lunes, 4 de marzo de 2013

MEDIA MARATON GETAFE 2013

MEDIA MARATON GETAFE 27/01/2013.



Un año mas decidí participar en esta rápida media maratón que se celebra cada mes de enero en la localidad madrileña de Getafe. Aunque lejos de mi mejor estado de forma y en el que podríamos denominar como mi crepúsculo deportivo, debido a los casi cuarenta y cuatro años con los que ya cuento y por supuesto a las continuas lesiones que no me han dejado desplegar todo, el que yo creo podría haber sido mi potencial deportivo, la mañana del veintisiete de enero pasado me colgué nuevamente el dorsal de esta media maratón en el pecho.

Hasta Getafe llegué, como no podría ser de otro modo, acompañado de mi inseparable cuñado Alejandro, así ambos y utilizando esta vez el coche de mi padre, nos presentamos a primera hora de la fría mañana en las inmediaciones del Polideportivo Juan de la Cierva, donde aparcamos sin problemas y donde nos encaminamos avivadamente para recoger nuestros respectivos dorsales. Al ser de los primeros en llegar, no tuvimos que esperar mas que unos escasos segundos para retirarlos, así que nos sobraba mucho tiempo todavía por delante hasta el comienzo de la competición, visto lo cual, decidimos dar una vuelta por las proximidades en busca de un bar donde poder tomarnos unos cafés bien calentitos. Esta misión, aunque a priori pudiera parecer fácil, nos resultó mas complicada de lo previsto, ya que al tratarse de una zona residencial y al ser una hora tan temprana, casi la totalidad de los bares que íbamos encontrando se encontraban cerrados. Por fin, después de mucho buscar, conseguimos cuando ya volvíamos sobre nuestros pasos acceder a uno de los bares que acababan de abrir en ese momento. Nos pedimos un par de cafés y sin prisas nos dispusimos a saborearlos, comprobando como paulatinamente el establecimiento se iba llenando de mas y mas corredores.

Luego, puesto que la hora de inicio se iba acercando, nos iríamos de nuevo al coche para desprendernos de la ropa de abrigo y comprobar sobre nuestras propias carnes lo gélida de la mañana. Dudamos entre si correr de corto o no, debido al frío, pero enseguida tomamos la decisión de correr en tirantes, ya que pensamos, que después de los primeros kilómetros seguramente nos sobrará toda la ropa extra que podamos llevar. Esto tiene un inconveniente, y es que hasta pasados esos primeros kilómetros pasamos mas frío que un camello en la primera comunión del Yeti….

Así medio tiritando, nos vamos hacia el parque de Castilla la Mancha y que está ubicado aledaño a la línea de salida. Allí nos encontramos con Carlos, Pedro, Antonio, Israel, y algún amigo mas con los que solemos coincidir las mañanas de los sábados en nuestros entrenamientos por Velilla de San Antonio. Tras un breve calentamiento junto a ellos, en seguida nos situamos dentro del inmenso pelotón que ya está formado en la zona de salida, prevista ésta para las diez y media de la mañana. Sin tiempo para mucho mas, únicamente para desearnos suerte unos a otros, con puntualidad británica suena la detonación que nos pone a todos en marcha. Aunque estoy situado en la zona delantera, intuyo que en quinta o sexta fila, en los primeros metros voy totalmente rodeado de corredores, sin espacio apenas para desplegar los brazos, por lo que decido salirme hacia la derecha a un carril bici que discurre paralelo a la calzada. Los primeros kilómetros son el perfil favorable y cuando en la carrera se empiezan a abrir los primeros huecos, no hay excusa para no poder correr rápido. Hace meses que no disputo una media maratón, por lo que soy muy conservador en estos primeros inicios, y aunque bien podría ir un pelín mas rápido, prefiero no arriesgar y guardar fuerzas para mas adelante, así pues voy corriendo a un ritmo que creo debe estar en torno a los tres minutos cuarenta segundos por kilómetro.

Tras un par de rotondas por la avenida de Juan de Borbón, en una de ellas giramos ciento ochenta grados para volver sobre nuestros pasos y acercarnos al segundo kilómetro. Al ser una carrera tan multitudinaria y con tantos corredores, se forman un montón de grupos, así que resulta muy fácil ir metido en alguno de ellos, así voy inmerso en una sucesión de corredores que conformamos un gran pelotón donde es difícil distinguir donde acaba un grupo y donde comienza otro.


Voy progresivamente adelantando a corredores y ahora la carrera se desvía por una zona de viviendas y chaléts, para nuevamente y cerca del tercer kilómetro desembocar en la gran avenida anexa al polideportivo. Giramos a la derecha y ahora el perfil se vuelve un pelín en subida hasta llegar a la rotonda que nos conecta con la ctra. de Villaverde y ésta a su vez tras el paso por el kilómetro cuatro y una nueva rotonda, con la calle Madrid. Sigo yendo resguardado entre ramilletes de corredores que formamos una larguísima fila multicolor, como si de un tren policromado se tratase. El ritmo sigue siendo el mismo, según las sensaciones que llevo, ya que hace mucho tiempo ya que no miro el reloj en las carreras.


Por la calle Magallanes andonamos la calle Madrid por su derecha, y tras dejarla atrás, superarmos el quinto kilómetro ubicado en el comienzo de la calle Humanes y justo antes del avituallamiento. Pasamos por delante de la estación de cercanías de Getafe centro y abordamos los inicios de la larguísima calle de Ferrocarril. En todo este tramo va tirando de nosotros un magnífico corredor del Club Clínicas Menorca, de nombre Juan Carlos pero mas conocido en este mundillo atlético como Pitu. El no está disputando la prueba, sino que acompaña a modo de liebre a otro corredor de su mismo club. Yo personalmente me beneficio de su esfuerzo y me coloco a su estela llevando un ritmo de zancada cómodo y sintiéndome a gusto.

Pasamos el kilómetro seis y a la llegada a una rotonda donde la calle Ferrocarril confluye con la calle Toledo, giramos a la izquierda para tomar esta última en una zona adoquinada que nos mete de lleno en las entrañas mas profundas de Getafe. Pitu sigue marcando un buen ritmo, que no tengo problemas en seguir, no así su compañero de club que parece estar atravesando un pequeño bache, o mas bien gran bache ya que cerca del kilómetro ocho termina por descolgarse. En ese momento creo que Pitu aflojará el ritmo y se quedará a acompañar a su compañero, pero me sorprende comprobar que no es así, y sigue con un ritmo vivo hacia delante. Aprovecho esta circunstancia para seguir pegado a él, como también lo hace algún corredor mas que va detrás de mi, pasamos por el centro de Getafe siendo aplaudidos por el público que ahora de manera mas numerosa se congrega en este punto.

Llevando de liebre al corredor del Menorca y pisando de nuevo la calle Madrid, esta vez en sentido contrario, pasamos el kilómetro nueve y también el diez, comenzando con ello una segunda vuelta al recorrido hasta ahora descrito y que será la definitiva. Creo que voy bien de piernas y de respiración, y aunque lejos de ritmos mas rápidos que hace poco tiempo conseguía mantener en este mismo trazado, me encuentro satisfecho con mi rendimiento y sobre todo disfruto con cada zancada, que al fin y al cabo es de lo que se trata.



Esta segunda vuelta la afronto con el ánimo simplemente de mantener el ritmo actual, sin ninguna otra pretensión, y así lo hago. Pasado el kilómetro once, nuevo giro de ciento ochenta grados para volver hacia la zona del polideportivo y cerca del kilómetro doce puedo ver a Pedro, fantástico corredor y con quien cruzo gritos de ánimo.

Arriba Carlitos en pleno esfuerzo

Antes de llegar al kilómetro trece, el corredor del Menorca acelera un poco el ritmo, hago un primer amago de irme con él, pero enseguida desisto, me doy cuenta que sería forzarme demasiado y no está mi cuerpo para buscar sus límites. Sorprendentemente poco después, en el kilómetro catorce vuelvo a darle alcance y nos unimos nuevamente. Por tanto nuevo paso por la calle Ferrocarril, ahora con un puntito mas si cabe de velocidad. Superamos rápidamente los kilómetros dieciséis y diecisiete, y enseguida estamos pateando nuevamente la calle Toledo y sus incómodos adoquines, como así también atravesamos nuevamente el centro de la localidad. En este punto me encuentro bien y puesto que ya falta muy poco para terminar decido probarme un poco y así incremento algo el ritmo y me marcho en solitario hacia delante. El resto de la calle Madrid lo hago prácticamente solo, dando alcance a algún que otro corredor. Paso el kilómetro veinte y oliendo ya la meta intento hacer un esfuerzo final. Voy superando a mas corredores, y corredoras, y consigo unirme a la tercera clasificada, junto a ella encaro el tramo final, ya dentro de las instalaciones del polideportivo, y con un último esfuerzo la supero a ella y a otro corredor que está unos pocos metros mas adelante.

Paro el crono en un tiempo neto de una hora y dieciséis minutos, que aunque dista mucho del realizado otros años, lo cierto es que me deja contento porque no he llegado tan exhausto como otras veces, estoy contento con mi rendimiento y ello hace que me esta carrera me deje un buen sabor de boca.


Recojo la bolsa del corredor y espero la llegada de mi cuñado y el resto de amigos que lo hacen poco después.

Una vez todos juntos comentamos las impresiones que cada uno hemos sacado de esta competición y sin tiempo para mucho mas nos despedimos pensando ya en la siguiente carrera.



Salud para todos/as.

jueves, 28 de febrero de 2013

SAN SILVESTRE VICALVAREÑA 2012



Sin tiempo para descansar y después de haber completado en el día de ayer la San Silvestre celebrada en el pueblo madrileño de Pedrezuela, en la cual tuve que completar dieciocho kilómetros, la mayoría de ellos por montaña, hoy día treinta y uno de diciembre toca nuevamente competir, y de nuevo en otra San Silvestre, esta vez en la de Vicálvaro.

Al igual que en años anteriores, hasta Vicálvaro me desplazo en compañía de mi cuñado Alejandro, además de mis dos hijos, mi hermana y mi sobrino Javi. Aparcamos el coche en un descampado cerca del Polideportivo y vamos hasta él al encuentro de mi otro cuñado Pablo, que es quien ha gestionado todo el tema de los dorsales. Pablo, junto con mis otros sobrinos y mi cuñada Inma, tarda un poco en aparecer y ello hace que cuando vayamos a recoger los dorsales ya las colas para retirarlos sean considerables, por lo que tenemos que esperar pacientemente para poder hacerlo.

Una vez recogidos los dorsales, nos dirigimos Alejandro y yo de nuevo al coche para cambiarnos de ropa y vestirnos “de corto”, como quiera que todavía es bastante pronto, decidimos tomarnos un café calentito en un bar que hay justo en frente. Aunque son las primeras horas de la mañana, en el bar ya se puede respirar cierto aire de fin de año, con algunos de los clientes ataviados con prendas navideñas propias de estas fechas. Con el café calentito dentro de nuestros cuerpos ahora sí nos cambiamos y nos dirigimos nuevamente al Polideportivo, donde escasos minutos después y arropados por los ánimos de nuestras familias damos comienzo a la prueba.


No me he situado muy delante, sino en tercera o cuarta fila, por lo que la salida la hago bastante tranquilo por el Paseo del Polideportivo, voy buscando un sitio para correr cómodo, pero ya y desde el primer metro siento que las piernas hoy no me van a responder, el esfuerzo de ayer me va a pasar seguro factura y así las noto como auténticas piedras en estos primeros compases de la carrera. El giro de noventa grados para afrontar la calle Vereda del Pinar lo realizo por encima de la acera ya que literalmente no tengo espacio en la calzada por el gran numero de corredores que en este tramo vamos agolpados.

Nuevo giro a la derecha, ahora para abordar la calle Villablanca y continúo buscando mejores sensaciones e intentando progresar dentro del gran grupo. En los inicios del Paseo de los Artilleros ya la carrera se va abriendo progresivamente y encuentro mas huecos por donde correr, así voy adelantando a algunos corredores que me anteceden al paso por la calle Villardondiego y ya en los dominios de la Universidad Rey Juan Carlos (si, si, el de los elefantes).

Al llegar a la estación de Metro que lleva el mismo nombre de la localidad donde estamos corriendo, giramos a la izquierda animados por el numeroso público que en este punto se congrega y enfilamos la larga calle de San Cipriano, con un perfil mas llano y que incluso termina tornándose en bajada en sus postrimerías. Durante todo ese tramo intento buscar un ritmo que me permita guardar la posición que en este momento llevo y al mismo tiempo reservar fuerzas para la cuesta que me espera un poco mas adelante y sobre todo para poder completar con garantías la segunda de las vueltas al trazado de esta competición.

Me uno a un pequeño grupito con dos corredores con muy buena planta y vestidos ambos de color verde e intento mantenerme con ellos, aunque a duras penas lo consigo ya que definitivamente las piernas acusan el esfuerzo de ayer y el ácido láctico acumulado me recuerda a cada zancada que hoy no va a ser el mejor día para exigirme el mejor de mis esfuerzos.

Culminada ya la calle del santo, el recorrido gira a la derecha noventa grados para en una pronunciada bajada descender por la avenida del Gran Este, para unos metros después, y tras un brusco giro de ciento ochenta grados, volver sobre nuestros pasos pero ahora en dura subida que hace que las pulsaciones se disparen y el corazón parezca querer salirse del pecho. En este, corto pero duro, tramo de subida, se me escapan unos metros los corredores con los que voy compartiendo grupito, pero enseguida cuando el perfil vuelve a ponerse llano en la calle Villablanca, contacto nuevamente con ellos.

Ahora se nos presenta por delante una calle infinita y salpicada de rotondas, así como también de público, ya que es el tramo donde parecen agruparse mas espectadores. Marchamos un grupito de unos cuatro o cinco corredores y a ritmo constante vamos alcanzando a algunos de los corredores que en solitario desfilan por delante nuestro.

En esta calle recibo los ánimos de toda la familia que allí se encuentra apostada, y cruzo las manos con los mas pequeños que ilusionadamente me la ofrecen. Una vez completada la misma empiezo el que será el segundo giro al mismo recorrido, pero ahora ya buscando la línea de meta.

En el segundo paso por el tramo de Paseo de los Artilleros y calle Villardondiego, me encuentro un poco mas cómodo, (dentro de la rigidez con la que voy corriendo hoy), y ello me permite separarme un poco del grupo y tomar unos cuantos metros de ventaja, metros que mantengo durante toda la segunda pasada por la calle San Cipriano, e incluso en el tramo de la bajada por Gran Este, no así al encarar la subida, ya que aquí las pulsaciones de nuevo noto que se me disparan y algunos, no todos, de los que vienen por detrás consiguen alcanzarme.

Ahora noto ya descaradamente un bajón físico bastante importante, así que mi cuerpo es el que marca actualmente el ritmo, y éste está muy lejos de ser el que desea mi cabeza. Completo con bastante esfuerzo el tramo de subida y tras unos cuantos metros que me doy de tregua para recobrar el aliento, intento acelerar un poco la carrera para completar el último kilómetro lo mas dignamente posible.

Nuestro cuerpo a veces es una gran caja de sorpresas y en algunas ocasiones, cada vez menos, nos maravilla con alguna alegría. Digo esto porque cuando todo apuntaba a que iba a tener que arrastrarme por un último kilómetro agónico, de repente consigo hacer un cambio de ritmo que no esperaba, la respiración consigo llevarla un poco mas controlada y con zancadas mas ágiles todavía consigo volver a separarme del par de corredores que me alcanzaron, e incluso en los últimos metros rebasar a alguno mas.

Llego a meta bastante fundido, teniendo en cuenta que han sido únicamente algo mas de ocho kilómetros, pero contento de haberla completado un año mas. El tiempo ha sido el peor de todos los años en los que llevo participando, pero esto es ley de vida, también soy un año mas viejo.



Tras pasar el arco de meta recojo la bolsa del corredor y saludo al vencedor de la prueba, el gran Roberto Alvarez, un humilde y magnífico corredor y una de esas buenas personas que tanta falta hacen en esta sociedad. Saludo igualmente a algún par de conocidos mas y espero la llegada de mis dos cuñados. El primero en hacerlo, y bastante contento por cierto, es Alejandro,

quien me indica después de recoger su bolsa que nos faltan las camisetas, ya que por lo visto teníamos que haberlas recogido al mismo tiempo que el dorsal. Enseguida uno de los miembros de la organización, Ramón para mas señas, un tío muy majo e igualmente fantástico corredor también, se ofrece para resolvernos este problemilla, y así lo hace entregándonos, no sólo nuestras dos camisetas, sino también la de mi cuñado Pablo, así da gusto, con organizaciones como ésta no me extraña que la gente sea fiel año tras año y el número de participantes sea cada vez mayor.



Una vez todos juntos, cuando Pablo ha completado también su carrera, aprovecharíamos para pasar un buen rato agradable en familia antes de proceder a despedir el año.

Salud para todos/as

viernes, 22 de febrero de 2013

SAN SILVESTRE PEDREZUELA 2012




Con mucho, mucho retraso me pongo manos a la obra para dejar la crónica de la pasada San Silvestre de Pedrezuela que se celebró el ya prehistórico 30 de diciembre del 2012. De un tiempo a esta parte me cuesta horrores el sentarme a escribir las crónicas de las competiciones, casi tanto como el colocarme un dorsal, será cosa de la edad…. En fin, aunque a toro muy pasado, como dice el refrán: mas vale tarde que nunca.

Esta competición se trataba de una prueba de tipo trail o montaña, que sin llegar a alcanzar una altitud elevada, conllevaba una cierta dificultad por el tipo de terreno por el que discurría, como por el desnivel que acumulaba.

El recorrido de casi 19 km, se componía principalmente de pistas y senderos con continuos ascensos y descensos y variedad de terrenos y pendientes.

Algunas semanas antes de la celebración de la prueba, mi amigo Juan Agus, del Club de Montaña Pedrezuela, (club al que represento últimamente en algunas competiciones y que formaba parte activa de su organización http://cmpedrezuela.com/ ) me informó de la celebración de esta carrera, y conociendo las ganas que a buen seguro pondrían en su organización sería un pecado no haber participado. Así el día de su celebración, acompañado por mi cuñado Alejandro nos presentamos con bastante antelación en las inmediaciones del Polideportivo de Pedrezuela, donde aparcamos sin problemas el coche de mi cuñado y, después de recoger rápidamente los dorsales y saludar a nuestro amigo Alejandro, (si otro tocayo mas), tranquilamente nos marchamos a buscar un bar para tomar un café. Misión ésta que nos supuso algo mas esfuerzo del que creíamos al estar casi todos cerrados a estas horas tan tempranas. El día ha amanecido frío y algo desapacible, por lo que vamos bien abrigados caminando por las entrañas de Pedrezuela a la caza del café.

Al final conseguimos localizar un bar abierto en la calle principal, donde rodeados de bastantes cazadores logramos tomarnos unos cafés bien calentitos acompañados de alguna porra recién hecha. Allí mismo puedo saludar a Jose Luis (Yonhey, en el foro de www.carreraspopulares.com ) quien no se pierde una buena carrera.

De vuelta a la zona del polideportivo, donde dará comienzo y final la carrera, ya notamos la afluencia de muchos mas corredores, y las calles comienzan a estar en ebullición. Saludamos a algunos amigos mas, también a Juan Agus, quien hoy no correrá ya que se dedica a labores organizativas, y quien nos indica que haciendo un último reconocimiento del circuito se le ha salido una rueda del quad y casi no llega a tiempo para los últimos preparativos de la salida.


A las nueve y media en punto se da la salida neutralizada por las calles del pueblo, si neutralizada, algo de lo que me enteré después, cuando tras unos cientos de metros, al abandonar las calles asfaltadas y comenzar a correr por un camino de tierra, estaban de nuevo los organizadores, bocina en mano indicando que de manera oficial comenzaba la carrera.

Para no variar, y como de costumbre, salgo muy, muy tranquilo buscando sensaciones, y así me encuentro en la zona media del pelotón. Abandonamos Pedrezuela por un camino de tierra que pica hacia arriba, y desde el que puedo ver como por delante llevo un sinfín de corredores, y donde los primeros atletas ya van imponiendo su ley, destacándose ya de una manera ostensible del resto de mortales.

El camino nos conduce por lomas en continuos ascensos y descensos, donde poco a poco voy adelantando a muchos corredores. Se nota que estoy fuera de mi medio natural que es el asfalto, aquí no se puede ir a un ritmo uniforme, ya que el ritmo lo impone el terreno, a veces quebrado, a veces resbaladizo, a veces pedregoso, y las menos llano y suave que es donde aprovecho para progresar algunos puestos.

 

Llegamos a un primer paso por la zona más exigente y técnica, que es el paso por el cañón del Río Guadalix. Comenzamos una bajada muy técnica hasta el río, salpicada de troncos y raíces, donde hay que poner los cinco sentidos para no dar con los huesos en el suelo. Una vez llegados al río, hay que atravesar éste saltando por unas pequeñas, e inestables piedras que hay colocadas estratégicamente en él. Nada mas apoyar mi pie en la primera de ellas me resbalo e introduzco la pierna hasta casi la rodilla dentro del agua, al intentar sacarla me desequilibro y meto la otra pierna también, resultado: los dos pies calados y calcetines y zapatillas empapados de agua. Hala, no llevo ni dos kilómetros y ya he comprobado en mis carnes lo fría que está el agua del río Guadalix, en fin, no me queda otra que seguir corriendo y esperar que las zapatillas poco a poco se vayan secando, tarea bastante complicada ya que la mañana es muy húmeda, hace frío e incluso parece que algunas brumas que llegan del pantano se quieren sumar a la fiesta.

Nada mas vadear el río comenzamos una dura rampa de subida a la que no le veo el fin, tanto es así, que después de haberla comenzado corriendo, poco a poco he tenido que ir bajando el ritmo hasta tal punto que la tengo que terminar andando. Está claro que estas carreras no son mi fuerte, y aquí me adelantan un montón de corredores mas acostumbrados a este tipo de competiciones, como lo es Fernando, un compañero de trabajo de mi cuñado que me da alcance y con quien correré codo con codo a partir de ahora. Cuando llegamos al alto y tras un pequeño espejismo de falso llano, encontramos en el kilómetro cuatro el primero de los puntos de avituallamiento líquido. Tras el volvemos a encarar una bajada muy técnica que nos conduce a otro cañón cercano al embalse de Pedrezuela, al que nos dirigimos tras hacer un giro de noventa grados a la derecha y tomar un camino con algo de mejor firme.

Las vistas del pantano, según me comenta Fernando, serían estupendas si no fuese por la niebla que nos acompaña. En este punto hemos formado un grupito de unos seis o siete corredores y del que, a relevos, vamos tirando Fer y yo. La alegría del buen firme del camino, al igual que en la casa del pobre dura poco, ya que la organización nos tiene reservado un giro a la izquierda para encarar una durísima subida trialera que nos hace ponernos en fila de a uno y que nos llevará bastantes minutos superarla. En cabeza va Fer, quien conocedor de esta zona, ya que reside en Pedrezuela, nos va indicando por donde debemos ir, y es muy de agradecer ya que en este tramo es facilísimo perderso. Incluso Fer se despista en un punto concreto y tenemos que pararnos todos y volver sobre nuestros pasos para buscar el recorrido correcto.

Resoplando por los cuatro costados conseguimos culminar esta subida infernal y tras un efímero llano toca bajar nuevamente, no sin antes salvar un punto de control de paso que tiene instalado la organización poco después del séptimo kilómetro.

 

Tras la pronunciada bajada ahora tocar correr por una zona de toboganes y falsos llanos en la parte baja de un valle donde el piso ahora es una senda estrecha en donde en algunos de sus tramos se encuentra semi-cubierta de hierbas mojadas con el rocío de la mañana, que hacen muy, muy fácil sufrir un resbalón.

Así, en compañía de Fer y algún corredor mas, nos plantamos en el kilómetro ocho, donde encontramos otro punto de avituallamiento, esta vez con algún sólido que se suma a la bebida. Tras él, nuevo giro de noventa grados a la derecha para encarar, como no, otra cuesta infinita. Esta vez se trata de una ascensión con menos pendiente y mejor firme, pero mucho, mucho mas larga, que hace que en algunos tramos incluso vaya haciendo la goma y me descuelgue del resto de compañeros. Hay tramos que pierdo contacto, en otros, vuelvo a conectar e incluso me pongo en cabeza del grupito, para luego volverme a descolgar de nuevo, y así durante bastantes cientos de metros.

Una vez superada la durísima subida, continuamos por el mismo camino pero ya con un perfil mucho mas favorable. En este punto Fer me indica que tengo por delante un tramo bastante largo donde el estado del camino, con buen firme, y el perfil del mismo, casi todo llano e incluso en bajada, me puede permitir correr con mas soltura e incrementar el ritmo si quiero. Al principio soy un poco reacio, ya que la subida me ha dejado sin aliento, pero a medida que van pasando los metros, y voy comprobando que el camino está realmente bien, el perfil ha decidido darnos una tregua y se torna mas benigno, cuando consigo estabilizar mi respiración decido poner un ritmo mas vivo y aprovechar este tramo para marcar alguna diferencia. Enseguida el grupo de pone en fila de a uno, y no pasan ni cien metros cuando ya me despego de todos ellos y empiezo a correr en solitario, ahora si me encuentro a gusto y he encontrado mi ritmo de carrera. Cada vez mas mis zancadas son mas amplias y con mayor frecuencia, eso me anima y junto con una respiración mas pausada me hace crecerme hasta tal punto que incluso voy dando caza a algunos corredores a los que ni siquiera veía hace tan solo unos minutos. Llevo un ritmo realmente endiablado que hace que esté recuperando, en parte, el terreno perdido hasta ahora.

Tras un par de vertiginosos kilómetros, donde he alcanzado a unos cuantos corredores que me precedían, y después de una larga bajada por un estupendo camino, llego al siguiente avituallamiento que está en el kilómetro doce de la prueba, a partir de aquí se acaba lo bueno, y con ello me refiero a los buenos caminos y al perfil favorable. Ahora el trazado pasa por una estrecha senda encajonada en el fondo del valle, con algo de barro y algo resbaladiza. Esto hace que alguno de los corredores a los que acabo de adelantar, y mas fogueados en este tipo de terrenos, me den de nuevo alcance y formemos un cuarteto que por momentos es quinteto y por momentos trío.

Así entre adelantamientos, resbalones y alguna caída de algún compañero de viaje, llegamos al siguiente punto de control situado cerca del kilómetro trece, donde giramos a nuestra derecha para abandonar la senda que traemos y comenzar, como no, otra dura subida que desemboca en un buen camino que bordea la localidad de Corepo. Es un buen camino salpicado de sube-bajas, donde vuelvo a imponer mi mejor ritmo de crucero y vuelvo a destacarme de mis compañeros, camino que poco después abandono por su izquierda para iniciar el paso por la zona de las dehesas. Este tramo de dehesas, aparentemente llano, sería propicio para seguir manteniendo un ritmo vivo de carrera, si no fuese porque la niebla en este punto es bastante cerrada, y el sendero por el que corro a veces parece desaparecer, por lo que casi debo preocuparme mas por orientarme bien siguiendo las pequeñas banderitas clavadas en la tierra, que por incrementar el ritmo. Tanto es así, que al final del tramo se encuentra de frente un todo terreno de la organización con todas sus luces encendidas para orientar a los corredores hacia la zona donde debemos dirigirnos, es realmente fácil perderse en este punto.

Superado este tramo, llego al último punto de avituallamiento situado en el kilómetro quince, y tras el cual comienza otra dura zona técnica, ésta vez se trata de una bajada trialera, donde en tramos desaparece el trazado y hay que hacerlo por mitad del campo, y donde, nuevamente, algún corredor al que había dejado atrás vuelve a darme alcance. Este tramo nos conduce otra vez al cauce del río Guadalix, por donde en uno de sus márgenes corremos durante algunos cientos de metros sorteando raíces, troncos, árboles, matorrales e incluso alguna zarza, para terminar cruzándolo de una rivera a la otra por encima de un estrecho y resbaladizo tronco. Esta vez, y ya escarmentado del baño anterior, me lo tomo con muchísima mas calma, compruebo que por detrás están a punto de alcanzarme un par de corredores, así que decido dejarles que pasen primero ellos y yo lo haré a continuación. Así lo hago, y con mucha, mucha cautela cruzo el río por encima del tronco y agarrándome a una pequeña maroma que la organización a atado a un par de árboles a ambos lados del cauce.

Tras atravesar el río, como no podía ser de otra forma, toca de nuevo subir.



Así lo hacemos por un pequeño sendero donde los ánimos de algunas personas nos hacen intuir la cercanía de las primeras casas de Pedrezuela. Así es, y unos cientos de metros después ya volvemos a pisar nuevamente el asfalto de sus calles. Llegados a este punto pensaba que nuevamente mi ritmo en asfalto iba a descolgar al par de corredores que me vienen acompañando desde que vadeáramos el río, pero no es así, cuando decido incrementar el ritmo compruebo que mis piernas ya no responden y “pólvora” está mojada. Tanto es así, que únicamente consigo dejar atrás a uno de ellos y bastante hago con no descolgarme del otro quien ha decido realizar un ataque final.

Todavía nos queda por delante completar el paso por algunas calles de Pedrezuela, y donde en cada uno de sus cruces los voluntarios nos indican que no nos queda nada para terminar, pero a mí se me está haciendo muy largo y no le veo el fin. Intento dar respuesta a cada cambio del corredor que me acompaña, pero cada vez me resulta mas complicado, así llegamos a la calle paralela que da acceso a los terrenos del polideportivo, donde se encuentra el arco de meta y en donde ambos vamos lanzados buscando nuestro mejor sprint. Esta vez mis piernas no van mas, no consigo encontrar ese cambio que me permita dar un acelerón final y así compruebo como mi compañero se va hacia delante como un cohete para cruzar la meta por delante de mí. Ya viendo que por detrás nadie me va a alcanzar me dejo ir hasta el arco de llegada donde cruzo exhausto y con la sensación de estar muy verde en este tipo de competiciones.

En la misma zona de meta recibo el abrazo de Juan Agus quien me pregunta que me ha parecido el recorrido, no me queda menos que serle sincero e indicarle que realmente ha sido duro. Como quiera que la mañana sigue siendo bastante fría, no me entretengo mucho más y rápidamente me dirijo a buscar refugio al interior del Polideportivo, donde recibo una buena bolsa del corredor y donde la organización, con muy buen criterio, nos tiene reservados unos aperitivos para reponer fuerzas compuestos por fruta, jamón, y frutos secos, además de pan, que hace que mas de uno se prepare un buen sabroso bocata.

Recogida la bolsa me dirigo al coche a cambiarme, donde una vez pertrechado con ropa de abrigo me encamino nuevamente a la línea de meta para esperar la llegada de mi cuñado. Llegada que se me hace interminable, debido a que como luego comprobaría, mientras me estaba cambiando de ropa, él había llegado ya, y ha estado un rato buscándome sin resultado. Una vez juntos, le acompaño al coche a cambiarse y volvemos al Polideportivo donde aprovechamos para charlar ahora mas tranquilamente con amigos y conocidos.

Sin mas demora y tras haber completado una dura y fría mañana deportiva nos dirigimos de vuelta a nuestra casa, con la intención de descansar lo que podamos para afrontar mañana mismo otra carrera a la que estamos apuntados: La San Silvestre Vicalvareña.. pero eso será mañana.

Aquí podrás ver un bonito montaje que desde el club de montaña de Pedrezuela se hizo de esta bonita carrera: http://cmpedrezuela.com/category/san-silvestre-trail-pedrezuela/


Salud para todos/as.



martes, 18 de diciembre de 2012

XIII MEDIO MARATON DE GUADALAJARA


Lo cierto es que el balance de mi relación personal con esta Media Maratón de Guadalajara no es muy positivo que digamos, después de varios años sin aparecer por allí, (en la última ocasión y debido a una gastroenteritis, ni siquiera pude terminarla teniéndome que retirar a cagar detrás de un olivo), esta vez llegaba también, para no perder las malas costumbres, bastante tocado. El caso es que durante toda la semana previa a la carrera he estado incubando una especie de resfriado-catarro, con mucha tos seca, que todavía persiste, y que hace que en ocasiones me resulte complicado respirar bien, por no hablar de la infinidad de flemas y moquetes que me acompañan. Además, y por si no fuera poco, últimamente me persigue igualmente un dolor que nunca había tenido hasta ahora, (que raro… un dolor que no tenía, si yo creía que ya los tenía todos), pues para continuar siendo el pupas y no perder el calificativo, ahora se trata de un dolor, que no molestia, en la rodilla derecha, que sobre todo se hace notar cuando corro cuesta abajo…. Hala, otro mas para mi colección.

Bueno vamos al grano, con estos antecedentes durante la semana previa, el domingo día 16 de diciembre, junto con mi cuñado, como no puede ser de otra manera, nos presentamos en el Estadio Municipal de Atletismo Fuente de la Niña, lugar donde tiene lugar el inicio y el final de esta media maratón. Llegamos sobre las nueve y media, en un santiamén recogemos los dorsales y los chips y como la salida no está prevista hasta las diez y media de la mañana nos vamos a tomar un café a un bar cercano, no sin antes saludar a Jose, un amigo, mas aficionado a la bici que a esto del correr, y con el que suelo coincidir y competir algunos veranos en Sacecorbo, el pueblo alcarreño de mi padre.

Una vez en el bar, hacemos tiempo tomando unos cafés bien calentitos acompañados con unas pequeñas palmeritas de chocolate con las que el camarero a tenido a bien obsequiarnos, todo un detalle, el bar con el paso de los minutos se va llenando de corredores y corredoras por lo que empezamos a sentirnos inmersos en ese ambiente pre-competición que acompaña a cada carrera en la que tomamos parte, como siempre buen rollo entre todos, acompañado de bromas, risas y algún chascarrillo que otro.

La mañana amenaza lluvia, aunque hace menos frío del que pensábamos encontrarnos, aún así, esperamos hasta escasamente diez minutos antes de la salida para desprendernos de los chandals y vestirnos de corto. Una vez colocados los dorsales, enlazado el chip y untados de vaselina en sobaquillos, ingles y pezones, nos vamos para las pistas de atletismo a falta de menos de cinco minutos para la salida, por lo que tras dar un par de vueltas al tartán nos colocamos sin haber calentado apenas hacia la mitad del grupo que ya se ha formado desde la cabecera del arco de salida. Allí puedo saludar a Tomás un antiguo compañero de trabajo y al que últimamente me encuentro con bastante frecuencia, así como Alejandro saluda también a corredores con los que coincidió en algunos tramos de los cien kilómetros Madrid-Segovia en los que participó el pasado mes de septiembre.

Salida (Foto cortesía Patricia Dominguez)
A las diez y media en punto se da la salida y tras unos breves segundos atravesamos el arco de salida. Al habernos situado en la parte media del pelotón, llevamos a mucha gente por delante, por lo que la salida de las pistas la hacemos juntos Alejandro y yo, muy pendientes de no tropezar con las decenas de pies que nos rodean. Una vez fuera de las pistas comenzamos con la que será la primera de un total de dos vueltas a un recorrido muy exigente por las calles de Guadalajara. No vamos a negarlo, es un media maratón muy dura por su perfil, ya que es una sucesión constante de cuestas enlazadas, por lo que hay pocos metros llanos para poder correr con comodidad, a ello además, en el día de hoy hay que sumarle el viento que en algunos tramos sopla con bastante fuerza y, caprichos de Eolo, casi siempre de frente.
Momentos después de salir de las pistas
(Foto por Jose Mª Rosado)
Nada mas salir al exterior del Estadio Municipal ya tenemos el primer repechito, que aunque de pocos metros, nos sirve de aperitivo para todo lo que nos espera por delante. En estos primeros compases de la carrera me mantengo muy tranquilo en el seno del gran grupo, simplemente buscando sensaciones e intentando entrar en calor con cada zancada. Tras deshacerme de algunas molestas flemas, empiezo a prestar mas atención a mi rodilla derecha, esperando la inminente llegada del dolor al comienzo de la pendiente que empieza a ser favorable a nuestro paso frente a la iglesia de Santa María Micaela, en el paseo que lleva su nombre. Pero me sorprendo gratamente al ver que el dolor no llega, ni siquiera alguna leve molestia que haga presagiar la llegada del mismo, por lo que muy contento, pero con las orejas tiesas esperando que el cualquier momento se manifieste, sigo trotando en la seguridad del gran grupo.

La señalización de los kilómetros está pintada de color azul en el asfalto, por lo que al ir con tantos corredores alrededor es casi imposible el visualizarlos, y así van pasando los minutos y las continuas cuestas. Giramos a la izquierda para patear unos metros la calle Toledo, hay muy poca gente animando, como también pocos coches circulando, por lo que los cortes de tráfico que estamos ocasionando no tienen casi repercusión en el despertar dominical de esta ciudad alcarreña. Nuevo giro de noventa grados, esta vez a la derecha y, continúo al tran-tran chequeando a cada zancada mi estado general. Parece que poco a poco voy calentando y engrasando la maquinaria. Cada vez que nos plantamos ante el inicio de alguna pendiente descendiente se me encienden todas las alarmas en la rodilla, ya que es precisamente en los tramos de bajada donde he notado durante toda la semana que empezaba el dichoso dolor, pero nada,…..que cosa mas extraña, ni un dolorcillo, ni una simple molestia, nada…..no me lo explico, pero que duda cabe que mejor así.

Seguimos corriendo hacia el corazón de Guadalajara, y en algún punto alguien me anima por mi nombre, me giro y es Loli, la mujer de mi amigo Jose, que junto a su hija, son unas de las pocas animadoras que podemos ver a lo largo del trazado. Sigo corriendo por calles interminables, en las que en algunos tramos y debido al rocío de la mañana, el asfalto resulta algo resbaladizo y pierdo algo de tracción en las zancadas. Sigo sin saber por qué kilómetro vamos, pero me encuentro cómodo, continúo corriendo despacio y solamente dejándome llevar por la inercia voy adelantando a algunos corredores.

Comenzamos a afrontar otro progresivo tramo de subida en la avenida Ciudad de Barcelona que se ve rematado en un gran cuestón en la bien nombrada calle Cuesta de Hita, donde adelanto a un numeroso grupo de corredores que a golpe de resoplidos y bufidos van maldiciendo cada metro de la terrible subida.
 Desde aquí nos queda por delante un tramo bastante árido y despoblado para completar la primera de las vueltas.

Tenemos que correr por amplias y abiertas avenidas de zonas residenciales que, salpicadas de cuestas, nos presentan como ofrendas al viento en bastantes tramos de ellas, lo que nos complica bastante el poder avanzar con normalidad. Así vamos superando la interminable avenida de Concepción Arenal, entre otras, para giro tras giro embocar la infinita avenida de Aragón, que resulta ser el tramo donde el aire nos azota con mas virulencia. Sigo sin ver apenas gente animando, lo que unido al tramo en subida, al aire y al cielo gris plomizo hacen de estos tramos un verdadero tostón.
Completando la primera vuelta
(Foto por Jose Mª Rosado)

Por lo que a mí respecta, estos primeros kilómetros me han servido para paulatinamente haber entrado en calor y dado que no hay rastro de dolor en la rodilla, decido al paso por el Estadio comenzar a correr en serio, esta primera vuelta podría decirse que ha sido simplemente de calentamiento. Así al inicio de la segunda vuelta empiezo a incrementar el ritmo y a irme poco a poco hacia posiciones mas delanteras. A medida que voy completando metros de esta segunda vuelta, por las calles ya conocidas en el primer paso, voy adelantando a numerosos corredores y voy corriendo mas fuerte.

Ahora llevo un ritmo mucho mas vivo, y eso se nota. Llevo la respiración bastante mas acelerada y en los tramos en subida tengo que regular si quiero llegar arriba sin echar el bofe.

Aprovecho sobre todo en los escasos tramos llanos para correr a buen ritmo, sujetándome un poco en las bajadas, por si las moscas la rodilla, y regulando mucho en las subidas, ya que como he dicho, hay algunas realmente duras.

Nuevo paso por las entrañas de Guadalajara, donde compruebo que están instalando unas casetas, supongo que navideñas, a lo largo de paseo del doctor Fernández Iparraguirre y de nuevo la subida por la avenida ciudad de Barcelona, con la guinda en el cuestón de la calle Hita, donde una vez mas supero a numerosos corredores.
Una de las muchas cuestas, esta la de la calle Cuesta de Hita
(Foto por Jose Mª Rosado)
Una vez culminado este tramo, y afrontando las largas avenidas de los kilómetros finales, me auto-impogo un ritmo bastante mas exigente que me hace ir adelantando a mas atletas, cada vez con menos frecuencia ya que a medida que voy progresando, los espacios entre corredores son mas grandes.

En esta segunda vuelta ya si me es mas fácil el poder ver los kilómetros señalizados en la calzada y en algún punto sobre el kilómetro dieciocho alguien me canta que voy en el puesto doce, pues mira, no está nada mal.

Esporádicamente sigo atrapando a corredores que me preceden, algunos del Club Maratón Guadalajara, otros del también club Alcarreño Velociraptor, y así voy completando esta media maratón a golpe de zapatilla y yendo de menos a mas, o mejor dicho, de mucho menos a mucho mas.

Cuando afronto por última vez la infinita avenida de Aragón, me doy cuenta que me estoy acercando a un grupito de cuatro corredores al que llevo viendo desde hace un par de kilómetros, y hasta a los que la distancia que me separaba entonces se me hacía imposible llegar. Ahora ya no pienso lo mismo, ya que aunque todavía a unos doscientos metros de distancia, creo que no sería muy descabellado el poder intentar alcanzarles. Y con ese pensamiento comienzo la larga avenida, a pesar del viento en contra. Poco a poco, y glorieta tras glorieta voy dándome cuenta que les voy recortando distancia, el viento no me deja correr a gusto, pero por lo que estoy comprobando les incomoda a ellos mas que a mí.

En lo que debe ser ya el último kilómetro (no he visto la señalización) acelero, cambio el ritmo, meto una marcha más y me acerco hasta ellos descaradamente, tanto que en lo que es ya la entrada al Estadio solo me separan una decena de metros del que cierra el grupo, que se ha descolgado un poco. Entro en el estadio y decido esprintar durante la vuelta a la pista que debemos realizar antes de llegar al arco de meta y, es en este último esprint final donde consigo adelantar a dos de ellos, no pudiendo llegar hasta los otros dos que también han lanzado su ataque final al pisar el tartán de las pistas, y de los que me quedo a escasos metros.





Ultimos metros
(Fotos por Velociraptor)
 Llego bastante entero a la meta y, tras recoger una sencilla camiseta de algodón y una bolsa con fruta y bollos de la que empiezo a dar buena cuenta, espero durante breves minutos la llegada de mi cuñado, quien lo hace poco después y, como casi siempre, con una sonrisa en su cara, llegando igualmente con muy buenas sensaciones.

Una vez juntos, y habiéndonos abrigado lo suficiente, comprobamos en la clasificación que he quedado segundo en la categoría de veteranos, y puesto que todavía queda un rato para la entrega de trofeos, volvemos al bar donde tomamos los cafés hace un rato, para ahora cambiarlos por cervezas.

(Foto cortesía Oscar de Marcos)
En la ceremonia de entrega de trofeos me llevo una grata sorpresa al encontrarme con Adolfo (Fito para los amigos), una persona encantadora y alma mater de la carrera de diez kilómetros que se celebra en el mes de agosto en el pueblo de Luzaga, y a la que intento ir siempre que puedo, te la recomiendo especialmente www.luzaga.com. Tras una rápida entrega de trofeos, recibo el que me corresponde de manos del alcalde de Guadalajara y sin mas demora nos volvemos para Madrid con la sensación de haber completado una Media Maratón mas, y en mi caso, mejor de lo que esperaba.




Como siempre gracias a los organizadores, que, salvo pifia en el podium de las categorías femeninas donde hubo un cierto caos, en el resto lo hicieron correctamente, y gracias también a todos los voluntarios y resto de personas que hicieron posible una vez mas la celebración de esta carrera. Gracias a su trabajo y dedicación, los corredores podemos disfrutar de pruebas como ésta.
La próxima cita, si nada se tuerce y las lesiones respetan, será en Pedrezuela, mas concretamente en la primera San Silvestre que organiza mi club http://cmpedrezuela.com y que esperamos sea todo un éxito, desde luego cariño y dedicación por parte de los organizadores no le va a faltar. www.sansilvestretrail.com

En el siguiente enlace, cortesía de VEOGUADATV, se puede ver un vídeo de la carrera:



Salud para todos/as.

ALEX.

martes, 4 de diciembre de 2012

II CARRERA DE MONTAÑA CERRO MARMOTA




En contra de lo que venía siendo habitual, y rompiendo la tónica general de los últimos meses, esta vez he vuelto a competir después de haberlo hecho el domingo anterior, por lo que han sido dos carreras seguidas en apenas quince días. En esta ocasión lo cierto es que la cita lo merecía especialmente, ya que se trataba de la carrera por montaña “Cerro de la Marmota”. Carrera de veinticinco kilómetros que discurre por terrenos cercanos a Colmenar Viejo, de la que su inmensa mayoría de kilómetros son por caminos, sendas y vías pecuarias colindantes al Parque Natural de la Cuenca Alta del Manzanares. Pero no es por su trazado por lo que esta competición merece especialmente la pena, que también, sino por el fondo de la misma y el objetivo prioritario que persigue. Se trata de una carrera organizada por la Concejalía de Deportes del Ayuntamiento de Colmenar Viejo, la Asociación Pablo Ugarte y el Club Atletismo Colmenar, dirigida a apoyar y ayudar a la investigación del cáncer, principalmente del cáncer infantil, y es por ello por lo que el importe íntegro de la recaudación de la carrera va dirigido a la citada asociación Pablo Ugarte ( www.asociacionpablougarte.es).

Como no podía ser de otra forma, hasta allí me dirigí en compañía de mi inseparable cuñado Alejandro, después de haberle pasado a recoger en su casa a eso de las ocho y cuarto de la mañana, por lo que cerca de las nueve ya teníamos el coche aparcado cerca de la ermita de Santa Ana, por cuya puerta, por cierto, discurre el Camino de Santiago en su itinerario que parte desde Madrid y, donde se encuentra el mojón que indica la distancia que la separa de la Catedral de Santiago.


La mañana es de un frío que corta la piel, y aunque el sol brilla en todo lo alto, debemos estar a una temperatura de unos tres grados como mucho, por lo que bien abrigados con guantes y gorros nos dirigimos al Polideportivo “Lorenzo Rico” para retirar el chip y los dorsales, los cuales recogemos en un santiamén, junto con una bolsa donde encontramos una bonita camiseta, un brik de caldo y algunos pequeños obsequios mas. Como todavía es pronto para empezar a calentar, ya que la salida está prevista para las diez de la mañana, volvemos de nuevo al coche para dejar las bolsas y, por el camino animamos a toda la gente que a las nueve de la mañana comienzan el mismo recorrido pero andando. Se trata de un buen nutrido grupo de personas de todas las edades, niños, adultos, gente de la tercera edad, centenares de familias enteras y grupos de amigos, quienes con un ambiente excelente y pertrechados con sus mochilas, algunos bastones y sobre todo mucha ilusión, se enfrentan a los mismos veinticinco kilómetros a los que una hora después haremos frente nosotros también.

Después de presenciar la salida de los “marchadores”, decidimos visitar la cafetería del polideportivo para calentarnos con sendos cafés. Hay mucha gente ya por la zona y así podemos saludar a un par de compañeros de trabajo de mi cuñado, como también a otro Alejandro más, compañero del club de montaña de Pedrezuela (http://cmpedrezuela.com ) y un gran corredor de carreras de fondo y ultrafondo de montaña. Después de habernos por dentro con los cafés, llega la hora de calentarnos por fuera, por lo que volvemos al coche, ahora sí para dejar los chandals y , ya de corto, empezar a trotar para entrar en calor, tarea muy difícil y que apenas conseguimos debido a la gélida temperatura matutina que nos regala Colmenar Viejo.

Enseguida y buscando el calor que ofrece la gran masa de corredores que esperan la salida, nos refugiamos entre ellos, situándonos casi hacia la mitad el conjunto. Yo soy muy malo a la hora de calcular pero, por la amplitud del grupo, debemos ser en torno a mil atletas aproximadamente.

A las diez de la mañana en punto da inicio la carrera, pocas veces en mi vida he agradecido tanto el comenzar a correr, necesito entrar en calor porque estoy empezando a tiritar y noto como mis dientes comienzan a castañear por bulerías. Los primeros metros lo hago exclusivamente buscando eso, entrar poco a poco en calor, y así me voy descolgando hacia la parte trasera. El perfil en los primeros kilómetros es bastante favorable, lo que viene muy bien para ir, progresivamente y sin prisas, cogiendo calorcito y desentumeciendo los músculos.

Por delante de mí puedo ver claramente a cientos de corredores que ocupan gran parte del camino que nos va alejando paulatinamente de Colmenar, el piso es de tierra quebrada con algunas zonas de piedra y tras el primer kilómetro ya empiezo a adelantar a grupos de corredores. El tramo entre el primer y segundo kilómetro es en descarada bajada, un poco peligroso si no sabe uno donde pone bien los pies debido a las numerosas grietas y piedras que salpican el camino, y es aquí donde adelanto a decenas de corredores, ya voy entrando en calor aunque me lo sigo tomando con mucha calma. Estoy corriendo con unas zapatillas nuevas con las que únicamente he entrenado un día con ellas, creía que me iban bien, pero ahora en este tramo tan picado hacia abajo, y al correr casi de puntera, estoy notando como el dedo gordo del pie derecho va presionado con la punta de la zapatilla y ha empezado a dolerme un poco, espero que en el llano todo vuelva a la normalidad.

Foto por Carlos Velayo

Pasado el segundo kilómetro ya puedo levantar un poco la vista del camino, sin tanto peligro de pegar un traspiés, y aprovecho para recrearme con el paisaje que se abre ante nosotros. Lejos de las asfaltadas calles y de los edificios, es todo un lujo el poder correr por el campo, por lo que no me extraña que cada vez sean mas los corredores de asfalto que deciden pasarse a las carreras de montaña, son mas duras eso es cierto, pero el esfuerzo extra merece la pena cuando la naturaleza nos regala todos sus secretos y nos hace sentirnos partícipes de ellos.

El perfil de la carrera sigue siendo en estos primeros kilómetros en constante bajada, por lo que lo sigo aprovechando y sigo adelantando constantemente posiciones. Así llegamos a uno de los numerosos puntos del trazado donde hay que tener un poco de precaución, se trata de vadear el arroyo de la Tejada, vadeo que tendremos que realizar en varias ocasiones, y como no quiero mojarme los pies, ya que el agua debe estar helada, espero unos instantes mi turno para atravesarlo por encima de unas piedras de granito que dispuestas en hilera hacen las veces de puente sobre el mismo. Esto me hace perder algunos segundillos en cada uno de los vadeos del arroyo, pero los doy por bien empleados ya que prefiero correr con los pies secos.

Poco a poco vamos superando kilómetros, con algunas pequeñas subidas entre algunos de ellos, y generalmente llanos entre el cuarto y el octavo, aunque lejos de ser fáciles, tienen su cierta dificultad al ser continuamente atravesados por el arroyo y sus consiguientes vadeos, así como por lo irregular del firme que compone el camino. A estas alturas de la carrera ya hemos dado alcance a los participantes en la modalidad de marcha, por lo que el ir adelantándoles será ya una constante durante la prueba, en alguno de los últimos vadeos del arroyo esto hace que se forme algo de atasco para poder cruzarlo. Por mi parte sigo progresando y ganando posiciones y ya debo estar entre los veinte primeros.

Foto por Carlos Velayo

A partir del octavo kilómetro la cosa ya se pone mas seria, ya que llegamos a la primera de las verdaderas dificultades del recorrido, en concreto es aquí donde comienza a empinarse el perfil, lo que será una constante hasta superar el kilómetro doce. La cuesta empieza siendo una ligera subida, para poco después y pasado el avituallamiento situado en el kilómetro nueve, tras un giro de noventa grados a la derecha, afrontar una dura rampa que a mas de uno le hace subirla andando.

En estos tramos todavía adelanto a algún corredor mas que me precede, y a mi ritmo voy subiendo la pendiente. Superada la primera dura rampa, el camino sigue en constante ascensión durante un par de kilómetros mas. Durante todo este intervalo tengo que ir haciendo zig-zas a lo ancho del camino para poder ir superando a todos los “marchadores” que lo ocupan, son grupitos dispersos de personas que unidos a la estrechez de la senda hacen que en mas de una ocasión tenga que adelantarles por fuera de ella. La mañana, una vez superado el frío del inicio, es perfecta para correr, luce un sol espléndido que hace que el verde del campo adquiera unos tonos asombrosos.

Gran parte del tramo que discurre entre los kilómetros nueve y catorce los hacemos pegados a la valla que nos separa de El Pardo, y una vez coronado el kilómetro doce el perfil vuelve a ser descendente, lo que sería de agradecer si no fuese porque mi dedo gordo vuelve a recordarme que la zapatilla me viene un poco justa, la molestia ha pasado a convertirse en una especie de quemazón que se acrecienta en cada una de las bajadas. Desconozco en que posición voy corriendo, la impresión que me da, por la cantidad de corredores a los que he adelantado, es que debo estar entre los quince primeros, aunque es difícil saberlo porque cuando adelanto a alguno no se bien si es de la propia carrera, o es de los que la hacen andando, ya que algunos de éstos aunque comenzaron caminando, están realizando algunos tramos corriendo, como es el caso de algunos grupos de jóvenes militares que visten con camisetas del ejército de tierra.

Superado un largo y técnico tramo de bajada, giramos nuevamente otros noventa grados a la derecha para cerrar el siguiente lado del triángulo, de unos diez kilómetros, que nos conducirá nuevamente hasta Colmenar Viejo. Desde este punto y hasta el final, es todo en subida, los desniveles van oscilando, se suceden tramos de duras rampas, con otros de pendientes mas suaves, entre ellos todavía algún pequeño descanso, pero sin duda se trata de la parte mas dura de toda la carrera. Todavía adelanto a algún corredor mas, y así voy superando los kilómetros quince, dieciséis y diecisiete. El ritmo de carrera me lo marco yo, voy con buenas sensaciones y sin muchas molestias en la cadera y espalda, mis zonas mas frágiles en cuanto a lesiones, la única pega es que a cada zancada que doy, mi dedo gordo se vuelve mas quejumbroso.

Poco a poco nos vamos acercando a Colmenar, no obstante, tras superar alguna pendiente, ya aparece en lontananza ante nuestros ojos.

Foto por Carlos Velayo
Veo pocos corredores delante de mí, pregunto a unos voluntarios si saben decirme que puesto ocupo y la respuesta es que no lo saben, dicen que vamos mezclados los corredores con algunos marchadores del ejército que hacen su último tramo corriendo, por lo que les es difícil decírmelo, pero creen que voy entre los diez primeros. Bueno está bien saberlo, sea como fuere, en algunas zonas un poco mas llanas, pasado el kilómetro veinte, decido incrementar un poco el ritmo ya que me encuentro bien de respiración. Poco a poco veo que voy recortando distancia con un corredor que me precede y que sin lugar a dudas, por su forma de moverse y las zancadas que da, es de los que al igual que yo realiza los veinticinco kilómetros corriendo. Tras un par de kilómetros por el feo polígono industrial que rompe toda la magia bucólica que traíamos hasta el momento, nos plantamos ya muy cerca de las primeras casas del pueblo al que llegamos, tras completar los kilómetros veintitrés y veinticuatro, como no puede ser de otra forma superando otra cuesta mas, cada vez estoy mas cerca del corredor que llevo delante y estoy convencido que llegaré hasta él manteniendo el ritmo que llevo.

En este punto la carrera, y cuando ya parecía que nos dirigíamos directamente a la línea de meta, nos tiene reservada una sorpresa inesperada, que a modo de broche final nos regala un auténtico cuestón en la calle del Parque Sur, una cuesta de unos doscientos metros con una fuerte rampa. No me la esperaba y esto hace que tenga que subirla a ritmo trotón, no hago ni siquiera intento de alcanzar al corredor que llevo delante, pienso que da igual terminar sexto o séptimo, por no decir que no tengo ni idea si tan siquiera he conseguido llegar a esas posiciones. Superada la calle de la cuesta giramos a la derecha para bajar por el parque que le da nombre, en este punto al intentar hacer los apoyos con el pie derecho parece que tuviese papel de lija en la punta del dedo. Todavía en la parte mas baja del parque tendremos que hacer un giro de ciento ochenta grados para volver a remontar en subida todo lo bajado, estos metros finales son realmente duros y se asemejan mucho a un cross. Superado este tramo únicamente queda encarar los últimos metros en una cómoda bajada que me conducen a la línea meta, línea que cruzo escuchando por megafonía que soy el cuarto clasificado, jooooder…… de haberlo sabido antes podría haber dado algo mas en alguno de los tramos, bueno, de todos modos muy contento por como ha salido la carrera y como la he disfrutado.

Tras un par de trocitos de naranja y plátano y un acuarios, y después de ir al coche a por las prendas de abrigo, espero a la llegada de mi cuñado, que lo hace poco después y con la alegría de haber completado una carrera mas reflejada en su rostro. Esperamos un poco a que la organización ponga las clasificaciones en la puerta del polideportivo y compruebo que efectivamente he sido cuarto de la general, y tercero en la categoría de veteranos. Mientras esperamos a la ceremonia de entrega de trofeos, nos tomamos unas bien merecidas cervecitas en compañía del tercer Alejandro, el amigo de Pedrezuela. En la cafetería nos encontramos tres Alejandros comentando los pormenores de la carrera, somos tres deportistas compartiendo una afición común, ¿hay algo mejor que tres amigos compartiendo una misma pasión alrededor de unas buenas cervezas?.. yo creo que la mañana no ha podido resultar mejor.

Foto cortesía de Diego Pedrosa www.pedrosa.info
Tras la entrega de trofeos me marcho junto a mi cuñado para casa, en esta ocasión la familia no ha podido acompañarnos y nos están esperando, por lo que no podemos quedarnos a la comida que también ofrece la organización, un cocido madrileño, roscón y manolitos para mas señas, así como a los sorteos que también se llevarían a cabo de de un GPS tomtom, una paletilla ibérica y un televisor de 19 pulgadas, como podrás comprobar una carrera popular en toda regla y dedicada a la lucha contra el cáncer infantil, que se volvió a convertir un año mas en una fiesta del deporte.

Si el cuerpo aguanta, intentaremos tomar parte en futuras ediciones.

Mis agradecimientos a la organización y a todos los voluntarios que han hecho posible esta segunda edición de la carrera, por supuesto a la Asociación Pablo Ugarte, y también al fotógrafo Diego Pedrosa (www.pedrosa.info ) a quien gracias a su trabajo puedo tener un recuerdo de este bonito día.

Aquí te dejo un enlace donde puedes saber mas de la Asociación Pablo Ugarte y donde puedes ver un video de la edición de esta misma carrera el pasado año 2011:
http://www.asociacionpablougarte.es/aspu/dic11crosscolmenar.htm

Salud para tod@s.

Por fin la meta..