lunes, 23 de junio de 2014

XIII MEDIA MARATON DE EL ESCORIAL




Ha pasado casi un mes desde que mi cuñado Alejandro me picó a realizar las inscripciones para esta dura Media Maratón, y digo dura porque la organización de esta prueba tiene a gala el publicitarla como la Media Maratón mas dura de toda la Comunidad de Madrid, de lo que efectivamente puedo dar fe desde la experiencia adquirida al haber participado ya en alguna ocasión en ella.

 

El caso es que en su momento le hice saber a mi cuñado que no tenía intención de apuntarme, ya que continuando con la línea seguida durante todo este año 2014, mi propósito es el de ser muy cauteloso en cuanto a la participación en competiciones se refiere, ya que aparentemente voy encontrándome mejor de mis lesiones y pienso que es mejor no "forzar" para no tentar la suerte. Por su parte Alejandro intentó convencerme con argumentos como que podía participar sin "competirla" corriendo a su lado, aunque de sobra sabe que cuando nos ponemos un dorsal en el pecho, al final acabamos esforzándonos mas de lo planeado. Consecuencia de todo ello, es que al final no realizamos las inscripciones y yo estaba tan tranquilo con mis rodajes suavecitos y sin ningún objetivo en el horizonte, hasta el jueves pasado. Ese citado jueves, y durante una mañana piscinera y cervecera, Alejandro me dijo que finalmente él si se había apuntado a esta carrera, ya que una tarde se pasó por la tienda de Bikila y adquirió el último dorsal que quedaba disponible. No hace falta comentar que una vez conocedor de esta circunstancia la envidia empezó a hacer su sibilino trabajo, y unido a la excitación provocada por haber consumido mas de un par de cervezas no hicieron  falta mas que un ordenador y una conexión a internet para que en unos escasos dos minutos ya tuviese yo también mi inscripción realizada.

 

Así, y sin ninguna preparación específica para una media maratón, el domingo por la mañana, cuando el reloj marcaba las siete y media, pasó a recogerme Alejandro a la puerta de mi casa para enfilar rumbo al pueblo de El Escorial, donde llegamos en menos de media hora gracias a la escasez de tráfico a tan tempranas horas de un día festivo en Madrid. Aparcamos el coche en un santiamén y con la misma celeridad recogimos nuestros chips en el Polideportivo Zaburdón.

 

Dado que el comienzo de la carrera no está señalado hasta las 09:30, y debido a que todavía queda bastante rato para esa hora, nos vamos directamente a una pastelería-cafetería cercana para tomarnos un buen desayuno. Allí, y mientras nos tomamos unos cafés (En el caso de mi cuñado dos seguidos, ya que el corto le pareció demasiado corto) acompañados con unas tostadas de aceite con tomate, aparecen unos corredores conocidos de nuestros entrenamientos por el Parque Juan Carlos I, quienes acompañados del amigo Sinichi, se sientan junto nosotros a compartir mesa y disfrutar igualmente de unos tés y cafés.

 

Una vez desayunados y tras quedar inmortalizados en la cámara fotográfica del inigualable Sinichi, nos encaminamos nuevamente al coche para iniciar el ritual tantas y tantas veces repetidos de la puesta a punto para el comienzo de cualquier carrera, a saber: Vestirnos de corto, sujetar dorsal con imperdibles al pecho, enlazar el chip a la zapatilla, untarnos de vaselina en aquellas zonas del cuerpo propicias a los roces tales como axilas, cara interna de los muslos, pezones, etc... y una vez cumplimentada toda la liturgia, empezamos a calentar suavemente.

Calentando antes de la salida con los amigos de entrenos del Parque J.C. I
 

Nada mas empezar el calentamiento, mi cuñado me dice que necesita ir urgentemente a evacuar "aguas mayores", a buen seguro consecuencia de haberse apretado dos cafés bien cargados seguidos. Al haber iniciado el calentamiento por una pequeña vereda paralela a la valla de piedra de un gran prado, le indico que no hay mejor sitio que ese prado anejo para que realice la "descarga" a lo que accede inmediatamente. Así saltamos ambos la valla, y el se separa una decena de metros al abrigo de un pequeño arbusto, cuando está en plena faena me doy cuenta que en frente de nosotros hay un par de bañeras, de las que se utilizan a modo de abrevadero para mitigar la sed de las reses en estos prados. Aunque bien es cierto que a lo lejos no se ve ni una sola cabeza de ganado, lo cierto es que al decírselo a Alejandro, me da la sensación que mis palabras le incitan a apremiarse en la faena, y en un periquete estamos nuevamente al otro lado de la valla continuando con nuestro calentamiento.

 

Cuando quedan escasamente diez minutos para el comienzo de la carrera nos situamos cerca del arco de salida situado en frente del Polideportivo y saludamos a unos compañeros de trabajo de mi cuñado, quienes se quedan ya junto a nosotros hasta que se da la salida.

 

Saludando a compañeros momentos antes de la salida
Que no falte el buen rollo
Para quien no conozca el pueblo de El Escorial, hay que indicarle que sus calles están todas en cuesta, no le conozco mas llano que el perímetro que rodea al Monasterio que le da el nombre. Así pues la salida de la carrera se realiza cuesta arriba, por calles bastante pronunciadas, por lo que conocedor de ello salgo muy, muy conservador y tomando la carrera con bastante calma. Tras completar el primer kilómetro por las calles del pueblo, pasamos nuevamente por la puerta del Polideportivo, ahora en sentido contrario y por tanto en bajada. La cabeza de carrera enseguida puso "pies en polvorosa" y así se marcharon amplios grupos de atletas por delante. Accedemos a una gran rotonda que negociamos a la izquierda para correr por el margen de la carretera con dirección al Valle del Caídos. Completamos el segundo kilómetro donde voy corriendo con mucha cautela y buscando sensaciones.
Salida y comenzamos a subir, hay que saber regular.

 

Todavía pasaremos otra amplia rotonda antes de empezar con el plato fuerte del día, que no es otro que la terrible subida de mas de cuatro kilómetros sin ningún descanso de dura ascensión al monte Abantos. Esta subida se inicia en un brusco giro de noventa grados a la izquierda nada mas completar el tercer kilómetro de carrera. Los porcentajes de inclinación no los conozco, pero puedo asegurar que algunas de las innumerables rampas que se superan en esos casi cinco kilómetros interminables, son realmente duras. Las curvas se suceden unas a continuación de otras, son giros constantes de derecha a izquierda unidos por pequeñas rectas que no dan un solo respiro al corredor.

 

Lentamente hemos superado el cuarto kilómetro y ya empiezo a cazar a bastantes corredores de los que se van descolgando de grupos delanteros. Por detrás se van quedando algunos otros y cada cual negocia esta dura ascensión de la manera que mas se ajusta a sus cualidades físicas. Mi intención es ascender a un ritmo constante y sostenido, que me permita respirar lo suficientemente bien como para no ver desbocadas las pulsaciones, aquí los errores se pueden pagar muy caros.

 

Una pequeña zancada tras otra, una decena de metros tras otra, y así completando poco a poco la ascensión llego hasta el cartel que marca el kilómetro cinco donde levanto la mirada y compruebo lo lejos que está todavía el punto del avituallamiento que marca el principio del final de la subida. Me concentro en seguir respirando y en continuar avanzando, por delante todavía mas de dos kilómetros para hacer cima, donde no existe ni un solo tramo donde relajarse y tomarse un pequeño descanso, esta subida es lo que tiene, que no concede ni un sólo metro llano.

 

De vez en cuando llego a corredores que ascienden mas lentamente que yo, y cuando sobrepaso a alguno de ellos compruebo que hay mas de uno que va totalmente desfondado, cuando todavía queda un mundo por ascender, definitivamente no quiero que eso me suceda y automáticamente mi subconsciente hace que baje aún mas el ritmo de carrera.

Muestra de parte de la subida
 

Pasado el quinto kilómetro y tras una de las pocas rectas de la subida, comienza la zona mas dura, si cabe, de todo el ascenso. Son una sucesión de "zetas" en las que intento abstraerme y confundir a mi mente dirigiendo mi mirada hacia los corredores que van detrás de mi, y que componen una interminable fila multicolor que salpica cada metro de la pequeña carretera, y a los que veo claramente en cada uno de los giros que conforman estas zetas. Igualmente cada vez mas la vista desde las alturas de El Escorial son fabulosas, y sobre todo las del Monasterio que se erige altivo en medio de toda la panorámica.

 

Ahora la subida se ralentiza mas aún si cabe, las pendientes son todavía mas fuertes y el llegar hasta cada curva se me hace un suplicio, pero nada comparado con lo que sufro hasta conseguir vencer al sexto kilómetro, un auténtico calvario. El corazón parece que se me va a salir del pecho, el aire totalmente puro en este paraje serrano entra a cañonazos en mis pulmones ávidos de oxigeno y que parecen no tener nunca el suficiente, las piernas se tensan y las llevo duras como piedras, pero cuando todo parece volverse en contra del corredor, y tras otras cuatro o cinco curvas mas, la pendiente da un respiro, y aunque continúa en clara ascensión, al menos los porcentajes de inclinación no son tan extremos. Las curvas poco a poco desaparecen, y ahora la carretera es cada vez mas recta donde a lo lejos ya se puede ver el avituallamiento del kilómetro siete donde sé que se acaba lo mas duro, aunque no la subida que no lo hará hasta el noveno.

 

Tras superar un paso canadiense de ganado, llego por fin al séptimo kilómetro y con él al avituallamiento donde me tomo unos momentos de respiro y tras un par de tragos de agua incremento un poco el ritmo con el objetivo de intentar acercarme a un grupito de corredores que puedo atisbar no muy lejos.

 

Ahora ya el perfil de la prueba, aunque sigue siendo cuesta arriba, ya permite alargar un poco la zancada y realizar unos mejores cronos en el paso por kilómetro. Estamos corriendo por la zona alta del monte Abantos, rodeados de pinos y zapateando la misma carretera que traemos desde el tercer kilómetro, aunque mucho mas machacada y salpicada de baches en estas alturas. Por mi parte poco a poco, voy recortando metros a los corredores que me preceden y creo firmemente que tarde o temprano contactaré con ellos.

 

Llego al kilómetro ocho después de haber rebasado a un par de corredores tras el avituallamiento, y progresivamente voy recobrando el aliento e incrementando el ritmo. Sé, por otras ediciones, que todavía estoy en un tramo de un kilómetro hasta el noveno en el que el terreno sigue picando hacia arriba, y por ello sigo regulando pero a buen paso, buscando el equilibrio que me permita no desfondarme, pero al mismo tiempo mantener un buen ritmo que me acerque al grupito precedente.

 

Al llegar al kilómetro nueve ya estoy muy cerca de los cinco corredores que conforman el grupo que fija mi objetivo. Una vez superado el cartel que señala este noveno kilómetro me lanzo a tope por la larguísima bajada de casi tres kilómetros que nos conduce nuevamente al pueblo. En ella no solamente doy caza al grupo que me había fijado como propósito, sino que además los dejo inmediatamente atrás llegando incluso a superar a algún otro corredor que competía por delante de ellos. La bajada de estos tres mil metros es vertiginosa, las piernas me piden cada vez mas ritmo, la respiración es fluida y me siento con ganas, por lo que ciertamente vuelo en todo este tramo. Así paso en un periquete los kilómetros diez, once, doce y trece, animado en cada uno de ellos por los voluntarios que acompañan la prueba. Pero no todo va a ser tan bonito, estamos en una Media Maratón durísima y la alegría del descenso dura poco ya que nada mas rebasar el kilómetro trece, y sin un metro llano de transición después de la fuerte bajada, enseguida comienza una buena rampa de ascenso hasta el kilómetro catorce. En esta rampa veo por delante a otro par de corredores, de los que me separan unos cientos de metros y los que pasan a ser mi siguiente objetivo. Desde que coronásemos la cima del Abantos, han sido muchos los corredores a los que he superado, lo que me da alas a pensar que quizás podría atacar alguno de los peldaños del pódium de mi categoría en Veteranos. Llego al kilómetro catorce y con él a la sucesión de sube y bajas que jalonan a partir de ahora la carrera, aquí no hay un solo metro en llano, o se está subiendo, o se está bajando. El recorrido en este punto es bastante ratonero, vamos por estrechas calles residenciales, salpicadas de cruces y cuestas, ahora en subida, ahora en bajada. En mitad de ellas he conseguido alcanzar a uno de los dos corredores que veía por delante y enseguida le descuelgo y se queda atrás. Ahora la vista la tengo fijada en el que todavía creo que tengo al alcance.

 

A estas alturas de carrera ya voy notando las piernas cargadas, la subida ha hecho mella en ellas, y la acelerada bajada también ha contribuido a ello. Por eso cuando las calles se revelan mirando al cielo, bajo el ritmo y las subo al "trantán", intentando recuperar en las bajadas el tiempo perdido. Así kilómetro a kilómetro voy comprobando que no soy capaz de recortar la distancia que me separa del corredor que compite delante de mi, hay veces que creo que me acerco pero a continuación tengo la sensación que está mas lejos de mi. En esas ando cuando llego al kilómetro quince, donde pienso que solo me restan seis para llegar a meta. Voy corriendo totalmente en solitario, así que soy yo mismo quien me marco el ritmo, cuando me fatigo lo bajo, y cuando me noto algo mas fuerte lo incremento. Mas calles, mas cuestas, mas cruces, pero no consigo llegar hasta el competidor que me precede, llego al kilómetro dieciséis y con él a las calles cercanas al Monasterio donde llego poco después. Es en este punto, de lo pocos llanos del total de los veintiún kilómetros, donde consigo alcanzar y rebasar al corredor que llevaba viendo durante los últimos kilómetros, bordeamos el perímetro de esta magnífica construcción y lo abandonamos por uno de sus laterales.

 

Nada mas dejar atrás el Monasterio, comienza otra de las zonas mas duras de la carrera. Se trata de una durísima rampa de adoquines en mitad del pueblo donde las piernas sufren otro de los múltiples castigos que nos tiene reservados esta carrera. A ambos lados de la calle se sitúan algunos bares desde los que llegan gritos de ánimo de la gente que en ellos comienzan a tomar algún aperitivo, algo mas arriba una banda de música nos regala las notas de una canción, y cuando parece que la dura rampa se acaba giramos a la derecha para afrontar otro tramo aún mas duro si cabe.

 

Al coronar la dura rampa adoquinada de esta calle me quedo casi sin aliento, necesito una decena de metros para volver a respirar con cierta normalidad e intentar volver a correr nuevamente. Han quedado atrás los kilómetros diecisiete, dieciocho y diecinueve, y a partir de este punto el perfil de los dos kilómetros que restan ya es a favor, aunque todavía se verá salpicado por alguna pequeña rampita. Desde una casa cercana un animador, manguera en mano, se encarga de refrescar a todo aquél que así lo requiere, por lo que aprovecho para pasar bajo la manga y refrigerarme un poco.

 

Un lujo competir por sitios como éste.
Llego hasta el kilómetro veinte sin ver a nadie por delante de mi, alguien desde la acera me canta que voy en el puesto noveno, por lo que el kilómetro que me queda me lo tomo con mucha calma, creo que es el único kilómetro que disfruto de verdad en toda la carrera. Es un kilómetro en bajada, soy consciente que nadie me va a alcanzar por detrás, el público me anima desde las aceras y me siento bien de fuerzas, tanto como para tener la plena confianza que no voy a sufrir ninguna "pájara" de última hora. Así pues me dejo llevar y completo este último kilómetro saboreando cada uno de los metros que lo componen.

 

Llego hasta la línea de meta con bastante buena cara pese a la dureza que tiene la carrera y tras recoger la bolsa del corredor y saborear una raja de sandía, me voy derecho a tomarme una cerveza fresquita y con ella en mano esperar la llegada de mi cuñado que lo hará un ratito después.

Sandía fresquita para reponer fuerzas.
 

Al final me he clasificado en el "Top Ten" de la carrera, habiendo quedado el noveno de la general y el primero en mi Categoría de Veteranos. Un muy buen resultado teniendo en cuenta que ni siquiera tenía intención de apuntarme a esta carrera.

 

Bonito pódium en el Polideportivo
Una vez junto a Alejandro nos tomamos alguna cerveza mas y esperamos a la entrega de trofeos, donde me enteré que sólo lo obtenían los primeros clasificados de cada categoría, por lo que el esfuerzo de haber llegado hasta los corredores que me precedían al final tuvo su justa recompensa.

 
Merecida cervecita fresca para reponer líquidos.

Alguna foto mas del reportero Sinichi y tras despedirnos de los amigos nos volvimos para casa con una sonrisa en la cara y muchas papeletas para sufrir unas buenas agujetas.

 
Salud para tod@s

4 comentarios:

Pe. Ângelo dijo...

¿Pero no ves que las cervezas "son peligrosas"? Te "obligan a apuntarte a correr" aunque no quieras... Pero veo que no aprendes. Acabas la carrera y, ala, a tomar más cervecitas.
Por cierto, ¿de que marca son? (es para ver si bebo yo de esas y me dan ganas de correr. Las que yo tomo no son de esas.
Enhorabuena por el premio.

Alex dijo...

Ja, ja, ja... tienes toda la razón Ángel, son "peligrosas" de verdad, empiezas tomando una y sin darte cuenta acabas corriendo hacia la cima del monte Abantos...
Muchas gracias por la enhorabuena.
Un fuerte abrazo.

yonhey dijo...

Enhorabuena Alex, esa carrera todavía no la he probado, habrá que hacerlo.
Salu2

Alex dijo...

Juanlu: Deberías probarla, es de las que te dejan molido pero contento, sobre todo el post carrera con las cervecitas...