martes, 4 de diciembre de 2012

II CARRERA DE MONTAÑA CERRO MARMOTA




En contra de lo que venía siendo habitual, y rompiendo la tónica general de los últimos meses, esta vez he vuelto a competir después de haberlo hecho el domingo anterior, por lo que han sido dos carreras seguidas en apenas quince días. En esta ocasión lo cierto es que la cita lo merecía especialmente, ya que se trataba de la carrera por montaña “Cerro de la Marmota”. Carrera de veinticinco kilómetros que discurre por terrenos cercanos a Colmenar Viejo, de la que su inmensa mayoría de kilómetros son por caminos, sendas y vías pecuarias colindantes al Parque Natural de la Cuenca Alta del Manzanares. Pero no es por su trazado por lo que esta competición merece especialmente la pena, que también, sino por el fondo de la misma y el objetivo prioritario que persigue. Se trata de una carrera organizada por la Concejalía de Deportes del Ayuntamiento de Colmenar Viejo, la Asociación Pablo Ugarte y el Club Atletismo Colmenar, dirigida a apoyar y ayudar a la investigación del cáncer, principalmente del cáncer infantil, y es por ello por lo que el importe íntegro de la recaudación de la carrera va dirigido a la citada asociación Pablo Ugarte ( www.asociacionpablougarte.es).

Como no podía ser de otra forma, hasta allí me dirigí en compañía de mi inseparable cuñado Alejandro, después de haberle pasado a recoger en su casa a eso de las ocho y cuarto de la mañana, por lo que cerca de las nueve ya teníamos el coche aparcado cerca de la ermita de Santa Ana, por cuya puerta, por cierto, discurre el Camino de Santiago en su itinerario que parte desde Madrid y, donde se encuentra el mojón que indica la distancia que la separa de la Catedral de Santiago.


La mañana es de un frío que corta la piel, y aunque el sol brilla en todo lo alto, debemos estar a una temperatura de unos tres grados como mucho, por lo que bien abrigados con guantes y gorros nos dirigimos al Polideportivo “Lorenzo Rico” para retirar el chip y los dorsales, los cuales recogemos en un santiamén, junto con una bolsa donde encontramos una bonita camiseta, un brik de caldo y algunos pequeños obsequios mas. Como todavía es pronto para empezar a calentar, ya que la salida está prevista para las diez de la mañana, volvemos de nuevo al coche para dejar las bolsas y, por el camino animamos a toda la gente que a las nueve de la mañana comienzan el mismo recorrido pero andando. Se trata de un buen nutrido grupo de personas de todas las edades, niños, adultos, gente de la tercera edad, centenares de familias enteras y grupos de amigos, quienes con un ambiente excelente y pertrechados con sus mochilas, algunos bastones y sobre todo mucha ilusión, se enfrentan a los mismos veinticinco kilómetros a los que una hora después haremos frente nosotros también.

Después de presenciar la salida de los “marchadores”, decidimos visitar la cafetería del polideportivo para calentarnos con sendos cafés. Hay mucha gente ya por la zona y así podemos saludar a un par de compañeros de trabajo de mi cuñado, como también a otro Alejandro más, compañero del club de montaña de Pedrezuela (http://cmpedrezuela.com ) y un gran corredor de carreras de fondo y ultrafondo de montaña. Después de habernos por dentro con los cafés, llega la hora de calentarnos por fuera, por lo que volvemos al coche, ahora sí para dejar los chandals y , ya de corto, empezar a trotar para entrar en calor, tarea muy difícil y que apenas conseguimos debido a la gélida temperatura matutina que nos regala Colmenar Viejo.

Enseguida y buscando el calor que ofrece la gran masa de corredores que esperan la salida, nos refugiamos entre ellos, situándonos casi hacia la mitad el conjunto. Yo soy muy malo a la hora de calcular pero, por la amplitud del grupo, debemos ser en torno a mil atletas aproximadamente.

A las diez de la mañana en punto da inicio la carrera, pocas veces en mi vida he agradecido tanto el comenzar a correr, necesito entrar en calor porque estoy empezando a tiritar y noto como mis dientes comienzan a castañear por bulerías. Los primeros metros lo hago exclusivamente buscando eso, entrar poco a poco en calor, y así me voy descolgando hacia la parte trasera. El perfil en los primeros kilómetros es bastante favorable, lo que viene muy bien para ir, progresivamente y sin prisas, cogiendo calorcito y desentumeciendo los músculos.

Por delante de mí puedo ver claramente a cientos de corredores que ocupan gran parte del camino que nos va alejando paulatinamente de Colmenar, el piso es de tierra quebrada con algunas zonas de piedra y tras el primer kilómetro ya empiezo a adelantar a grupos de corredores. El tramo entre el primer y segundo kilómetro es en descarada bajada, un poco peligroso si no sabe uno donde pone bien los pies debido a las numerosas grietas y piedras que salpican el camino, y es aquí donde adelanto a decenas de corredores, ya voy entrando en calor aunque me lo sigo tomando con mucha calma. Estoy corriendo con unas zapatillas nuevas con las que únicamente he entrenado un día con ellas, creía que me iban bien, pero ahora en este tramo tan picado hacia abajo, y al correr casi de puntera, estoy notando como el dedo gordo del pie derecho va presionado con la punta de la zapatilla y ha empezado a dolerme un poco, espero que en el llano todo vuelva a la normalidad.

Foto por Carlos Velayo

Pasado el segundo kilómetro ya puedo levantar un poco la vista del camino, sin tanto peligro de pegar un traspiés, y aprovecho para recrearme con el paisaje que se abre ante nosotros. Lejos de las asfaltadas calles y de los edificios, es todo un lujo el poder correr por el campo, por lo que no me extraña que cada vez sean mas los corredores de asfalto que deciden pasarse a las carreras de montaña, son mas duras eso es cierto, pero el esfuerzo extra merece la pena cuando la naturaleza nos regala todos sus secretos y nos hace sentirnos partícipes de ellos.

El perfil de la carrera sigue siendo en estos primeros kilómetros en constante bajada, por lo que lo sigo aprovechando y sigo adelantando constantemente posiciones. Así llegamos a uno de los numerosos puntos del trazado donde hay que tener un poco de precaución, se trata de vadear el arroyo de la Tejada, vadeo que tendremos que realizar en varias ocasiones, y como no quiero mojarme los pies, ya que el agua debe estar helada, espero unos instantes mi turno para atravesarlo por encima de unas piedras de granito que dispuestas en hilera hacen las veces de puente sobre el mismo. Esto me hace perder algunos segundillos en cada uno de los vadeos del arroyo, pero los doy por bien empleados ya que prefiero correr con los pies secos.

Poco a poco vamos superando kilómetros, con algunas pequeñas subidas entre algunos de ellos, y generalmente llanos entre el cuarto y el octavo, aunque lejos de ser fáciles, tienen su cierta dificultad al ser continuamente atravesados por el arroyo y sus consiguientes vadeos, así como por lo irregular del firme que compone el camino. A estas alturas de la carrera ya hemos dado alcance a los participantes en la modalidad de marcha, por lo que el ir adelantándoles será ya una constante durante la prueba, en alguno de los últimos vadeos del arroyo esto hace que se forme algo de atasco para poder cruzarlo. Por mi parte sigo progresando y ganando posiciones y ya debo estar entre los veinte primeros.

Foto por Carlos Velayo

A partir del octavo kilómetro la cosa ya se pone mas seria, ya que llegamos a la primera de las verdaderas dificultades del recorrido, en concreto es aquí donde comienza a empinarse el perfil, lo que será una constante hasta superar el kilómetro doce. La cuesta empieza siendo una ligera subida, para poco después y pasado el avituallamiento situado en el kilómetro nueve, tras un giro de noventa grados a la derecha, afrontar una dura rampa que a mas de uno le hace subirla andando.

En estos tramos todavía adelanto a algún corredor mas que me precede, y a mi ritmo voy subiendo la pendiente. Superada la primera dura rampa, el camino sigue en constante ascensión durante un par de kilómetros mas. Durante todo este intervalo tengo que ir haciendo zig-zas a lo ancho del camino para poder ir superando a todos los “marchadores” que lo ocupan, son grupitos dispersos de personas que unidos a la estrechez de la senda hacen que en mas de una ocasión tenga que adelantarles por fuera de ella. La mañana, una vez superado el frío del inicio, es perfecta para correr, luce un sol espléndido que hace que el verde del campo adquiera unos tonos asombrosos.

Gran parte del tramo que discurre entre los kilómetros nueve y catorce los hacemos pegados a la valla que nos separa de El Pardo, y una vez coronado el kilómetro doce el perfil vuelve a ser descendente, lo que sería de agradecer si no fuese porque mi dedo gordo vuelve a recordarme que la zapatilla me viene un poco justa, la molestia ha pasado a convertirse en una especie de quemazón que se acrecienta en cada una de las bajadas. Desconozco en que posición voy corriendo, la impresión que me da, por la cantidad de corredores a los que he adelantado, es que debo estar entre los quince primeros, aunque es difícil saberlo porque cuando adelanto a alguno no se bien si es de la propia carrera, o es de los que la hacen andando, ya que algunos de éstos aunque comenzaron caminando, están realizando algunos tramos corriendo, como es el caso de algunos grupos de jóvenes militares que visten con camisetas del ejército de tierra.

Superado un largo y técnico tramo de bajada, giramos nuevamente otros noventa grados a la derecha para cerrar el siguiente lado del triángulo, de unos diez kilómetros, que nos conducirá nuevamente hasta Colmenar Viejo. Desde este punto y hasta el final, es todo en subida, los desniveles van oscilando, se suceden tramos de duras rampas, con otros de pendientes mas suaves, entre ellos todavía algún pequeño descanso, pero sin duda se trata de la parte mas dura de toda la carrera. Todavía adelanto a algún corredor mas, y así voy superando los kilómetros quince, dieciséis y diecisiete. El ritmo de carrera me lo marco yo, voy con buenas sensaciones y sin muchas molestias en la cadera y espalda, mis zonas mas frágiles en cuanto a lesiones, la única pega es que a cada zancada que doy, mi dedo gordo se vuelve mas quejumbroso.

Poco a poco nos vamos acercando a Colmenar, no obstante, tras superar alguna pendiente, ya aparece en lontananza ante nuestros ojos.

Foto por Carlos Velayo
Veo pocos corredores delante de mí, pregunto a unos voluntarios si saben decirme que puesto ocupo y la respuesta es que no lo saben, dicen que vamos mezclados los corredores con algunos marchadores del ejército que hacen su último tramo corriendo, por lo que les es difícil decírmelo, pero creen que voy entre los diez primeros. Bueno está bien saberlo, sea como fuere, en algunas zonas un poco mas llanas, pasado el kilómetro veinte, decido incrementar un poco el ritmo ya que me encuentro bien de respiración. Poco a poco veo que voy recortando distancia con un corredor que me precede y que sin lugar a dudas, por su forma de moverse y las zancadas que da, es de los que al igual que yo realiza los veinticinco kilómetros corriendo. Tras un par de kilómetros por el feo polígono industrial que rompe toda la magia bucólica que traíamos hasta el momento, nos plantamos ya muy cerca de las primeras casas del pueblo al que llegamos, tras completar los kilómetros veintitrés y veinticuatro, como no puede ser de otra forma superando otra cuesta mas, cada vez estoy mas cerca del corredor que llevo delante y estoy convencido que llegaré hasta él manteniendo el ritmo que llevo.

En este punto la carrera, y cuando ya parecía que nos dirigíamos directamente a la línea de meta, nos tiene reservada una sorpresa inesperada, que a modo de broche final nos regala un auténtico cuestón en la calle del Parque Sur, una cuesta de unos doscientos metros con una fuerte rampa. No me la esperaba y esto hace que tenga que subirla a ritmo trotón, no hago ni siquiera intento de alcanzar al corredor que llevo delante, pienso que da igual terminar sexto o séptimo, por no decir que no tengo ni idea si tan siquiera he conseguido llegar a esas posiciones. Superada la calle de la cuesta giramos a la derecha para bajar por el parque que le da nombre, en este punto al intentar hacer los apoyos con el pie derecho parece que tuviese papel de lija en la punta del dedo. Todavía en la parte mas baja del parque tendremos que hacer un giro de ciento ochenta grados para volver a remontar en subida todo lo bajado, estos metros finales son realmente duros y se asemejan mucho a un cross. Superado este tramo únicamente queda encarar los últimos metros en una cómoda bajada que me conducen a la línea meta, línea que cruzo escuchando por megafonía que soy el cuarto clasificado, jooooder…… de haberlo sabido antes podría haber dado algo mas en alguno de los tramos, bueno, de todos modos muy contento por como ha salido la carrera y como la he disfrutado.

Tras un par de trocitos de naranja y plátano y un acuarios, y después de ir al coche a por las prendas de abrigo, espero a la llegada de mi cuñado, que lo hace poco después y con la alegría de haber completado una carrera mas reflejada en su rostro. Esperamos un poco a que la organización ponga las clasificaciones en la puerta del polideportivo y compruebo que efectivamente he sido cuarto de la general, y tercero en la categoría de veteranos. Mientras esperamos a la ceremonia de entrega de trofeos, nos tomamos unas bien merecidas cervecitas en compañía del tercer Alejandro, el amigo de Pedrezuela. En la cafetería nos encontramos tres Alejandros comentando los pormenores de la carrera, somos tres deportistas compartiendo una afición común, ¿hay algo mejor que tres amigos compartiendo una misma pasión alrededor de unas buenas cervezas?.. yo creo que la mañana no ha podido resultar mejor.

Foto cortesía de Diego Pedrosa www.pedrosa.info
Tras la entrega de trofeos me marcho junto a mi cuñado para casa, en esta ocasión la familia no ha podido acompañarnos y nos están esperando, por lo que no podemos quedarnos a la comida que también ofrece la organización, un cocido madrileño, roscón y manolitos para mas señas, así como a los sorteos que también se llevarían a cabo de de un GPS tomtom, una paletilla ibérica y un televisor de 19 pulgadas, como podrás comprobar una carrera popular en toda regla y dedicada a la lucha contra el cáncer infantil, que se volvió a convertir un año mas en una fiesta del deporte.

Si el cuerpo aguanta, intentaremos tomar parte en futuras ediciones.

Mis agradecimientos a la organización y a todos los voluntarios que han hecho posible esta segunda edición de la carrera, por supuesto a la Asociación Pablo Ugarte, y también al fotógrafo Diego Pedrosa (www.pedrosa.info ) a quien gracias a su trabajo puedo tener un recuerdo de este bonito día.

Aquí te dejo un enlace donde puedes saber mas de la Asociación Pablo Ugarte y donde puedes ver un video de la edición de esta misma carrera el pasado año 2011:
http://www.asociacionpablougarte.es/aspu/dic11crosscolmenar.htm

Salud para tod@s.

Por fin la meta..
 
 

4 comentarios:

Antonio Perea dijo...

Qué bien dosificas en cada carrera. Creo que eso es muy importante para acabar con buen sabor de boca y esperar con ganas la próxima. La de Cerro Marmota tiene muy buena pinta, me gustaría hacerla algún año tomándola con calma y disfrutando.

Un saludo.

Manuel dijo...

Muchas felicidades,la pena que las zapas nuevas te restaran mejor puesto.

yonhey dijo...

Enhorabuena Alex por ese 4º puesto, la carrera es muy buena pero este año no he podido ir.
Un saludo campeón.

Alex dijo...

Antonio:

Anímate y pon esta carrera en tu calendario algún año, seguro que te va a gustar, buen ambiente y muy buena organización.

Manuel:

Gracias por la felicitación, las zapas es lo de menos, y la clasificación también, lo verdaderamente importante es que lo pasé muy bien, disfruté de amigos y naturaleza juntos. ¿Se puede pedir mas?.

Jose L:
Tu sabes perfectamente de lo que hablo, la has experimentado en tus propias carnes. Gracias por la enhorabuena.