillense que paró el crono en 1:24.                                                                            




Carlos, buen corredor del club Edwards y mejor persona.                                                                                           

Jordi, otro magnífico corredor Velillense.                                                                                          

Antonio en primer plano, corredor Velillense.                                                                                                                                      
Duro de roer como comprobaría el dorsal 376 tras el sprint.                                                                                                           



Alejandro, mi cuñao, no calla ni debajo del agua.                                                                                 
Magnífico corredor y magnífica persona, que voy a decir yo..                                                          


David, gran amigo y compañero de muchas historias.                                                                                  
Actualmente reconvertido a triatleta.                                                                                                                    




Angel, una de las últimas incorporaciones al grupo Velillense.                                                                                                        
Un valor en alza y en continua progresión, un fenómeno.