miércoles, 3 de octubre de 2012

CARRERA LUZAGA 2012

Esta crónica va con mucho retraso, ya que se celebró el pasado, y bien pasado, 18 de Agosto, pero es que últimamente me cuesta bastante ponerme a escribir, me da mucha pereza, por no mencionar que prácticamente no me queda tiempo libre para hacerlo, así que… mas vale tarde que nunca.



La carrera de Luzaga (www.luzaga.com ) en su décima edición se celebró, como ya he mencionado antes, el pasado 18 de Agosto, en una tarde veraniega y con un sofocante calor estival. Llegué a este bonito pueblo de Guadalajara acompañado una vez mas de mi mujer Lourdes y mis dos hijos, así como también de mi madre, mi hermana, mis sobrinos y mi cuñado, quien también participaría en la prueba. En esta ocasión también quisieron estar dándonos ánimos mis primos Rubén y Miriam con sus correspondientes parejas. Por todo ello, y sumado a la buena acogida por parte de la gente del pueblo así como también al resto de familiares y amigos de los demás corredores, el ambiente en el pueblo era increíble, mucha animación y muchas ganas de pasarlo bien, como así ha sido siempre y como así sería una vez mas.

Llegamos a Luzaga con tiempo suficiente para realizar las inscripciones, gratuitas como es tradición, recoger el dorsal ( El 85 en mi caso) y calentar un poco por sus calles. Junto a mi cuñado Alejandro trotamos algunos cientos de metros recorriendo los primeros tramos de la competición y comprobamos como en un balcón, situado en la misma Plaza Mayor donde se efectuará la salida, están colgadas todas y cada una de las distintas camisetas con las que la organización nos ha ido obsequiando a los corredores durante todos los años que se lleva celebrando la carrera, me pareció un detalle muy original y divertido. Comentamos entre mi cuñado y yo las que tenemos, que son las mas, y las que no, que son las menos.

 También nos llama bastante la atención la presencia, un año mas, de un vehículo-ambulancia, de los tiempos en los que Alfredo Landa tenía pelo y que lleva al volante a un enfermero totalmente vestido de verde y con un fonendoscopio un tanto “peculiar”, lo cierto es que no le falta detalle, y así entre calentamiento y conversación se va acercando la hora de la salida.

Antes de nuestra carrera de diez kilómetros se celebraron las pruebas de categorías femenina absoluta y juveniles donde pudimos ver correr a los chicos y las chicas, con algún pequeño fallo organizativo en categoría juvenil masculina que obligó a realizar dos salidas distintas, este fallo es la excepción que confirma la regla, de todos es conocido que todo buen escribano alguna vez realiza un borrón.

Una vez terminadas las pruebas que precedían a nuestra carrera tomamos posiciones para poco a poco ir formando el numeroso grupo de corredores que tomaremos la salida prevista para las 18:45 h.. Nos vamos juntando cada vez mas atletas y a mí particularmente hay algo que me está resultando extraño, me paro un poco a pensar y en seguida me doy cuenta de lo que se trata, es la voz del speaker que nos llega a través de los altavoces, no es la misma voz de siempre, me refiero a la voz de Adolfo, el “alma mater” de esta carrera (mas conocido como Fito), a quien siempre recuerdo detrás del micro, no es su voz, efectivamente al girarme y escudriñar un poco entre los atletas que están detrás de mi, puedo verle encajado en mitad del gran grupo, supongo que al ser la décima edición de la carrera no ha querido perdérsela y ha preferido esta vez, delegar su puesto de speaker en otra persona y así poder tomar parte activa y disfrutar desde dentro la competición.



Justo delante de nosotros el conductor-enfermero de la ambulancia, a golpe de petardo, da la señal que indica el comienzo de la carrera, desde el primer metro ya toman la iniciativa un par de jovencísimos corredores, de rasgos africanos, que salen disparados como auténticas balas, tras de ellos el incombustible, y ganador en varias ocasiones de esta carrera, Juan José Cruz, un fantástico corredor y a quien intento seguir en estos primeros metros.






Empezamos a callejear por las entrañas de Luzaga, pateándonos la calle Real y comprobando un año mas las cuestas que la conforman. Unos pocos cientos de metros después pasamos nuevamente por la Plaza Mayor donde situado en el cuarto puesto recibo los ánimos directos de todos mis familiares, así da gusto correr.




Seguimos todavía algún tramo mas por dentro del pueblo para enseguida abandonarlo por una pequeña rampa que muere en lo que es el comienzo de un largo camino de tierra.


Como viene siendo habitual desde hace ya algún tiempo, sigo practicando el correr por sensaciones, quiero decir con esto que me olvido de marcas y tiempos de paso al correr sin reloj, por lo que no sabría decir a cuanto pasamos el primer kilómetro, pero la sensación que tuve es que fue rápido, aun así, ya los dos jóvenes corredores que ocupaban la primera y segunda plaza se habían escapado descaradamente, y tras de ellos Juan Cruz, lo iba haciendo igualmente. Yo ocupo el cuarto lugar, y tras de mí, tengo a un grupito de unos tres o cuatro atletas pisándome literalmente los talones, y cuando digo literalmente es literalmente, ya que a punto están de sacarme la zapatilla en un par de ocasiones en las que me pisan por detrás. Como no quiero que me tiren al suelo, y visto que ninguno de los que me persiguen tienen intención de pasar adelante y darme algún relevo, decido incrementar un poco el ritmo y despegarme un poco de ellos. Enseguida el grupito que me perseguía se ha visto mermado con el incremento del ritmo, y ahora solo me siguen un par de muy buenos corredores como son Fco. Javier Barril (ganador en alguna de las primeras ediciones de esta misma carrera) y Jose M. Berrinches, a quien conozco por ser un asiduo participante de la carrera que se organiza en Sacecorbo, pueblo donde suelo veranear algunos días a finales de Agosto. Dos buenos corredores, de esos peleones, correosos y que nunca se dan por vencidos, por lo que una vez conformado este trío bajo ya un poco el ritmo para tomar un poco de aire, consciente de que a éstos dos me va a ser muy difícil despegar, así que me auto-impongo una velocidad de crucero para ir sumando kilómetros sabedor de que a los de delante es imposible recortarles y con la única ambición de que no nos den caza los de detrás.

Seguimos corriendo por un camino de tierra, a veces quebrado, a veces pedregoso, y otras con bastante pastizal. Poco después del segundo kilómetro se descuelga Jose Manuel, así que en compañía de Fco. Javier sigo corriendo a un ritmo vivo pero no agónico. Superado el kilómetro tres nos acercamos nuevamente a Luzaga, y una vez abandonado el camino de tierra entramos nuevamente en el pueblo por la calle de la carrera, (no me refiero de esta carrera, es que el nombre la calle es ése, curioso ¿verdad?). Cruzamos una vez mas por su Plaza Mayor, donde somos animados nuevamente y donde doy un sorbo de agua a un vaso que me ofrece la organización, ....


y abandonamos el pueblo por la calle del Río enfilando la carretera de Cortes de Tajuña.





Antes de cruzar el puente del Río, una mujer está manguera en mano refrescando a quien se lo pide y así con la distracción de esta “bombero” improvisada nos plantamos en el cuarto kilómetro. Aquí la panorámica se abre delante de nosotros, con campos de labor en los extremos, la vista alcanza bastante lejos por lo que podemos comprobar con exactitud las distancias que nos separan a unos de otros. Desde luego los dos primeros corredores  van muy destacados del tercero, con un buen espacio de por medio,

 luego entre el tercero y nosotros dos la distancia ya es menor, aunque se nos antoja ya insalvable igualmente.

La carretera de Cortes está salpicada de cambios de rasante por lo que vamos superando pequeños falsos llanos y continuas subidas y bajadas. Hace algunos cientos de metros que Fco. Javier a empezado a darme relevos y mantenemos un buen ritmo de carrera, por detrás nadie nos incomoda por lo que todo apunta a que las posiciones, mas o menos, van ya definiéndose.

Pasamos el quinto kilómetro y nos acercamos en suave bajada hacia el sexto donde recibimos agua como avituallamiento y giramos noventa grados a la izquierda para abandonar la carretera y tomar un camino de tierra paralelo al río Tajuña que discurre por toda su rivera, lo que le hace incómodo y pedregoso en alguno de sus tramos y por lo que debo ir con cuidado de mirar bien donde pongo los pies. Seguimos los dos a buen ritmo, a veces voy delante, a veces va él y las menos vamos los dos en paralelo.

Completado el tramo de camino ribereño de Albalate y pasado el séptimo kilómetro por este precioso tramo, desembocamos nuevamente en la misma carretera de Cortes de Tajuña, esta vez de vuelta nuevamente hacia Luzaga. Ahora nos vamos cruzando con todo el resto de corredores que en sentido contrario van completando los tramos que nosotros ya hemos realizado. Así, al poco, me cruzo con mi cuñado que lleva una muy buena cara y se le ve que está disfrutando a tope de la competición, nos animamos mutuamente y seguimos pegando zancadas.


Poco después me cruzo con la ambulancia que va cerrando la carrera y que llevan montada una auténtica fiesta, eso sí que es pasárselo bien.

Ahora, notando ya la cercanía de la meta, tanto Fco. Javier como yo vamos dando pequeños acelerones, tanteándonos mutuamente y buscando algún momento de debilidad para descolgar al rival, ambos luchamos por la cuarta plaza y están en juego algunos eurillos, que aunque no son muchos, dan para invitar a unos botellines a la familia, en caso de conseguirlos.

Pasamos el kilómetro ocho en dura pugna y nos acercamos al noveno, se nota que ambos vamos forzados, a parte de que el ritmo se ha vuelto mucho mas vivo, hay un detalle que hace inconfundible el esfuerzo, y no es otro que la respiración. Los dos vamos resoplando, a veces incrementa él el ritmo y otras me pongo en cabeza y acelero yo. En éstas estamos cuando completamos el noveno kilómetro y afrontamos el décimo y último. Ahora ya toca darlo todo y no reservar ni un gramo de fuerza, estos últimos mil metros se van a hacer duros ya que Fco. Javier está plantando cara y batallando como un jabato, por mi parte voy dándolo todo y desgraciadamente para mí veo que no soy capaz de despegarme de él. Cuando estamos a punto de entrar nuevamente en Luzaga y una vez pasado el puente sobre el río decido probar una vez mas y doy un último cambio de ritmo, no es un cambio seco, sino que progresivamente voy aumentando aún mas el ritmo frenético que de por sí ya traemos. Afortunadamente compruebo que a mi compañero de carrera y rival en este punto no le quedan ya mas cambios y metro a metro voy distanciándome de él para entrar por última vez en la Plaza Mayor de Luzaga, donde la animación es admirable.

Allí recibo los aplausos de toda mi familia y resto del público y acompañado de mi hijo mayor paso por línea de meta en cuarto lugar de la general, siendo el segundo en la clasificación de Veteranos.


 El tiempo, aunque para mí no tiene ya tanta importancia como hace unos años, ha sido de treinta y cinco minutos y cuarenta y ocho segundos, que no está nada mal teniendo en cuenta el perfil de la prueba y sobre todo el firme por el que discurre, a veces caminos, a veces asfalto, a veces campo.

Acabo muy contento con mi carrera, y tras esperar la llegada de Fco. Javier y felicitarnos ambos, me voy al encuentro de toda mi familia para esperar la llegada de mi cuñado, que lo hace poco después, llegando mas fresco que una lechuga.





Al término de la carrera, y sin mas demora, la organización realizó la entrega de trofeos, donde recogí el que me correspondía como segundo clasificado en categoría de veteranos y el sobre con el dinerito por haber quedado cuarto en la general.


Unas cuantas fotitos de rigor, unos botellines y nos volvimos para casa con la satisfacción de haber participado un año mas en esta carrera tan entrañable y que los organizadores organizan con tanto cariño, a quienes no queda mas que darles las gracias por tanto esfuerzo desinteresado que le dedican, y todo para que los corredores que a ella acudimos nos sintamos como en casa, y a buen seguro que lo consiguen. Enhorabuena una año mas y nos vemos en 2013.



Gracias a la organización, por su esfuerzo, dedicación y atención a los atletas y por conseguir que Luzaga tenga un carrera POPULAR de verdad.



Gracias Lourdes por estar siempre ahí, sin ti ya sabes que no sería posible.



Salud para todos/as.


jueves, 31 de mayo de 2012

MEDIA MARATON DE COSLADA 27/05/2012


   Por distintos motivos, ya hacía un par de años que no participaba en esta media maratón. Este año, debido a mi “divorcio” con las carreras de asfalto, tampoco tenía pensado participar, pero el ir a entrenar los sábados con los compañeros de Velilla de San Antonio es lo que tiene, que hay compañeros que van y al final pica el gusanillo. Así pues, le pusimos deberes a David para que nos hiciese las inscripciones y pusimos la mente en esta competición.

   Unos días antes de la carrera, David nos comunica que tras desplazarse a Coslada para realizar las inscripciones le informan que los dorsales ya se han agotado, pero que extrañamente le invitan a que si somos respetuosos podamos correr sin dorsal. Últimamente los dorsales se agotan con mucha antelación en la mayoría de las carreras, algo inusual hace unos años donde recuerdo que hasta se podía apuntar uno el mismo día de la prueba. En fin, sea como fuere, el caso es que ya hechos a la idea de afrontar esta media maratón decidimos ir a participar, aunque fuese sin dorsal.

   El día de la prueba, acompañado como no podía ser de otra forma de mi cuñado Alejandro, nos presentamos en Coslada con margen suficiente para aparcar bien el coche y charlar un rato con amigos y conocidos que por allí se encuentran. Bromeamos un rato con Carlos, un amigo del Club Edwards, y también con Antonio, compañero de entrenamientos en Velilla, quien aprovecha para presentarnos a su mujer. Poco después llega toda la tropa Velillense y juntos, y sin calentar ni un solo metro, nos vamos a la línea de salida.


Ambien pocos minutos antes de la salida.
   Nos situamos mas o menos hacia la mitad del grupo y tras alguna broma mas, comenzamos a correr en cuanto el juez de carrera da la salida. Los primeros metros los hago trotando ya que es imposible correr rodeado de tanta gente, y eso me viene bien para ir calentando poco a poco. Llegamos a la primera rotonda que giramos a la izquierda y aquí ya empiezan a abrirse algunos huecos por los que me voy colando.


Instantes después de la salida llegando a la primera rotonda.

   Paso el primer kilómetro en algo mas de cinco minutos y voy incrementando poco a poco el ritmo, contacto con mi amigo Carlos del club Edwards quien me dice que no ha puesto el crono en la salida y quiere conectarlo en el kilómetro dos, así que al paso por este segundo kilómetro le aviso y lo pone en marcha.

   Yo sigo hacia delante progresando poco a poco, llego hasta grupitos de corredores, aguanto un poco con ellos y tras pocos metros sigo incrementando el ritmo y superándoles. Así paso los kilómetros tercer y cuarto, y al llegar al quinto donde está el primer puesto de avituallamiento ya voy situado en la parte delantera del gran grupo de corredores que damos color a esta carrera. Tomo una botella de agua y me la bebo casi entera, cosa inusual en mi que casi no bebo en competiciones distintas del maratón, pero hoy es distinto, llevo la boca muy seca ya que ayer apenas me hidraté, bueno a decir verdad si que lo hice pero solo con cerveza. Estuve toda la tarde con mis hijos celebrando el fin de temporada del equipo de fútbol de Pablete y para cenar, les llevamos a todo el equipo al Burguer donde yo apenas comí unos nuggets de pollo con un par de cervezas grandes. Para terminar de rematarlo hoy el desayuno ha sido un vaso de leche con dos galletas, comida insuficiente a todas luces para correr una media maratón, soy un inconsciente.

   Sigo adelante y tras unos giros a la derecha pasamos el sexto kilómetro y la misma rotonda que en la zona del recinto ferial nos vió pasar hace unos minutos. Poquito a poco voy buscando sensaciones, hace mucho, mucho tiempo que no competía en asfalto y las sensaciones y la forma de correr son totalmente distintas a las carreras de montaña, aquí hay que dar el máximo en cada zancada y yo todavía no tengo la mente concienciada para ello, y no sé si la volveré a tener. Voy pensando únicamente en disfrutar de la carrera, voy animando a los corredores que poco a poco se van descolgando de posiciones delanteras y lo cierto es que salvo algún pequeño pinchazo en mi maltrecha cadera, estoy corriendo mas o menos sin problemas.

   Nuevo giro a la derecha y pasamos el kilómetro siete junto a la estación del cercanías, poca gente animando, por no decir ninguna, y nos acercamos sin remedio a la temida zona de Las Conejeras. Se trata de una zona complicada por sus continuas cuestas como así comprueba algún corredor que a las primeras de cambio se queda clavado en ellas.

  Los kilómetros octavo y noveno los completamos superando las cuestas "conejeriles" que en ellos nos esperaban, rampas que yo recordaba de mayor dureza y que en el día de hoy no me lo han parecido tanto, supongo que será porque llevo un ritmo mucho mas lento que las últimas veces que competí en esta prueba y ello me permite afrontarlas con mas serenidad.

 Tras una fuerte bajada que castiga los cuádriceps y, una vez dejada atrás la zona de Las Conejeras ya corro prácticamente en solitario, acompañado única y esporádicamente de otro corredor que a ratos va haciendo lo que se llama “la goma”, a veces se junta conmigo y otras se queda atrás. Nos adentramos ahora en las amplias avenidas de la zona del Esparragal, calles anchas y rectas que otra vez, poco a poco van picando hacia arriba.

   Desde el kilómetro diez hasta el kilómetro once el perfil de esos mil metros es de una constante, sostenida y descarada subida que nos hace arribar a la zona de La Colina resoplando y alguno hasta bufando.  A partir de aquí el perfil de recorrido se suaviza lo que me permite correr con mas soltura y decido incrementar un poco el ritmo, así corriendo en llano y en algún tramo de pronunciada bajada supero la distancia entre el kilómetro once y el doce en apenas tres minutos y veinte segundos, he pegado un buen acelerón y vuelvo a correr de nuevo en solitario. Doy caza a otro atleta que me precede y que se pone a mi estela durante el tramo llano de Ciudad San Pablo entre el doce y el trece, pero tarda poco en descolgarse.

   El perfil sigue siendo llano lo que me permite mantener un buen ritmo y atacar con garantías el kilómetro catorce donde paso nuevamente por el lugar donde tomamos la salida y aquí si recibo el ánimo de la gente que nos está animando. Ahora el recorrido vuelve a ser el mismo que ya hemos completado en los primeros kilómetros, así que ya lo conocemos todos.

  Cuando creo que voy bien, la cadera me manda alguna señal de alarma que me hace ser realista y pensar en que tengo que correr con la inteligencia suficiente para no estar luego una semana fastidiado con los dolores que me acompañan desde hace meses por forzar mas de la cuenta, así que bajo el ritmo y vuelvo a imponerme una velocidad de “crucero” lo suficientemente cómoda como para no castigar la zona afectada por la lesión, pero en el punto de exigencia adecuado para mantener un ritmo aceptable de competición.

   Esta situación es el ingrediente perfecto para que corredores a los que había descolgado vuelvan a juntarse conmigo en el kilómetro quince, alguno apenas unos metros porque vuelve a quedarse, pero otro se va por delante de mí, y aunque se trata de una segunda vuelta por un trazado que ya debería conocer, en cada cruce de calles, en los que no existe algún voluntario de la organización, se despista y tengo que ir indicándole a grito “pelao” cual es el trazado que debe seguir, esta será una constante hasta la misma línea de meta.

   Por delante de nosotros, y únicamente en las calles mas rectas, tan solo podemos vislumbrar a un par de corredores, pero con tanta distancia de separación que será imposible alcanzarles, por lo que el resto de kilómetros toca correrlos otra vez en solitario. Paso el kilómetro dieciséis asumiendo el papel de “lazarillo” ya que el corredor que va delante de mí, apenas a veinte metros, va literalmente perdido y he de seguir pegándole gritos para indicarle el camino correcto, yo sigo a mi ritmo con el único objetivo de llegar, ya se puede oler la meta.

   Giramos a la derecha, nos merendamos el kilómetro diecisiete, y con un nuevo giro a la derecha nos plantamos en una calle larga que nos conduce hasta el dieciocho. Pocos metros después, un nuevo paso por la misma puerta del Ayuntamiento y, tras unos cientos de metros conquistamos el kilómetro diecinueve y con él, el último avituallamiento donde vuelvo a dar fin de un nuevo botellín de agua.

   Esto se está acabando, ya se intuye la línea de meta, dos giros mas hacia la derecha y desembocamos de nuevo en la larga calle Virgen de la Cabeza, paralela al Centro Integral de Transportes, en subida en su comienzo y mas favorable en su parte final que nos conduce al kilómetro veinte. Kilómetro donde vuelvo a alcanzar al desorientado corredor que me precede, mas por demérito suyo que por mérito mío, ya que por mi parte no ha habido ningún incremento de ritmo, así que ha debido ser él quien está acusando esta parte final del recorrido. Le rebaso y afronto los ultimos metros de la carrera con buenas sensaciones, me dejo llevar por ellas y alargando la zancada y la frecuencia de las mismas hago el último paso por la rotonda del ferial y supero el último obstáculo en forma de cuesta sobre el puente que salva las vías del ferrocarril.

   Únicamente me quedan apenas trescientos metros, en los que hago un último cambio de ritmo y alentado por los aplausos del público, que aquí si anima, junto con los ánimos recibidos también por parte de Javi, otro de mis compañeros de Velilla que al pensamiento de “la carne es débil” se retiró en el primer paso por este punto, consigo llegar bajo el arco de meta y parar el cronómetro en una hora y diecinueve minutos.


Ultimos metros.                                                                                                                                                                                    
Javi al fondo de rojo de quien recibí sus ánimos.                                                                                                                            


   Una marca muy discreta y lejana a la hora quince que conseguí hace ya algunos años en este mismo recorrido, pero el cuerpo respondía de otra forma por aquél entonces, y las lesiones no eran tantas.



Alex llegando a meta                                                                                                                                      

   Acabo muy contento porque he terminado muy entero, mejor de lo que esperaba en un principio. Nada mas cruzar el arco de meta, y aunque nadie de la organización me invita a hacerlo, (De hecho incluso alguno me aplaude al llegar a meta), abandono la zona vallada por uno de los laterales ya que he corrido sin dorsal y no sería ético hacer uso de la zona en meta reservada a corredores.

   Enseguida puedo saludar a la mujer de Antonio que está esperando su llegada, y vuelvo sobre mis pasos al encuentro con Javi, junto al que espero al resto de amigos y compañeros que poco a poco irían llegando a meta y de los que dejo constancia en forma de fotografía para que puedas ponerles cara.


Juan, magnífico corredor Velillense que paró el crono en 1:24.                                                                            




Carlos, buen corredor del club Edwards y mejor persona.                                                                                           

Jordi, otro magnífico corredor Velillense.                                                                                          

Antonio en primer plano, corredor Velillense.                                                                                                                                      
Duro de roer como comprobaría el dorsal 376 tras el sprint.                                                                                                           



Alejandro, mi cuñao, no calla ni debajo del agua.                                                                                 
Magnífico corredor y magnífica persona, que voy a decir yo..                                                          


David, gran amigo y compañero de muchas historias.                                                                                  
Actualmente reconvertido a triatleta.                                                                                                                    




Angel, una de las últimas incorporaciones al grupo Velillense.                                                                                                        
Un valor en alza y en continua progresión, un fenómeno.                                                                                                                 
 

miércoles, 23 de mayo de 2012

CROSS TRES REFUGIOS 2012



Después de varios meses sin aparecer por aquí, hoy voy a actualizar un poquito el blog ya que está cogiendo algo de polvo últimamente. Lo cierto es que, por otra parte, no hay mucho que contar ya que estoy en una etapa deportiva en mi vida en la cual prácticamente no estoy compitiendo y, únicamente salgo a trotar tranquilamente por el parque escuchando buena música y limitándome a sentirme bien conmigo mismo, sin ninguna otra pretensión.

En el pasado Maratón de Madrid realicé únicamente los últimos 25 kilómetros acompañando a mi cuñado, disfrutando de otra manera de esta parte del recorrido, una forma distinta de llegar a meta ya que se me hizo muy extraño terminar en los últimos kilómetros sin la sensación típica de sufrimiento al finalizar una maratón.

Desde entonces no había vuelto a colocarme un dorsal hasta el pasado domingo donde formé parte de los trescientos cincuenta descerebrados que nos dimos cita en el Cross de los Tres Refugios que se celebró en plena sierra madrileña. El recorrido partía desde el puerto de Navacerrada para subir hasta la Bola del Mundo, pasando por La Maliciosa, Canto Cochino, la Charca Verde, para volver a subir la Bola del Mundo y finalizar en el mismo punto de partida tras completar casi treinta y dos kilómetros de trazado sinuoso con continuas subidas y bajadas repleto de piedras, raíces, así como hielo y nieve en algunos puntos.

El día no acompañaba en absoluto, y a la llegada, junto con mi cuñado, al puerto de Navacerrada, ya pudimos comprobar las condiciones adversas que nos esperaban, no obstante a nuestra llegada ya caían unos pequeños copos de nieve custodiados de un vientecillo muy fresquito que acentuaba la sensación de frío. Tras aparcar el coche y rondando las ocho de la mañana nos dirigimos a recoger el dorsal al Albergue, donde nos encontramos con nuestros compañeros Juan Agus y un Alejandro más. Allí tras recoger el dorsal comentamos que el día no está para bromas y tendremos que tomar muchas precauciones para no llevarnos algún disgusto en la cima de la montaña, todo apunta a que allá arriba las condiciones serán todavía peores.

Yo solo hago que pensar en el calzado que llevo, por mas que miro a mi alrededor la gente va super-preparada con zapatillas de buenos tacos de montaña y yo calzo unas de asfalto con una telilla tan fina que noto el aire gélido a través de ella en mis pies, estoy convencido que lo voy a pagar caro, en fin, no tengo otras y espero no encontrarme mucha nieve y poder correr bien.


Tras una pequeña charla de la organización en la que nos piden mucha prudencia y estar atentos a las marcas que señalan el recorrido para que nadie se pierda, a las nueve y cuarto de la mañana se da la salida. Ascendemos unos cientos de metros por la carretera para enseguida girar a la derecha y comenzar paralelos al teleférico la subida a la bola del mundo por una pista pedregosa y helada que, a cada paso, acumula mas cantidad de nieve, parece mentira que estemos finalizando el mes de mayo. He salido muy tranquilo y estoy inmerso en el grupito de los diez primeros corredores que enseguida pasamos a convertirnos en “andadores” ya que es literalmente imposible seguir corriendo. Así pasamos todos a caminar avanzando paso a paso por la dura ascensión y formando una larga fila india procurando seguir la huella de los que situados en cabeza abren la prueba. Sobra decir que a los primeros pasos por la nieve ya llevo los dos pies totalmente calados, y esto acaba de empezar.


La subida a la Bola es agotadora y se hace interminable, hay tramos muy resbaladizos y tengo miedo de perder el equilibrio y rodar ladera abajo, no consigo dar tres pasos seguidos sin algún resbalón, así fijo la vista única y exclusivamente en donde pongo los pies, y las pocas veces que levanto la mirada compruebo que el cuestón es cada vez mas empinado. Cuanto mas nos acercamos a la cima mas nieve-hielo se acumula y, ello sumado a que el aire arrecia con mas fuerza y que nos recibe con una fuerte ventisca unida a la niebla que hace imposible la visión mas allá de una decena de metros, convierten en un infierno la ascensión, yo confió en que quien va primero esté yendo por el buen camino, porque vamos todos detrás como borregos….



Por fin coronamos y al mas puro estilo Calleja “hacemos cima”, donde las imponentes antenas que dominan la cumbre se yerguen ante nosotros con actitud dominante tras haber surgido de entre la espesa niebla. Ahora la ventisca nos golpea con mas fuerza y unido a la dificultad de correr por la nieve-hielo y la pronunciada pendiente, hacen que sea realmente duro el poder correr, no en vano hay corredores que al grito de “así no hay quien corra”, prefieren darse la vuelta en ese punto y volver sobre sus pasos buscando la seguridad de las instalaciones del puerto de Navacerrada que hemos dejado atrás hace apenas un kilómetro.

Una vez alcanzada la cima, ahora toca bajar hasta el collado del Piornal por un estrecho sendero salpicado de hielo y piedras, algo mas peligroso si cabe que la dura subida, ya que el cuerpo debido a la terrible inclinación se desplaza irremediablemente hacia delante y los esfuerzos de las piernas por intentar sujetarlo pasan un caro peaje en forma de dolor en los músculos cuádriceps, por no hablar de la suma de resbalones que hacen que en mas de una ocasión esté a punto de irme al suelo. Todo ello unido a que, justo delante de mi un corredor ha caído y se ha hecho bastante daño con algún corte en la rodilla y muy posiblemente un esguince de tobillo, hace que me plantee seriamente el bajar el ritmo, tomármelo con mucha cautela y asegurar cada pisada para intentar no caerme, ése pasa a ser mi objetivo principal.



Volvemos a subir hacia la Maliciosa y el camino sigue siendo resbaladizo, técnico, difícil y pedregoso, a estas alturas ya me han pasado decenas de corredores, a algunos de ellos vuelvo a adelantarles en las subidas. Definitivamente mi objetivo es llegar sano y salvo, lo tengo claro, no me la juego. En este punto me alcanza la primera chica. Así junto con ella y otro corredor marchamos en un trío separados del resto de corredores durante bastantes kilómetros.

Hasta el collado de las vacas el descenso es empinado y técnico, hay que ir con cuidado, bajo sin arriesgar, dejando pasar a algunos que nos dan caza y que van más rápido, los cuadriceps se van cargando mas. Larga bajada, primero por la cuerda de los porrones por un camino con mucha piedra suelta y en algunos tramos técnicos. El tiempo ha mejorado y se ven unos tímidos rayos de sol, desaparece la nieve y se ven los primeros claros, las vistas preciosas pero tengo que ir concentrado en el camino. Después de un buen rato bajando y, las menos veces llaneando donde vuelvo a dar caza a alguno de los que me adelantaron en la bajada, llegamos a Canto Cochino donde tras una breve parada para un ligero avituallamiento continúo corriendo ahora por buen camino. Esto hace que pueda imponer un ritmo mas vivo a mi carrera y dar caza a otros cuantos corredores que me preceden. Vamos llaneando entre pinares en ligero ascenso, llegamos a la Charca Verde, ahora junto con la primera clasificada, voy inmerso en un grupito de unos diez corredores.



Algún kilómetro después llega la gran subida del día que nos supondrá tendré que salvar mil metros de desnivel en apenas ocho kilométros. A partir de aquí se hace complicado el poder correr, muchas raíces y piedras hacen que tenga que hacer andando algunos tramos. Sigo subiendo ganando altura y disfrutando de las vistas para bastante rato después llegar el puente de los Manchegos. A partir de aquí se hace literalmente imposible el poder correr, es una sucesión continua de riscos, pedregales, raíces, arbustos y árboles que dificultan incluso el poder caminar con comodidad, así que me armo de paciencia y pasito tras pasito continúo con la dura subida. Al cabo de un rato se pasa nuevamente del sol a la ventisca con agua/nieve y me adentro prácticamente en solitario en un valle salpicado de agua por todas partes, ni que decir tiene que los pies siguen tan calados como en la salida. En este punto el porcentaje de la rampa disminuye un poco y se puede volver a trotar, que no correr, durante algunos cientos de metros. Atravieso zonas encharcadas y un valle con ganado vacuno suelto y repleto de “plastas de vaca”, inevitable en pisar alguna. Han desaparecido los árboles, ahora todo son praderas y piedras y no veo por ninguna parte un punto de referencia donde fijar la vista en la subida, la Bola del Mundo se me antoja muy lejana todavía. Sigo sumando metros sin parar, la nieve hace acto de presencia nuevamente y empiezo a pisar otra vez hielo, mis pies ya ni los siento, deben estar a punto de congelarse.

Cada vez que levanto la vista me encuentro con un nuevo cuestarrón, así que mejor no alzarla mucho porque el terreno está empapado y hay agua y hielo por doquier.

Llego a la zona mas alta donde hay nieve por todos lados y tengo que escalar, si, si escalar un nevero con bastante inclinación, echo en falta un piolet…



Con mis zapatillas “voladoras” y ligeras de asfalto voy de resbalón en resbalón, es como si intentase correr con una moto con neumáticos de seco en una pista de hielo, es un milagro que me mantenga en pie. Superado el nevero me meto de lleno otra vez en la ventisca, siguiendo la huella dejada por los corredores que me preceden llego la bola y desde allí por una pista de hormigón semi-congelada todo para abajo hasta terminar por la misma pendiente super, super-inclinada y pedregosa que subimos en el inicio para desembocar en el Puerto de Navacerrada.




Llego a meta fundido, sin sentir los pies y los cuádriceps destrozados, han sido cuatro horas de esfuerzo que empiezan a pasar factura, repongo fuerzas en el último avituallamiento en meta que nos ha preparado la organización a base de carne de membrillo, jamón, queso, frutos secos y un vaso de caldo calentito que me sabe a gloria. Espero la llegada de mi cuñado que, unos cuarenta minutos después, llega cansado y contento.



Ha sido una dura experiencia no apta para todo los corredores, no en vano hubo mas de cincuenta abandonos, ahora toca recuperarse y volver a los entrenamientos diarios sin ningun objetivo en mente, tan solo disfrutar del deporte.



Salud para todos/as.



lunes, 20 de febrero de 2012

DUCROSS DUATLON DE CAMARMA
























Fantástica mañana de deporte la vivida ayer en Camarma de Esteruelas. El tiempo no pudo ser mejor en cuanto a lo climatológico.

Una vez mas, acompañado por mi cuñaíto, he tomado parte en un duatlón de montaña, le estoy cogiendo el gustillo a este tipo de competiciones. Lo cierto es que son mucho mas divertidas que las carreras de fondo en asfalto, sobre todo por el tema de las transiciones y porque se combinan dos deportes en una misma carrera.

A eso de las nueve y media de la mañana recojo a mi cuñado en su casa y tras montar las dos bicis en el coche nos dirigimos a la localidad madrileña de Camarma de Esteruelas, lugar donde tiene lugar la competición. En poco mas de veinte minutos ya estamos aparcando allí el coche. La temperatura que nos revelaba el termómetro del coche al arrancarlo por la manaña era de -1ºC, y ahora al aparcarlo cerca de las 10 de la mañana marca ya 4º C, que con el sol que luce espléndido en lo alto y el paso de los minutos a buen seguro seguirá en constante progresión haciendo la mañana mas agradable.

Hemos llegado pronto y cuando vamos a recoger los dorsales todavía la organización no los está entregando, por lo que esperamos unos minutillos sobre el césped artificial del polideportivo y pasados escasos diez minutos ya recogemos los dorsales y una bolsa del corredor bastante famélica, mucho papel y escasos obsequios realmente prácticos.

Una vez recogidos los dorsales, y tras una pequeña visita al exterior de la iglesia de esta localidad nos dirigimos al coche para, una vez colocados dorsales en pecho y montura, como también el chip en el tobillo, volver de nuevo al polideportivo para dejar las bicis aparcadas en la zona de boxes.

Esta vez seremos cerca de quinientos participantes por lo que la zona de boxes está muy concurrida y lo que mas me asombra es la gran cantidad de buenas y buenísimas bicicletas que podemos ver por allí. En mi caso participo, como siempre, con una bicicleta con muchos años y kilómetros ya sobre sus ruedas que hace ya mucho tiempo pasó a estar ya anticuada, de echo es la que utilizo para ir todos los días al trabajo y se pasa todo el día en la calle sin llamar la atención, pero yo estoy hecho a ella, y aunque tiene muchas carencias, sobre todo de frenos y de cambio, yo de momento seguiré participando con ella ya que nunca me dio ningún problema.

Poco antes de la salida calentamos dando vueltas a la pista de atletismo y allí podemos encontrarnos y saludar a nuestros amigos Juan Agus y Alejandro (otro tocayo), dos estupendos corredores y mejores personas de Pedrezuela (pertencientes al club de montaña con ese mismo nombre http://www.cmpedrezuela.com/ ) y que libran su lucha particular entre ellos para ver quien consigue batir a quien, una rivalidad sana y bien entendida que hace que para ellos las carreras tengan un aliciente mas.

Pasados un par de minutos de las once y media de la mañana da comienzo la carrera, ésta está compuesta por 5 kilómetros de cross, 18 kilómetros en bici de montaña para terminar con otros 3 kilómetros de cross. Así pues empiezo este primer sector buscando sensaciones y con el objetivo de testear mi nivel de forma actual, ya que últimamente no estoy entrenando casi nada debido a mis inseparables molestias en la zona de la espalda y cadera. La salida se hace por un amplio camino de tierra, desde el que constantemente tengo referencias de la cabeza de la prueba, pero imposible de seguirles, yo me mantengo en un segundo gran grupo con un ritmo vivo y mirando bien donde pongo los pies ya que el camino está repleto de baches y rodadas. No tarda mucho en aparecer antes nosotros una dura cuesta que aunque no muy larga ya consigue el objetivo de hacer una primera selección, como siempre la gente que sale muy fuerte luego suele pagarlo a las primeras de cambio. Yo sigo a mi ritmo y consigo adelantar a unos cuantos corredores. Tras coronar la cuesta y tras un breves metros de llano ahora toca hacer una bajada pronunciada y algo técnica, donde procuro controlar las zancadas porque es este tipo de situaciones de las que luego me resiento una vez en frío. Intento bajar con precaución y me pasa algún atleta en esta zona, pero pronto volvemos a tomar un camino llano que nos lleva otra vez a los dominios de Camarma y donde una vez tomamos contacto con un paseo carril-bici junto a la rivera de un arroyo empiezo a adelantar a unos cuantos corredores al sentirme mucho mas cómodo en este tipo de firme.

Los cinco kilómetros pasan rápidos y tras poco mas de veinte minutos ya estoy realizando la primera de las transiciones, tardo muy poco en coger la bici y en ponerme el casco, y como utilizo unas mismas zapatillas (unas kalenji del Decartón) para toda la prueba, pues no tengo necesidad de perder mas que algunos pocos segundos en estar encima de la bici dando pedales. Por delante me esperan dieciocho kilómetros de caminos de todo tipo y totalmente desconocidos para mí, y de los que tendré que ir descubriendo a medida que los vaya afrontando. La salida del Polideportivo es por la misma pista que hemos pateado minutos atrás. Los primeros kilómetros son llanos y con la única dificultad de los baches y pequeñas trampas que nos reserva el amplio camino, pero poco tarda en aparecer la primera cuesta que reclama un inminente cambio al plato pequeño y al piñón con mas dientes de todos, y aún así al toparme en mitad del cuestón y casi parado a uno de los corredores que me preceden no me queda mas remedio que echar pie a tierra, con la mala fortuna que el competidor que va justo a mi rueda por detrás no consigue sacar los pies de las calas de los pedales y se va al suelo. No he podido evitarlo y me sabe mal por el chaval, así que dejo mi bici a un lado para dejar paso a todos los que nos persiguen y ayudo al chaval a levantarse, al ser una caída casi en parado no tiene mayores consecuencias que un par de rasguños y poco mas, pero ya el resto de la cuesta tenemos ambos que hacerla andando ya que es imposible arrancar de parado en mitad de ella. Una vez superada esta adversidad, y tras haber sido adelantado por decenas de corredores vuelvo a montarme en la bici y continúo superando kilómetros, en algunas de las largas rectas meto plato grande y piñón pequeño y consigo ir dando caza a algunos “bikers” y en las zonas mas “técnicas” sobre todo en bajadas son otros los que me dan alcance a mí, no obstante, creo que son mas a los que adelanto que los que consigue rebasarme.

Llegamos hasta las inmediaciones de Meco para volver de nuevo a encarar rumbo hacia Camarma en un recorrido sin muchas complicaciones y bastante favorable para los buenos rodadores, los kilómetros pasan rápido y salvo algunos tramos con alguna cuesta y aire de cara, el resto lo completamos sin muchas exigencias, salvo una última cuesta en bajada a través de un pinar que afronto con bastante cautela ya que el terreno está bastante quebrado y donde me adelantan un par de corredores mucho mas hábiles y osados que yo, corredores a los que una vez superada la bajada vuelvo a adelantar cuando afrontamos los últimos tramos de asfalto por las calles de Camarma que nos dan paso de nuevo a la pista del Polideportivo.

Es hora de hacer la última transición, así que una vez mas, en breves segundos dejo colocados la bici y el casco en la zona de boxes y comienzo a correr nuevamente para afrontar los últimos tres kilómetros de la prueba. El cambio de la bici a la carrera a pie no lo llevo bien, los primeros metros me cuesta un mundo mover las piernas que bien parecen piedras, pero después de unos cientos de metros ya empiezo a correr con cierta soltura y así consigo adelantar a algún corredor. La mayoría de estos tres últimos kilómetros son por el mismo carril-bici que ya completamos en la primera ronda y que con buen firme es perfecto para mi forma de correr, así que en esos tres mil metros no me adelanta absolutamente nadie y por el contrario incluso consigo dar caza a algún atleta mas a escasos metros de la línea de llegada, línea que cruzo en un tiempo total de 1h:16m:37sg. Muy, muy contento porque con muy poco entrenamiento, o casi nulo, he conseguido estar mas o menos cerca de los mejores, incluso a escasos segundos del podium de veteranos, pero ese por el momento no es mi objetivo, sino el recuperarme de la maldita lesión de espalda que desde el verano me trae por la calle de la amargura, de echo este miércoles tengo cita nuevamente con el médico para realizarme mas pruebas y a ver si dan por fin con un diagnóstico fiable.

Una vez completada la carrera espero en la zona de meta la llegada de mi cuñado y mis amigos, y quien primero se presenta sorprendentemente es Juan Agus que lo hace escasamente un minuto por delante de Alejandro y éste a su vez también un minuto escaso por delante de mi cuñado. Una vez todos juntos, y mientras reponemos fuerzas con el avituallamiento para “golosos” que nos ha dispuesto la organización, comentamos entre risas y pequeños piques, los pormenores de la carrera.

Una vez recogidas las bicis, cuando ha llegado el último corredor, nos volvemos para casa con la satisfacción de una mañana mas bien aprovechada aunando dos grandes pasiones como son la naturaleza y el deporte, y si a esto le sumamos la compañía de grandes personas, el resultado como no puede ser de otra manera es excelente.

Salud para todos/as.

martes, 24 de enero de 2012

I DUATHLON PUERTA DE LA SIERRA




















El título de esta entrada bien podría haber sido "Duathlón con hostión" y me explico...


Esta vez voy a dejar mis impresiones sobre un tipo de competición como es un duatlón, en la que nunca había tomado parte de una forma individual, sí lo había hecho en el modo de competición por parejas participando en algunas de las carreras denominadas “Combis” que suele organizar por Madrid el club “Ñ Ultrafondo”.

En esta ocasión, e invitado por el Club de Montaña Pedrezuela y, defendiendo sus colores, he tomado parte en la primera edición del Duatlhón Cross Puerta de la Sierra que saliendo desde la localidad madrileña de Cotos de Monterrey, discurre por los pueblos de Venturada y Cabanillas de la Sierra. El Duathlón se reparte en los siguientes segmentos, primero se sale de Cotos de Monterrey desde donde hay que completar una vuelta corriendo a un circuito de cross de cinco kilómetros de longitud con un perfil exigente y algunos tramos técnicos, seguidamente se da paso a veinte kilómetros de caminos, alguna trialera, tramos de asfalto y otros de tierra a completar sobre bicicleta de montaña, en donde se pasa por los pueblos de Venturada y Cabanillas de la Sierra, tocando también en algún punto el término del municipio de Redueña, para finalmente y una vez de vuelta a Cotos terminar completando un circuito mixto de asfalto y caminos de tierra de dos kilómetros y medio de recorrido.

Como no podía ser de otro modo hasta allí me desplacé acompañado de mi inseparable cuñado Alejandro (con quien he tenido la gran suerte de completar recientemente el Camino de Santiago, pero esa es otra historia que cuando tenga un poco de tiempo contaré también por aquí). Quedamos en la puerta de mi casa a las ocho de la mañana y con el coche cargado con las dos bicis partimos rumbo a Cotos de Monterrey. El no ser asiduos en este tipo de eventos hace que pequemos de novatos en algunas cuestiones, además de no contar con unas bicicletas de “última generación” y preparadas para la competición, siendo dueños únicamente de unas simples bicicletas de montaña bastante normalitas para lo que se ve por ahí. Valga como ejemplo que la de mi cuñado tiene ya cerca de 10 años y con holguras por doquier, y la mía es una bicicleta marin que pasa también de la decena de años y que aunque bien conservada, lo cierto es que siempre tuvo problemas en el freno trasero, por lo que hay que saber llevarla…

El caso es que nos presentamos en el Polideportivo de Cotos de Monterrey bastante tempranito, lo que nos permitió recoger los dorsales sin aglomeraciones, aunque creo que en pruebas de este tipo no suele haberlas al estar limitadas a unos cientos de corredores. Una vez recogidos los dorsales damos una vuelta por la zona de salida donde comprobamos los preparativos de la misma, mención a parte merece en gran montón de leña de encina que se apila a escasos metros de la salida-meta, y que será el combustible para una estupenda caldereta con la que la organización, a través de la Asociación de Mujeres, nos obsequiará al final de la competición.

Una vez colocados los dorsales, tanto en la ropa como en las bicicletas, y una vez montadas éstas, nos dirigimos a la zona de boxes, donde pasado el control de los jueces las dejamos en la ubicación del número que se corresponde con el del dorsal.

Saludamos a Juan Agus, el presidente del Club de Montaña Pedrezuela y a otro tocayo también llamado Alejandro y que forma igualmente parte del mismo club. Juan Agus nos comenta que tiene problemas con el neumático de la rueda delantera, ya que ha montado un tube-less que no termina de ajustar bien con la llanta y se ha dado cuenta que tiene una pequeña fuga de aire, confía en que la misma sea lo suficientemente pequeña como para permitirle realizar la prueba sin muchas complicaciones.

El ambiente es magnífico, además de que la climatología no puede ser mejor para hacer deporte, el fresquito justo para comenzar la mañana, un sol radiante en el horizonte y ni un solo atisbo de viento o aire que pudiese empañar el día. Podemos observar a los numerosos participantes en la prueba en los momentos antes de la misma, como se afanan en montar las bicis, atletas de todo tipo, sexo y edades, maillots de infinidad de colores y representaciones, (me llamó mucho la atención por lo gracioso del nombre un club llamado “Masfinosqueunpepino” así como también pude ver otros con nombres como “Berrakodelosmontes” o nombres igual de singulares).

Tras una breve charla de la organización, y con una puntualidad británica, a las diez en punto comienza la prueba, y ya desde el primer metro se ve claro quienes van a disputar la misma ya que se forma un quinteto en cabeza que claramente se despega del resto. En mi caso, al no ser un corredor explosivo necesito de algún kilómetro para ir poco a poco entrando en carrera, y así me mantengo dentro de un grupito perseguidor corriendo a ritmo de crucero e intentando poco a poco ir entrando en carrera. No he comentado que llevaba desde el mismo día de Reyes sin calzarme unas zapatillas de deporte ya que tras la vuelta del Camino de Santiago he estado con muchos dolores que se me han reproducido de la lesión que llevo arrastrando en la parte baja de la espalda y que se me refleja en la cadera y pierna derecha, así que el estado de forma en esta prueba era pésimo, unido a la sensación de cansancio que arrastro desde hace ya varios meses.

El caso es que en los primeros kilómetros el ritmo de cabeza no es muy alto, pero yo lo acuso bastante y en las cuestas arribas incluso llego a respirar con dificultad, cuando a mí precisamente las cuestas han sido siempre lo que mas me han gustado de las carreras. Llegamos a una bajada muy pedregosa y pronunciada donde hay que andarse con mucho ojo de donde se pone el pie, a riesgo de pegarse un buen costalazo. En las zonas técnicas se me acercan y me rebasan algunos corredores, pero cuando el camino se abre soy yo quien da caza y adelanta a varios de ellos. Los primeros clasificados los llevo a escasos cincuenta metros por delante y con la sensación de que la distancia no aumenta.
Llegamos aun punto en el que el camino pasa a ser senda, y donde el perfil de la carrera se pone serio en una empinada cuesta arriba, desde abajo ya la voy acusando por lo que poco a poco voy bajando el ritmo y acortando el paso, intentado acompasar la respiración. Me cuesta bastante el superarla, pero extrañamente solo me han rebasado un par de corredores. Poco después llegamos nuevamente a la zona de boxes y una vez completados los cinco primeros kilómetros de carrera a pie, llega la hora de la primera transición, así que me coloco el casco, y rápidamente descuelgo la bici de su ubicación y saldo de la zona de mutación en un muy digno sexto puesto.

El pasar de correr a dar pedales no me supone ningún esfuerzo físico, ya que las piernas me responden bien a este tipo de cambios, otra cosa será luego pasar de la bici a la carrera, ya que en ese cambio si suele ser mas traumático. Sea como fuere el caso es que a estas alturas de carrera los corredores de cabeza siguen yendo unos cincuenta metros delante de mí, en la zona de boxes he adelantado a un par de corredores que han perdido algo mas de tiempo al cambiar las zapas de correr por las de la bici, yo tengo previsto hacer toda la carrera con las mismas.

Salimos de Cotos de Monterrey por una carretera de buen firme que una vez pasado el puente sobre la carretera de Burgos abandonamos por su lado derecho para tomar un camino pedregoso que desemboca en una bajada trialera y peligrosa, donde en las zonas de umbría permanece la tierra helada y patina bastante. La bajo con mucha precaución haciendo uso del único freno del que dispongo que es el delantero, intentando compensar esta situación desplazando todo el peso por detrás del sillin y adoptando algunas posturas un tanto circenses. Superado este punto ya veo mas lejos a los tres primeros clasificados, pero casi no levanto la vista del camino ya que sigue siendo bastante pedregoso y con algunas trampas de arena. Tras cruzar la carretera M-608, he perdido de vista a los tres primeros y sigo la estela del cuarto y el quinto, y así detrás e ellos nos dirigimos hacia Venturada que nos recibe con una buena cuesta. Es en este punto cuando se produce la “gran cagada” del día, y que a la postre me costaría el pódium en la categoría de Veteranos. Resulta que al llegar a la entrada del pueblo no está muy claro por donde debe seguir la carrera ya que no hay nadie indicándolo, así un agente de la Guardia Civil que está unos metros mas abajo nos hace señas con el brazo de que vayamos por la calle que está mas a nuestra derecha y así lo hacemos. Vamos por las calles de Venturada a buen ritmo, incluso hay gente que habiendo salido de sus casas nos está animando, seguimos las cintas que hay enganchadas en árboles, farolas, etc.. hasta que llegados a la iglesia del pueblo nos encontramos de morros con una de las motos de la organización que nos dice que vamos en sentido contrario, que hemos de dar la vuelta. ¿¿¿????. En ese momento no entiendo nada, solo sé que estamos parados delante de la iglesia, cada vez van llegando mas corredores detrás mía e incluso dos de los que iban por delante de mí aparecen de frente deshaciendo el camino que hasta hace unos segundos traíamos. Vistos en semejante embudo no queda mas remedio que dar media vuelta y volver sobre nuestros pasos. Volvemos sobre las calles de Venturada y ahora voy con un inmenso pelotón de bicicletas delante de mí, los últimos serán los primeros dice el refrán. Llegamos nuevamente al cruce origen del conflicto y nos sumamos a un interminable grupo de corredores que habiendo llegado hasta él y avisados ya de la encerrona de la que hemos sido objeto, han tomado el buen camino y lo ocupan literalmente de lado a lado. Por delante puedo comprobar una interminable fila de bicicletas de la que no veo la cabeza por lo que toca ponerse a remontar cuanto antes.

En el despiste organizativo estimo que he debido hacer en total unos dos kilómetros mas de los previstos, así que lejos de poder disputar la clasificación de veteranos en la que a buen seguro hubiese dado guerra, ahora mi único objetivo es remontar cuantos mas puestos mejor. En las zonas en las que se puede voy constantemente adelantando a bikers uno tras otro, pero cuando el camino se estrecha y no hay por donde pasar no me queda otra que “chupar rueda”. Esta será una constante durante toda la prueba en bicicleta, con algunos tramos duros, otros mas suaves y alguna cuesta que pierde su nombre por el de rampa.

La competición en bicicleta todavía me tendría reservada una sorpresa mas, ya que en mi afán por seguir avanzando posiciones y, un poco encabronado a decir verdad por el fallo organizativo, voy pedaleando con rabia y arriesgando mas de lo que suelo hacer, y mas de lo que debería, y es por ello por lo que en un tramo de carreterín con mucha grava suelta y repleto de curvas con algún paso para el ganado de los llamados “canadienses”, apuro demasiado la frenada en una curva y me pego el guantazo del día, saliendo despedido por encima del manillar de la bici, rodando algún metro por el suelo y yendo a parar sobre unas piedras donde hice tope con el casco. El susto ha sido morrocotudo, me levanto rápidamente y enseguida paran algunos corredores que me iban a la zaga, preocupados por la caída me preguntan si me encuentro bien, y a decir verdad lo cierto es que sí, a parte de una herida superficial en el codo, de haber roto el maillot , algunos rasguños y arañazos (alguno profundo) en la espalda, milagrosamente estoy bien, al igual que mi montura, así que una vez enderezados tanto el manillar como el desviador, engranada la cadena y sacudido el polvo, vuelvo de nuevo a montarme en la bici, ahora ya con mucha mas cautela y siendo consciente de que esto es simplemente un deporte y no me juego nada aquí, he estado a punto de romperme cuanto menos un brazo, o quien sabe si algo mas…

El resto del recorrido en bici lo hago ya sin esforzarme, únicamente manteniendo un ritmo uniforme pero sin arriesgar en absoluto. Llegamos al punto de la trialera que tuvimos que bajar helada y ahora la subo andando y comprobando como el paso de tantas bicicletas a dado paso a la transformación de la escarcha en barro. De aquí a la zona de boxes solo quedaba un tramo de camino pedregoso y la carretera de acceso a Cotos de Monterrey.

El paso de la bicicleta a correr, tal y como me temía me resulta incómodo, recojo un plátano en la zona de transición y poquito a poquito encaro el primer kilómetro, ascendente y por asfalto, de este último segmento de carrera a ritmo lento y masticando bien el plátano, todavía tendría tiempo de adelantar a algún corredor mas en este tramo antes de finalizar la misma en un tiempo de una hora y treinta y seis minutos, llegando en el puesto décimoséptimo y habiendo sido al final el sexto en completarla dentro de la categoría de veteranos.

Recojo una buena bolsa del corredor y tomándome una cervecita que con tan buen criterio nos obsequia la organización espero la llegada de mi cuñado, así como de mi otro tocayo y de Juan Agus.

Una vez todos juntos comentamos la carrera y comprobamos que ha habido mas gente que se ha perdido en diferentes puntos, al final esto quedará como una anécdota y prefiero quedarme solamente con lo bueno. Una organización con ganas de agradar (solo por esto se le perdona el fallo), con muchos servicios para los atletas, refrescos, fruta, chuches para los niños, cervecita fresca toda la que quisieras, dulces, queso, vino, y como colofón a tan estupendo día una gran caldereta.

Ha sido un día estupendo de deporte, y aunque lo he terminado dolorido y con alguna pequeña herida, lo cierto es que me ha gustado este tipo de competición y a buen seguro repetiré.

Salud para todos/as.