domingo, 1 de diciembre de 2013

25 Km. CARRERA SOLIDARIA CERRO MARMOTA POR EL CANCER INFANTIL 01/12/2013



Hoy ha sido la tercera edición de la Carrera Popular del Cerro de la Marmota y un año mas no podía perderme la cita con esta carrera solidaria, en la que los fondos recaudados se destinan integramente a la lucha contra el cáncer infantil.

Esta carrera surgió a iniciativa de la asociación Pablo Ugarte www.asociacionpablougarte.es , que fue creada por los papás del niño Pablo Ugarte quien lamentablemente falleció tras sufrir un cáncer de huesos durante casi dos años y medio. La Asociación fue concebida para apoyar y ayudar a la investigación del cáncer, principalmente cáncer de los niños.
 
Como todo en esta vida cuando las cosas se hacen desde el respeto, el cariño y el corazón, normalmente suelen salir bien, como así ha sido una vez mas en esta tercera edición, y prueba de ello ha sido la cifra de casi 2.500 deportistas que nos hemos dado cita esta fría mañana en Colmenar Viejo. Cada año se incrementa el número de atletas que quieren participar en esta dura prueba, y eso inequívocamente, es el fruto de un trabajo bien hecho a nivel organizativo. Pero vayamos por el principio.

Amanece en Madrid, y las previsiones son de una mañana gélida, por lo que desayuno un tazón bien calientito de leche con cacao y unas galletas. He quedado con mi cuñado Alejandro a las ocho y cuarto de la mañana, y como todavía quedan unos minutos para que pase a recogerme, aprovecho para poner en mi mochila ropa de abrigo, que con seguridad me va ha hacer falta.
 
Con la puntualidad que le caracteriza, pasa a recogerme, y sin prisas nos marchamos con destino a Colmenar Viejo, donde, con el paisaje nevado de la Sierra de Madrid al fondo,  llegamos antes de las nueve de la mañana. Como todavía es pronto (la carrera no dará comienzo hasta las 10:30), aparcamos sin problemas en una zona de chales, a escasos cien metros de la salida. Nada mas bajar del coche, comprobamos en nuestras propias carnes el frío de este día otoñal, por lo que cargamos con toda la artillería de prendas de abrigo que nos acompañan, gorros, guantes, braga al cuello, para dirigirnos a recoger los dorsales que ya están entregando en el polideportivo "Lorenzo Rico". Allí mismo comprobamos nuestros números de dorsal en las listas expuestas por la organización, y en un periquete los recogemos de las manos de unos animosos voluntarios, junto con una generosa bolsa del corredor.

Recogidos los dorsales todavía queda un raro para empezar

Todavía es muy pronto para empezar a calentar, y decidimos ir a tomar algo caliente. Nada mas salir del polideportivo, nos encontramos con Fernando, un compañero de trabajo de mi cuñado y un fantástico atleta, dedicado últimamente a los triathlones, y quien tiene fijado su próximo objetivo en un Iron Man al que ya se ha inscrito. Junto a él nos encaminamos a la cafetería, buscando refugio al calor de sus instalaciones, tan bienvenido en esta gélida mañana. Allí nos calentamos por fuera, con su calefacción, y por dentro con tres cafés ardiendo que nos hacen entrar en calor rápidamente. Progresivamente la cafetería se va llenando de corredores y corredoras, me da por pensar que somos una especie de los mas variopinta, cada uno con sus pensamientos, sus planes, sus hábitos de carrera, sus costumbres, sus propósitos, pero todos con un objetivo común, que no es otro que el llegar a la meta, que nos estará esperando tras 25 duros kilómetros por el campo, para hacernos sentir vivos una vez mas.

Todavía charlaremos animadamente un buen rato en la cafetería, antes de decidir ir a cambiarnos y empezar a calentar. Volvemos de nuevo a la calle donde nos despedimos momentáneamente de Fernando y donde tras una breve visita a la Iglesia, (paso obligado del Camino de Santiago desde Madrid) nos marchamos al coche a quitarnos definitivamente la ropa de abrigo y empezar a calentar.
De corto, y preparado para empezar a calentar

Mi inseparable cuñado Alejandro, un fenómeno del ultrafondo.
 
Una vez de corto, y bastante congelados la verdad, nos situamos bajo el arco de salida esperando que comience la competición. Allí saludo a Carlos, un amigo al que hace años no veía y quien regenta la autoescuela Used en este mismo Colmenar http://www.autoescuelaused.es  además de contribuir activamente con la Asociación, por lo que es una de las personas a las que tenemos que estar agradecidos por la organización y colaboración. El inicio todavía se retrasaría unos minutos, que pasaron rápidos al tenernos entretenidos con un grupo de niñas gimnastas que delante de nosotros nos mostraron un amplio abanico de piruetas y figuras al ritmo de la música.

Carlos en el centro, otro valiente que se atreve con los 25 km.
 Ahora sí, a va dar comienzo la prueba, nos deseamos suerte y con el pistoletazo que marca la inauguración de la carrera empezamos a correr.
Salida Cerro Marmota 2013
La salida de hace cuesta arriba por las calles de la Huerta y Arroyo de la Parrilla, para continuar ascendiendo por la calle del Ejidillo. Los "galgos" salen disparados y por mi parte prefiero salir mucho mas tranquilo y empezar poco a poco a coger mi ritmito. Así me hago a un lado y me pasan corredores por todos lados, izquierda, derecha, vaya fiesta.... Antes de coronar esta primera exigente subida, adelanto a Fernando y nos deseamos suerte. Primer giro de noventa grados a la derecha y la calle Del Romero nos recibe con una impresionante bajada, de esas que castigan bien los cuádriceps, y que desemboca, tras un túnel, en un feo polígono industrial con calles bacheadas y donde pega bastante el aire. Afortunadamente el paso por el polígono es tan fugaz, que apenas hay tiempo de darse cuenta, ya que enseguida giramos nuevamente otros noventa grados a la derecha para superar un puente sobre las vías del tren y empezar a patear, ahora ya sí, los pedregosos caminos que conforman el término de esta localidad madrileña. El perfil en estos primeros kilómetros es en descarada bajada, por lo que una vez que he encontrado mi ritmo de carrera empiezo a adelantar a bastantes corredores.

Exigente perfil que no da un respiro, o subes, o bajas...
En los dominios del cuarto kilómetro tenemos que vadear un par de veces el arroyo de La Tejada, cuyas aguas, que bajan directamente de la Sierra cercana, te puedes imaginar lo congeladas que están. Lejos de copiar la técnica de los que me preceden, que consiste ni mas ni menos que atravesarlo por mitad empapándose de agua hasta las pantorrillas, prefiero perder unos segundos en pasar por encima de las piedras que están dispuestas en un lateral para salvarlo. Pienso que es mejor perder unos pocos segundos, pero mantener los pies secos, todavía quedan mas de veinte kilómetros por delante.

Sigo bajando a buen ritmo, sobre tres quince o tres veinte el kilómetro, y ello me permite seguir adelantando a bastante corredores, hasta que llego a un grupito de cuatro atletas, dos de ellos del mismo club, donde me relajo un poco. Por un lado porque delante de ellos hay un espacio bastante grande para llegar hasta el siguiente, y por otro porque ahora el camino ha pasado a ser un senda flanqueada por zarzas, y donde es mejor ir en fila india para evitar rasguños y arañazos con las numerosas ramas que la inundan. A parte de ir pendiente de las ramas de las zarzas, se hace muy necesario el no perderle ojo al suelo, ya que está repleto de baches, surcos y piedras, que lo hacen bastante peligroso y muy propicio para tener algún esguince, o quien sabe si incluso alguna caída, tengo que ir con mucho, mucho cuidado y mirando bien donde pongo los pies.
 
De los dos corredores del mismo club que están en el grupito, uno de ellos va tirando valientemente, y girándose constantemente para preguntarle a su compañero si el ritmo le va bien, como éste le contesta afirmativamente sigue tirando de nosotros, lo que a mi me viene de perlas.
 
Pasado el kilómetro cinco superamos el primer punto de avituallamiento donde no pierdo tiempo en coger nada para no descolgarme del grupo que ha incrementado el ritmo, mas adelante nos encontramos con unas alfombras azules en mitad del camino dispuestas para el control de chips en ese punto.
 
Vadeamos un par de veces mas el arroyo, y a cola del grupo sigo con mi técnica de no mojarme los pies, por lo que después de cruzar por encima de las piedras, me toca apretarme pequeños esprines para contactar de nuevo con ellos. Estamos empezando a adelantar a personas que también participan en esta mañana deportiva, en su caso haciendo el mismo recorrido que nosotros, aunque caminando. Ellos salieron una hora antes, y es ahora cuando empezamos a darles alcance. Les vamos rebasando sin mucha dificultad, ya que en estos tramos los caminos son anchos y permiten pasar sin problemas. La mayoría de ellos nos envían palabras de ánimo al adelantarles, que son muy bien recibidas la verdad.
 
Hasta pasado el kilómetro nueve el perfil sigue siendo favorable, y salvo la dificultad de las grietas y piedras de los caminos, lo cierto es que corremos bastante rapidillos, lo que me permite comprobar que en el décimo kilómetro el crono ha sido de 36:01. Llegados a este punto me marcho por delante del grupo y durante unos cientos de metros corro solo, hasta que en las primeras rampas de subida me da alcance un corredor del club de atletismo de Colmenar, quien tras unos breves minutos a mi lado, continua su progresión hacia adelante. A partir de ese punto, yo no lo sabía todavía, pero me ha tocado hacer todo el resto de la carrera en solitario, ya que nadie mas por detrás me ha dado alcance, y por delante no hay mas grupos a los que llegar.
 
Llego al segundo punto de avituallamiento, y no sé bien si debido al frío que hace, lo cierto es que no tengo sensación de sed, por lo que tampoco hago acopio de nada. Sigo hacia adelante y ahora ya en continua subida, de la que conozco según el perfil, que no va a parar hasta que corone en el kilómetro trece, por lo que tengo por delante tres largos kilómetros de dura ascensión por un camino de campo donde a veces es difícil correr bien ya que hay tramos que la concentración de arena me hacen perder tracción.
 
Sigo recibiendo muchos ánimos de la gente, y al ir en solitario son especialmente bienvenidos. Intento abstraerme de la dureza de la subida levantando la cabeza, en los tramos que el camino lo permite, y empapándome de toda la naturaleza que me rodea. A veces corro pegado a vallas que delimitan grandes fincas donde pacen caballos y vacas, y el día es tan limpio y despejado, que la sierra cercana parece invitarme a intentar rozar sus cumbres nevadas con la punta de mis dedos. En estas voy cuando casi me doy de morros contra el suelo por una mala pisada, así que se acaba el instante tan bucólico y vuelvo a centrar mis cinco sentidos en el trazado del camino.
 
Resoplando consigo coronar el kilómetro trece donde hay instalado, con muy buen criterio, un puesto sanitario con una ambulancia, ya que a mas de uno es posible que en este tramo se le salga el corazón por la boca. A partir de aquí, y hasta el kilómetro quince el perfil vuelve a ser en bajada, pero lejos de poder aprovecharla para correr a tope, es mejor no perder la cabeza en ello, ya que una vez mas se trata de un camino peligroso con un gran desnivel, de esos que en los que si te lanzas, corres el riesgo de no poder frenar y darte un buen tortazo. Así pues, poniendo especial cuidado en donde apoyo cada zancada, lo afronto con cautela pero a buen ritmo. Esta bajada es de la que me cargan muchos los músculos delanteros de las piernas, ya que a parte de correr les exijo al mismo tiempo que me retengan, es decir, les pido que corran rápido y al mismo tiempo que no se embalen, es una mezcla entre el "ponte bien" y el "estate quieto".

La bajada de estos dos kilómetros me ha permitido coger aire, y he debido de bajar bien porque delante puedo ver con claridad a los cuatro primeros clasificados. Lo sé porque delante de ellos abren la carrera dos bicicletas de la organización. El primero está muy lejos, yéndole a la zaga a pocos metros otro corredor, entre éstos y el tercero y cuarto, se abre el mismo hueco como el que les separa a éstos últimos de mi. Yo sigo a lo mío, sigo corriendo en solitario y con un ritmo alto aunque no agónico.
 
Superado el kilómetro quince, ahora ya es todo, absolutamente todo, en ascensión hasta la meta, quedan diez kilómetros de subidas continuas, unas fortísimas y otras mas suaves, pero siempre picando hacia arriba.
 
En pleno kilómetro dieciséis está instalado otro puesto de avituallamiento, en este caso líquido y sólido, y al que una vez mas, inexplicablemente ignoro, hay veces en las que ni yo mismo entiendo mis decisiones. Lo mas inteligente, en carreras de fondo como éstas, es no saltarse ni un solo avituallamiento, pero lejos de toda lógica ya me he saltado tres, y aunque no es excusa, lo cierto es que en ningún momento siento la sensación de tener sed. Sea como fuere, sigo corriendo hacia adelante, con el objetivo fijado en el corredor que me precede, quien ocupa el cuarto lugar, y del que tengo la sensación de estar mas cerca a cada zancada. Esta sensación se ve confirmada cuando poco después, y al paso por el puente de La Marmota consigo darle alcance. Se trata de un corredor joven quien me comenta que tiene 29 añitos, y con quien comparto carrera durante unos cuantos kilómetros. Hay tramos con duras rampas y bastante piedra, por lo que la mejor opción es correr por una pequeña vereda menos pedregosa, que discurre pegada al camino en su lateral derecho.
 
Seguimos subiendo sin descanso, no hay un solo metro de respiro, y siendo sincero, lo cierto es que se hace durísimo el ir ascendiendo. A duras penas consigo mantener ritmos por debajo de 4 minutos el kilómetro. Junto al corredor que me acompaña llegamos al mirador de La Marmota, donde lejos de parecer que se acaba la interminable cuesta, esta se prolonga todavía durante unos cuantos kilómetros mas.
 
Llego al kilómetro veintiuno donde se encuentra el último de los avituallamientos, donde, como ya habrás adivinado, no paro. Pienso que si no me ha hecho falta reponer fuerzas hasta ahora, para los cuatro kilómetros que quedan difícilmente me será necesario. O lo que viene siendo lo mismo "Para lo que me queda en el convento....me cago dentro."...
 
Tras el paso por el avituallamiento, el camino pasa a ser ahora una estrecha carretera asfaltada, donde aunque todavía el perfil sigue siendo ascendente, el buen firme me permite ajustar una mejor zancada que hace que el chaval que me acompaña se vaya quedando rezagado poco a poco. Levanto la vista y veo que el segundo y tercero han conseguido llegar hasta el corredor que abría la competición, y además le van dejando descolgado. Por mi mente desfila la idea de tirar con fuerza e intentar alcanzarle yo también, está claro que ha debido sufrir un bajón, y si me esfuerzo quizás pueda llegar hasta el tercer puesto. Con este ánimo, sumado a que el perfil afloja un poco, aumento el ritmo y me voy acercando a él. Pero todo esto queda en un simple espejismo cuando poco después el trazado da un giro de noventa grados a la derecha y comienza a entrar un molesto aire de frente. Ahora corro por una carretera mas ancha, que enseguida abandono para pisar un carril de tierra que discurre paralelo a ella.


Colmenar y la Sierra Madrileña al fondo
Una nueva cuesta me recibe para superar un puente sobre las vías del tren, en las proximidades de la estación de Colmenar, donde ya puedo ver con claridad la ermita que señala la entrada a las primeras casas. A partir de aquí, y con un incómodo viento de cara que nos envían las montañas cercanas, ya tengo claro que no llego hasta el tercer atleta, y me limito a mantener un ritmo decente y llegar a meta. Todavía, y lejos de lo que pueda parecer, quedan dos kilómetros exigentes donde no me puedo relajar. Sobre todo el que discurre desde el kilómetro veintitrés hasta el veinticuatro en el que se suman el viento de cara, el perfil en subida y un camino algo incómodo.

Rebasado el kilómetro veinticuatro, he llegado a la ermita que, como faro en mitad de la tormenta, me lleva fijando el rumbo desde hace unos kilómetros. En este punto el recorrido hace un giro de ciento ochenta grados para introducirnos en una finca de pastos por donde todavía hay que completar mil metros a modo de cross por encima de hierba, con varios giros, alguno de ellos complicadillo, y donde después de abandonarla, y tras pasar por la mismísima puerta de la ermita, cruzo la carretera entre los aplausos de la gente, algún gesto de apoyo de un guardia civil, y enfilo los últimos metros en la calle de Las Huertas para llegar al arco de llegada en cuarta posición, y primero de veteranos B, en un tiempo de 1:37:33.
Alex en meta

 
Enseguida entrego el chip y, ahora sí, hago uso del avituallamiento de meta con un trozo de plátano y un acuarius. Sin perder un minuto me dirijo al coche a por la ropa de abrigo, y una vez arropado vuelvo para ver la entrada de mi cuñado en meta, quien lo hace rebajando en nada mas y nada menos, que ocho minutos su tiempo del año pasado, un fenómeno.
Alejandro en meta.
 
 
Objetivo cumplido

Pensando ya en la siguiente....
 Acompañado de mi cuñado y de Carlos y su familia esperamos la entrega de trofeos, y con la sensación de haber completado una carrera mas, abandonamos Colmenar Viejo.
 
1º Veteranos B, y 4º Absoluta.
 Un vez mas, no me queda mas que agradecer a la organización de esta carrera popular su esfuerzo, ya que un año mas nos hemos sentido como en casa. Una carrera enfocada a colaborar con un noble fin, y en la que como colofón, se ha invitado a todos los participantes que así lo han querido a un cocido para reponer fuerzas. El año que viene, si no hay contratiempos, aquí estaremos de nuevo.

 
Quiero desde aquí agradeceros a todos l@s compañer@s del club de atletismo Velilla de San Antonio http://clubatletismovelilla.blogspot.com.es/ vuestra compañía en los entrenamientos de los fines de semana, con vosotros me siento arropado y es todo un placer compartir kilómetros y carreras junto a vosotr@s. Enhorabuena a todos los que hoy habéis competido también, y a seguir preparando la siguiente cita.


Trofeo 1º Veterano B

Salud para tod@s.

domingo, 17 de noviembre de 2013

CARRERA SOLIDARIA POR LA DIABETES 17/11/2013.



   Hola a tod@s, hoy tengo un poquito de tiempo ya que hace una tarde lluviosa, gris y plomiza, por lo que voy a aprovechar para colgar esta crónica que elaboro a escasas horas de haber cruzado la línea de meta. Con ello rompo la tendencia que últimamente venía siendo habitual de comentar las carreras una vez transcurridos varios meses de las mismas, y ello motivado por la falta de tiempo por un lado y por un toque de vaguería por otro.
 
 
   Al lío: Esta mañana, y conmemorando el día mundial de la diabetes, se ha celebrado en el Parque Juan Carlos I, en la capital de España, la segunda edición de la carrera solidaria en la que se recaudan fondos para la lucha contra esta enfermedad que padecen millones de personas en el mundo. Hace algunas semanas que ya había decidido, junto con muchos compañeros del Club de Atletismo Velilla de San Antonio http://clubatletismovelilla.blogspot.com.es asistir a este evento, entre otros muchos motivos, porque el hijo de Domingo, uno de estos compañeros, está diagnosticado de esta enfermedad y decidimos acompañarle en este día. 
 
 
   Nada mas despertarme y levantar la persiana de la habitación he sido consciente que el día no iba a acompañarnos a lo que climatológicamente se refiere. Ha amanecido un día frío, plomizo, gris, triste y lluvioso, y todavía a estas horas de la tarde no ha parado de caer agua ni un solo minuto . Me levanto desganado, pues a la vista del panorama, el día a lo que invita es a quedarse en la camita bajo las mantas. Esta mañana se han conjurado todos los elementos posibles para formar un cóctel perfecto de inclemencias invernales y quitar las ganas de correr a cualquiera. Pero los que somos corredores, sabemos que estamos hechos de otra pasta, nuestra mentalidad es distinta a la del resto, donde otros solo ven problemas, nosotros vemos soluciones, donde otros fijan su meta, para nosotros solo es el punto de partida y los días en los que como hoy nos colocamos un dorsal en el pecho, nuestra motivación e ilusión se disparan, y lo mismo da que haga sol, que viento, como que lluvia y frío. Así que la pereza ha durado apenas un par de segundos y enseguida estaba ya de pie y calzándome las zapas.
 
 
   Hoy mi hijo mayor ha querido acompañarme y participar en las carreras infantiles, por lo que con su compañía y después de un buen desayuno, hemos ido en busca de mi inseparable cuñado a quien hemos recogido a las ocho y media en punto.  
 
 
   En un periquete hemos llegado al parque, ya que apenas nos separan de él un par de kilómetros, habiéndose convertido desde hace bastantes años ya, en el enclave privilegiado por donde entrenamos habitualmente, y aunque a día de hoy han sido muchas ya las competiciones celebradas en él, lo cierto que hoy será el primer día en el que pateando sus caminos compitiendo, lo que nos hace sentir una sensación extraña y muy motivante.
 
 
   El llegar pronto nos ha permitido recoger el dorsal con cierta ligereza, y aunque apenas éramos veinte personas las que coincidíamos allí en ese momento, ya todo presagiaba que podía montarse un caos para recogerlos, como lamentablemente así ha sucedido, y pasadas las diez de la mañana, que era la hora prevista para la salida, todavía existía una larga cola de gente intentando retirarlos, cosa que no ha sido posible y han tenido que empezar a correr sin él. Todo esto, creo que ha ocurrido, y es una opinión personal mía, porque las listas que la organización instalaba en los exteriores de las carpas para que los corredores comprobásemos los números de dorsal asignados, y por tanto colocarnos en la fila de recogida correspondiente, se mojaban y rasgaban, por lo que a la gente no le quedaba mas remedio que preguntar en incidencias cual era su número y de ahí marcharse a la fila correspondiente a retirarlo. El resultado ha sido que se ha formado una fila interminable en incidencias, por la que había que pasar irremediablemente, para saber simplemente el dorsal asignado. 
 
 
   Como digo, en nuestro caso se puede decir que la recogida ha sido bastante rápida, no así con la mayoría de compañeros del club, que aunque si bien ninguno se ha quedado sin su dorsal ya que llegaron con bastante antelación también, si es cierto que varios tuvieron que esperar estoicamente durante un gran rato para poder obtenerlos.
 
 
   Poco a poco, y buscando refugiarnos de la pertinaz lluvia,  nos hemos ido reuniendo, con un goteo continuo de compañeros, bajo un pequeño techado en las inmediaciones de la salida. La verdad es que el color naranja que defendemos se ve a kilómetros de distancia y ninguno de los colegas ha tenido que buscar demasiado para encontrar al grupo. Hoy nos hemos juntado unos cuantos: mi cuñado, Alejandro,  peleón donde los haya y buscando siempre cualquier excusa para calzarse las zapas y salir a correr. Pedro Sánchez, un auténtico campeón que a sus 52 castañas (por cierto, FELICIDADES, los cumplías hoy) se mantiene en lo mas alto y defendiendo un nivel que para mí lo quisiera yo cuando llegue a su edad. Carlos, cuñado de Pedro y aunque bastante mas joven, 39 primaveras, todo un fuera de serie también, siendo de los gallitos del grupo. Angel, uno de los ultrafondistas del club y que ya sabe lo que es correr mas allá de los cien kilómetros seguidos en carrera, casi ná, ponle una cerveza en la meta y llega con seguridad, aunque la meta se la pongas a tomar vientos.. , . Jordi, un atleta correoso y fuerte como el vinagre, al que si se quiere batir, mas le vale a uno haber desayunado fuerte, tiene piernas de keniata y lo mismo le da una milla que un maratón. Enrique, socio número uno, y animador en las conversaciones de los entrenamientos de este gran grupo, la veteranía dicen que es un grado, y el de veteranía va sobrado. David, experimentado triatleta que lo mismo le da correr un diezmil que un Half Iron Man, se atreve con lo que le pongan. Olga su mujer, campeonísima donde las haya y que nos tiene mal-acostumbrados a verla últimamente pisando pódium. Domingo, de los atletas con solera también de este grupo, otro maratoniano de oro y en cuya dieta nunca faltará una buena cerveza, hoy arropando a su hijo en este día tan señalado. Manu, un valiente más que completa carreras y defiende los colores del club con tesón y entusiasmo. Antonio, Toñin para los amigos, peleón  y también duro de roer, con bastantes maratones a sus espaldas, experimentado, muy centrado y teniendo siempre claros sus objetivos, a los que raramente no da alcance. Acompañándole su mujer Magda, recién aterrizada en esto del correr, a la que desde aquí quiero felicitar por su determinación a la hora de colgarse un dorsal en un día como hoy, eso dice mucho de su fuerza de voluntad y las ganas de superación, enhorabuena. Pedro, otro valor seguro en las competiciones y que comparte la ilusión y las ganas de correr con todos nosotros. Hoy se han dejado ver también por allí Alfonso y su cuñado Antonio, otro par de buenos deportistas y mejores personas.
 
 
   A escasa media hora de la salida, cada cual se va para su coche para quitarse la ropa de abrigo y colocarse el traje de luces, hecho lo cual nos reunimos todos nuevamente y tras un brevísimo calentamiento vamos cogiendo posiciones en el grupo que se está formando ya en los dominios del arco de salida. Son las diez y diez de la mañana y todavía la cola para recoger dorsales es infinita, por lo que por megafonía se indica que el que quiera correr que no espere a recoger el dorsal, que se incorpore directamente al pelotón de salida ya que en cinco minutos se dará inicio a la carrera. Todavía esos cinco minutos se convertirían en diez mas. Por fin, y a la señal de inicio que nos muestra el estupendo nadador David Meca, nos ponemos en marcha.
 
 
   La salida es cuesta abajo y podría hacerse lanzado, pero el pavimento no está para bromas, hay bastante agua y muchos charcos, un resbalón podría producirse en cualquier momento y dar con los huesos en el suelo, así que me lo tomo con calma durante los primeros y metros y los dos primeros giros. Superados éstos empiezo a coger un ritmo mas vivo y adelanto a unos pocos corredores hasta que en las proximidades del primer kilómetro me sitúo en tercer lugar. Mi objetivo es llegar hasta los dos primeros y con ello en mente acelero un poquito mas. Mi cronómetro, en el primer kilómetro me devuelve un tiempo de tres minutos y quince segundos, algo lento para ser en bajada, pero el pavimento no está en sus mejores condiciones. Acelero un poco mas con la vista puesta en la pareja que me precede pero cerca de llegar al segundo kilómetro ya me doy cuenta que me va a costar mucho llegar hasta ellos, es mas, lejos de recortarles metros, estos van en aumento, y mis pulsaciones noto que empiezan a subir preocupantemente. Tras un tercer intento de reducir distancias, definitivamente entiendo que no va a ser posible, así que me limito a coger un ritmo de crucero y mantener la posición relajándome un poquito. En las carreras no me gusta mirar atrás, pero no quiero confiarme y en uno de los giros aprovecho para comprobar la distancia que le saco al cuarto clasificado, que parece ser buena.  
 
 
   Los caminos en el parque están repletos de hojas caídas y  bastante encharcados, por lo que es inevitable pisar alguno de los innumerables charcos, es por ello que llevo los pies empapados y cada zancada se convierte en un molesto "chof, chof" que me acompañará durante toda la competición. Tras la larga recta entre el segundo y tercer kilómetro, llega la hora de ascender una de las varias pendientes que nos reserva la carrera, ésta se sucede durante todo un kilómetro hasta coronar el cuarto, donde llevo un ritmo alegre pero sin quemarme demasiado, y donde los dos primeros corredores se han marchado ya definitivamente. Estoy haciendo la carrera totalmente en solitario y la tengo bien controlada, a los delante no llego, y el de detrás, salvo cataclismo, no me va a coger, así que corro contra mí mismo.
 

    En el kilómetro cuatro y medio recibo los ánimos de mi hijo, que me llegan como una inyección de energía y me preparan para afrontar la larga bajada, ahora por asfalto, con la que supero el quinto kilómetro y me conduce a los pies de una nueva ascensión hasta el mismísimo sexto kilómetro. Aquí giro a la izquierda para pisar nuevamente camino con algo de barro y bastante agua, que entre olivos y con terreno ondulante supera el kilómetro siete y conduce a la base del puente que salva la ría.
 
 
   Me sigo encontrando bien y estoy convencido que tengo fuerzas mas que suficientes para llegar a meta, la distancia con los primeros sigue siendo mucha, lo mismo que ocurre con los que me van a la zaga. Me concentro en disfrutar del parque, de su silencio, de sus árboles, de la explosión de colores marrones y ocres que lo bañan todo, y acompañado únicamente por los latidos de mi corazón sigo devorando metros y mas metros con cada una de mis zancadas.
 
 
   Paso el kilómetro ocho sin ninguna complicación, he bajado un poco el ritmo ya que no es cuestión de darme la paliza, sería un esfuerzo inútil que no me conduciría a ninguna parte, las cartas están ya sobre la mesa, y aquí nada va a cambiar ya. Hay algunos tramos pegados a la ría que son los que mas embarrados están y en algunas zonas noto como las zapatillas resbalan un poco, y así me planto en el kilómetro nueve. En este justo punto, la carrera se mezcla con las personas que han optado por apuntarse a la marcha de dos kilómetros y medio que se celebra paralelamente a la carrera. La gente va un poco despistada, y hay algunos grupos que, pertrechados bajo sus paraguas y  ocupando todo el ancho de la pista, no son conscientes que llego por detrás y tengo que pegar un par de gritos para avisarles, aún así, todavía me toca andar durante un par de segundos hasta que consigo hacerme un hueco. No tiene la menor importancia porque la distancia con los que me persiguen, como he mencionado antes, es grande, pero de haber resultado de otro modo hubiera supuesto un gran obstáculo a saber con qué desenlace, estas cosas tiene que pulirlas la organización y tenerlas previstas, no se puede hacer coincidir en un mismo espacio y al mismo tiempo a gente que corre con gente que anda.
 
 
   Desde el noveno kilómetro y hasta la meta todavía esperan mil metros de continua subida, que aunque no es muy pronunciada, si es lo suficientemente larga como para hacerse interminable si se llega justo de fuerzas. Por mi parte la supero sin muchas complicaciones y sabedor de que el tercer escalón del pódium ya tiene dueño.
 
 
   Llego a meta arropado por los aplausos de mi hijo que se encuentra en el mismo arco de llegada, parando el reloj en un crono de 35:22 (mejor marca que el ganador del año pasado), y que me deja un buen sabor de boca, conocedor que no ha sido necesario exprimirme a tope, y contento por ello al no haber tenido que forzar mi maltrecha cadera.
 
 
   En un santiamén, me quito la ropa mojada, y con ropa seca espero la llegada de todos mis compañeros. Así llega Pedro quien hubiese sido claro vencedor de su categoría en el caso de haberla habido. No sé por qué, en esta carrera solamente se premia a los tres primeros, cuando en la gran mayoría de competiciones se establecen trofeos en las diferentes categorías de edad. Por detrás de él, Jordi, Carlos, un poco después mi cuñado Alejandro y tras ellos, poco a poco, todos los demás.
 
 
   El día es muy desapacible, por lo que tras un par de fotillos todos juntos, los integrantes del club poco a poco se van yendo. Mi cuñado, mi hijo y yo nos quedamos a la entrega de trofeos que todavía se retrasará un poco. Recibo mi trofeo de manos del medallista olímpico de esgrima José Luis Abajo “Pirri”, y esperamos a que den la salida de las carreras infantiles, donde Pablete ha logrado imponerse en su categoría, cerrando así una completa mañana de atletismo. Estas carreras infantiles son semillas que a poquito que se rieguen dejarán huella en un futuro, y los chavales disfrutan, como lo que son.....como niños.
 
 
   Sin demorarnos mas, nos vamos para casa en busca de una bien merecida duchita caliente y una buena comida, otra carrerita mas para la saca y seguimos sumando.
 
 
   Salud para todos

Tercer clasificado, pena de bolsa que me ha dado alergia.....

Foto recordatorio.

Salida carrera infantil

Pablete mas contento que unas pascuas...

Gran grupo de deportistas, eso sí, pasados por agua..
Clasificación

Paraguas tamaño sombrilla que se queda pequeño ante la mancha naranja... y eso que faltan la mitad.

viernes, 15 de noviembre de 2013

CROSS ALPINO DEL TELEGRAFO 16/06/2013









Como continuación a la fase de ponerme al día con todas las competiciones que he ido realizando durante todo el tiempo que he dejado un poco apartado este blog, hoy le toca al Cross Alpino del Telégrafo donde participé antes del verano pasado, concretamente el 16 de junio.

Es un Cross que tradicionalmente se celebra el mismo día que el durísimo MAM (Maratón Alpino Madrileño), le separan de su hermano mayor tanto la hora de la salida (se comparte el mismo arco de partida), ya que el MAM se inicia a las 08:00 y el Cross a las 08:50, como por supuesto la distancia, ya que lejos de los 42 km. del MAM, el Cross se disputa sobre un trazado de 17 Km., siendo 8,5 Km. de Subida y los 8,5 Km. de bajada. El perfil es bastante duro, a parte de la subida que en sí misma es terrible, ya que hay que remontar el desnivel que parte desde el Polideportivo Municipal de Cercedilla hasta coronar el Pico del Telégrafo (de ahí el nombre del cross), justo enfrente de la Bola del Mundo de Navacerrada, como digo, a parte de esta tremenda subida, se hace mas duro aún debido a los caminos y sendas repletos de raices y piedras por donde se ataca la subida al pico, pero vamos por partes y comencemos por el principio.

Vaya por delante que esta crónica, como viene siendo habitual últimamente, y como sucederá todavía en alguna crónica futura mas, la realizo desde la distancia en el tiempo, habiendo transcurrido desde la celebración de la prueba hasta el día de hoy, nada mas y nada menos que cinco meses, que es casi medio año, por lo que las lagunas mentales pueden ser de escándalo, pido disculpas por adelantado.

Recuerdo, eso sí, que hasta Cerdecilla me desplacé con mi inseparable cuñado Alejandro, y lo recuerdo porque en algún sitio tengo alguna foto que nos hicimos en el momento de colocarnos los dorsales ( 812 y 813) junto a su coche, voy a buscarla para colgarla y que la podáis ver.


Junto al coche antes de empezar

La mañanita se presentaba bastante buena para correr, con un sol espléndido a estas tempraneras horas. En un periquete recogimos los dorsales en el mismo Polideportivo y como todavía nos quedaba algo de tiempo hasta la salida nos fuimos a tomar un cafetito en un bareto cercano. Mientras degustamos sendos cafés, charlamos un rato hablando de nuestras cosas y haciendo un poco de tiempo hasta que de nuevo nos dirigimos al coche, saludando por el camino a unos amigos de mi cuñado, para quitarnos los chandals y vestirnos ya de corto.


Mi cuñaíto Alejandro

Con los dorsales ya sobre el pecho, nos vamos a la zona de la salida donde aprovechamos para animar a los valientes competidores del Maratón Alpino Madrileño, que a las ocho en punto comienza su esforzada aventura. Solo de pensar lo que tienen por delante ya duelen las piernas, son 42 kilómetros realmente duros, de continuas subidas (La Bola del Mundo, La Maliciosa, etc…) y bajadas. Repletos de trampas a modo de socavones, piedras sueltas, grava, arena, raíces, etc…, en resumen, posiblemente la maratón mas dura de España y una carrera no apta para principiantes, en la que en cada una de sus ediciones hay alguien que se hace daño en alguna desafortunada caída (Como así ocurriría lamentablemente también en esta edición ya que la atleta alemana que ocupaba el primer lugar mediada la carrera, sufrió una grave caída y tuvo que ser evacuada en helicóptero, afortunadamente se recuperaría semanas después)..

Bueno, pues vista la salida de la maratón, empezamos a calentar muy suavemente por la zona, no obstante todavía nos quedaría mas de media hora para comenzar con nuestros 17 Km. que al lado de la prueba reina parecen pocos….. y no lo son.

A escasos minutos del comienzo del cross nos situamos entre los corredores bajo el arco de salida sin ningún tipo de agobio, lejos de lo que ocurre en la mayoría de carreras masificadas y mas comerciales. Una breve charla del speaker en la que se nos informa de la dificultad de la prueba y del estado de los caminos, sendas y trialeras, y con una detonación nos ponemos en marcha.

Le deseo suerte a mi cuñado que le tengo al lado y cada uno empieza con su ritmo su competición.

Los primeros metros son de calentamiento por un par de calles del pueblo que ya apuntan hacia arriba, enseguida salimos de la localidad de Cercedilla buscando el camino que conduce a la zona conocida como “Campamentos”. Rapidamente el camino pasa a ser una estrecha senda y muy empinada que desemboca en una carretera que tenemos que atravesar para seguir ascendiendo por un estrecho y empinado camino de cabras. En este tramo voy situado hacia la mitad del pelotón, y aunque me encuentro con fuerzas, es prácticamente imposible adelantar a ni un solo corredor debido a la estrechez del camino y el incontable número de piedras y pedruscos que por momentos bloquean el paso y nos hacen ir en fila india.

Poco a poco, según continuamos ascendiendo, el camino se torna algo mas ancho, aunque no menos empinado, esto me permite ir adelantando a bastantes corredores ya que puedo aprovechar una buena zancada y el que todavía estoy muy fresco. Durante algo mas de un kilómetro corro con ganas y adelanto a muchos corredores, aunque cada vez los que me preceden van mas distanciados y me cuesta mas llegar hasta ellos.


En plena subida

Al paso por la zona de los campamentos, el camino poco a poco se vuelve mucho mas duro, para progresivamente ir complicándose cada vez mas. Éste pasa a ser vereda, la vereda senda, y la senda una auténtica trialera defendida por enormes árboles y sus grandes raíces que hacen la ascensión, si cabe, todavía mas complicada. Intento seguir corriendo todo lo que puedo, aunque ya empiezo a ver a corredores con pinta de montañeros que abandonan el correr y comienzan a caminar apoyando sus manos por encima de los muslos. Todavía durante unas decenas de metros consigo seguir trotando, que no ya corriendo, y con ello adelantando a algún atleta mas, hasta que llego a un punto en el que no puedo mas, el corazón me va a estallar y decido ponerme a caminar también. Es una sensación muy extraña para mí, acostumbrado a correr en pruebas de asfalto en la que jamás tuve que andar ni un solo metro, pero ahora es lo que toca, y la montaña me pone rápidamente en mi sitio, es literalmente imposible correr por aquí, y no sólo debido a la enorme pendiente, sino que el suelo está resbaladizo por el maridaje entre la hierba y el agua, unido a las traicioneras raíces y a las omnipresentes piedras que lo engloban todo.

Dura subida y muy técnica.
Durante un largo tramo, los corredores vamos pasito a pasito ascendiendo por la dura subida, aquí nadie adelanta a nadie y bastante tenemos cada uno de nosotros con mantener el equilibrio y no caer. La ascensión total hasta el alto del telégrafo es de ocho kilómetros y medio y debemos llevar la mitad de ellos. El paisaje y la naturaleza que nos rodean son grandiosos, como así puedo comprobar en los pocos tramos en los que puedo levantar la vista del suelo, el aire puro entra como un cañón en mis pulmones y de vez en cuando el resonar de los latidos de mi corazón me permite escuchar el trino de algún pajarillo cercano. En algunos puntos complicados de los tramos, la organización, con buen criterio, a situado estratégicamente a algunos voluntarios que nos avisan de la dificultad del paso, o de alguna piedra suelta, así como del mejor sitio para vadear el río que en un par de ocasiones nos muestra el grado de temperatura del agua cristalina que le acompaña. Y así, entre vegetación, naturaleza, sudor, esfuerzo, y tesón, vamos poco a poco, unas veces andando, las mas, y otras corriendo, las menos, acercándonos hasta los dominios de la estación del tren a punto de coronar el puerto de Navacerrada.
Tramos en los que no hay mas remedio que andar.

Cuando ya se atisban las primeras edificaciones del citado puerto, dejamos de pisar hierba y tierra para zapatear durante unos pocos metros por un firme bastante mas compacto, una mezcla entre grava y asfalto que nos conduce a un tramo de escaleras que algunos valientes se atreven a superar con grandes zancadas, y donde cobarde de mí, vuelvo a pasar al modo “camina macho que aquí no hay quien corra”. Superadas las escaleras pienso que lo mas duro ha debido quedar ya atrás y empiezo a correr nuevamente, pero ingenuo de mi, lo mas duro de la ascensión al pico todavía me estaba esperando, nada mas, y nada menos que un autentico rampón de piedra suelta y con mas de cien metros de largo que pasa por debajo del teleférico, y donde no es que se haga imposible correr, es que también es complicadísimo superarlo andando. Supone un tremendo esfuerzo el culminarlo, pero todavía, una vez acabado, no se ha terminado la fiesta, aún queda un tramito mas hasta llegar al punto mas alto del cerro del Telégrafo, donde se encuentra un voluntario tomando nota de los números de dorsal, quien me indica que voy en el puesto número veinte, y donde ahora sí, se termina la subida.

Rampón, rampón, largo y empinado....





Las vistas desde la cima son espectaculares. Al fondo otra dura rampa.

Madre mía, el llegar hasta arriba me ha supuesto un tremendo esfuerzo, no estoy acostumbrado a este tipo de competiciones y sufro mas de lo que en un principio pensaba. Llevo las pulsaciones disparadas y el corazón parece que se me quiere salir del pecho. Bueno, ahora todo eso ha quedado atrás, y llega el momento de disfrutar de la bajada. Desde lo alto existen unas vistas impresionantes, con la bola del mundo justo enfrente y a cuyas faldas puedo observar por debajo de la línea que marca el teleférico, otra cuesta “fuera de categoría” de la que ya conozco su dureza, no en vano me tocó subirla en el cross de los tres refugios, aquel día rodeado de niebla y pisando nieve, que distinto del día tan espectacular que estamos disfrutando hoy.


Cruce de camino y empezamos la bajada
Control en la cima del Cerro del Telégrafo
El comienzo de la bajada es terrible, el desnivel es brutal y lejos de correr disfrutando, como creía iba a ser, tengo que concentrar todos mis sentidos en retener mi cuerpo que se ve empujado irrefrenablemente hacia abajo. A duras penas consigo no embalarme, y en algún punto que corro mas rápido de lo debido, tengo problemas para frenar y estabilizarme, esto es muy complicado para mi. En las primeras rampas de bajada me pasan como motos un par de corredores, mucho mas habilidosos en este tipo de terrenos y mas acostumbrados a estas carreras de montaña, se nota mucho mi falta de técnica.

Continúo con la bajada y tras el paso por la cima del puerto de Navacerrada el recorrido vuelve a ser el mismo que utilizamos en la subida, por lo que tengo que compartir el camino con los corredores que ascienden y me los voy cruzando constantemente. Ellos me animan al grito de “vamos máquina” y yo les devuelvo los ánimos siempre que el resuello me lo permite. Hay algunos puntos en los que tengo que tener especial cuidado ya que debido a la vegetación existen algunas curvas en las que no sé si puede aparecer alguien de frente, como así ocurre en mas de una ocasión. Lo bueno es que a medida que voy bajando, cada vez los corredores que suben son menos, hasta que pasados unos cientos de metros un chaval que sube andando me dice que él es precisamente el último y que por detrás no lleva a nadie mas, lo que me permite coger mas confianza en la bajada y aumentar el ritmo.

Con un poco mas de confianza, la que da llevar un par de kilómetros bajando y haberle cogido el truquillo a esto, voy aumentando el ritmo ya que de respiración voy fenomenal, así que amplío todo lo que puedo la zancada y salvando obstáculos voy poco a poco remontando posiciones, hasta que a mitad de la bajada un voluntario me indica que voy en el puesto octavo. Bueno, no está nada mal pienso yo, y aunque todavía por delante en algunos claros entre los árboles puedo ver a algún corredor mas, lo cierto es que pocas posiciones creo que voy a remontar ya.

Nuevo vadeo del río.
Sigo devorando la eterna bajada, atravesando nuevamente el cauce del río cuya agua de nuevo me congela los pies, y consigo dar alcance a un par de corredores que me iban precediendo desde hacía rato. Me pego a ellos y “chupando rueda” bajamos los tres a buen ritmo. Seguramente y lo mas probable, es que este trío que hemos formado no se rompa ya hasta las proximidades de la meta ya que nuestros ritmo son bien parecidos. Deben quedarnos unos tres kilómetros y medio aproximadamente para llegar y ahora el bosque se abre en pequeños claros por donde una senda estrecha pero con buen piso y sin piedras, nos conduce en avivadamente hacia nuestro destino.

En este tipo de carreras de montaña, la señalización generalmente dista mucho de las típicas carreras de asfalto donde se informa a los corredores del trazado a través de líneas en el pavimento o flechas pintadas sobre el mismo. En el bosque nada de esto es posible, por lo que la manera de informarnos para no perdernos en mitad del campo debido a los numerosos cruces e intersecciones, es a base de cintas de colores colgadas en las ramas de los árboles. Y esto viene al caso porque, en la bajada, el grupito de tres corredores que habíamos formado a pocos kilómetros ya de la meta, íbamos tan embalados que nos debimos saltar alguna de éstas indicaciones, ya que tras un buen rato bajando, los tres tuvimos la sensación que se nos estaba haciendo demasiado largo ya el tramo y llevábamos mucho tiempo sin ver ninguna de las citadas cintas. Y tanto que se estaba haciendo largo, como que nos habíamos equivocado de camino al menos hacía un kilómetro. Mis otros dos compañeros, seguros ya de habernos perdido intentaron buscar un camino alternativo por su cuenta que les devolviera al trazado de la carrera. Por mi parte vi un huerto cercano del que salía humo de una hoguera y me acerqué hasta allí, no sin antes esquivar a un par de perros, para preguntar al hortelano que allí estaba por donde debía seguir para llegar a Cercedilla. El anciano muy amablemente me indicó por donde podía atravesar y qué caminos debía seguir, pero lo mas recomendable, según me dijo, era volver a subir el tramo por donde acababa de llegar y enganchar otra vez arriba con el camino principal. En resumen, volver por donde había venido.

Así me tocó volver a descorrer el kilómetro y pico que acababa de bajar a toda mecha, para volverlo a subir de nuevo. Esto me machacó bastante, ya que venía de un descenso vertiginoso desde la cumbre del cerro y el volver a tener que ascender una dura pendiente era algo que no entraba ya en los planes, y máxime cuando ya mi mente estaba convencida que la meta estaba a la vuelta de la esquina. Por tanto vuelta hacia arriba a buscar el cruce objeto del desaguisado.

Una vez superado el kilómetro y pico de subida, no me costó ya ningún trabajo el llegar a meta, ya que ahora sí era imposible perderse debido a gran número de corredores que salpicaban de color el trazado. Completé el escaso kilómetro que quedaba en bajada hasta la meta y allí pude comprobar como mi cuñado estaba buscándome pensando que debía hacer rato que había llegado. Como así hubiera sido, si no hubiese sido por el terrible despiste que me costó casi tres kilómetros extras y mas de nueve minutos de retraso sobre el tiempo que hubiese podido hacer.

Una vez junto a mi cuñado, nos vamos al interior del polideportivo donde recogemos la bolsa con una bonita camiseta y algún que otro recuerdo, nos vamos hacia el coche con las piernas fundidas y la sensación de haber completado una carrera mas. Después, y una vez en casa, nos esperaría un buen bañito en la piscina en un día espléndido.

Salud para tod@s.
 

Luego el bañito en la piscina.

Obsequios.

 

miércoles, 25 de septiembre de 2013

CARRERA SAN FDO. HENARES 12/05/2013


CARRERA SAN FERNANDO DE HENARES 8 KM. 12/05/2013



Procedo a colgar esta crónica de la Carrera Popular de San Fernando de Henares, que ha sido otra de las pocas competiciones en las que últimamente he tomado parte, esta en concreto se celebró allá por el mes de mayo, en su decimosegundo día.

Al igual que en la pasada crónica de la Media Maratón de Madrid, la distancia en el tiempo de mas de cuatro meses desde que tuvo lugar, hace que se pierdan casi todos los detalles de aquel día, recordando vagamente lo que allí aconteció.

Recuerdo que seguía sin ganas de competir, pero una llamada a última hora de mi cuñado animándome a acompañarle, y visto que además de que hacía una mañana soleada y preciosa para correr, se podían hacer gratuitamente las inscripciones en el momento allí mismo, me decidí a acompañarle. En seguida pasó a recogerme y nos dirigimos a una gasolinera en Coslada donde se nos unió Luis, un amigo de mi cuñado y corredor que se está iniciando en este mundillo, y al que cada vez veo mas motivado.

Los tres juntos nos dirigimos a la zona de la carrera, concretamente al Polideportivo de San Fernando de Henares, donde una vez aparcado el coche nos fuimos derechos a realizar nuestras inscripciones. Por la zona podemos saludar a mas amigos, como por ejemplo a Juan, compañero de entrenamientos en Velilla de San Antonio y un fantástico corredor, ciclista y triatleta cuando se lo propone.

Con los dorsales bajo el brazo fuimos de nuevo al coche para cambiarnos y empezar a calentar. Se trataba de una carrera de ocho kilómetros totalmente desconocidos para mi, no en vano era la primera vez en la que asistía, aunque se trataba de su edición número treinta y cuatro, carrera con raigambre por tanto.

Según se acercaba la hora de la salida, las pistas de atletismo del polideportivo se iban llenando progresivamente de corredores realizando el calentamiento. Junto con Alejandro di unas cuantas vueltas a la pista y cuando ya estaba a punto de iniciarse la prueba nos situamos bajo el arco de salida. En un par de minutos nos deseamos suerte y dio inicio la prueba. Los de adelante salen disparados, y empiezan a pasarnos corredores por todos lados, por lo que aunque nos hemos situado en posiciones delanteras, lo cierto es que a la salida del Polideportivo ya nos hemos retrasado bastante.

Recuerdo que la salida la hicimos por una carretera llana y recta para poco después abandonarla y entrar en un parque con una gran zona verde y amplio camino de tierra. Allí remonté unas cuantas posiciones y me uní a un grupito que llevaba un ritmo constante y bastante majo. Dentro del parque patearíamos unos cuantos kilómetros, durante los cuales, después de abandonar el grupito inicial, fui continuamente adelantando a corredores hasta el punto de llegar a visualizar a los corredores de cabeza de los que me separaban escasamente cien metros.

Creo recordar que por un momento recobré las buenas sensaciones de un pasado cada vez mas lejano, e incluso hice un amago de irme a buscar la cabeza de la prueba, pero todo quedó en un intento ya que cuando la carrera volvió nuevamente al asfalto, y tras el giro de ciento ochenta grados en una rotonda, comprobé que las distancias aumentaban paulatinamente y ya fui consciente de que llegar a los primeros iba a ser imposible. Me concentré entonces en ir llegando hasta los corredores que iban quedándose descolgados y tratar de superarlos. Así, y tras alguna cuesta en la zona de chales, conseguía dar alcance y descolgar a algunos buenos corredores, entre ellos alguno de la Unión Atlética Coslada. El paso por la zona de chales se me hizo largo y estaba deseando terminar la carrera.

Al salir de nuevo a la carretera y enfilar dirección al Polideportivo comprobé que a escasos segundos por delante de mí tenía a tiro a otro corredor, por lo que apreté los dientes y me concentré en darle alcance, cambié el ritmo y aunque lejos todavía de meta confié en poder mantenerlo y así poder rebasarle. Al principio me pareció que lo conseguiría ya que en unos pocos metros le recorté bastante y casi le tenía a tiro, cuando alguien del público que debía conocerle le gritó algo para que apretase y así lo hizo despegándose un poco. En ese momento creí que sería cuestión de unos pocos metros y en seguida flaquearía, pero no fue así, su ritmo no decaía y yo llevaba ya unos cientos de metros intentando mantener vivo mi último cambio, por lo que aunque él ya no me distanciaba, lo cierto es que yo tampoco le recortaba. Así llegamos nuevamente a las pistas del Polideportivo donde tendría que quemar mi último cartucho si quería rebasarle, por supuesto contando con que mis ya castigadas piernas respondiesen a la petición de un último esfuerzo.

En la entrada a las pistas la distancia que nos separaba calculo que serían apenas veinte metros, por lo que creí factible el poder recortarlos. Nos restaba dar una vuelta casi completa al perímetro, en sentido anti-horario. Nada mas poner un pie en el tartán decidí echar el resto y comenzar a esprintar, consciente de no saber si poder aguantarlo hasta el final. El corredor que iba delante, constantemente giraba su cabeza para verme y así intentar tenerme controlado. En seguida se percató de mi último cambio de ritmo e hizo el lo mismo, durante unos cuantos segundos, los que tardamos en completar la vuelta, la lucha fue de igual a igual. Creo que conseguí recortarle algún metro, pero no lo suficiente como para poder llegar hasta él y adelantarle. Crucé la línea de meta sin haber podido alcanzarle pero con la sensación de haberlo dado todo y haberme vaciado, quizás si los primeros kilómetros los hubiese hecho a un ritmo mas alto el final hubiese sido distinto, o quizás no, nunca lo sabré.

Lo cierto es que llegué en el puesto número siete, habiendo clasificado en el cuarto lugar de los veteranos-A, de haber conseguido adelantar al corredor que me precedía en el último kilómetro hubiese subido al podium, ya que luego en la clasificación comprobé que se llevó la recompensa de haber sido el tercer veterano-A.

Una vez completada mi carrera, y después de recoger la bolsa del corredor, esperé la llegada de mi cuñado, de Luis, Juan y algún amigo mas, para una vez comentada la carrera despedirnos con la sensación de haber disfrutado, una vez mas, de una magnífica mañana deportiva.

La siguiente crónica que tengo pendiente es la del Cross Alpino Madrileño (Cross del Telégrafo) que corrí el día 16 de junio, a ver si me voy acordando de cómo fue aquello y os lo cuento, lo que si puedo anticiparos ya, es que fue la primera competición en la que me perdí y tuve que hacer algunos kilómetros mas de la cuenta.

Salud para tod@s.

viernes, 20 de septiembre de 2013

DE NUEVO POR AQUÍ A DAR LA LATA....



Hola de nuevo:

Después de muchos meses sin aparecer por aquí, lo primero que quiero hacer es pedir disculpas por mi pereza a la hora de sentarme y colgar alguna crónica mas. Lo cierto, y aunque no sirve de excusa, es que pocas cosas ha habido para resaltar, ya que desde el último resumen de la media maratón de Segovia, allá por el mes de marzo, me planteé seriamente el dejar de competir y casi lo conseguí. El motivo de haber llegado a esa conclusión no fue otro que la dichosa lesión en mi cadera que se ha vuelto tan irritable que es realmente como tener un grano en el culo.

Después de decenas de pruebas médicas (Radiografías, Resonancias, Resonancias de contraste, Atroresonancias, Gammagrafías, y algunas mas de nombres casi impronunciales..) al fin ya cuento con un diagnóstico definitivo del porqué de esos dolores que me acompañan desde hace ya algunos años, y tachán, tachán, … mi lesión es un “Choque femoro-acetabular en cadera derecha”. Ahh…. vale, y te preguntarás ¿y eso que cojones es?, pues eso mismo dije yo. Resulta que en el hueco donde se junta la cabeza de fémur (de ahí lo de femoro) con la cadera derecha, tenemos un cartílago (“lambrum” lo nombran los galenos), que hace las funciones de lubricador entre ambos huesos, (vamos lo que viene siendo un “aceitero” o “engrasador”, para irnos entendiendo…) y ese jodido cartílago lo tengo desgastado y como consecuencia chocan hueso con hueso y de ahí los pinchazos y dolores. Y te preguntarás, (y si no te lo preguntas da igual porque lo pregunté yo)….¿Y eso tiene cura?, a lo que te indico literalemente la misma respuesta que el amable traumatólogo me soltó: “Estamos hablando de un cartílago, que es una de las pocas partes de nuestro cuerpo que no se regenera, por lo que si usted encuentra alguna forma de poder recuperarlo, hágamelo saber y nos hacemos ricos los dos”…. Y en esas ando, en encontrar el modo de hacerme rico, y de paso curar mi cadera, aunque chico, ya han pasado varios meses y ni una cosa ni la otra, pero no yo desisto en el empeño…

Con esta premisa, sumada a los dolores que en algunos días eran realmente fuertes, me planteé el no competir mas, peeeeeeeeeeeeero: Estaba ya apuntado a la Media Maratón de Madrid que se iba a celebrar el día siete de abril, así que como a borrico no hay quien me gane para allá que me fui junto con mi cuñadito del alma a terminar de joderme la cadera y sin haber entrenado prácticamente ningún día.

La crónica de esta media maratón, lejos de lo que suele ser habitual, va a ser muy cortita, y no me voy a extender mucho en ella por dos motivos: El primero es que después de casi seis meses ya, no me acuerdo de casi nada, mi memoria no da para mas, y el segundo porque fue un desastre absoluto del que mejor pasar pronto página. En resumen, la carrera podría describirse de la siguiente manera:



Llegué al céntrico Parque Madrileño del Retiro, acompañado de mi cuñado en una mañana, creo recordar que soleada y algo fresquita, (aunque siendo sincero no recuerdo en absoluto como narices era climatológicamente la mañana, me lo imagino porque en las fotos se ve un día claro y yo voy con guantes… ), lo que sí recuerdo perfectamente es que ya iba tocado y con pocas ganas de correr, al igual que me había pasado en la anterior Media Maratón en Segovia.

Desde la salida ya me di perfecta cuenta que la cosa no marchaba, las piernas no empujaban, (lógico, si no había entrenado nada, ¿que coño esperaba? ) muchas molestias en la pelvis y respiración disparada, así que, relájate machote, pon piloto automático y a sumar kilómetros.. Recuerdo que hasta el kilómetro diez me costó mucho coger ritmo, luego ya una vez calientes los músculos parece que la cosa mejoró, aunque no mucho, apenas fue un espejismo de cinco kilómetros. Cogí a algún grupito que iba por delante y me mantuve todo el tiempo “chupando rueda”, pero a partir del quince llegó el suplicio, las sensaciones eran las mismas a las que se puedan tener a partir de un kilómetro treinta y pico en maratón, atrancado, sin ritmo, respiración alterada, sudando muchísimo, y para postre los dichosos pinchazos en la pelvis. Me costó un mundo superar la cuesta hasta acceder al Retiro, y con las peores sensaciones que he tenido en ninguna carrera, atravesé la meta, maldiciendo mi estado de forma y mi lesión.

Esperé la llegada de mi cuñado, (al menos, éste sí mas contento) y para casa con la sensación de estar totalmente fuera de punto y roto.

A partir de esta carrera, todas mis aspiraciones deportivas se basarían únicamente en salir a entrenar tranquilito los días que me encontrase mejor y no hacer ningún entrenamiento de calidad, sino simplemente salir a rodar e intentar disfrutar del atletismo por el simple hecho de practicarlo, con la firme intención de no participar en ninguna competición mas, y en el caso de hacerlo si me encontrase mejor, por supuesto que no ir a disputarla, sino simplemente a participar… aunque una cosa es lo que se piensa y otra lo que luego se hace, aunque eso será motivo de la siguiente crónica que prometo no tardará mucho en llegar, ya que después de la Media de Madrid, todavía llegarían la Carrera Popular de San Fernando de Henares, El Cross Alpino del Telégrafo, La Media Maratón de El Escorial, y mas recientemente la Milla de Velilla de San Antonio, pero esas ya las dejo para otro ratito en el que a mí me entren las ganas de escribir y a ti no se te quiten las de seguir leyendo.

Salud para tod@s.